La revista M21 es un oasis gráfico en un desierto en el que la ilustración nunca es suficientemente valorada. Un punto de encuentro de diferentes generaciones de artistas que, a través de las páginas del periódico, pueden encontrar un espacio para la reflexión del Madrid que se quiere construir. El proyecto nace bajo la dirección de Enrique Flores y durante más de dos años ha ido desgranando la vida cultural de la capital. Con él valoramos su trayectoria a la hora de afrontar la revista un nuevo rumbo. Ilustramos la entrevista con algunas imágenes cedidas por el autor del proyecto original presentado.

¿Qué es M21?

M21 es una revista gratuíta y de gran tirada que pretende contar la realidad de la ciudad de Madrid a través del dibujo


¿Cómo nace la revista?

En 2016 Ahora Madrid gana las municipales. De repente me encuentro con que conozco a mucha gente que entra al Ayuntamiento así es que decido reflotar un proyecto que venía de lejos: un periódico ilustrado que contara historias reales con dibujos. Era algo a lo que llevaba tiempo dando vueltas. De hecho, venía de dos intentonas muy bonitas que no cristalizaron.


El día antes de presentar el proyecto encontré casualmente a Jacobo Rivero, que había recibido el encargo de relanzar la olvidada radio municipal. Le comenté la idea y me pidió que de momento no lo presentase en la concejalía que tenía pensada y que le podía interesar como medio de apoyo para ayudar en el relanzamiento de la radio (publicamos desde el número 1 noticias relacionadas de la radio y la parrilla ha ocupado siempre nuestra última página). Recordamos el fanzine que tuvo Radio 3 y la siempre recurrente idea de “la radio en colores”. LPO y Antonia Santolaya estuvieron presentes desde el primer momento y ayudaron, aportaron, matizaron. Pasó un año hasta encontrar la pasta. Por fin salimos a la calle en febrero de 2017


Sin embargo tu nombre no consta como director de la revista.

Porque no lo fui. Yo me quedé con la parte suave de tratar de los colorines. El director era Jacobo. Por líos legales necesitábamos que el director de la publicación fuese alguien del Ayuntamiento, así es que decidimos que desde el número 1 mi nombre apareciese como “coordinador de ilustraciones”. El consejo de redacción estaba formado por Jacobo Rivero, yo mismo, y unos trabajadores muy ilusionados con un proyecto atrevido y novedoso a los que no me cansaré de agradecer su ayuda. En este sentido me gustaría dejar claro que gracias al trabajo de Jacobo Rivero, que se ocupó de ganar peleas, ayudar en el diseño, gestionar broncas internas, encontrar pasta y defender siempre este proyecto tan complejo y a veces tan mal visto, pude disfrutar de la parte bonita y agradecida de la gestión de las ilustraciones.


En el periódico vemos una estructura muy marcada. Diferentes secciones que reflejan el movimiento cultural y social que se produce en Madrid.

Desde el primer momento vimos que la revista necesitaba un orden si no queríamos convertirnos en un cajón de sastre donde a buenos números sucedieran números irregulares. Creo que ese orden (en firmas y en secciones) nos ha dado una solidez que creo que el lector ha agradecido, porque sabía qué iba a encontrarse antes de abrir la revista. Las secciones con las que arrancamos fueron  “la radio por dentro” (lógica, ya que la revista la pagaba la emisora M21), “arquitectura”, “Madrid verde” (sobre parques sobre todo), “mercados”, “música”, “mapa”, “habitantes” (con semblanzas de vecinos, pasados o presentes, famosos o anónimos), “deportes”, y “así era Madrid”. Secciones que queríamos mucho se quedaron en el cajón por falta de presupuesto.


Con el tiempo incorporamos las secciones ”historias de la EMT” para potenciar el conocimiento y uso del transporte público que depende del Ayuntamiento, “visitantes” para poder invitar a que autores de fuera de Madrid diesen su visión sobre la ciudad y “escenas de Madrid” en la que queríamos recordar la presencia de Madrid en el cine, el teatro o la literatura. Al desligarnos de la cobertura de la Radio Municipal eliminamos la sección “la radio por dentro”.

La idea era que las secciones fueran lo suficientemente abiertas y permeables como para usarlas como disculpa si algún autor quería hablar de un tema que no fuera estrictamente “música”, como sucedió, por ejemplo, con la última colaboración de Teresa Novoa sobre la Bodega Lo Máximo.

En la revista vemos la alternancia de generaciones que participa en el proyecto.

Decidimos también desde el principio que M21 no sería una revista ni joven ni gráficamente rompedora. No queríamos que se asociase “ilustración” a moda, a vanguardia o a juventud. Pretendíamos, ingenuos de nosotros, llegar a todo el mundo, lectores mayores o no habituados a leer historietas incluidos. De ahí también la elección del papel o del tamaño (menos libros en A5, dibujos más grandes y letra más gorda, ¡por favor!). Incluimos dibujantes jóvenes, por supuesto, pero también veteranos. Para ellos creamos la sección “Así era Madrid”, donde pedimos a autores de cierta edad nos contaran cómo era la ciudad que vivieron de jóvenes.


Un precedente que ha pasado a la historia es la revista Madriz, con la que compartís colaboradores.

Madriz fue una publicación de historietas auspiciada por el Ayuntamiento de la que nos declaramos herederos desde el artículo que firma LPO, que vivió intensamente aquella época y conoce el paño.
De Madriz nos diferencia nuestra voluntad documental. Me chirría el término “periodismo dibujado”, pero con ese sentido entendí que deberíamos contar Madrid. Madriz contaba la ciudad con más cabida para la ficción. Con nosotros esa óptica ha sido anecdótica


La revista destaca por la pluralidad de voces y enfoques a la hora de abordar la ciudad.

Esa pluralidad fue muy buscada. La idea era que una ciudad compleja como Madrid no puede contarse con una única voz ni desde una única óptica. Por facilitar la vida a la maquinaria burocrática del Ayuntamiento decidimos que habría una plantilla fija, con contrato, a la que se sumarían colaboraciones puntuales. Esas firmas fijas empezaron siendo Alfredo, decano respetadísimo de los ilustradores españoles, Antonia Santolaya (que firma como La Coppia porque colaboraba con un guionista diferente en cada número), Carla Berrocal, Federico Delicado y Jacobo Perez Enciso.

De la época de Madriz repetían Felipe Hernández Cava (que escribe para Miguel Navia una serie sobre la Guerra Civil), LPO, Víctor Aparicio y Javier Vázquez.

Tenía sentido que, ya que la revista se pagaba con impuestos de los habitantes de Madrid, los ilustradores fuesen de Madrid. Esa y la calidad fueron dos normas básicas que mantuvimos durante los 28 números.

Debo confesar que muchos autores que publicamos no me gustan, pero les encargaba trabajo porque creí que la M21 no podía ser reflejo de mis gustos. Busqué (por el bien de la revista) incluir voces y mundos estéticos que me son ajenos.


¿Cómo se deciden las secciones y colaboradores que participan en la revista?

En mi primer proyecto aparecía una serie de secciones o apartados fijos. Decidimos que estas secciones rotarían entre los colaboradores, a los que haríamos llegar un encargo conciso del tipo: “haz algo para la sección parques sobre algo que no haya aparecido publicado ya. Intentamos hacer una revista de periodismo dibujado, pero si quieres hacer ficción siéntete libre. Entrega el próximo día diez”. Y ya. Hasta ahí la “injerencia” de la que después nos acusaron en medios como ABC, que en un artículo vergonzoso llegó a decir que éramos “la voz de Carmena”.

En este sentido me gusta recordar que siempre dimos y actuamos con libertad total. No hemos tenido ni un solo caso en el que hayamos censurado o nos hayan impuesto un contenido. Dimos caña al ayuntamiento de Carmena con temas como desahucios ejecutados por la EMV, y hablamos de temas espinosos como el derribo de las cocheras del metro o la reconversión a oficinas municipales del mercado Legazpi (lo que nos ganó una serie de llamadas furibundas desde “arriba” que no se tradujeron en un menoscabo de nuestra libertad creativa).

¿Cómo han vivido los autores y las autoras el proyecto?

Espero que bien. No hemos rectificado ningún trabajo, censurado ninguna opinión. Desde el principio establecimos un precio por colaboración que creo que es justo. Me han llegado pocas quejas aunque me consta que a algún autor le ha molestado quedarse fuera del proyecto. La respuesta a ésto es simple: no había páginas para todos los que me hubiera gustado publicar. En este sentido me apena recordar que hubo quien se quejó directamente a Carmena porque quería publicar con más regularidad.

La portada cumple una función esencial que sintoniza con la imagen gráfica que el gobierno de Carmena ha defendido también a través de la apuesta por el cartelismo, una apuesta por las voces propias que se puede conocer en la web

Decidimos que la portada no repitiera autor. La única obligación que les ponía era que apareciese algo de Madrid (interpretado esto, como siempre, de manera laxa como puede verse en la genial portada de las bicis de Javier Vázquez o en la que nos hizo el maestro Juan Ballesta) Creo que mirado con retrospectiva hemos conseguido ofrecer en el histórico de portadas un panorama bastante bueno de qué es la ilustración madrileña

La figura del ilustrador raramente ocupa el protagonismo que se le da en la revista, ofreciendo un espacio para la opinión desde la imagen.

Parte del trabajo del ilustrador es hacer más comprensibles opiniones ajenas, pero eso no quiere decir que no tenga voz propia. En ese sentido hemos valorado a nuestros colaboradores como personas con cosas que contar, y no simplemente, como veo con frecuencia en otros medios, como gente que hace dibujitos bonitos que rellenan huecos.


¿Hasta que punto la dirección participa de los contenidos que debe ofrecer el autor?

A veces sugerimos temas a los colaboradores (recuerdo ahora que pedimos trabajos sobre el Atlético femenino, una escuela municipal de tenis o usar como excusa la sección “música” para hablar de gentrificación (compra de un edificio en Lavapiés por un fondo de inversión que expulsará a los vecinos y al bar de abajo). En este sentido, y ya que menciono Lavapiés, nos propusimos desde el número 1 no hablar exclusivamente del Madrid “conocido” y dar cabida a los muchos barrios olvidados de la periferia. La sección “mapa” ha sido muy útil en este sentido porque desde las páginas centrales ha mostrado cómo es, por ejemplo,  Caño Roto o el parque de San Juan Bautista.


Las historias son autoconclusivas, a razón de dos páginas por autor, salvo honrosas excepciones.

Desde el número 1 incluímos una serie con continuará sobre el asedio de Madrid. Guión Felipe Hernández Cava y dibujo de Miguel Navia. Aunque incluso esta serie puede leerse como páginas autoconclusivas. Meses después incluimos otra serie con continuará, “Gata de Madrid”, para intentar ganar público joven.

¿Cómo se gestionan las colaboraciones?

Alternamos las colaboraciones de la plantilla fija con encargos puntuales. Todos reciben el mismo mensaje, que te copipego a continuación:

“Hola. ¿Eres de Madrid o vives aquí? Si la respuesta es si, ¿quieres hacer dos páginas para la revista M21?

Supongo que conoces la revista. Si no es así, de aquí puedes descargarte los pdf aquí.

Ya sabes que la revista es de “periodismo dibujado”. La ficción cabe, pero preferimos que te ciñas a algo real relacionado con la ciudad de Madrid.  En tu caso querríamos que colaborases con dos páginas para la sección “…“ narrando algo que aún no ha aparecido en la revista. Adjunto pdf con Tamaño de página

Pagamos 250 euros por página (se está tardando algo en cobrar, pero se cobra, cosas del ayuntamiento) y la fecha de entrega sería el 10 de …

Mándalo a 300 ppp y en CMYK (Si pesa mucho, por wetransfer)  a (…)
un abrazo

E. Flores”

Y ya está. Tan fácil como eso. Solo dos autores me pidieron más aclaraciones pero el resto de ellos se sentía (espero) en el terreno cómodo de la libertad creativa tras recibir este escueto mensaje.

A veces hemos sugerido temas. Cuando el Ayuntamiento consiguió remunicipalizar el teleférico de la Casa de Campo me pareció importante y pedí a un ilustrador que hablara sobre ello. Creo que conozco bien el panorama de la ilustración madrileña y he buscado quien podría hablar de tal barrio porque sabía que vivía allí o quien iba a desarrollar tal tema porque conocía que le era cercano. Tal fue el caso de Roberto Maján, que nos narró como no podría haberlo hecho otra persona como era antes el Orgullo en Chueca.

Algunos autores declinaron la oferta por el poco tiempo (alrededor de un mes) que les daba para entregar. No podía encargar los temas con mucho más plazo porque vivimos con la amenaza de “ojo, que este puede ser el último número”. No quería que se quedaran colaboraciones colgadas de difícil cobro si por lo que fuera cerraba la revista.

Por Infame&Co