
El rabelista reivindica el humor y la tradición de las coplas picarescas, recuerda a Donato Muñoz y cuestiona los intentos de juzgar con criterios actuales expresiones procedentes de la cultura popular
Santander, 7 de septiembre de 2026.- Las coplas picarescas, irreverentes y en ocasiones explícitas forman parte de la tradición oral asociada al rabel en Cantabria. César Higuera Amor, «El Chaval de Cobejo», reivindica su carácter humorístico y cuestiona los intentos de eliminar o censurar este tipo de composiciones por considerar que no encajan con determinados criterios actuales.
El rabelista aborda esta cuestión durante una entrevista con EL PORTALUCO en la que recuerda especialmente a Donato Muñoz, uno de los nombres históricos vinculados al instrumento y a la transmisión de sus coplas.
Higuera conserva un recuerdo muy concreto de aquella forma de cantar.
Llegó a tener una cinta de aproximadamente una hora grabada a Donato Muñoz y recuerda la enorme variedad de coplas que interpretaba, muchas de ellas de contenido picaresco, aunque insiste en que aquel repertorio era mucho más amplio y no se limitaba a este tipo de composiciones.
La cinta acabó perdiéndose, pero no el recuerdo.
Coplas hechas para provocar la risa
César Higuera sitúa buena parte de aquellas letras en el contexto en el que fueron creadas e interpretadas.
Su finalidad, sostiene, era frecuentemente muy sencilla: hacer reír.
Eran coplas que circulaban oralmente, jugaban con el doble sentido, lo grotesco, lo sexual o lo escatológico y formaban parte de una cultura popular en la que la provocación y la risa convivían con otras muchas temáticas.
Por ello se muestra crítico con quienes defienden que determinadas coplas «no se tienen que cantar».
Para El Chaval de Cobejo, analizarlas exclusivamente desde los valores y sensibilidades actuales supone correr el riesgo de perder el contexto en el que surgieron y la función que desempeñaban.
La risa ocupa para él un papel fundamental en esa reflexión.
Higuera recuerda durante la conversación una frase que había encontrado recientemente y que relacionaba la risa y el amor con la capacidad de superar el miedo.
A partir de ella desarrolla una reflexión propia: existen, sostiene, quienes prefieren mantener una sociedad condicionada por el miedo porque de ese modo resulta más sencillo imponer una determinada forma de autoridad.
«El respeto se gana»
Es en ese momento de la conversación cuando César Higuera deja una de las afirmaciones más contundentes de toda la entrevista:
«El respeto se gana. Cuando se impone, es miedo».
Una frase que trasciende el debate sobre las coplas tradicionales.
Para Higuera existe una diferencia esencial entre el respeto que alguien consigue por sus actos y una autoridad basada en la imposición.
Y considera que la risa, precisamente por su capacidad para cuestionar solemnidades y romper determinadas barreras, siempre ha tenido también un componente liberador.
Las viejas coplas picarescas del rabel formarían parte de esa tradición.
No necesariamente pretendían construir discursos ni formular grandes teorías. Muchas veces simplemente buscaban provocar una carcajada entre quienes estaban reunidos alrededor del intérprete.
Donato Muñoz y una tradición transmitida oralmente
La figura de Donato Muñoz aparece en la conversación como referencia fundamental.
Higuera recuerda haberlo escuchado en encuentros de rabelistas y destaca tanto el carácter explícito de algunas de sus letras como la variedad de su repertorio.
Aquellas coplas no estaban concebidas inicialmente para quedar fijadas en un disco, un libro o un archivo.
Pertenecían a una cultura esencialmente oral.
Un intérprete cantaba una copla, alguien la recordaba, podía modificarla y posteriormente transmitirla a otra persona. De esa manera, las letras viajaban entre pueblos y generaciones y terminaban formando parte de un patrimonio colectivo cuya autoría muchas veces se perdía por el camino.
Ese proceso enlaza con otra de las ideas defendidas por César Higuera durante la entrevista: el folclore nace y vive fundamentalmente entre la propia gente.
Tradición y mirada contemporánea
El debate sobre las coplas picarescas plantea inevitablemente una cuestión que afecta a buena parte del patrimonio oral: ¿cómo debe acercarse el presente a expresiones culturales nacidas en sociedades diferentes a la nuestra?
La posición de Higuera es clara.
Defiende que las coplas deben comprenderse dentro de su contexto y de la intención con la que fueron interpretadas, sin olvidar que muchas buscaban fundamentalmente la risa.
Eso no obliga a compartir hoy cada una de sus palabras ni convierte todas las letras tradicionales en intocables.
Pero sí exige, desde su punto de vista, comprender qué eran, quiénes las cantaban y ante qué público lo hacían antes de decidir qué merece conservarse.
Porque el patrimonio oral de un pueblo no está compuesto únicamente por sus manifestaciones más solemnes.
También forman parte de él la ironía, la picardía, el doble sentido y aquellas canciones que durante generaciones consiguieron algo tan elemental como hacer reír.
Contexto
César Higuera Amor, «El Chaval de Cobejo», aborda en una entrevista con Antonio Mora diferentes aspectos relacionados con el rabel, el folclore y la música tradicional de Cantabria.
Durante la conversación recuerda su acercamiento al instrumento, analiza la interpretación de la jota, diferencia entre folk y folclore y reflexiona sobre la evolución de la música popular cántabra.
Las coplas picarescas constituyen otra de las manifestaciones de esa tradición oral vinculada históricamente al rabel.
Las claves
- César Higuera reivindica el valor cultural y humorístico de las coplas picarescas tradicionales.
- Recuerda especialmente al histórico rabelista Donato Muñoz y la variedad de su repertorio.
- Sostiene que muchas de aquellas coplas tenían como principal finalidad provocar la risa.
- Defiende que deben analizarse teniendo en cuenta el contexto social y cultural en el que surgieron.
- Relaciona el humor con la capacidad de cuestionar una autoridad sustentada en el miedo.
- Resume su reflexión con una de las frases más contundentes de la entrevista: «El respeto se gana. Cuando se impone, es miedo».
- Considera que la picardía, el doble sentido y el humor forman también parte del patrimonio oral transmitido entre generaciones.
