
El nuevo Plan de Sostenibilidad Energética fija como objetivo alcanzar una cobertura de la demanda del 110,26% y sitúa a Aguayo II, el desarrollo eólico y las nuevas infraestructuras de almacenamiento entre las piezas fundamentales del futuro energético de la región
Santander, 14 de agosto de 2026.– Cantabria quiere dar un vuelco a su actual dependencia energética y llegar a 2030 siendo capaz de producir más energía eléctrica de la que necesita. Ese es uno de los grandes objetivos del nuevo Plan de Sostenibilidad Energética de Cantabria (PSEC) 2021-2030, aprobado por el Consejo de Gobierno y que establece la hoja de ruta energética de la Comunidad Autónoma para los próximos años.
El documento plantea elevar la cobertura de la demanda desde el 54,85% tomado como referencia de 2019 hasta el 110,26% en 2030, lo que supondría alcanzar la autosuficiencia y disponer incluso de un excedente equivalente al 10,26% de las necesidades regionales.
El nuevo PSEC culmina una tramitación iniciada con su información pública en junio de 2023 y sustituye al Plan de Sostenibilidad Energética 2014-2020, que había continuado sirviendo como marco para los proyectos energéticos desarrollados en Cantabria.
Una hoja de ruta hasta 2030
El Plan persigue reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 26,76% respecto a 1990, aumentar el peso de las energías renovables, mejorar la eficiencia energética y reducir la dependencia exterior.
Entre sus objetivos figura conseguir que las renovables representen el 46,15% de la generación total de energía eléctrica en 2030, regresar a los niveles de consumo de gas natural de 2015 y reducir un 23,51% el consumo de productos derivados del petróleo.
La estrategia contempla además fomentar el autoconsumo y el almacenamiento, mejorar la eficiencia energética de edificios, industrias y municipios, impulsar la movilidad sostenible y la electrificación del transporte y favorecer la participación de los ciudadanos en la transición energética.
Aguayo II, una de las grandes piezas del nuevo escenario
Uno de los proyectos determinantes será la ampliación de la central hidroeléctrica reversible de Aguayo, que pasará de sus actuales 361 MW a 1.361 MW, incorporando 1.000 MW adicionales.
La actuación supondrá una inversión cercana a 900 millones de euros y convertirá la instalación en la segunda central de bombeo más grande de España y una de las mayores de Europa.
El proyecto ha dado durante 2026 pasos decisivos con la autorización administrativa de construcción, la declaración de interés público y el inicio de los trabajos de accesos y preparación de los terrenos. Las previsiones sitúan su entrada en funcionamiento en torno a 2030-2031.
El reto de pasar de 35 a 700 MW eólicos
El segundo gran eje es la energía eólica. Cantabria parte de una potencia instalada de apenas 35,3 MW, mientras que el nuevo PSEC fija un objetivo de 700 MW.
Actualmente existen 12 parques eólicos que suman 378 MW en avanzado estado de tramitación. Siete de ellos, con 276,1 MW, cuentan ya con autorización administrativa de construcción, mientras otros cinco, que suman 102,1 MW, disponen de autorización previa y/o declaración de impacto ambiental.
Entre los proyectos más avanzados se encuentran Escudo, cuya construcción está prácticamente finalizada, y Somaloma-Las Quemadas, que recibió nuevamente las autorizaciones necesarias el pasado 23 de junio y cuya entrada en servicio se estima para el segundo semestre de 2028.
Según las previsiones recogidas por el Gobierno autonómico, Aguayo II, Escudo y Somaloma-Las Quemadas permitirán por sí solos multiplicar por dos la potencia eléctrica actualmente instalada en Cantabria.
La solar gana terreno gracias al autoconsumo
La energía solar fotovoltaica es la renovable que más rápidamente está creciendo en la Comunidad Autónoma.
De apenas 2,7 MW instalados en 2019, Cantabria ha pasado a 46,49 MW en 2025, un incremento sustentado principalmente en las instalaciones de autoconsumo. El PSEC establece como referencia alcanzar los 70 MW.
También se contempla potenciar pequeñas instalaciones hidráulicas, la biomasa, el biogás, la minieólica, la aerotermia y la geotermia, además de reservar un objetivo de 50 MW para el desarrollo experimental de energías marinas.
El almacenamiento, otra batalla estratégica
La transformación del modelo energético no dependerá únicamente de generar más electricidad renovable, sino también de poder almacenarla.
Además de Aguayo II, el Plan concede un papel estratégico al hidrógeno renovable, especialmente por su potencial para la descarbonización industrial.
Cantabria cuenta en este ámbito con el proyecto de almacenamiento de hidrógeno promovido por Enagás en Polanco, con una inversión prevista de 600 millones de euros, y su integración en el corredor europeo H2Med.
A ello se suma Besaya Green H2, declarado proyecto estratégico por el Gobierno de Cantabria en febrero de este año y que contempla una inversión próxima a los 700 millones de euros.
También está creciendo con rapidez el almacenamiento mediante baterías. La Dirección General de Industria, Energía y Minas ha recibido solicitudes para 23 instalaciones que suman 596 MW. Hasta ahora se han concedido permisos para nueve instalaciones, con 228 MW, además de otra instalación de competencia estatal de 203 MW.
El problema de fondo: Cantabria produce hoy menos de lo que necesita
El ambicioso objetivo para 2030 parte de una situación muy diferente.
En 2024, Cantabria produjo únicamente alrededor del 30% de la electricidad que consumió, mientras que en 2014 generaba aproximadamente el 43%.
La dependencia energética, después de situarse en el 45% en 2019, ascendió al 54% en 2023 y al 70% en 2024.
Uno de los principales factores ha sido el desplome de la cogeneración. Esta tecnología produjo 1.583 GWh en 2019, equivalentes al 70% de toda la generación eléctrica regional, pero cayó hasta 556 GWh en 2023, 126 GWh en 2024 y apenas 31 GWh en 2025.
El Gobierno de Cantabria atribuye esta evolución a la pérdida de rentabilidad de las instalaciones y a la ausencia de un esquema estatal de apoyo suficiente a la cogeneración.
La planta de cogeneración de biomasa de Solvay actualmente en construcción, con 49,9 MW de potencia y entrada en funcionamiento prevista para 2027, permitirá recuperar parte de esa capacidad perdida.
Contexto
Cantabria llega al nuevo PSEC después de una década en la que su potencia eléctrica instalada apenas avanzó.
Entre 2015 y 2023 aumentó menos de 20 MW, alrededor de un 4%, frente al 24% registrado de media en España. Al mismo tiempo, la generación eléctrica regional descendió un 14%, desde los 1.861 GWh de 2014 hasta los 1.605 GWh de 2023.
También cayó el consumo eléctrico, cerca de un 20% entre 2014 y 2023, aunque comenzó a recuperarse posteriormente: creció un 7% en 2024 hasta los 3.739 GWh y alcanzó los 3.755 GWh en 2025.
El desafío resulta especialmente relevante para una comunidad con un elevado peso de la industria electrointensiva, cuyo consumo representa alrededor del 2,3% del total eléctrico nacional, más del doble del peso de Cantabria en el PIB español.
Las claves
- Autosuficiencia: el PSEC pretende alcanzar en 2030 una cobertura eléctrica equivalente al 110,26% de la demanda.
- Aguayo II: 1.000 MW adicionales y unos 900 millones de euros de inversión.
- Eólica: el objetivo es pasar de 35,3 MW instalados a 700 MW.
- Proyectos en marcha: 12 parques eólicos y 378 MW se encuentran en avanzado estado de tramitación.
- Solar: ha pasado de 2,7 MW en 2019 a 46,49 MW en 2025.
- Hidrógeno: Polanco, H2Med y Besaya Green H2 sitúan a Cantabria ante una nueva oportunidad industrial.
- Baterías: existen solicitudes para 23 instalaciones que suman 596 MW.
- Industria: disponer de energía suficiente, segura y a precios competitivos aparece como condición esencial para mantener y atraer actividad industrial.
¿Por qué es importante?
Porque el debate energético de Cantabria no se limita a instalar aerogeneradores, placas solares o nuevas centrales. Está directamente relacionado con el futuro industrial de la región.
Una comunidad con una importante industria electrointensiva necesita garantizar suministro, capacidad de red, almacenamiento y precios competitivos si quiere conservar las empresas existentes y atraer nuevas inversiones.
El PSEC dibuja así un horizonte especialmente ambicioso: pasar de producir actualmente alrededor de tres de cada diez unidades de electricidad que se consumen a generar en 2030 más energía eléctrica de la que Cantabria necesita.
El reto ya no está únicamente en definir ese objetivo sobre el papel. Los próximos cuatro años deberán demostrar hasta qué punto los grandes proyectos anunciados y actualmente en tramitación son capaces de convertirlo en realidad.
