
Quisiera ahora desde estas líneas, sumarme a las tempestuosas diatribas y tribulaciones, que siempre concita el auténtico buque insignia de la progresía extractiva patria: el mundo de la cultura.
Para ello, sin encomendarme ni a Dios ni al Diablo y con la ayuda de la musa Calíope, me he permitido la veleidad de componer un soneto “fecho al itálico modo”, al estilo del Marqués de Santillana.
He pensado ponerle música, pero por el momento se puede recitar preferiblemente acompañado por los arpegios de una lira, cual Apolo, Orfeo o Anfión:
Laica y pedante comparsa,
que con denuedo el oro envilece,
en cátedra, editorial y farsa
nuestro frágil ánimo entristece.
Desde cines, teles y aulas
a su tiranía nos somete,
pues de esta horrenda estantigua
ni el pentagrama nos protege.
¡Mas no se asusten si les digo,
que no ceja en su empeño al llenar
de nuestro dinero sus bolsillos!
¿Su nombre queredes vos escuchar?
“Mundo de la cultura”, lo que habéis oído,
así es como se hace llamar.
Imagen: “Vanidad de vanidades, en la cultura española todo es vanidad”. Composición y fotografía de Ramón Fernández
Ramón Fernández. Historiador.

