Cantabria se prepara para convertirse en un gran almacén de energía

Cantabria se prepara para convertirse en un gran almacén de energía

Aguayo II, el almacenamiento de hidrógeno de Polanco, el corredor europeo H2Med y 23 proyectos de baterías sitúan el almacenamiento energético entre las grandes apuestas de Cantabria para la próxima década

Santander, 14 de agosto de 2026.– Producir energía renovable será solamente una parte del desafío. Almacenarla para utilizarla cuando sea necesaria y poner esa capacidad al servicio de la industria se perfila como otra de las grandes transformaciones energéticas de Cantabria durante los próximos años.

El nuevo Plan de Sostenibilidad Energética de Cantabria (PSEC) 2021-2030 concede al almacenamiento un papel fundamental para facilitar la integración de las energías renovables y garantizar el suministro, con tres grandes protagonistas: el bombeo hidroeléctrico, el hidrógeno renovable y las baterías.

En torno a ellos comienzan a concentrarse proyectos que movilizan inversiones de cientos de millones de euros y que podrían convertir a Cantabria en un territorio estratégico dentro del nuevo mapa energético español y europeo.

Aguayo II: almacenar energía utilizando el agua

La principal infraestructura será la ampliación de la central hidroeléctrica reversible de Aguayo, uno de los mayores proyectos energéticos planteados actualmente en Cantabria.

La instalación dispone de una potencia de 361 MW y el proyecto Aguayo II añadirá otros 1.000 MW, hasta alcanzar los 1.361 MW.

La inversión prevista asciende a unos 900 millones de euros, lo que la sitúa entre las mayores inversiones privadas de la historia de Cantabria.

La ampliación permitirá convertir Aguayo en la segunda central de bombeo más grande de España y una de las mayores de Europa.

Su importancia no reside únicamente en generar electricidad. Una central reversible permite aprovechar los excedentes eléctricos para bombear agua hacia un embalse superior y recuperarla posteriormente para producir electricidad cuando aumenta la demanda.

Es, en la práctica, una gigantesca batería basada en agua.

El proyecto recibió el pasado 11 de junio la autorización administrativa de construcción y el 29 de junio fue declarado de interés público por la Consejería de Industria. Además, ya han comenzado los trabajos de habilitación de accesos y preparación de los terrenos.

Las previsiones sitúan su entrada en funcionamiento en torno a 2030-2031.

Polanco, pieza del mapa europeo del hidrógeno

El segundo gran vector es el hidrógeno renovable, llamado a desempeñar un papel especialmente relevante en la descarbonización de sectores industriales en los que la electrificación directa resulta más complicada.

Cantabria cuenta en este terreno con una posición estratégica gracias al proyecto de almacenamiento promovido por Enagás en Polanco, que contempla una inversión de 600 millones de euros.

A esta infraestructura se suma su integración en H2Med, el corredor europeo destinado a facilitar el transporte de hidrógeno renovable.

Tanto el almacenamiento de Polanco como su conexión con H2Med están considerados Proyectos de Interés Común Europeo, reforzando la posición de Cantabria dentro de las futuras infraestructuras energéticas continentales.

Besaya Green H2: cerca de 700 millones

Estas infraestructuras pretenden actuar además como catalizadoras de nuevas inversiones industriales.

Entre ellas destaca Besaya Green H2, promovido por RIC Energy y declarado proyecto estratégico por el Gobierno de Cantabria el pasado 26 de febrero de 2026.

La iniciativa contempla una inversión próxima a los 700 millones de euros.

El desarrollo del hidrógeno en la cuenca del Besaya estará apoyado también por la nueva subestación Cantabria Central, concebida para atender las necesidades de los proyectos relacionados con la descarbonización, el almacenamiento y la producción de hidrógeno verde y sus derivados.

De esta manera, almacenamiento, generación e infraestructura eléctrica comienzan a formar parte de una misma estrategia industrial.

La revolución silenciosa de las baterías

Pero mientras los grandes proyectos hidroeléctricos y de hidrógeno concentran buena parte de la atención, otra tecnología está creciendo con enorme rapidez: las baterías.

La Dirección General de Industria, Energía y Minas del Gobierno de Cantabria ha recibido solicitudes de autorización y construcción para 23 instalaciones de almacenamiento electroquímico, que suman una potencia conjunta de 596 MW.

De esas solicitudes ya se han concedido permisos para nueve instalaciones, con 228 MW, a las que se añade otra instalación de competencia estatal con 203 MW.

El resto continúa en tramitación.

La dimensión alcanzada por este tipo de proyectos es tal que la penetración del almacenamiento mediante baterías está comenzando a provocar la saturación de determinados nodos de la red eléctrica.

Esta situación ha llevado a la Dirección General de Industria, Energía y Minas a establecer criterios específicos para valorar el interés público de las nuevas instalaciones.

Almacenar para poder producir más renovables

La expansión del almacenamiento está estrechamente relacionada con el crecimiento previsto de las energías renovables.

El nuevo PSEC establece como objetivo que las renovables representen el 46,15% de la generación eléctrica de Cantabria en 2030, al tiempo que plantea incrementar de forma muy significativa la potencia eólica y continuar desarrollando la solar fotovoltaica.

Pero el viento y el sol no producen electricidad necesariamente cuando más se necesita.

Por eso, la capacidad de guardar los excedentes y devolverlos a la red en los momentos de mayor demanda se convierte en una de las condiciones necesarias para aumentar el peso de las renovables sin comprometer la estabilidad del sistema.

Del almacenamiento energético a una oportunidad industrial

El objetivo va, sin embargo, más allá del sistema eléctrico.

La disponibilidad de infraestructuras energéticas, capacidad de almacenamiento y acceso al hidrógeno renovable puede convertirse en un factor decisivo para mantener la industria existente y atraer nuevas inversiones.

La cuestión resulta especialmente importante para Cantabria por el peso de su industria electrointensiva.

El consumo industrial de la región representa aproximadamente el 2,3% del consumo eléctrico nacional, más del doble del peso de Cantabria en el PIB español, situado alrededor del 1,1%.

Energía suficiente, seguridad de suministro y precios competitivos aparecen así directamente vinculados al futuro del modelo productivo regional.

Contexto

Cantabria afronta esta transformación desde una situación de elevada dependencia energética.

En 2024, la Comunidad Autónoma produjo únicamente alrededor del 30% de la electricidad que consumió, frente al 43% que generaba en 2014.

La dependencia energética alcanzó ese año el 70%, después de haber descendido hasta el 45% en 2019.

El nuevo PSEC pretende invertir esa situación y establece para 2030 un objetivo extraordinariamente ambicioso: alcanzar una cobertura equivalente al 110,26% de la demanda eléctrica, es decir, llegar a producir más electricidad de la que Cantabria necesita.

Para conseguirlo no bastará con aumentar la capacidad de generación. Será necesario disponer de una red capaz de absorberla y de sistemas que permitan almacenar una producción renovable cada vez mayor.

Las claves

  • Aguayo II: ampliará en 1.000 MW la central actual hasta alcanzar 1.361 MW.
  • 900 millones: inversión prevista para la ampliación hidroeléctrica.
  • 2030-2031: horizonte estimado para la entrada en funcionamiento de Aguayo II.
  • Polanco: proyecto de almacenamiento de hidrógeno promovido por Enagás con 600 millones de inversión.
  • H2Med: conectará esta estrategia con el futuro corredor europeo del hidrógeno.
  • Besaya Green H2: proyecto estratégico con una inversión próxima a 700 millones.
  • 23 instalaciones de baterías: solicitudes presentadas ante el Gobierno de Cantabria.
  • 596 MW: potencia conjunta de esos proyectos de almacenamiento electroquímico.
  • 9 instalaciones y 228 MW: cuentan ya con permisos concedidos, además de otra instalación estatal de 203 MW.

¿Por qué es importante?

Porque la transición energética introduce una cuestión que durante décadas tuvo mucha menos relevancia: ya no basta con producir electricidad; hay que ser capaces de guardarla.

Cantabria reúne tres tecnologías diferentes para hacerlo.

El agua de Aguayo puede funcionar como una enorme batería hidroeléctrica. Polanco y H2Med abren la puerta al almacenamiento y transporte de hidrógeno. Y decenas de proyectos plantean almacenar electricidad directamente mediante baterías.

Si estas infraestructuras llegan a materializarse, el almacenamiento dejará de ser únicamente una herramienta para equilibrar la red eléctrica.

Puede convertirse en una nueva infraestructura industrial de Cantabria y en uno de los elementos que determinen dónde se instalen las industrias que necesitarán grandes cantidades de energía renovable durante las próximas décadas.