César Higuera «El Chaval de Cobejo»: del niño que soñaba con ser aviador al músico que encontró su camino

César Higuera «El Chaval de Cobejo»: del niño que soñaba con ser aviador al músico que encontró su camino

El rabelista muestra su lado más personal en «MUY ÍNTIMO»: nació en Lantueno, guarda sus primeros recuerdos en Cobejo y rememora una juventud marcada por su paso por Eibar, la música y la temprana muerte de su padre

Santander, 7 de septiembre de 2026.- Antes del rabel, de las coplas y de convertirse en «El Chaval de Cobejo», César Higuera Amor fue un niño que soñaba con ser aviador.

Es una de las confesiones que deja su paso por MUY ÍNTIMO, el cuestionario personal de Antonio Mora que busca apartarse durante unos minutos de la trayectoria pública de sus protagonistas para descubrir recuerdos, gustos, miedos, sueños y episodios que han marcado sus vidas.

César Higuera nació en Lantueno el 22 de mayo de 1961 y permaneció allí aproximadamente durante su primer año y medio de vida.

Por eso, cuando busca su primer recuerdo consciente, no lo encuentra en su localidad natal, sino en Cobejo.

Recuerda caminar por la carretera que conducía hasta su casa, las calles pavimentadas con carbonilla procedente de la fábrica y algunas pequeñas zonas verdes que todavía permanecen en su memoria.

Cobejo se convertiría así en el escenario de sus primeros recuerdos y en el lugar que acabaría acompañándolo incluso en su nombre artístico: El Chaval de Cobejo.

Un niño que quería ser aviador

La infancia de César Higuera estuvo condicionada también por sus problemas de visión.

Reconoce que jugó menos de lo que hubiera querido, aunque siempre que podía participaba con los demás niños en los juegos con balón, las carreras o el tradicional «pillar».

Correr, recuerda, se le daba bien.

Los deportes de pelota, bastante peor.

Pero cuando alguien le preguntaba qué quería ser de mayor, no tenía ninguna duda:

aviador.

«Afortunadamente no llegué a serlo», responde hoy con humor.

Su primera formación tuvo lugar en la Escuela Nacional de Niños de Cobejo y posteriormente continuó sus estudios en la Universidad Laboral de Eibar, una etapa que reconoce que le marcó profundamente.

Perteneció a la primera generación del BUP y conserva una visión especialmente crítica de aquel sistema educativo y de algunas de las materias y métodos que encontró durante esos años.

1979, el año que lo cambió todo

El regreso desde Eibar coincidió con uno de los periodos más difíciles de su vida.

Era 1979.

César Higuera no consiguió superar aquel curso y, prácticamente al mismo tiempo, sufrió un golpe mucho más importante: la muerte de su padre.

Él estaba a punto de cumplir 18 años.

Había esperado la mayoría de edad como una especie de frontera hacia una nueva etapa de su vida.

La realidad se encargó de convertir aquella transición en algo completamente diferente.

«Yo esperaba la mayoría de edad como una realización y sí, sí me vino. Vaya que si me vino», recuerda.

Eran además años especialmente complicados para encontrar trabajo.

Higuera pasó por diferentes empleos como peón, entre ellos la construcción, porque, según recuerda, era prácticamente lo único que encontraba.

Hasta que apareció la música.

La música como oficio

La música llevaba acompañándolo desde mucho antes.

César Higuera sitúa una influencia fundamental en su tío José Antonio Higuera, dentro de una familia en la que los instrumentos estaban presentes.

Su padre tocaba la guitarra y también el laúd, y César comenzó a acercarse a la guitarra española aproximadamente a los diez años.

Durante su estancia en Eibar amplió ese universo.

Allí aprendió canciones de heavy metal y comenzó también a interesarse por los instrumentos y los amplificadores.

Pero sería posteriormente, al incorporarse a una orquesta, cuando asegura haber aprendido probablemente más música que en ninguna otra etapa de su vida.

Empezó tocando el bajo, un instrumento para el que siempre hacían falta músicos, y la propia dinámica de una orquesta le obligó a abandonar cualquier visión cerrada de los géneros musicales.

Del heavy metal pasó a enfrentarse a la rumba, la cumbia, el pasodoble o el tango.

Había que tocar lo que el público quería bailar.

Y aquella experiencia terminaría siendo decisiva para su forma de entender la música.

Aprender a «sentir» una canción

César Higuera diferencia entre saber ejecutar correctamente una pieza y conseguir que esa música llegue a formar parte del propio intérprete.

Durante sus años de orquesta aprendió a tocar estilos muy diferentes y a interpretar las canciones de manera que el público pudiera bailarlas.

Sin embargo, reconoce que hay músicas que todavía hoy sabe tocar pero que nunca ha terminado de interiorizar.

El tango es su ejemplo.

Puede interpretarlo y mantener correctamente su estructura, pero asegura que nunca ha conseguido sentirlo de la misma manera que otras músicas.

Una experiencia muy diferente a la que tiene con las canciones tradicionales que forman parte de su universo musical y que puede comenzar a interpretar sin necesidad de pensar previamente cómo debe hacerlo.

La música dejó así de ser únicamente una afición para convertirse en oficio, aprendizaje y una forma de relacionarse con los demás.

Mucho después llegaría el rabel.

El hombre detrás de «El Chaval de Cobejo»

El cuestionario MUY ÍNTIMO descubre a lo largo de la conversación otros muchos aspectos de César Higuera Amor: el primer amor que prefiere mantener en la intimidad, su relación con la familia, sus gustos gastronómicos, los libros que le han acompañado, sus miedos, sus viajes y los sueños que todavía conserva.

Pero buena parte de lo que vendría después parece estar ya contenido en aquellos primeros años.

Lantueno como lugar de nacimiento.

Cobejo como territorio de la memoria.

Eibar como escenario de una etapa de formación.

La muerte de su padre como un brusco final de la adolescencia.

Y la música como un camino que acabaría conduciéndolo hasta el personaje que Cantabria conoce hoy como «El Chaval de Cobejo».

Contexto

César Higuera Amor protagoniza una nueva entrega de MUY ÍNTIMO, el cuestionario personal realizado por Antonio Mora a protagonistas de diferentes ámbitos de la sociedad y la cultura.

La conversación complementa la entrevista dedicada a su trayectoria musical y a sus reflexiones sobre el rabel, el folk y el folclore de Cantabria, mostrando en esta ocasión una dimensión fundamentalmente personal.

Las claves

  • César Higuera nació en Lantueno el 22 de mayo de 1961.
  • Sus primeros recuerdos conscientes se sitúan en Cobejo, localidad que posteriormente quedaría unida a su nombre artístico.
  • De niño soñaba con convertirse en aviador.
  • Estudió en la Universidad Laboral de Eibar y perteneció a la primera generación del BUP.
  • En 1979, pocos días antes de cumplir 18 años, murió su padre, un acontecimiento que marcó profundamente aquella etapa de su vida.
  • Antes de vivir profesionalmente de la música trabajó como peón en diferentes empleos.
  • Comenzó con la guitarra y posteriormente tocó el bajo en una orquesta.
  • Considera precisamente la orquesta una de las etapas en las que más aprendió de música, al tener que interpretar desde heavy metal hasta rumba, cumbia, pasodoble o tango.

César Higuera: «Tengo sueños pendientes; si no, ¿para qué quiero la jubilación?»

«El Chaval de Cobejo» muestra su faceta más personal en MUY ÍNTIMO y habla de su mujer, la muerte, sus miedos, los libros que le han marcado y lo que todavía espera de la vida

Santander, 7 de septiembre de 2026.- César Higuera Amor tiene todavía sueños pendientes. Y quiere que sigan estándolo durante algún tiempo.

«Tengo algunos y espero que me queden, porque si no, ¿para qué quiero la jubilación?», responde «El Chaval de Cobejo» cuando en MUY ÍNTIMO se le pregunta si conserva algún sueño incumplido.

La respuesta resume buena parte de una conversación en la que el músico deja momentáneamente a un lado el rabel, el folclore y los escenarios para hablar de la persona que existe detrás del personaje.

Hay respuestas reflexivas, algunas inesperadas y otras que apenas necesitan unos segundos.

«A mi mujer, por supuesto»

Una de ellas llega cuando se le plantea una pregunta sencilla:

¿A quién regalaría hoy un ramo de rosas?

«A mi mujer, por supuesto», contesta inmediatamente.

Su mujer, Guadalupe, vuelve a aparecer cuando recuerda algunos de los días más felices de su vida.

Higuera reconoce que varios de sus momentos de mayor felicidad, y también algunos de los más duros, han estado relacionados con la música. Pero entre los primeros guarda especialmente el recuerdo del momento en que Guadalupe le comunicó que esperaban una hija.

Una sonrisa que, décadas después, continúa formando parte de sus recuerdos esenciales.

¿Qué hay detrás de la muerte?

MUY ÍNTIMO le plantea también una de esas preguntas para las que difícilmente existe una respuesta definitiva:

¿Qué hay detrás de la muerte?

César Higuera admite que no lo sabe, aunque sí cree que puede existir algo más allá de la vida que conocemos.

Pero inmediatamente devuelve la reflexión al presente.

Si alguien o algo nos ha dado esta vida, sostiene, esta es la que tenemos que vivir.

Buscar permanentemente qué puede haber después de la muerte puede ser una inquietud perfectamente legítima, pero considera que no es lo que le corresponde hacer ahora.

Una respuesta que termina convirtiendo una pregunta sobre la muerte en una reivindicación de la vida.

«Soy muy cobarde»

Hay otras respuestas en las que César Higuera no busca presentarse de una determinada manera.

¿Qué le produce miedo?

«Muchas cosas. Soy muy cobarde», responde.

Después concreta una de ellas: los líderes.

Para explicarlo recurre a Utopía, de Tomás Moro, y reflexiona sobre las personas que buscan ejercer el mando frente a quienes entienden el poder como una pesada responsabilidad.

No es la única ocasión durante la entrevista en la que los libros aparecen como instrumento para explicar su manera de entender el mundo.

El Quijote, El Principito y Siddhartha

Cuando se le pregunta por las lecturas que le han marcado, César Higuera menciona varios títulos que forman parte de su memoria personal.

Entre ellos aparecen El Quijote, El Principito y Siddhartha, de Hermann Hesse.

La última elección provoca además una pequeña complicidad durante la conversación.

Antonio Mora le confiesa que, entre más de un centenar de personas a las que ha realizado a lo largo de los años el cuestionario MUY ÍNTIMO, solamente recuerda otra que hubiera mencionado a Hermann Hesse y Siddhartha entre sus lecturas fundamentales: el expresidente de Cantabria Ignacio Diego.

Los libros son solo una parte de un universo de gustos en el que César Higuera se reconoce fundamentalmente ecléctico.

También en la música.

Le gusta especialmente el jazz, pero rechaza encerrarse en un único género y recuerda aquella conocida idea de que solo existen dos clases de música: la buena y la mala.

Una semana para desaparecer

Cuando el cuestionario le propone escoger lugares para descansar una semana, César vuelve primero a sus raíces.

En Cantabria elegiría Lantueno, su localidad natal, o Cobejo, el pueblo de sus recuerdos y de su identidad.

Si tiene que salir de Cantabria, mira muy cerca: las Merindades, aunque admite con humor que la elección tiene algo de trampa por su proximidad y sus vínculos históricos y culturales con Cantabria.

También guarda un buen recuerdo de Almería.

Y fuera de España recuerda su estancia en el centro de Francia, aunque reconoce que precisamente descansar, descansaron poco: buena parte del viaje se lo pasaron bailando.

Cuba, un viaje pendiente

Hay otra respuesta que conecta inmediatamente con uno de sus deseos.

¿A qué país le gustaría viajar?

«A Cuba».

En cambio, cuando se le pregunta cuál considera el país más justo y mejor organizado del mundo, César Higuera evita dar una respuesta rotunda.

Reconoce que la imagen que se tiene desde fuera de un país puede cambiar cuando se conoce su funcionamiento cotidiano y que las apariencias no siempre coinciden con la realidad.

Su conclusión vuelve a llevarlo al concepto de pertenencia:

mientras no falte lo necesario para vivir, considera que uno está mejor en su tierra.

De la tortilla de su madre a la berza

MUY ÍNTIMO también permite entrar en terrenos mucho más cotidianos.

César Higuera reconoce que la cocina no es precisamente una de sus grandes habilidades. Sabe freír un huevo y ha conseguido preparar alguna tortilla, pero admite que no ha tenido demasiada necesidad de desarrollar sus capacidades culinarias.

Otra cosa es comer.

Cuando busca un sabor asociado a sus recuerdos aparece inmediatamente la tortilla española de su madre.

Se declara de buen comer, aficionado a las legumbres y defensor de un producto especialmente vinculado al norte de España: la berza.

Reivindica sus posibilidades gastronómicas y cuenta incluso que, junto a Guadalupe, han descubierto cómo utilizarla para preparar una lasaña sustituyendo la pasta por hojas de berza.

Una varita mágica… para los coches

Entre las respuestas más inesperadas llega la de la varita mágica.

Si pudiera cambiar algo en el mundo, ¿qué cambiaría?

Después de pensarlo, César Higuera sorprende con una medida extremadamente concreta:

limitaría la potencia de los motores de los coches a 75 caballos.

Una respuesta difícil de anticipar y probablemente una de las más originales que ha dejado el cuestionario MUY ÍNTIMO.

Lo que queda por vivir

Al final, la conversación vuelve al futuro.

César Higuera nació en 1961 y contempla la jubilación no como un punto final, sino como una oportunidad para ocuparse de proyectos que continúan esperando.

Por eso quiere conservar sueños incumplidos.

Y cuando se le pregunta qué espera de la vida, su respuesta es mucho más sencilla que cualquier gran declaración:

que los disgustos lleguen cuando tengan que llegar y que le permitan todavía hacer algunas de esas cosas que tiene pendientes.

Quizá ahí se encuentre el César Higuera más íntimo de toda la conversación.

El músico que ha pasado buena parte de su vida mirando hacia la tradición todavía mantiene la mirada puesta en lo que queda por hacer.

Contexto

César Higuera Amor, conocido como «El Chaval de Cobejo», protagoniza una nueva entrega de MUY ÍNTIMO, el cuestionario de Antonio Mora destinado a descubrir la vertiente personal de sus entrevistados.

La conversación forma parte del trabajo audiovisual de ARCHIVO MORA y complementa la entrevista dedicada específicamente a la trayectoria musical de Higuera y a sus opiniones sobre el rabel, el folk y el folclore de Cantabria.

Las claves

  • A la pregunta de a quién regalaría hoy un ramo de rosas, César Higuera responde: «A mi mujer, por supuesto».
  • Cree que puede existir algo más allá de la vida conocida, aunque defiende que esta es la vida que corresponde vivir ahora.
  • Reconoce abiertamente que muchas cosas le producen miedo y afirma: «Soy muy cobarde».
  • Entre los libros que le han marcado cita El Quijote, El Principito y Siddhartha.
  • Para descansar en Cantabria vuelve a sus raíces: Lantueno y Cobejo.
  • Uno de los países que todavía desea conocer es Cuba.
  • Reivindica la berza como producto característico de la gastronomía del norte.
  • Si pudiera introducir un cambio mediante una varita mágica, limitaría los motores de los coches a 75 caballos.
  • Mantiene sueños pendientes y espera seguir teniéndolos: «Si no, ¿para qué quiero la jubilación?».