Le Mans ’66: Ford Vs Ferrari. James Mangold vuelve a la pantalla grande con un filme fuerte, con mucha testosterona, carros y mucha, mucha adrenalina. Ford v Ferrari cumple al cien al hablar sobre la relación de dos amigos que se mueven en el mundo de las carreras y de los automóviles, y que la cinta logra atrapar muy bien las tensiones que pueden producirse entre las principales fuerzas que a veces deben conjugarse a la hora de gestar una carrera destinada a perdurar en la memoria como es el caso la de Le Mans 66, que va ser el sueño de unos y el objetivo de otros, donde el poder y la avaricia de otros juegan un papel importante.

De esto nos habla, a ratos de manera magistral, ‘Le Mans ‘66’, un drama deportivo en el que la épica se engrandece por las lecturas meta-artísticas que proponen tanto sus personajes como, por supuesto, las situaciones en las que estos se ven envueltos.

La historia ocurre el año es 1963, y el gigante automovilístico Ford está en números rojos en las cuentas anuales, las ventas se desploman, y tampoco se percibe ningún síntoma de mejoría.

La depresión es tal que el heredero del imperio, Ford segundo, un hombre sólo mandamás decadente por la opulencia sanguínea, decide recurrir a nuevas ideas que ayuden a mejorar la grave situación financiera.

Y es ahí donde como ángel caído del cielo, un iluminado de sus directivos propone llevar la empresa a territorios que nunca antes había explorado, a las carreras y a los grandes circuitos; asociarla con aliados que puedan cambiar la imagen de cara a un mercado de consumidores más jóvenes.

Y es ahí donde entran los personajes de la historia que vamos a ver sobre la relación entre Carroll Shelby (Matt Damon) y su conductor británico Ken Miles (Christian Bale).

James Mangold logra llevar con un buen ritmo la narrativa sin caer en ningún momento, plasmando el choque en cuestión con un conocimiento de la materia que contagia (en el mejor de los sentidos) tanto a la narración como a la presentación de esta.

Aquí se nota que sabía que contar y como contarlo sin hacer un filme del montón si no darle una identidad propia. Y es el ritmo de Ford v Ferrari consigue que sus dos horas y media se te pasen volando gracias a lo bien acoplada que está la gloria agridulce de la gesta competitiva en el aparato cinematográfico y es que la cinta logra tener momentos tan memorables como épicos que quedan en la memoria cinefila y esto también es gracias a su excelente montaje y las tomas tan bien hechas de las carreras logrando crear esa tensión que se puede vivir en una carrera.

Llegando a otro punto está la pareja, al más estilo rápido y furioso pero en buena forma y con mucho más talento compuesta por Christian Bale y Matt Damon que realmente son ellos dos lo que hacen que el filme se eleve y mantengan el filme. Un Bale con acento británico que se come la pantalla con unos matices muy marcados que se nota su carácter fuerte y decidido del personaje, el segundo un Damon a lo tejano; ambos magníficos con un carácter que eleva al conjunto.

Ford v Ferrari es una vibrante (y a ratos incluso apasionante) crónica de dos hombres que no se querían dejar aprovechar a hacer títeres de una industria y que hay maneras de entender y a de acercarse a la misma línea de meta.