En 1999 dos jóvenes idealistas enamorados de las historietas cruzaron sus caminos en la isla de Ometepe. Javier de Isusi, aspirante a dibujante, recorría latinoamérica tras acabar la carrera de arquitectura. Luciano Saracino, escritor, desgranaba historias de terror de su Argentina natal a la espera de contar sus propias historias.

Desde entonces cada uno se ha labrado un camino propio en el mundo del cómic. Javier de Isusi cerró una tetralogía: «Los viajes de Juan Sin Tierra» editada con éxito en España por Astiberri.

Luciano Saracino es un escritor de referencia en su Argentina natal, realizando numerosos libros infantiles y juveniles con algunos de los genios de la ilustración pampeños y últimamente escribiendo para televisión.

Los dos enamorados de la historieta, de los viajes y aventuras se encontraron en una pequeña isla de Nicaragua, Ometepe, llena de magia y de leyendas, leyendas que recopilan en un precioso tomo con las historias dedicadas a la isla.

Con ellos hablamos de magia, de viajes y de historietas.

– Pregunta: ¿Qué es Ometepe?
– Javier: Ometepe es antes que nada una isla nicaragüense, para más señas la mayor isla lacustre del mundo. Es también la inspiradora de nuestro último cómic del que es también el título.
– Luciano: Ometepe es Nuncajamás, Lilliput, Fantasia, el País de las Maravillas, Oz y todo lo que quieras imaginarte.

– P.: Han pasado más de 10 años desde que visitasteis la isla. ¿Por qué es tan importante para vosotros?
– Javier: Bueno, en esa isla se juntaron nuestros viajes, nos hicimos amigos, lo pasamos estupendamente y prendieron en nosotros dos las ganas de dedicarnos profesionalmente a hacer cómics. Yo allí escribí del tirón el guión de La isla de Nunca Jamás y el argumento de La pipa de Marcos. Creo que eso es suficiente como para querer volver una y otra vez a ella, aunque sea en cuentos.
– Luciano: Tal cual dice Javi, de alguna manera Ometepe representa el comienzo. Si bien Javier y yo ya escribíamos (y él, dibujaba) desde mucho antes, fue en aquella isla, subiendo uno de sus volcanes, donde decidimos tomarnos en serio esto de contar historias. En mi caso, puedo decir que bajé aquel volcán convertido en historietista. La compañía de Javi y el entorno fueron la tierra donde ese sueño se hizo flor.

– P.: En Ometepe recopiláis historias que habéis ido desarrollando a lo largo de los años. Si os parece vamos a ver el contexto en que nace cada historia. La primera historia es «No recogerás nada de lo que se te ofrezca en el Charco verde» que parece enlazar con la última historia del tomo «Fiesta en Sinacapa». En ella aparece un extranjero que nos introduce en el mundo de Ometepe desde un punto de vista similar al del lector.
– Luciano: La idea de que sea un extranjero recién llegado el que recorre este libro nos pareció interesante porque los lectores serán, en su mayoría, neófitos respecto de la geografía y mitología de aquella isla nicaragüense. Por lo tanto, tanto los lectores como el protagonista (un viajero un poco poeta un poco enamoradizo un poco aventurero y un poco nosotros) irán descubriendo lo que pasa allí juntos. Nos pareció un buen recurso.
– Javier: Sí, aunque había un detalle que había que cambiar: la identidad del extranjero. En el guión de Lucho el extranjero era ¡yo mismo! creo que lo hizo para devolverme el juego que yo hice con el personaje de Héctor Germán de Los viajes de Juan Sin Tierra, que está basado en él. Nunca lo hemos hablado, pero imagino que fue así…
– Luciano: Sí, precisamente se me ocurrió una noche mientras le mostraba a Carlos Trillo el libro de Javier «Los Viajes de Juan Sin Tierra: La isla de Nunca Jamás», donde aparezco como personaje. Sentí tanto orgullo por ser un personaje de historietas y poder compartir aquello con mi ídolo que intenté retribuírselo a Javier creando un personaje que recorre el mundo (como él).
 Javier: El caso es que a mí no me apetecía nada dibujarme a mí mismo pero vi que ese extranjero podía ser el mismísimo Juan Sin Tierra. Me parecía genial que además el personaje se colectivizase y no fuese yo quien escribía el guión de lo que le pasaba en estas historias. Se lo propuse a Lucho y le encantó la idea.
– Luciano: Nos gusta mezclar los personajes de nuestras historias (las que hacemos juntos o por separados) en futuros proyectos. Con Javier es como que creamos un universo que se va interrelacionando con la obra de ambos, y eso me fascina.
Tanto Horacio Sésamo, como Vasco, como Walter el pistolero pueden caminar tranquilamente los mundos de nuestras obras futuras. Y eso también se respira en «Ometepe».
Sobre esa historia específica que mencionás y el contexto en que nació: es simple, nos sucedió realmente. Con Javier caminábamos por un sitio de la isla que es muy complejo caminar porque te aparecen duendes que te van obsequiando cosas que, si aceptás, te condenan para siempre. Y los duendes se nos aparecieron. Y nos ofrecieron cosas. Y apareció la historia.
No hay nada de irónico en esta respuesta. Sucedió así. Lo único que añadimos en la historieta es lo de la sirena, que nos hubiese encantado que se aparezca pero no.

– P.: «Flores en el vientre» es una historia que redibujas, Javi, para estar más en sintonía con el resto de los relatos, todos ellos en acuarela y con una gama de colores que se mueve entre los azules y rojos.
– Javier: Sí, es que a lo largo de los años hemos ido haciendo diversas historietas que tienen la isla de Ometepe como decorado o incluso protagonista. Fue Lucho quien constató que nos estábamos haciendo con una colección de historias sobre Ometepe y que se podía hacer un tomo recopilándolas. El problema es que algunas de ellas eran de hace mucho tiempo y no guardaban ninguna coherencia gráfica con las nuevas, en las que estaba experimentando con la acuarela en dos tonos: siena y gris. Así que si quería incluirlas tenía que redibujarlas. En el caso de esta historieta no sólo cambia el tratamiento del color y el dibujo sino también la propia composición de las páginas.
– Luciano: Ya no recuerdo si esta es una historia que le contaron a Javi o a mí allá en la isla. ¿Vos te acordás, Javi?
– Javier: Ja, ja. A mí. Me la contó Manuel Hamilton Silva Monje, a quien conocí casualmente refugiándonos de la lluvia y que resultó ser el recolector de historias de la isla.
– Luciano: Pero es una historia verdadera. Tal cual nos la contaron, nosotros la contamos.
Creo que es la historia más hermosa que yo alguna vez he escuchado durante un viaje. Tiene tantos modos de leerla y de entenderla que sigue siendo una historia que cuento cada vez que la noche trae el mágico momento de ponerse a contar historias.

– P.: En «La Sin pechos» jugáis con la fisonomía propia de la isla, formada por dos volcanes que parecen pechos. Una isla que se rebela contra que descanse en paz en su seno una turista que ha perdido sus pechos.
– Javier: Esta es una historia real, pero no sucedió en Ometepe, ni siquiera en Nicaragua, le ocurrió a un amigo mío que es sacerdote y que estuvo muchos años destinado en África, en Malí concretamente. En la historia real la mujer no fue una turista sino una mujer del pueblo que jamás desarrolló sus pechos y que era vista por el resto de la gente de la aldea como una aberración de la Naturaleza. El día que murió la gente no quería enterrarla en suelo sagrado porque decían que la tierra se iba a enojar. Lucho tuvo la brillante idea de insertar esta historia en la isla de Ometepe, ¡qué mejor escenario que la isla de las dos inmensas tetas!
– Luciano: Javi me contó esta historia, en el 2002, en Bilbao. Y como siempre sucede con las buenas historias, nunca me abandonó. Era una historia que le pertenecía a Javi porque a él le había llegado y así son estas cosas.
El caso es que cuando comenzamos a hilvanar la madeja de las historias que comprenden «Ometepe», la historia de una mujer sin pechos que es enterrada en una isla que es, en realidad, un par de tetas, me pareció perfecto. La escribí con un poco de miedo a que Javi se tomara a mal mi intromisión y hasta esta entrevista no volvimos a tocar el tema.
¡No sabés lo que me alegro que te haya gustado el robo que te hice, Javi!
– Javier: No, hombre, no me robaste nada. Las historias no tienen dueño y además ¿cómo voy a ser el dueño de una historia que ni siquiera me he inventado?

– P.: «La historia de Ometepe» existe realmente? ¿Cuanto habéis creado y cuánto recogido en estas historias?
 Javier: Sí, ésta es la leyenda real, con alguna pequeña licencia narrativa pero básicamente es así. La historia de Nagrando y Ometepl es muy conocida allá.
– Luciano: Iba a ser inicialmente un pequeño prólogo para el libro. Pero Javi la convirtió en la maravilla que hoy pueden leer y que sirve como historia propia.
Con Javi tenemos ese modo de trabajar. Yo le envío un guión y él, que es un excelente guionista, lo convierte, lo transforma, le da vueltas hasta que queda como finalmente queda.
Sobre tu pregunta, Kike, acerca de si es verdad o no lo que contamos, la respuesta es: «es verdad en tanto nos lo han contado. Es una reconstrucción en tanto lo contamos nosotros». Significa eso que cada cosa que se cuenta en el libro nos la han contado. Pero cuando la contamos nosotros, es natural que aparezcan cosas nuestras. Los argentinos somos muy exagerados, lo saben, y es natural que nos vayamos por las ramas y que metamos sirenas donde sólo había una muchacha nadando.

– P.: «Dragones verdes» parece de nuevo una leyenda recreada, aunque enlaza perfectamente con «La historia de Ometepe» y prepara el clima mágico que se desarrolla en «Fiesta en Sinacapa». Siendo historias desarrolladas a lo largo de los años ¿os ha costado mucho enlazar las historias?
– Javier: Ha sido muy natural. Cuando ya estaban casi todas las historias hechas fue gracioso descubrir que de entre todas las maneras que había de ordenarlas había una manera que hacía que cada una de las historias hilara con la siguiente y la anterior.
El caso de esta historia, la de Dragones Verdes, es bastante especial. Ésta es la única historia del libro que está totalmente inventada, y también la primera que dibujamos, hace ya tal vez ocho años (también ha habido que redibujarla, claro). Lucho la inventó mientras escuchaba una canción de Pedro Guerra llamada Dragones Verdes y cuya letra no tiene nada que ver con esta historia, de hecho habla de los ojos de una chica. Fue un guión hecho a botepronto, a mí me gustó y lo dibujé. La publicamos en un par de revistas argentinas y teníamos que meterla, lógicamente, en el libro. Cuando buscamos la manera de hilarla con alguna otra historia del libro vimos que podía ser el cuento que inventa el personaje de Gringo Loco para Margarita, inspirándose en sus ojos. Y así, casualmente y sin buscarlo, el cuento responde, como la canción de mismo título, a la inspiración que produce la mirada de una chica.
– Luciano: Recuerdo perfectamente el momento en que escribí esta historia. Otra vez 2002. En Bilbao. Javier dibujaba algo en su estudio y yo lo observaba. Pocas veces me volvió a pasar, aquello de ver al dibujante realizando la obra delante de mis ojos. Y lo que hacía Javi me transportaba. Tiene –y ya lo tenía desde entonces- un modo muy simple de contar lo complejo. Una magia inmersa en sus dedos que a mí siempre me pareció muy inspiradora.
Por lo tanto, yo estaba pleno de musa, viéndolo dibujar. Había un grabadorcito arriba de la mesa, y sonaba un disco de Pedro Guerra.
Creo que escribí la historia en cinco minutos.
Se la di a Javi, que la leyó y dijo «te acabas de escribir una historia hermosa». Y se la puso a dibujar.
Así sucedían las cosas, cuando el mundo era joven.
¡Y no sabés lo que extraño, con un océano de por medio, esas tardes/noches creadoras con ese genio que es Javier!
– Javier: Uf. ¡Y yo!

– P.: Han pasado los años desde vuestra visita a Ometepe. A lo largo de este tiempo vuestros caminos se han juntado y separado. ¿Qué balance hacéis de este tiempo?. ¿Cuanto queda de esos aprendices de cuentistas?
– Javier: Bueno, de alguna manera es emocionante comprobar que sí, que lo que soñamos en ese momento se ha ido haciendo realidad. Son muchas las historias que hemos ido tejiendo ambos (aunque ni mucho menos todas estén publicadas), más de lo que entonces podía atreverme a imaginar y los dos nos hemos ido encarrilando en la profesión de contar historias, yo más desde el cómic y Luciano de una manera más heterogénea. De esos aprendices de cuentistas quedan las mismas ganas por contar y narrar, aunque en mi caso yo siento que me he liberado de mucha paja, antes pensaba que tenía que saber contar cualquier historia. Ahora no, veo que hay historias que me merecen la pena y otras que no.
– Luciano: En mi caso, Ometepe me enseñó que el mundo podía ser contado. Y creo que me agarré en esa isla una fiebre o algo así, porque desde entonces no hago otra cosa que contar historias.
Como te decía antes, bajamos de aquel volcán –que en realidad es la teta de una diosa- convertidos en otra cosa. No creo que si no nos hubiéramos cruzado en Ometepe con Javi hubiésemos acabado siendo corredores de bolsa, pero creo que la isla nos dio el empujón que ambos estábamos necesitando. Y sí creo que tengo algo que ver en la magnífica carrera de Javi y sí puedo asegurarte que Javi es parte fundamental en la mía.
Por eso, y a pesar de que cada uno está siempre metido hasta el cuello con proyectos personales, nos buscamos el tiempo para poder hacer algo en conjunto. Espero que eso siga sucediendo por el resto de nuestra vida. Porque hasta ahora han salido cosas buenas. Porque me hace bien volver a Javi y a Ometepe.

– P.: En «Los viajes de Juan Sin Tierra», Javi, creas un personaje: Hector, alter ego de Luciano. El nombre del personaje viene del más famoso guionista de cómics de argentina: Hector G. Oesterheald. Han pasado los años y tu Luciano has escrito una serie con la vida del genial escritor. ¿Se van cerrando los círculos? ¿Cuanto hay de magia y cuanto de tenacidad?
– Javier: No es el único círculo que se cierra. Por supuesto que hace falta tenacidad, mucha tenacidad y tener el objetivo claro, pero magia también ha habido. Mucha y de la grande.
– Luciano: Lo de llamar Héctor Germán a un personaje creado a mi imagen y semejanza es algo de lo que no me voy a hacer cargo… je. Cuando lo leí casi me muero.
Héctor Germán Oesterheld es el mejor escritor de aventuras (bah, es el mejor escritor de géneros) que ha dado la Argentina. Sacó de su galera obras como El Eternauta, Sargento Kirk, Ernie Pike, Mort Cinder… uf! Ya nombrar su obra marea. Así que imaginate si alguien le pone su nombre a un personaje que está basado en vos.
Desde que me crucé con Javier tenía en mente hacer una historia que lo homenajee (de hecho, recuerdo haberle mandado a Javi un guión de historietas que fue el germen de la serie a la que te referís). Hace dos años me senté y escribí de un tirón trece capítulos televisivos. En marzo se estrenarán, en Argentina, así que vamos a ver qué pasa con eso.
Y sobre los círculos que se cierran… la salida de este libro es un círculo que se cierra. Volvemos a Ometepe para agradecerle todo lo que nos dio.
Espero, sinceramente, que el cierre de un círculo tan importante implique la apertura de otro de igual magnitud.

– P.: Además de «Ometepe» lleváis años enfrascados en «Historias del olvido» en la que compartís labores de guionistas y del que existen 2 tomos hasta la fecha ¿Qué nuevas sorpresas nos depara la serie?
– Javier: Pues eso, como son sorpresas no se pueden decir, empezando porque yo soy el primero que no sabe qué va a pasar con la serie. Nuestra parte está hecha, el guión de la serie entera está acabado, el tomo III está enteramente dibujado (y magníficamente, por cierto) hace casi un año… Es la editorial la que nos dará la buena o mala sorpresa de si sigue adelante con la serie o no.
– Luciano: Pensá que toda esta historia (me refiero a nuestras carreras) se inició durante un camino; un viaje.
Cuando uno camina lo que hace es dirigir sus pies a donde quiere ir (a veces llega a lugares fantásticos y otras te perdés). Pero lo más interesante del viaje son aquellos escollos que hacen que todo se replantee. Nunca hemos viajado con planes de antemano. Nunca hemos sido turistas de nuestras vidas. Por eso nos gustan las sorpresas y, tal cual dijo Javi, lo que le espera a las «Historias del Olvido» es una sorpresa aún para nosotros.
Horacio Sésamo y su universo nos siguen pareciendo fascinantes y vamos a seguir contando historias con ellos. Pero espérense ustedes también un timonazo que nos lleve a aguas un tanto… ¿por fuera de la historieta? Quién sabe… el mundo es muy grande. Y las «Historias del Olvido» también.

– P.: ¿Cuáles son vuestros próximos proyectos?
– Javier: Por mi parte desde que acabé Los viajes de Juan Sin Tierra he estado muy metido en obras conjuntas en las que he hecho de ilustrador, escritor o coordinador. Ahora mismo me voy a centrar de nuevo en una obra en la que de nuevo soy autor completo. Prefiero no contar de qué va pero sí avanzo que esta vez no ocurrirá en ningún país lejano.
– Luciano: Y yo en unos días me voy a dar unas charlas a la feria del libro de Taipei (¿?). Raro.
Y, en lo inmediato, sé que está por salir un libro que hicimos con Enrique Alcatena sobre la vida (y sobre todo la muerte) de Jim Morrison. Por otro lado, se está comenzando a rodar una película que escribí sobre Lovecraft y Buenos Aires (¿?). Raro. Y estoy terminando un libro sobre la historia de argentina… con zombies (¿?). Raro.
Ya ves. Si no hay nada raro para hacer, inventémoslo.
Luego pretendo volver un poco a la salubridad mental, por lo tanto me voy a poner a escribir un guión de una novela gráfica que craneamos con Infame & Co. Sólo puedo anticiparles que sucede en una geografía con muchas rocas. Y que va a ser difícil llegar al corazón de la protagonista.

– P.: ¿Cómo os veis dentro de 10 años?
– Javier: Encontrándonos en algún lugar del planeta para que se conozcan nuestras hijas, y haciendo lo que más nos gusta: historias.
– Luciano: Sentados en alguna plaza, inventando en quince minutos todo un libro. Dándonos un abrazo, por fin, en la Finca Magdalena, en Ometepe.
Sentados en una nave espacial siendo parte de la primer expedición a Marte conducida plenamente por historietistas.
No sé. Te puedo asegurar que, sea donde sea, será entre historias. Y sonrisas.
Nuestras hijas nos verán y van a decir «era cierto lo que decían respecto de su amistad. No todo lo que cuentan son historias inventadas».
– Javier: Je, je, como se nota que yo soy vasco y Lucho argentino, ¿has visto que maneras más distintas de decir lo mismo? Por eso nos complementamos tan bien…

Infame&Co

Publicado inicialmente el Miércoles, 16 Enero 2013