
Juan Berrio es uno de los autores más personales e inquietos de nuestro panorama. Sin estridencias, contando historias cotidianas con un candor exento de paternalismo, en cada nuevo trabajo marca su propio rumbo prescindiendo de modas pasajeras y creando una obra atemporal. Con Kiosco vuelve a mostrarnos sus largos paseos de cálidas sonrisas, una obra esencial que merece una nueva leída.
– Pregunta: ¿Qué es Kiosco?
Es una pregunta difícil para empezar. Kiosco es un libro que cuenta con dibujos un día en la vida de un tipo corriente. Un tipo solitario que se entretiene pintando y que trabaja en un kiosco de bebidas de un parque. Asistimos a sus rutinas y a la larga espera de un primer cliente que no termina de llegar.
– P.: ¿Cómo nace la obra?
Sé perfectamente el día en que empecé a trabajar en Kiosco, algo que nunca me había pasado ni creo que me vuelva a pasar. Fue el día que se celebraban las 24 horas de Angoulême. Tenía ilusión por participar en este reto de dibujar 24 páginas en 24 horas, pero cuando la organización publicó los requisitos me desanimé: había que dibujar una historia a partir de noventa fotos del Instagram de un dibujante francés, algo curioso como reto, pero cuyo resultado no me parecía muy publicable posteriormente (¿tendría que incluir las fotos para que se entendiera?). Así que me rajé, y para no dejarme invadir por la frustración se me ocurrió ponerme a dibujar otra cosa. Fue entonces cuando nació este protagonista sin nombre y su casa y su parque, y todo lo demás.
Pero lógicamente antes de ese día ha habido un montón de referencias, influencias directas o indirectas (películas, libros, música, y también conversaciones, paseos) que de alguna manera están presentes en el libro.
– P.: ¿Y cuáles son esas referencias?
Ya con el cómic en marcha recordé cómo me había fascinado en su día “Nubes pasajeras”, película de Aki Kaurismaki del año 96. Recordaba con especial emoción el momento en el que la pareja protagonista abre el restaurante y espera a un primer cliente. Después la he vuelto a ver y para mi sorpresa esta es una escena breve que sucede al final de la película, aunque yo hubiera jurado que ocupaba la mitad del metraje.
También me ha gustado darme cuenta de que mi personaje tiene algún parentesco con protagonistas de novelas que siempre me han encantado y que podrían formar un subgénero de narraciones protagonizadas por tipos solitarios más o menos ingenuos y melancólicos. Me vienen a la cabeza: Llovió todo el domingo de Philippe Delerm, Los domingos de Jean Dézert de Jean de la Ville de Mirmont o Un hombre que duerme de Georges Perec. O incluso El barrendero de mi admirado Cesc. Siempre, por supuesto, salvando las distancias.

– P.: El costumbrismo está muy presente en toda tu trayectoria. ¿Qué tienen las historias cotidianas para que vuelvas a ellas una y otra vez?
Más que volver creo que nunca he salido de ahí. No me acabo de acostumbrar al término “costumbrismo”, que asocio a algo más folclórico y más realista, aunque entiendo lo que quieres decir. Creo que mis ciudades, mis parques, mis buhardillas y mis personajes, a pesar de resultar tan cotidianos, están un tanto alejados de la realidad, son el resultado de una estilización. En cualquier caso, está claro que lo cotidiano y lo contemporáneo es lo que me gusta, no sé si verlo como una limitación.
– P.: Da la sensación de que cada nuevo trabajo que realizas es un juego en el que te marcas unas reglas y en el que invitas a participar al lector. ¿Qué retos te has marcado con Kiosco?
Bueno, esas reglas van por delante cuando me planteo proyectos más radicales con juegos de palabras o juegos visuales como base. Pero surgen de una manera más natural durante la realización cuando son historias corrientes. Por el camino veo, por ejemplo, que puedo completar la historia sin usar palabras (reemplazando las pocas necesarias por iconos en los bocadillos) o que puedo cerrar la historia con una estructura circular, que son dos cosas que me han pasado con Kiosco. De igual manera, cuando hice Miércoles no me impuse el plano secuencia único, sino que durante el proceso me di cuenta de que era factible.
El libro es apaisado porque inicialmente lo dibujé en un cuaderno de ese formato. Era el mes enero y uno de mis grandes propósitos para el año era salir del estudio, aparcar un poco el ordenador y la mesa de luz, y dibujar en cafés y bibliotecas. No lo conseguí, nunca salí de mis cuatro paredes, pero fui capaz de pasar del estudio al salón de casa con el cuaderno. Y ahí es donde dibujé la primera versión de Kiosco.
– P.: En Kiosco prescindes absolutamente de los textos, dejando la obra en manos de la imagen y de los propios personajes.
Durante casi todo el libro el protagonista está solo, bien haciendo sus rutinas u organizando el negocio, pero sobre todo lo vemos esperar y nos fijamos en todo lo que hace mientras tanto. Y para entender alguna conversación lejana, algún pensamiento o algún diálogo necesario me di cuenta de que no hacía falta texto, que lo podía resolver con imágenes que sustituyeran a las palabras. Además es un tipo muy transparente, su cara refleja lo que piensa y tiene la virtud de que las onomatopeyas interactúan con él y el humo de la pipa y los objetos cercanos delatan lo que piensa o siente.

– P.: En Kiosco muestras, una vez más, tu amor al cine de Tati. La figura del perdedor entrañable se suma a tu imaginario dando a la obra un toque chaplinesco.
Lo cierto es que Kiosco no lo relaciono tanto con Tati como Miércoles, seguramente porque este libro no tiene esa coreografía y esa especie de música interna que tenía aquel. Pero evidentemente mi protagonista sin nombre comparte algunas características con las de los personajes de Tati. Y por supuesto con esos grandes tipos del cine mudo que están grabados en nuestra retina desde la infancia (por lo menos en la de mi generación). Y además al ser una historia muda esta relación se estrecha.
– P.: El año 2012 ganaste el Premio Fnac-Sins Entido de Novela Gráfica con Miércoles. ¿Supuso un punto de inflexión en tu trayectoria?
Sí, ese premio me permitió afrontar mi primera historia larga. Y desde entonces la mayoría de los guiones que me asaltan tienen una extensión parecida. Lo que no está tan claro es que yo pueda seguir haciendo este tipo de trabajo ya que las ventas que tienen mis libros en España no dan para costear este tipo de producción. Pero sí, desde luego la experiencia con Miércoles fue positiva y me ha ayudado con los siguientes proyectos.
– P.: ¿Y en qué formato te encuentras más cómodo?
Naturalmente, me gustan ambos formatos. Pero echo de menos los fanzines, las revistas y el hacer historias cortas. Me parece que contar una buena historia en 4 o 6 páginas con los recursos del cómic es todo un arte (debería estar más valorado, ¡y premiado!) pero es inevitable que al haber menos soportes la producción de este tipo de historias sea menor. Y entre que hay que trabajar en mil y una cosas, y la necesidad de hacer esos otros proyectos de más envergadura, no queda tiempo para nada.
– P.: Desde el año 2009 has ido apuntando e ilustrando frases indicando el lugar y el momento en que sucedieron. Las frases las has ido subiendo al blog juanberriofrases.blogspot.com. y en Cuaderno de frases encontradas recopilas algunas de ellas. ¿Cómo nace el proyecto?
Nació con una primera frase escuchada un verano en Jaca. No era una gran frase, pero era suficientemente ambigua y extraña para que me hiciera preguntas sobre aquellos paseantes que se cruzaron conmigo y para que me diera cuenta de que esa falta de contexto hacía muy sugerentes esas palabras escuchadas al vuelo. Y empecé a coleccionar frases similares, dibujando a mi manera a sus autores y fijando la fecha y el lugar.
– P.: ¿En algún momento cerrarás el Cuaderno?
Me gustaría pensar que no, pero últimamente me cuesta actualizarlo. Ahora, por ejemplo, he tenido unos meses de mucho trabajo y tengo una montaña de frases apuntadas con la descripción de los personajes para ponerme al día cuando encuentre el momento. Pero ahí sigue el proyecto. El blog ha decaído un poco (creo que ya los blogs no tienen tantas visitas) pero el libro y las exposiciones han funcionado estupendamente.

– P.: Si en Miércoles jugabas con los dos tonos y en Cuaderno de frases encontradas prescindes del color, en Kiosco optas por las tintas de color para buscar el tono de la historia. ¿Cómo ha sido la experiencia?
Esa necesidad que comentaba antes de volver a trabajar con el papel lleva aparejado el buscar, investigar o recuperar técnicas manuales, algunas de toda la vida, ya experimentadas o no. En este caso, después de probar distintas opciones me decanté por las tintas de colores y el resultado me encantó. Sobre todo me gustó el mismo hecho de colorear, de posar el pincel sobre el papel y dejar que este absorbiera la tinta mientras lo deslizaba sobre la superficie porosa.
El libro está resuelto con una gama pequeña de marrones y azules, reservando estos últimos tonos, más fríos, para los interiores y la noche.
– P.: Da la sensación de que optas por autopublicar tus obras más alejadas de los estándares actuales de edición para llevarlas a cabo tal como tienes planteado. Lo hiciste con Calles contadas y lo vuelves a hacer con Cuaderno de frases encontradas.
En general me gusta editarme los proyectos más raros, esos más difíciles de clasificar, que no pertenecen a un género, que no encajan en una colección de un editor o que un librero no sabe muy bien en qué estante poner. Creo que a este tipo de libros el mimo del autor les puede dar una mejor vida. No es tanto por controlar la edición como por acompañar más al libro.
En cualquier caso, la mayoría de editoriales españolas imprimen bien, algunas incluso con calidad sobresaliente.
– P.: En Kiosco, como en los libros antes mencionados, da la sensación de que el formato es parte integral de la historia trabajando para hallar un libro-objeto lleno de contenido. ¿Hasta que punto te implicas en la edición de la obra?
Me gusta dar los libros bastante cerrados. Cuando uno viene de dedicarles tantas horas para parir y dibujar la historia, parece que por un poco más, y aprovechando esa inercia, se puede terminar de montar el libro. Así que, casi sin querer, al final lo entrego prácticamente acabado. Pero valoro enormemente el trabajo de los diseñadores y tipógrafos y tengo la suerte de tener amistad con algunos magníficos a los que les suelo pedir consejo.
Me gusta también trabajar con los editores, e intercambiar puntos de vista y negociar cosas como las calidades y el acabado del libro. En el caso de Ricardo Esteban (editor de Dibbuks) es todo muy fácil porque es muy respetuoso con los autores.
– P.: Da la sensación de que estás viviendo uno de tus mejores momentos como autor.
Sí, sin duda estoy en mi mejor momento y no solo como autor. Ese buen momento se manifiesta en cosas sencillas, como el cariño o reconocimiento de un lector o de un colega, que resulta de lo más estimulante. Pero nunca la vida del dibujante de tebeos es fácil. Contar historias con los recursos del cómic es una bendita locura.

– P.: ¿Proyectos?
Una lista de guiones, ideas y disparates en los que me apetece trabajar y en los que tengo que poner orden… Además tengo la suerte de poder intercalar esos proyectos con otros de ilustración, como un clásico ruso que me ha encargado Nórdica de lo más apetecible. Pero ciñéndonos al cómic son dos los proyectos que llevo más adelantados: Siete sitios sin ti es una historia de 90 páginas en la que vuelvo al tema de las relaciones personales centrándome en la crisis de una primera historia de amor, y por otro lado trabajo en una colección de bucles que relatan situaciones un tanto rocambolescas a partir de un sencillo juego de palabras.

