Otra de libros…

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MIS IMPRESIONES DEL LIBRO

“LA MONTAÑA DE LOS SIETE CIRCULOS”

En ninguna parte, excepto acaso en la sociedad análoga de la Roma pagana,
ha habido nunca un florecimiento tal de lujurias y vanidades baratas,
mezquinas y repulsivas como en el capitalismo,
donde no hay mal que no se fomente y estimule por hacer dinero” (Pág. 135)

 

Thomas Merton – Editorial PORRÚA (1999) – ISBN. 970-07-1732-1

SINOPSIS

Publicada por vez primera en 1948 en la ciudad de Nueva York con un éxito extraordinario de crítica, y una venta en ese año de dos millones de ejemplares, LA MONTAÑA DE LOS SIETE CIRCULOS no es tanto una novela como un autorretrato novelado, o mejor una autobiografía espiritual que cuenta la compleja vida mundana del autor hasta sus veintisiete años, cuando decidió recluirse en el monasterio trapense norteamericano de Getsemani, Kentucky. Hijo de un inglés y de una norteamericana, Merton nació en Francia durante la primera guerra mundial y buscó en vano a lo largo de los años la posibilidad de una vida auténtica y pacífica en el mundo. En la historia que cuenta él mismo, hay afecto, inteligencia, humor y poesía, con luces y sombras alternadas; pero la luz aparece en el retiro claustral y la sombra en las babeles luminosas de Londres y Nueva York. La montaña de los siete círculos (1948) es el manifiesto de una generación de posguerra que buscaba desesperadamente significado en medio de las ruinas de la modernidad. A continuación, presento un análisis crítico estructurado con referencias al contexto y al impacto de la obra.

MIS IMPRESIONES

Mucho antes de tener el libro, conocí de su esencia narrativa que me acercaba a la biografía de un hombre singular, dentro de la cual había huellas en Cuba, que son fundamentales para entender la importancia, impronta y trascendencia de este gran hombre. En un párrafo aparte, relataré algunos hitos singulares de esta etapa.

La montaña… sigue la estructura clásica de la Confesión agustiniana. Merton narra su vida desde su nacimiento en Francia hasta su entrada en la Abadía de la Trapa en Kentucky.

  • La tensión entre el “falso yo” (el intelectual cosmopolita, esteta y mundano) y el “verdadero yo” (la identidad anclada en Dios).
  • Algunos críticos literarios argumentan que la primera parte del libro es superior estéticamente porque Merton describe el “pecado” con una viveza que desaparece cuando entra en el monasterio, volviéndose entonces más didáctico y, en ocasiones, moralista.

En el momento de su publicación, Merton mantenía una visión dualista y neotomista. Veía al mundo como un lugar intrínsecamente peligroso y al monasterio como un refugio de pureza.

  • Años después, el propio Merton criticó su tono en este libro. En sus diarios posteriores, lamentó haber sido demasiado “duro” con el mundo.
  • En su obra posterior Conjeturas de un espectador culpable (1966), Merton experimenta una epifanía en la calle Fourth y Walnut (Louisville), donde se da cuenta de que ama al mundo y que la separación radical que propuso en La montaña era, en parte, una ilusión de su juventud religiosa.

Es fundamental entender que La Montaña… fue un fenómeno de masas. Vendió más de 600,000 copias en su primer año, algo inaudito para una obra sobre la vida monástica.

Factor de Éxito

Explicación

Contexto de Posguerra

Tras la Segunda Guerra Mundial, el público buscaba una paz interior que la política no ofrecía.
Estilo LiterarioMerton escribe como un novelista moderno (influencia de Joyce y Blake), no como un teólogo seco.

Censura Monástica

Irónicamente, la censura de la Orden Cisterciense pulió el texto, eliminando detalles excesivamente escabrosos y dándole un aire de «misterio» espiritual.

Merton utiliza la metáfora del Purgatorio de Dante (los siete círculos/gradas) para ilustrar su purificación. Su teología en este libro es pre-Vaticano II:

  • Enfatiza la ascética, el silencio y la ruptura total con la cultura secular.
  • Sin embargo, introduce a una audiencia estadounidense (predominantemente protestante o secular) la profundidad de la mística católica, transformando la percepción del catolicismo de una religión de inmigrantes a una filosofía de vida intelectualmente respetable.

Sus huellas en Cuba

La estancia de Thomas Merton en Cuba, ocurrida entre abril y mayo de 1940 (poco antes de ingresar en la orden trapense), es un episodio fundamental y, a menudo, subestimado en su evolución espiritual. No fue solo un viaje de placer, sino lo que él mismo llamó un «peregrinaje espontáneo». Se alojó en La Habana, pero también viajó a Matanzas y visitó el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba.

Merton llegó a Cuba huyendo del ambiente intelectual y, a veces, cínico de la Universidad de Columbia en Nueva York. Buscaba un lugar donde la fe católica no fuera una teoría, sino una realidad vivida en la calle.

A diferencia de otros turistas estadounidenses de la época que buscaban casinos y vida nocturna, Merton se sumergió en las iglesias y en la música afrocubana, la cual encontraba extrañamente conectada con lo sagrado.

El momento más documentado y crítico de su estancia ocurrió en la Iglesia de San Francisco en La Habana. Merton narra en La montaña de los siete círculos una experiencia mística durante una misa:

Durante la elevación, un grupo de niños gritó: “¡Creo!”. En ese instante, Merton experimentó una claridad intelectual y espiritual abrumadora. Fue la certeza de que Dios estaba presente, no como una idea, sino como una realidad tangible.

Este evento fue el “empujón” final que necesitaba para consolidar su vocación religiosa. En sus propias palabras, en Cuba fue donde aprendió a rezar de verdad.

Merton quedó fascinado por la devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre. Esta figura representaba para él una fe “encarnada” y popular, alejada de los debates académicos.

Durante este viaje escribió varios poemas, siendo el más famoso “Canción para nuestra Señora del Cobre”. En estos versos, Merton mezcla la geografía cubana con la mística mariana, mostrando una apertura a la cultura latina que mantendría toda su vida.

En sus diarios (reunidos en The Secular Journal), Merton describe Cuba como un lugar «limpio» en sentido espiritual, comparado con la “suciedad” moral que percibía en Nueva York.

A pesar de ser un joven desconocido, Merton conectó con figuras del grupo Orígenes.

Mantuvo una relación de amistad y correspondencia con el poeta José Rodríguez Feo y admiraba la obra de José Lezama Lima. Años más tarde, tras la Revolución de 1959, Merton mantuvo una postura matizada y crítica, pero siempre guardó un afecto profundo por la cultura cubana, siendo uno de los principales puentes entre la intelectualidad católica de EE. UU. y los escritores de la isla.

El tránsito por Cuba fue el puente estético y emocional entre su conversión en 1938 y su entrada al monasterio en 1941. Sin Cuba, el Merton que conocemos —abierto a otras culturas y con una espiritualidad vibrante y menos rígida— probablemente no habría existido.

Referencias y Legado

El biógrafo oficial de Merton, Michael Mott, en The Seven Mountains of Thomas Merton, señala que el éxito del libro fue una carga para el autor, quien pasó el resto de su vida tratando de reconciliar su fama como escritor con su voto de silencio.

“Nací en el mundo, en una imagen del Infierno, por naturaleza un hijo de la ira, pero en la gracia de Dios, un hijo de la paz”. Esta apertura, es su cita clave y establece el tono existencialista que resuena con los lectores de Camus o Sartre de la misma época.

La montaña de los siete círculos es una obra maestra de la literatura espiritual, pero debe leerse como el punto de partida de Merton, no como su conclusión. Es el grito de un hombre que huye del mundo, mientras que sus obras posteriores son el abrazo de un hombre que ha encontrado a Dios en el corazón de la humanidad.

JACA, Santander, agosto 2026