Del diseño gráfico a la edición independiente

El mundo de la ilustración se expande en diferentes direcciones. El campo editorial o el diseño son espacios en los que el sector está muy presente. Para conocer de primera mano la evolución del sector editorial y del mundo del diseño en Bilbao, nos reunimos con Aitor Aretxabaleta del estudio de diseño Hooper Ink, con Diego Karramarro de Vudumedia, Ángela Alonso de Happy Ending y el editor Garikoitz Fraga de Belleza Infinita. Una época de cambios asociados a la evolución tecnológica extrapolable al resto de grandes ciudades que han vivido el cambio de lo analógico a lo digital. El eje conductor del encuentro es la ilustración, ya que es un medio con el que todos ellos están relacionados.

P.: En tu caso, Karramarro, estudias en los años noventa. ¿Cómo te vinculas con la ilustración?

Karramarro: Yo no dibujo, pero siempre he colaborado con  ilustradores y me he movido mucho en ese mundo. Estudié Audiovisuales en Bellas Artes. Al acabar la carrera estudié video digital, photoshop,  etc. y me empecé a meter en el diseño gráfico y web. Empecé a trabajar para Munster Records haciendo catálogos, camisetas y algunas portadas de discos aprendiendo un poco por intuición y pidiendo ayuda a amigos que controlaban de diseño. En general, entré en el mundo como un intruso.

Varios trabajos de Ángela Alonso.

Pregunta: En tu caso Ángela, ¿cómo recuerdas tus comienzos?

Ángela: Estudie Bellas Artes en 2001. La especialidad de diseño aunaba todo lo que me interesaba y me permitía ilustrar pero con un fin claro. A mí me motivaba trabajar la ilustración pero unida a tipografía y otro tipo de lenguajes. Empecé a ver referentes como Milton Glaser. En su época, la diferencia entre ilustradores y diseñadores era mucho menor y eso siempre me ha interesado mucho. No me considero ilustradora, sino diseñadora, pero desde un punto de vista muy amplio. He dibujado desde siempre y lo que me gusta es afrontar los retos de comunicación con las herramientas que tengo o inventándomelas pero sin limitaciones. A partir de estudiar diseño empecé a ver los proyectos de un modo más global y empecé a ver diseñadores que ilustraban.

P.: ¿Conocías gente con tus mismas inquietudes?

Ángela: No muchos. Por ejemplo Karramarro o Higinia Garay. En la Universidad sí que hacía muchas intervenciones en la calle y pintaba. Karramarro y yo nos conocimos porque sobre el año 2000 estaba muy presente el Street Art y los dos empezamos a poner pegatinas de nuestras cosas en los baños de los bares de Bilbao (Risas). Empecé a conocer diseñadores e ilustradores a través del arte urbano. Ibas conociendo a la gente por sus pegatinas o quedábamos para intervenir.

Karramarro: Nos conocimos a través de Fotolog. Era como una especie de Instagram de la época. Te dejaba poner una foto al día. Fue una de las primeras redes sociales.

Ángela Alonso abriendo puertas.

P.: ¿Todos venís de Bellas Artes?

Aitor: Yo no. En mi caso estudié Artes y Oficios, también en los años noventa. Entonces los ordenadores todavía no estaban integrados y se aprendía a hacer las cosas con Letraset, corta-pega  y demás.

Cuando estudié en Artes y Oficios, la escuela iba muy dirigida a la imprenta. Los dos primeros años eran comunes y después venía la especialización, diseño gráfico, pero no acabé porque empiezo a currar. Ficho con una empresa de informática, Banda Software, para hacer botones que se hacían pixel a pixel con 16 colores.

Allí aprendí el manejo de los ordenadores. En la época se empieza a trabajar como un instrumento que no quiere parecerse a lo analógico. Quiere mostrar la belleza de los pixels.

Entré en una empresa de publicidad y después pasé a Moriwase y he ido saltando de un modo inconsciente de uno a otro campo. Como dice Karramarro, como un intruso. La gente que tiene formación de ilustrador tiene un respeto al diseño. Las formaciones ahora son más estancas y hay un mayor respeto a entrar en otros campos pero nosotros entramos como un elefante en la cacharrería, probando de todo. Es una formación un poco loca la que tuvimos en nuestra generación.

P: ¿En tu caso, Garikoitz?

Garikoitz: Yo estudié Bellas Artes, escultura, e incluso hice alguna exposición. He vivido el mundillo del arte de cerca y veo que hay un gran desconocimiento del mundo de la ilustración y de otras disciplinas artísticas. Desde la editorial, me interesa fomentar el encuentro. Los fotógrafos ya están diciendo que el foto-libro ha muerto, y muchos artistas plásticos nunca han oído la palabra foto-libro. Te da la sensación de que si hubiese más conexión entre los distintos ámbitos (poesía, ilustración, etc.), comprobarían los muchos intereses que tienen en común y se enriquecerían mutuamente.

Volviendo al tema de los ordenadores, en Bellas Artes no se trabaja apenas con ellos. Salen del Master sin ni siquiera saber escanear una imagen o la resolución a la que hay que imprimirla en ese catálogo que quieren hacer.

Ángela: Cuando estudié yo, tampoco nos dejaban usar ordenadores. La fotocopia era lo máximo.

Karramarro: En mi caso, echo en falta una educación en conceptos más que en recursos. Que se enseñen mejor las bases de la tipografía o el diseño más que el aprendizaje de programas. Creo que lo importante es encontrar el punto medio.

COMIENZOS

P.: En el año 2001, Moriwase cambió la estética de Bilbao, renovando la publicidad de la época.

Aitor: Justo llegué cuando habían cambiado de local y estaban a pie de calle. Pusieron un escaparate que mostraba otra actitud hacia el diseño. Se buscaba un valor propio. Allí tuve muy buena formación. Aprendí a tratar con ilustradores, fotógrafos… la industria. Yo venía del mundo de háztelo todo tu.

Hooper Ink mezcla influencias sin complejos en cada nuevo trabajo

P.: La ilustración se convirtió en eje de muchas campañas.

Aitor: En ese momento me cortaron y me corté bastante. Yo venía de un mundo en el que si tenía que hacer una ilustración para un encargo la hacía pero allí me decían que, si había que hacer un dibujo había que llamar a un ilustrador y me retraje bastante. Con el tiempo vi que a veces, con mis limitaciones, puedo hacer mis aportaciones. Me siento bien haciéndolo.

P.: En vuestro caso, Karramarro. ¿Cómo empezáis en Vudumedia?

Karramarro: La idea la tuvieron Iñigo Romera y Paulo Carvajal en la Universidad. Después, todos coincidimos en cursos y empezamos a la vez a hacer prácticas en agencias de Bilbao. Fuimos viendo cómo funcionaba el tema y decidimos montárnoslo por nuestra cuenta.

En ese momento más o menos, Extremoduro nos había pedido que le hiciésemos la página web, no sé si a través de Juankar de El Muga. Fue nuestro primer posible cliente.
Robe había visto un CD-Rom que le habíamos enseñado en el que todo se movía y cuando le enseñamos la propuesta de web nos dijo que aquello parecía un prospecto de farmacia. Quería que saliese una mano y que escribiese con caligrafía gótica (Risas). En aquella época la gente no tenía aún muy claro qué era una página web. El trabajo no llegó a salir, pero en cualquier caso fue el empujón para montar la empresa.

A nivel ilustración comenzamos a colaborar con Puño, que también estaba empezando. También con Blanca Gómez… gente que hoy en día tiene un nombre a nivel internacional.

Recuerdo una guía de servicios que hicimos para el Ayuntamiento de Bermeo. Querían simplificar los contenidos porque nadie se los leía. Le dijimos a Puño que queríamos hacer un fanzine a dos tintas. Pedimos fotos del alcalde y de todos los técnicos y Puño les metió en la guía en plan caricatura. Los servicios eran muy gráficos y tuvo un gran éxito. Ganó algún premio y demostramos que se puede hacer un trabajo institucional con ilustración. Fue muy bonito. Después hemos colaborado también con Higinia (Garay), y con ilustradores más técnicos…

Fanzine de Vudumedia para el ayuntamiento de Bermeo. Ilustraciones de Puño.

P.: ¿En tu caso Garikoitz?

Garikoitz: Empecé en Amasté la revista Eseté con Ricardo Antón, Joaquín Gáñez (Quimi) y Txelu Balboa, todos de Bellas Artes. Estuve en todo el origen de la empresa y los tres primeros números. Me dedicaba a los contenidos y del diseño se ocupaba Quími. Cuando le proponía mover alguna cosa, me decía que no, y así entendí que el que llevaba el ordenador era quien dominaba el resultado. Según me fui, en 2002, hice un curso del Inem de Photoshop, Quark y Freehand y empecé ya con Belleza Infinita.

P.: Tu voluntad era llevar a la edición lo que veías en el mundo del arte.

Garikoitz: Sí. Y viceversa. Igual que en el arte ignoraban los grandes dibujantes que ofrecía el cómic, veía que compañeras artistas como Abigail Lazkoz tenían unos dibujos que echaba en falta en una tienda de cómic. O los dibujos intensos que un outsider como Rubén Garzás, bedel en un colegio de Getafe, subía a un blog ¿funcionarían bien en la librería del museo Reina Sofía? Llevé a Arco los Pornotapados de Paloma Blanco. El contexto donde lo presentas le da un valor diferente al contenido.

Los pitufos vascos por Piru.

Diego: También llevas Los pitufos vascos a librerías de arte.

Garikoitz: Hacer esas performances hace que se vean de diferente modo estos trabajos. El caso de Los pitufos vascos que comentas, por ejemplo. Piru hace unas fotocopias cutres de sus tebeos y, al hacer una edición de calidad, estás dando otro mensaje. Si haces una historia de España editada en cuero, con el lomo repujado, estás transmitiendo que esa es LA historia buena de España, la institucional, mientras que, si la ves en un libro de bolsillo, vas a pensar que es una historia más. Sólo con el formato, ya estás transmitiendo mucho contenido.

Karra: En el diseño hay que tener muy presentes los materiales. El papel, la encuadernación, sean buenos o malos, definen el resultado.

Garikoitz: Aunque, a veces, también se sobreproduce. Puede suceder que la edición del libro esté tan sobrecargado de efectos especiales (barnices, sobrecubiertas, estampados) que genere más expectativas de las que corresponden a ese contenido.

Diego: Puño hacía la colección “Fotocop”. Eran fotocopias pero estaba tan cuidado que parecía una edición lujosa dentro de lo pobre. A veces un fanzine está mejor editado que un tomo con muchos ornamentos.

Garikoitz: En mi caso, que hago el diseño de mis libros, intento ser invisible para dar todo el protagonismo al contenido. Aunque eso también es diseño, claro.

Ilustración de Ángela Alonso.

P.: En tu caso, Ángela, ¿Cómo fueron tus comienzos?

Ángela: Estuve siete años teniendo una doble vida. Por una parte trabajaba de directora de arte de una agencia para centros de interpretación y museos. Empecé a trabajar con un equipo de contenidos, diseñadores, gente de producción… Allí tuve contacto con fotógrafos o ilustradores. Era muy enriquecedor porque había un tema y tenías que ser el experto en él y contarlo de un modo tal que pudiese adquirir conocimientos la gente que acudía a verlo. En paralelo hacía lo que me daba la gana. Desde colaborar con Karramarro y amigos en hacer exposiciones en la calle o talleres a hacer mis propias ilustraciones y montar expos propias.

Por el día trabajaba en la agencia y a la noche hacía mis propias cosas. A veces tenía el encargo de hacer un disco o una portada para algo. Por una parte estaba adquiriendo mucho conocimiento sobre cómo trabajar en equipo y a la vez traducir el contenido de un comisario a un espacio, que no deja de ser ilustrar. Era muy enriquecedor. En paralelo iban surgiendo cosas con amigos e investigaba sobre mis paranoias y hacía lo que quería. Siempre estaba haciendo cosas.

Después de eso, en la crisis de 2008 se dejaron de hacer proyectos. La empresa se puso en concurso de acreedores y me fui a la calle. Me puse a trabajar con mi compañera Elena y montamos, casi sin querer, Happening, que es el estudio en el que trabajamos ahora. Allí nos enfrentamos a todo lo que llega. Las dos estudiamos Bellas Artes aunque cada una ha tenido una experiencia laboral distinta. Ella estuvo en Londres, Paris…y después volvió. Empezó a trabajar para la Alhóndiga, haciendo toda la comunicación y después me sumé cuando me quedé sin trabajo. Así, a lo tonto, han pasado siete años.

Las dos hemos dibujado toda la vida, nos encanta y ha sido nuestra pasión. Somos capaces de hacer muchas cosas y de colaborar con un montón de gente. Depende del encargo. Si vemos que alguien lo puede hacer y le encaja genial pero otras veces, sobre todo si no hay presupuesto, lo hacemos nosotras. Contamos con gente de todos lados. El filtro no está en de dónde sean las colaboraciones. Lo elegimos en función del estilo o el enfoque.

PERSONAL

P.: Hablabas antes de proyectos personales. ¿Cómo se recibían en el Bilbao de entonces estas propuestas?

Ángela: Teníamos con Karramarro y otros amigos un grupo con el que hacíamos intervenciones en la calle. Por ejemplo, cuando cerraron los cines Capitol en 2011 hicimos una exposición sobre carteles de cine en las vallas de las obras de lo que iba a ser Decathlon. Invitamos a un montón de amigos e hicimos una pegada a las ocho de la tarde, cuando se iban los de la obra. Era muy guay. Allí conocí a mucha gente que hoy es para mí muy importante como Eider Corral, Nago, Juan Roller… e hicimos un grupo muy enriquecedor y chirene, muy vinculado a la ciudad.

Pegada de carteles del colectivo Cartón.

P.: ¿Cómo era ese colectivo?.

Karramarro: Se llamaba Cartón y lo formábamos un grupo de personas muy diverso. Al principio nos llamábamos Sapaburu y hacíamos talleres. Eran zascandilerias gráficas como la exposición de banderines del Palas, hicimos encarteladas, un top manta… acciones callejeras gráficas.
Esta época me recuerda a nuestros comienzos a finales de los años noventa. Se habla de las redes sociales como si fuesen algo nuevo pero ya entonces había otras redes sociales como e-Judo. Conocí a mucha gente mediante esa web y también colaboramos con  gente de Barcelona gracias a una proto-red social  que se llamaba Mareotis. En las webs también había unos libros de visita con los que la gente contactaba. Se formó un eje entre Barcelona, Madrid, Murcia, Sevilla y Bilbao a través de esas redes y surgieron muchísimos proyectos y publicaciones colectivas.

Puño en la presentación de Txapel Pixel en Garabat.

P.: No sé si supuso un revulsivo la librería Garabat.

Karramarro: Yo creo que sí. Empezaron en San Francisco a la vez que la librería Anti. Garabat fue un punto de encuentro en el tema de ilustración. Trajeron a gente como Jorge Alderete, Blanca, Puño… Estaban en 2 de mayo y luego pasó a Carnicería Vieja. Me da la sensación de que le debemos mucho. Todos íbamos a las exposiciones, veíamos a gente, tomábamos algo…

Cuando cerró Garabat le hicimos una exposición sorpresa en el que cada uno aportaba una pieza.

Aitor: Yo conozco a Karramarro a través de ese entorno.

Karramarro: Nos conocemos desde que hicimos la beca para Lindane en Bilbao Arte para hacer serigrafía. Viendo todos los años de trabajo y pienso que lo mejor que hemos hecho han sido siempre las cosas externas.

Aitor: Las que son válvulas de escape suelen ser las más interesantes.

Garikoitz: Salen cosas muy bonitas cuando trabajas con otras personas. Cada uno va con una idea pero, al final, sale algo nuevo, que no es lo que cada cual tenía pensado de primeras, pero gusta mucho más a todos. En el caso editorial o en el caso de la música, lo de trabajar en equipo está muy claro, pero en el mundo del arte el creador lo quiere hacer todo. Hay un problema de vanidad detrás y, si como editor te toca lidiar con alguien así, tienes que tener mano izquierda para sugerir dejando que siga sintiendo como suyo lo que tú querías. Un rollo.

Aitor: Cuando es algo sin pretensiones, cuando te reúnes con un componente lúdico que conseguir un objetivo sale todo mejor. Cuando antepones el resultado de la obra a tu propio interés.

Karramarro: Los procesos cobran importancia también. Recuerdo cuando Amasté nos reunió para hacer una revista con carteles de Bilbao. Eran unas reuniones muy divertidas, bebiendo cervezas y fumando canutos. No avanzábamos nada pero fue muy divertido.

Aitor: Yo recuerdo que quedábamos para hacer unos libros a mano que luego llevábamos a Madrid o Barcelona. Era una reunión de amigos. Tenías la idea de pasar un fin de semana divertido con un montón de gente. El libro importaba bastante poco al final, aunque me encanta cómo quedaban.

Después, en el trabajo, me he dado cuenta de que prefiero trabajar con amigos aunque hay gente a la que admiro mucho. Después, en los procesos, a veces te decepcionan.

La música está muy presente en el trabajo de nuestros invitados. Cartel de Hooper Ink

Dos libros míticos de nuestra música diseñados por Vudumedia

El estilo fresco de Ángela Alonso

Siempre sorprendente, Belleza Infinito dedicó un libro a las caratulas caseras de los cassetes.

CÓMIC E ILUSTRACIÓN

P.: La ilustración y la novela gráfica tienen muchas cosas en común.

Karramarro: Para mi ilustrador siempre ha sido alguien al que le pasan un texto y lo sintetiza en imágenes, luego creo hay dibujantes, me parece una palabra que hoy en día suena infravalorada, y es una pena. Creo que ha pasado como con la novela gráfica y el cómic, cambiar el nombre para darle más legitimidad al medio. Ahora  todo el mundo quiera ser ilustrador y nadie es dibujante.

Recuerdo Watchmen, V de vendetta… Antes de hablar de la novela gráfica ya había una voluntad de vender el cómic para adultos.  Luego llegó el término novela gráfica y parece que eso hace que sea más respetable.

Aitor: Aunque ya había una temática muy adulta. V de Vendetta seguía disfrazada bajo el aspecto de superhéroes pero ahora la novela gráfica puede tratar cualquier tema sin la excusa de la aventura.

A través de sus libros Belleza Infinita difumina las fronteras entre las disciplinas artísticas en un juego constante.

¿Cómo se ve desde el mundo del arte, Garikoitz?

Garikoitz: Desde el arte, hay cierto desprecio a los comiqueros e ilustradores. Es una barrera pero creo que se va rompiendo. También porque muchos “de bellas artes” se están metiendo en esos mundos. El primer año que fui a Guillotina, la feria de autoedición de Donostia, vi que allí tienen más claro el concepto fanzinero. En Bilbao, se ha descubierto mucho más tarde, por el peso de tener aquí la Facultad y sus formatos de éxito: galería-catálogo-Arco… En Barcelona o Madrid están mucho más avanzados y hay escuelas como la Massana, en Barcelona, en la que los propios profesores son fanzineros o comiqueros. En Bellas Artes es todo más endogámico. En los catálogos de arte hay unas convenciones que repelen a todos los que están fuera de ese mundo: la mayoría de la población mundial. Además, en el mundo del arte parece que se penaliza que se haga un trabajo teniendo en cuenta la faceta comercial. Tengo muy claro que para que haya propuestas tiene que haber lugares como Garabat. Tiene que haber tiendas, webs, editoriales… Se te ocurre hacer un cómic porque te has encontrado un Tintín en una librería, a la que ha llegado por una distribuidora, etc. Hay que dar valor a todo el engranaje si queremos que las obras circulen y los autores vivan de su trabajo.

 P.: ¿Cómo veis la situación de la ilustración en este momento?

Garikoitz: Se nota un cambio, en la estética por ejemplo. Antes veías muchas cosas que olían mucho a ordenador pero cada vez se ven propuestas más abiertas y diferentes. Y se nota esa entrada de “bellasartianos” que han metido estilos más experimentales. Cuando Joker estaba en Santutxu me solía comprar todos los cómics que salían, incluso los de géneros que no me gustasen, por pura militancia. Era asumible porque no había tanto. Ahora no compro casi nada porque hay avalancha. En esa época había pocos referentes en el cómic y en el libro ilustrado. En Francia siempre los ha habido, pero en nuestro país parece que hubo unos años de vacío. Espero que la avalancha actual sirva esté inspirando a las nuevas generaciones, de las que seguro que salen grandes creadores. A veces te sientes predicando en el desierto. Cuando empecé, para convencer a los patrocinadores, tenía que usar ejemplos de otros países. Las instituciones no tenían ayudas para publicaciones. Ahora sí las hay, pero yo ya me he quemado bastante en la pelea. Lo mismo pasa con las ferias. Llevo años moviéndome por ellas. Ser de los primeros está bien para unas cosas, pero para otras es mejor venir después con la carretera asfaltada. También es muy bonito cuando algunas personas te dicen que empezaron a hacer fanzines por una charla que diste o un pornotapado que te compraron hace años. Son los beneficios espirituales y la vanidad del editor, que también la tenemos, claro.

Aitor: A nivel publicitario, la ilustración está viviendo un buen momento. Tú vas por la calle y está forrada con propuestas de ilustradores. Eso era impensable hace nada. Antes veías fotos de catálogo con el señor y el niño, todos rubios, sobre fondos blancos. Ahora ves ilustración y la gente quiere dedicarse a ello porque lo ve en los lugares y se pone en valor. Es una ilustración menos canónica, más valiente.

Ángela: Ahora mismo es una gozada un poco precaria. Se ve mucha más variedad que hace diez años. Se está volviendo a lo de antes de los ordenadores. Tiene que ver también con el tema económico. Una foto de catálogo te puede valer un dinero y te la puedes encontrar en otras campañas. En el caso de la ilustración ves que se está haciendo algo exclusivo. Es algo que se hace a medida y es un valor.

Aitor: Mucha gente amiga que trabaja fuera no quiere volver a hacerlo en España. Por la forma de trabajo, el respeto, los contratos…

Garikoitz: Es el caso de Leandro Alzate, que se fue a Alemania. Empezó con un agente hasta que consiguió sus propios clientes. Pero en ese caso hay muy poca gente.

Aitor: Yo no tengo malos clientes porque, si son malos, he decidido no trabajar para ellos.

Ángela: Yo cada vez tengo más claro que necesito trabajar con gente con los mismos valores que yo, porque, si no, es imposible.

En el Palas.

Links de interés:

Belleza Infinita: https://bukinda.com/

Vudumedia: https://vudumedia.com/

Happyending: http://www.happyending.studio/

Hopper-Ink: http://www.hopper-ink.com/

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