
Julio Gómez recordó en el pregón del Día de Cantabria el viaje que cambió su vida y que también marcó a toda una generación de emigrantes cántabros
CABEZÓN DE LA SAL. Hay fechas que permanecen grabadas para siempre en la memoria. Para Julio Gómez Gómez, presidente de la Casa de Cantabria en México y pregonero del Día de Cantabria 2026, una de ellas fue la Navidad de 1974. Aquel invierno dejó atrás su pueblo natal, Quintanilla, en el valle de Lamasón, para emprender un viaje hacia México sin saber que el destino acabaría convirtiéndole en uno de los grandes embajadores de la identidad cántabra al otro lado del Atlántico.
Más de medio siglo después, regresó simbólicamente a aquel momento durante el pregón pronunciado en Cabezón de la Sal. Lo hizo sin grandilocuencia, recurriendo a los recuerdos de la infancia y a las emociones que solo comprende quien un día tuvo que despedirse de su tierra.
Una maleta cargada de recuerdos
Julio Gómez explicó que emigrar nunca consiste únicamente en cambiar de país.
El emigrante, dijo, lleva en la maleta mucho más que ropa. Lleva fotografías familiares, silencios, lágrimas contenidas y una promesa íntima: no olvidar nunca de dónde viene. Una imagen sencilla que resume el sentimiento compartido por miles de cántabros que durante las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta cruzaron el océano buscando oportunidades que entonces resultaban difíciles de encontrar en su tierra.
Aquella despedida no significó romper con Cantabria. Al contrario. La distancia hizo crecer un vínculo que con los años se volvió todavía más fuerte.
Los caminos de la infancia
Antes de hablar de México, Julio Gómez regresó mentalmente a los caminos de Quintanilla.
A la pequeña calle que conducía a la escuela, al molino, a las faenas del campo, a las panaderías del pueblo y a los senderos por los que transcurrió una infancia feliz entre montañas.
No describía únicamente lugares. Estaba reconstruyendo un paisaje emocional.
Porque, como explicó durante el pregón, son precisamente esos recuerdos cotidianos los que adquieren un valor inmenso cuando pasan los años y miles de kilómetros separan a una persona de la tierra donde nació.
El sonido que nunca desaparece
Entre todos esos recuerdos hay uno especialmente simbólico.
El pregonero evocó el sonido de los campanos del ganado en las mañanas de invierno.
Confesó que ese sonido nunca desaparece del corazón de quien ha crecido entre las montañas de Cantabria y que basta escucharlo, o recordar una canción montañesa, para que todo vuelva por un instante: el paisaje, la familia, la infancia y la tierra.
Es una memoria que no entiende de fronteras ni de calendarios.
México le abrió un futuro; Cantabria siguió siendo el hogar
La vida permitió a Julio Gómez construir en México una trayectoria profesional y personal de éxito.
Pero durante todo ese tiempo nunca dejó de mantener el vínculo con Cantabria, una relación que años después cristalizaría en su compromiso con la Asociación Montañesa de México y con la difusión de las tradiciones cántabras entre las nuevas generaciones nacidas lejos de la comunidad.
Su historia representa la de miles de emigrantes que encontraron un futuro en América sin dejar nunca de sentirse profundamente unidos a su tierra de origen.
Un recuerdo compartido por toda una generación
La historia que Julio Gómez contó durante el pregón no pertenece únicamente a su biografía.
Es también la de miles de familias cántabras que un día hicieron las maletas rumbo a México, Argentina, Cuba, Venezuela o Estados Unidos con la esperanza de construir un futuro mejor.
Muchos de ellos nunca regresaron definitivamente.
Pero casi todos conservaron intacto aquello que el pregonero resumió en una de las frases más emotivas de su intervención:
«Cantabria me dio el origen. México me dio la acogida. La vida me dio caminos. Pero el corazón siempre supo volver.»
Las claves
- Julio Gómez evocó en su pregón la Navidad de 1974, cuando emigró desde Lamasón hacia México.
- Definió la emigración como un viaje en el que se llevan recuerdos, emociones y el compromiso de no olvidar el origen.
- Recorrió los paisajes de su infancia para explicar el valor de las raíces cuando se vive lejos.
- Su historia representa la experiencia de toda una generación de cántabros que emigró a América.
- La distancia no debilitó su vínculo con Cantabria, sino que lo fortaleció.
Contexto
Durante las décadas de 1950, 1960 y 1970, miles de cántabros abandonaron la región en busca de mejores oportunidades laborales. México fue uno de los principales destinos de aquella emigración. Muchos de ellos encontraron en las Casas de Cantabria un espacio para conservar sus tradiciones, transmitirlas a sus hijos y mantener vivo el sentimiento de pertenencia a la tierra que dejaron atrás. El testimonio de Julio Gómez pone voz a esa generación y convierte una experiencia personal en un relato compartido por buena parte de la historia contemporánea de Cantabria.

