Los asesinos catalogados como terroristas triunfan en sociedad

Hace algunos años que tenía claro este proceso. Para ser capaz de asesinar a sangre fria, una persona debe tener en sus entrañas un irrefrenable animal que trata de imponer la supremacía.

Para manejar armas y explosivos con cotidianidad hace falta una características especiales. Sentirse bien y a gusto entre objetos creados para matar no define una personalidad equilibrada. Por fortuna son seres muy minoritarios.

Recuerdo el pánico que sentí al disparar durante el servicio militar. Aquellos artefactos me repelian.

Hace años tuve claro que aquellos asesinos que se ocultaban bajoel concepto de “terroristas”, aparte de sus justificaciones políticas, eran unos pistoleros por vocación. Amaban las armas y siempre les acompañaba una.

Tenía claro que cuando pasara el tiempo del terror, optarian por ser dirigentes políticos, líderes sindicales, policias o agitadores sociales del cualquier nuevo movimiento..

El sindicato catalan secesionista CSC, convoca huelga ganeral el 8-11. Su secretario general es Carlos Sastre. Miembro del Ejército Popular Catalá, (luego se convertiría en Terra Lliure), en mayo de 1977 entró en la casa del empresario José María Bultó.

Le colocó una bomba en la axila y le exigió 500 MM de pts. Bultó se negó e intentó ir a comisaría. La bomba explotó y murió despedazado.

Capturado, Sastre fue beneficiario unos meses después de la Ley de Amnistía y salió libre.

Un año después repitió método con otro empresario, Joaquim Viola y su mujer que murieron.

Ya militante de Terra Lliure, Carlos Sastre fue capturado en 1985 y condenado a 18 años de carcel, lo los que cumplió 11 hasta 1996.

Hoy, aquel asesino dirige un sindicato secesionista en Cataluña mientras sus muertos se pudren en sus tumbas.

Esta es la España que nos han construido.