
8 DE MARZO – DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER

No voy a expresar sentimientos de este dia que es singularmente importante en mi vida desde que nací, porque mi madre lo celebró hace mas de 80 años con el alumbramiento de su primogénito varón, en un rincón de La Habana de entonces, con la alegría y el amor más grande que una casi puberta puede recibir a un hijo. Desde que vine al mundo, esta fecha del 8 de marzo, ha estado presente en muchas ocasiones en mis dias… Cuando tuve conciencia de su importancia social ya contaba mis casi 20 años de vida, y la Revolución Cubana, abria sus alas poniendo a la mujer en un lugar de destacada importancia, y a mi me asignaron hacer un Mural sobre El Dia Internacional de la Mujer… con lo mejor que podia, me di a la tarea de acopiar imágenes y a dibujar, caricaturizar a “mi modesto entender de entonces” lo que consideraba debia adornar el mural que conmemoraba esa fecha. Y cuál fue el fiasco cuando una Ingeniera Hispano-Soviética que compartiamos trabajo en el entonces Viceministerio para la Construcción Industrial cubano, me hizo cambiar TODO lo que habia hecho, por no reflejar fielmente el pensamiento y sentimiento de las luchas de Clara Zetkin[1]. Fue aleccionadora y además tremendamente ejemplarizante las palabras de Conchita, como se llamaba aquella ingeniera de cuya labor profesional y humana guardo muy gratos recuerdos, y el libro que sobre el Dia Internacional de la Mujer trabajadora, me regaló, en los finales de 1961…
Mucho ha llovido desde aquel entonces, y siempre he mantenido vivo ese recuerdo, y donde quiera que he dejado mis huellas, he recordado u honrado El Dia Internacional de la Mujer de la forma mejor que he podido. Durante mis ultimos 30 años de vida laboral en la UC, siempre festejaba con especial interés y de manera sencilla un ágape por ese Dia, ya que se habia incorporado un elemento adicional, y era que también un 8 de marzo, es el Dia de San Juan de Dios, Patrono de los Bomberos y de TODOS los que nos dedicabamos a la Ingenieria de la Seguridad contra Incendios, como era nuestro caso.
Hoy, mas inmerso en el mundo del Arte, tras la jubilación, quiero dedicar unas líneas a modo de sencillo homenaje a resaltar el papel de unas Artistas/Musas que no trascendieron como merecian hasta nuestros dias…. Si las musas fueron las 9 hijas de Zeus, nacidas en noches consecutivas, estas MUSAS/ARTISTAS, ni son 9, ni nacieron con tal ritmo…
Empecemos por Jeanne Hébuterne[2] que fue modelo, musa y amante de Amedeo Modigliani y la representó hasta la saciedad a lo largo de su carrera artística, pero Hébuterne, fue también una pintora excelente cuyo arte ha estado relegado. Hermana del pintor André Hébuterne, la joven Jeanne se fue a vivir a Montparnasse a principios del siglo XX, donde todos los famélicos artistas del barrio bohemio de París se quedaban extasiados a su paso. Hébuterne era bellísima. Y también una talentosa dibujante, probablemente mejor que la mayoría de los artistas de la época. Aunque era una mujer, que como sabemos en la historia del arte, sólo puede destacar por motivos étnicos, exóticos o matrimoniales. Modigliani la pintaba continuamente. Ella, por el contrario, dejó de lado su prometedora carrera para dedicarse a adorar al dios de la pintura, tratando de sobrevivir en medio de la intensidad de la vida nocturna del artista. Probablemente permanecer con su amor fue la peor decisión de su vida. Entre borracheras, hambre, enfermedades románticas, celos e infidelidades, Hébuterne soportó de todo. Embarazada, incluso tuvo que dar en adopción a su hija para no criarla en una casa sin comida ni calefacción.
El estado de salud de Modigliani era delicado y acabaría muriendo a los 35 años. Ella, embarazada de nueve meses saltó por la ventana de un quinto piso. Murió un día después que Modigliani mientras él era enterrado “como un príncipe” en el cementerio de Pere-Lachaise. Al entierro de ella fueron sólo algunos familiares. Años después trasladarían sus restos junto al pintor y en 1930, el epitafio dice: Compañera devota hasta el sacrificio extremo.
Hébuterne nos dejó pocos ejemplos de su arte, pero se ve en ellos un increíble potencial artístico, que nada tiene que envidiar al de Modigliani, aunque por supuesto sus cuadros quedaron eclipsados por los de su amante, hoy incuestionables y cotizados estratosféricamente. De estilos diversos se ve que Hébuterne entendía su oficio que acabó junto a su vida con tan solo 21 años.
Camille Caudel[3] con un talento que había despuntado muy pronto. Louis-Prosper Claudel, su padre, fue uno de los primeros en advertirlo. Por ello, y tras pedir consejo al escultor Alfred Boucher, la familia se trasladó a París para que Camille ingresara en la Academia Colarossi, una de las pocas que aceptaba mujeres.
Con 17 años fue admitida en una Academia de Arte parisina y de pronto, Auguste Rodin se percató del talento artístico de la joven, entrando en su vida como un terremoto. De alumna del ya legendario escultor pasaría a convertirse en su musa, y de ahí a amante.
El talento de Claudel era evidente, pero la envidia y el machismo de la época hicieron que fuera objeto de comentarios desafortunados que ponían en duda su capacidad artística. Aun así, la escultora dejó una obra de apabullante talento. Su naturalismo tenía rasgos de impresionismo y simbolismo, buscando siempre la emoción que se traduce en un exquisito dramatismo gracias a un perfecto dominio de las técnicas y a su enorme sensibilidad.
Incluso hay quien afirma que la escultora ayudó a dar forma a algunas de las grandes obras del maestro (por no decir que éste las robó directamente). Lo que es seguro es que, si Claudel hubiera nacido hombre, su reconocimiento hubiera sido otro.[4]
Lucia Joyce[5]nació en 1907, en la sala para indigentes de un hospital de Trieste, donde sus padres James Joyce y Nora Barnacle, vivian en Italia como refugiados tras huir de las miserias de Dublin. Este sello de singularidad le marcó como signo de su vida a esta maravilla salvaje como le bautizó su padre, aunque para el resto de la familia solo era una díscola, perturbada, etc., que sus extravagancias arruinaron las finanzas y salud de su progenitor. No siempre la historia se ajusta a lo que se cuenta y en este caso también se cumple.
En 2003, Carol Loeb Shloss publico la biografia de Lucia Joyce, “Lucia Joyce: To Dance in the Wake” a pesar de los obstacuos que le puso Stephen Joyce, nieto del escritor y sobrino de Lucia, para que no pudiera entrometerse en la privacidad de la familia. “Cuando sus dotes para la danza ritmica alcancen su plenitud, James Joyce tal vez sea conocido como el padre de Lucia”, escribia un reportero parisino. Crecer entre los celos y la animadversión generados por su hermano Giorgio y su madre, fue la parte mas hostil de su vida, de la misma forma que la parte mas brillante fue ser hija de una genialidad reconocida como James Joyce. Ambos no facilitaron su esplendor profesional.
Si a ello se une sus vinculos con amantes insignes como Samuel Beckett – que declaró que era el amor de su vida – o Alexander Calder el escultor inventor de las esculturas cinéticas colgantes, en un mundo patriarcal, el coctel de autodestrucción estaba servido. La muerte temprana de su padre, la llevo a las mayores crisis y tratamientos psiquiátricos salvajes y al abandono de su familia. Hoy comparte espacio en el cementerio de St. Andrew’s en Northampton (Inglaterra) con Violet Gibson – la aristócrata irlandesa que intentó asesinar a Mussolini.
Hoy se le recuerda, en especial a través de la novela de Annabel Abbs, “La hija de Joyce”, en la que destaca el influjo de la hija en la obra del padre, y el empeño de éste en sofocar los impulsos artísticos y la creatividad de Lucia Joyce. Envidias, traiciones, rechazos excéntricos de una época compleja y difícil, dice Ana M. Serrano en dialogosdelibros.es. Para Joyce, Lucía era su favorita, su devoción
Maria Luisa (Lluisa) Casagemas Coll[6] fue una compositora, violinista y cantante catalana, hermana del pintor Carlos Casagemas, amigo de Picasso de corta y trágica vida. Compuso entre los 16 y 18 años la ópera Schiava e Regina[7] que se estrenó en Madrid al no poder hacerse en Barcelona por el atentado anarquista del Liceu. Forma parte de las excelentes y destacadas compositoras modernistas catalanas de finales del siglo XIX y principios del XX: Narcisa Freixas, Carme Karr y Isabel Güell. Casagemas estudió armonía y composición con Francisco de Paula Sánchez Gavagnach, canto con Giovannina Bardelli y violín con Agustín Torelló. Estrenó con la Orquesta Catalana de Conciertos, su poema sinfónico Crepúsculo. El 26 de mayo de 1894 estrenó en el Teatro Lírico, de Barcelona, Tu mi salvasti, amor. Y el 4 de octubre de dicho año la orquesta dirigida por Sánchez Gavagnach estrenó su melodía sinfónica O dulce bacio. ¿Cuántas creaciones permanecen ocultas? ¿Cuántas se esconden en el polvo de las estanterías de bibliotecas perdidas? ¿Cuántas, de las pocas que se conservaron o de las que su autoría no fue usurpada, se encuentran firmadas por una mujer? Dice Silvia Pato[8], al hablar de esta compositora. Quizás porque de esta compositora que llegó a componer más de trescientas obras, hoy apenas se tiene conocimiento de un centenar y se conservan cuarenta y ocho.
No es más que un pequeño homenaje en las figuras de estas mujeres singulares, a TODAS las mujeres que fueron MUSAS y ARTISTAS, dejando sus huellas, en una u otra dirección, de las que mucho deberíamos saber, apreciar y disfrutar, hoy.
JACA, Santander, marzo de 2026
Referencias:
[1] Clara Zetkin lideraba la Oficina de la Mujer del Partido Socialdemócrata de Alemania (SDP) cuando, en 1910, propuso que cada año se conmemorase el Día Internacional de la Mujer para recordar a la sociedad las demandas pendientes del colectivo feminista.
[2] Jeanne Hébuterne (Meaux, 6 de abril de 1898-París, 26 de enero de 1920) fue una pintora y modelo francesa, musa de Amedeo Modigliani.
[3] Camille Anastacia Kendall María Nicola Claudel (Fère-en-Tardenois, Aisne; 8 de diciembre de 1864 – Montdevergues, Vaucluse; 19 de octubre de 1943) fue una escultora francesa.
[4] https://historia-arte.com/artistas/camille-claudel
[5] Lucia Anna Joyce (Trieste, Italia, 26 de julio de 1907 – Northampton, Inglaterra, 12 de diciembre de 1982) fue una bailarina profesional, hija del escritor irlandés James Joyce y de Nora Barnacle.
[6] Luisa Casagemas y Coll (Barcelona, 1863 – c. 1942) fue una compositora, violinista y cantante catalana de los siglos XIX y mitad del siglo XX, una de las primeras mujeres compositoras de ópera en Cataluña.
[7] Esta obra fue premiada en la Exposición Universal de Chicago de 1892.
[8] https://www.culturamas.es/2017/10/29/luisa-casagemas-y-la-opera-recuperada/

