Dani Fano es un nombre esencial para entender el cómic en Euskadi y en euskera. Desde sus comienzos en el humor gráfico a su cabecera fundamental, Xabiroi, Fano se ha mostrado siempre inquieto y ágil para permitir que el cómic vasco alcance unas cotas de calidad muy difíciles de recordar. Con Dani Fano repasamos su presente, pasado y futuro.

 Pregunta: ¿Cuándo empiezas a ver que el cómic sería tu vida?

Respuesta: Eso no lo piensas nunca. Una vez me encontré en Avilés con Luis García, uno de los autores que más he admirado, y le dije que él era uno de los autores que más había admirado y él me dijo: “Lo siento, ¿Soy uno de los culpables de que pases hambre?.

Como oficio uno nunca se lo plantea. Hay dos partes, una que se elige y otra que te elige. Yo empecé dibujando, no haciendo cómic, sobre todo ilustración o humor gráfico. Soy dibujante por accidente, lo que me gusta es contar historias y el dibujo es el idioma que he elegido. La ilustración me gusta pero el cómic me da más.

P.: Hablamos de tus comienzos. Publicas en distintos formatos como “El Huyar” o «Ipurbeltz», que probablemente sea un embrión de lo que sería “Xabiroi”.

R.: «Ipurbeltz» es el embrión de todo. Muchos de los dibujantes han pasado por allí. «El Huyar» es una de mis colaboraciones más antiguas y era algo muy atractivo. Hacer humor en una revista científica era como ser el único payaso del patio. El nombre de la sección era “Satorrak Ilargian”, Topos en la luna. Un loco ve agujeros en la luna y piensa que hay topos. Era muy divertido

 Esa época empecé en «Ipurbeltz» haciendo un personaje y humor gráfico en una revista de pelota, pero sobre todo hacía humor gráfico, muy poca historieta.

P.: Comienzas a publicar en la prensa, en “Gara”. ¿Qué diferencias hay al hacer humor gráfico en prensa?

R.: Mi colaboración con Gara es más reciente. Yo empecé en “Ardi Beltza” y “Kale Gorria”. El planteamiento es muy distinto. Un dibujante como Zaldi Eroa es más un periodista que un humorista gráfico. Yo no llego a esos niveles pero estás haciendo otra labor. Estás denunciando algo o poniendo el dedo en la llaga, ejerciendo de columnista y es muy divertido. Vivimos en una época en la que es muy difícil hacer humor gráfico, vivimos en la época de lo políticamente correcto, la ley mordaza. En Euskadi sabemos bien de que se puede hablar y de que no, yo he trabajado en un medio que han cerrado. “Ardi Beltza” lo cerraron y “Gara” es el resultante de “Egin” que también lo cerraron. Lidiar con la autocensura y con la censura exterior es más difícil que nunca. “Charlie Hebdo” viene de “Hara Kiri” y lo que hacían entonces sería inpublicable hoy día, eran muy macarras. Tenía una repercusión tremenda.

P.: ¿Existe mucha diferencia entre trabajar humor gráfico para prensa o para un medio más institucional?

R.: Total. Aunque nadie te diga nada ya sabes donde estás. El cénit de la libertad en estos momentos  es “H28”, una revista que hacemos solos, sin ninguna ayuda ni subvención y en la que la única censura que existe es la autocensura.

P.: “H28” nace como reacción al atentado de “Charlie Hebdo”.

R.: Sí, lo que teníamos en común todos es que nos afectó mucho, no solo el atentado sino la reacción institucional y ver a los representantes de la falta de libertad de expresión encabezando las manifestaciones nos pareció de una hipocresía terrible. En una entrevista que les hizo Iñigo Astiz a Zaldi Eroa, Asisko y Marko decidieron que iban a hacer una revista y nos llamaron al resto. Hace unos años eso sería impensable porque las revistas eran de papel pero ahora puedes hacer una revista digital sin ningún coste más allá del dominio. Allí hemos podido meter imágenes censuradas en otros medios.

P.: ¿Cómo fue la respuesta del público ante “H28”?

R.: Tremenda. Desde “Napartheid” no había en Euskadi una revista satírica en euskera y ese hueco estaba. Salimos en todas partes y tenemos un montón de lectores. Es uno de los pocos espacios en los que el único policía eres tú y es muy divertido.

P.: ¿Los tiempos de crisis son buenos para el humor?

R.: Cualquier tiempo es bueno para el humor. El humor nos hace libres y por eso es tan peligroso. El humor puede ser un arma para convencer y se ha usado mucho.

P.: En tus dibujos vemos que manejas diferentes aproximaciones en función de lo que quieras contar. ¿Cómo te planteas el dibujo antes de comenzar su ejecución?

R.: Por un lado tienes que buscar algo que encaje con la historia que quieres contar, el guión marca el estilo. En cuanto a la técnica, busco en cada proyecto algo que me motive. Voy probando materiales para evitar el aburrimiento. Creo que no hay que perder la experimentación gráfica.

P.: Somos una generación que vive entre lo analógico y lo digital. ¿En qué espacio te mueves mejor?

R.: De todo. De vez en cuando vuelvo a la mano pero me ha fascinado el Clip Studio Paint. Son cosas nuevas. Casi nunca trabajo solo con ordenador o a mano, por lo general mezclo las herramientas. Cada proyecto te pide una cosa u otra. Al final llegas al mismo sitio de un modo u otro. Sigues siendo tú, la herramienta es lo de menos.

P.: ¿Cómo ves la ilustración en Euskadi?

R.: No sabría pontificar. Un dato a destacar que no se ha dado en el cómic es la incorporación de un montón de mujeres. Hoy creo que hay más ilustradoras y es una alegría incorporar a más del 50% de la población. La ilustración siempre ha gozado de buena salud aquí. El cómic es otra cosa pero siempre ha habido una gran tradición.

P.: Eres especialmente conocido por tu labor en la revista “Xabiroi”. 41 números en los que has demostrado cómo se puede hacer cómic en Euskadi y en euskera con autores de aquí y con unas buenas condiciones. ¿Cómo nace la revista?.

R.: “Xabiroi” es una apuesta de la Federación de Ikastolas. Yo llevaba varios años trabajando con ellos, haciendo sobre todo ilustración didáctica o presentaciones multimedia. Sabían mi afición por el cómic y un día me plantearon que les presentará una propuesta de cómic y casi me desmayo. Les presenté la propuesta y tal como era la llevaron a cabo. Estar en la Federación tiene sus ventajas y desventajas pero una de las grandes ventajas es que no es una editorial que busca el beneficio económico, sino que busca dar un servicio a sus asociados que son las ikastolas, que es una red muy grande. Por una parte tenemos una red muy grande y un gran número de lectores a mano y ese es el secreto de “Xabiroi” porque hoy día sacar una revista al kiosco es muy temerario.

Trabajamos mucho y nuestra intención es hacer la mejor revista posible.

P.: ¿Cuáles son los pilares en los que basaste el proyecto?

R.: Lo primero que hice fue ir a Angoulêmme y coger todas las revistas que se hacían en Francia. Para mi el mercado francés es el más potente, el más versatil y el más interesante. El que más cuida a las distintas franjas de lectores.

Lo segundo fue buscar a los autores. Sin autores no hay revista. Busqué a los autores más interesantes del cómic y enganchar al cómic a otra gente que podía ser interesante pero a la que no se le había ocurrido trabajar en el medio. Al no haber una gran tradición de trabajar con un guionista por no haber dinero para repartir, el autor ha tenido que trabajar solo en muchas ocasiones. Me interesaba echar el lazo a contadores de historias interesantes que podrían encajar bien y de allí han salido colaboraciones muy interesantes. Esa puede ser una de las aportaciones novedosas de la revista, que gente como Harkaitz Cano, Eider Rodríguez, Patxi Zubizarreta, Katixa Agirre… hayan pasado por la revista. Ha sido muy bonito.

P.: Has acercado a gente de la cultura vasca al medio. ¿Qué crees que le puede aportar?

R.: Cada uno su visión. Había algunos que no estaban muy lejos. A Unai Iturriaga le conocemos por la bertsolaritza pero en realidad es un autor de cómic. Ha estudiado Bellas Artes y estado muy vinculado al mundo del cómic. Iban Zaldua es un consumidor compulsivo de cómics. A sus hijas en vez de cuentos les lee las historias de superhéroes, así que tampoco es un salto tan grande.

Aportan lo mismo que puedo aportar yo, ideas.

Sí es cierto que esta gente nos ha traído un foco que no teníamos. Tu dices Iñaki Holgado, Juan Luis Landa… y nadie en la calle les conoce a pesar de ser grandes dibujantes. Cuando salió “Black is beltza” supuso un foco tremendo que alguien como Fermín Muguruza apueste por el cómic, que es un medio muy pequeño con muy poca difusión.

P.: En Euskadi hay grandes dibujantes pero nunca ha habido una infraestructura que les mantenga unidos. Imagino que en Xabiroi habéis buscado por debajo de las piedras para dar con ellos.

R.: Una cosa que hemos cuidado siempre es que sea una revista profesional. Las tarifas algún año las hemos dejado de subir pero nunca las hemos bajado. Son unas tarifas que te permiten llamar a Juan Luis, que está trabajando para Dargaud, y te pueda decir que sí. Uno de los cumplidos más bonitos que le han echado a la revista nos lo dijo Asisko Urmeneta, que comentaba que hemos tenido el trato profesional de una revista pero con el calor del fanzine. Es cierto que al comenzar “Xabiroi” conocíamos más o menos el trabajo de unos u otros pero no nos conocíamos las caras, cada uno estaba en su cueva trabajando y si algo ha traído “Xabiroi” es que se ha creado una red de autores que está conectada y que trabajan aparte. Unai Iturriaga y Sanvi se conocieron en la revista y hoy han colaborado fuera de ella, algo que nunca hubiese sucedido sin “Xabiroi” de por medio.

También hemos intentado diversificar la propuesta. Siempre hemos intentado que los autores, salvo contadas escepciones, sean autores vascos. Si recibimos ayudas vascas me parece lógico que el resultado revierta en nuestros autores. Para mí resulta una tortura buscar cómo encajar a tanto autor tan bueno en tan poco espacio y la lista de espera me hace sufrir mucho.

P.: Una de las propuestas es crear series en la revista que se acumulan hasta formar álbums.

R.: La trampa de Xabiroi es que la ha diseñado un autor y sabe lo que les pone al resto de los autores. Además de cobrar decentemente es importante que tu trabajo tenga otra proyección y es muy diferente proponerle a un autor que haga una colaboración que se queda en la revista o que haga un álbum que es suyo y con el que puede hacer lo que quiera, publicarlo en otro idioma o lo que quiera. Ese trabajo lo tiene para revindicarse como autor y hacer una sobreventa de lo que cobra en la revista. Al final, entre lo que cobra por la revista y los derechos del álbum queda una tarifa parecida a la del mercado francés.

Lo fundamental es que ese trabajo lo has cobrado. No es una ruleta rusa con 6 balas en el cargador en el que haces 200 páginas de novela gráfica para que te den 2.000 euros, sino que puedes llegar a los 10.000 euros y realizar un trabajo bien hecho que te compense económicamente. Ese fue un objetivo desde el comienzo. Al principio costó mucho pero hoy ya no, había ganas de cómic en euskera y hoy día la venta de los álbums es más importante que la de la revista.

P.: Imagino que la distribución será diferente.

R.: El álbum sale en la calle a batirse con cualquiera en los cauces habituales. Es cierto que sale con el sello de la federación de ikastolas pero con la misma distribución que cualquier otro trabajo de cómic.

Además ahora tenemos ya 8 álbums publicados y cada uno va haciendo su camino. Cada año intentamos sacar un nuevo año. Este año será “Museo Bilduma” de Harkaitz Cano y Iñaki Holgado.

P.: ¿Cómo es el contacto con el público en ferias?

R.: No nos movemos mucho. Vamos sobre todo a Getxo y a Durango. En Getxo lo organizamos nosotros y vamos con todos los autores. Después de Astiberri somos los autores que más autores llevamos. En Durango nos ceden un espacio en el stand de Ikas Elkar. Es algo que va poco a poco. La cultura del autor firmando es algo que aquí no existía mucho y viendo lo bien que funciona los autores se van animando cada vez más.

La ventaja y el calvario es que cada vez que el autor quiere contactar con muchos autores me llaman para organizarlo pero es normal al ser el coordinador de una revista.

P.: Además de coordinador eres autor. Hasta ahora hemos visto que desarrollabas tu trabajo especialmente en ilustración pero con Xabiroi te quitas la espinita de hacer cómic.

R.: Sí, era una oportunidad. Empecé con “Tele Atoi”. En “Tele Atoi” pagué todas las novatadas y me quité todas las cuentas pendientes. Yo soy de la generación de “La Guerra de las galaxias” y siempre he querido hacer algo de ciencia ficción. Me puse a hacer la serie en unos momentos convulsos de mi vida y decidí tomármelo con humor, aunque hoy nunca haría algo como “Tele Atoi”, en la que me lo invento todo. Me encanta el trabajo de documentación, pero en este caso no había nada.

P.: ¿Cómo pasas de realizar imágenes sueltas a desarrollar un trabajo más largo?.

R.: Con mucho vértigo. Metiendo la pata y aprendiendo por el camino. Cualquier autor es distinto desde su primera página a la página 40 pero hoy día ya sabes cómo jugar con los personajes. Entonces era horrible. Veo las primeras páginas que hice y paso mucha vergüenza.

P.: Mayor control tienes en tu siguiente trabajo, “Annubis 3.0”.

R.: Claro, en la últimas páginas de “Tele Atoi” ya sabía dónde poner el bocadillo y en “Annubis 3.0” ya el resultado es como yo quiero. “Annubis” es bilis, pura mala leche. Es un canto a la insumisión. Siempre nos metemos con los jueces de turno, los ministros… pero quería llegar a los puntos intermedios. La mili la quitaron los insumisos. Empezó un alcalde al no mandar las listas de los quintos. En esta época de desahucios vemos lo que hicieron los bomberos que se negaron a acudir a ejecutarlos. El policía que da el porrazo es el que lo ejecuta, más allá de que esté cumpliendo ordenes. Tiene la facultad de parar la mano y de eso trata “Annubis”. Me metía con médicos deportivos, empleados de banca… diciendo que todos tenemos nuestra parte de culpa y nuestra facultad de decir que no. Al ejecutar un desahucio hay mucha gente implicada que puede negarse a llevarlo a cabo.

En “Annubis” me busqué una excusa para hablar de la actualidad. Estábamos en 2008, en pleno apogeo de la crisis y tenía necesidad de gritar y me quedé muy a gusto. Al final todos sufren su castigo divino.

P.: ¿Condiciona estar en la Federación de Ikastolas para tener libertad?

R.: En mi caso no. Todos sabemos dónde estamos. Hemos metido de todo y no hemos tenido grandes problemas. Es un colectivo bastante progresista que tiene sus márgenes para aceptar ciertas cosas. La gran torta cuando te diriges a un público adolescente es hacer algo pensando en ese público. Cuando eras un adolescente lo que querías ver son cosas de adultos. Una de las virtudes de Xabiroi es no tomar por tontos a los lectores, que es algo que se hace mucho a esas edades. Vamos a darles política, historia o lo que haga falta. A los chavales les gusta pensar, como a nosotros.

P.: En ocasiones te juntas con otros dibujantes y realizas guiones.

R.: Con mucha desfachatez, pero lo hago. Yo tapo huecos. Me cuesta mucho decirle a un autor qué hacer, pero en ocasiones veo que hay deficits en la revista que quiero cubrir. Es el caso de la colaboración con Victor Santos. La parte de Victor que me gusta es más la de género negro que la fantástica. Podía encargarle también el guión a Victor, pero desde hace tiempo nos hemos planteado que en la revista se vea la voz de los guionistas en euskera. Un euskera que muestre cómo maneja la lengua el guionista porque es distinta la voz de Harkaitz que la mía o la de Asisko y esa diferencia me parece esencial. Una idea que me horrorizaba es mostrar un euskera estandarizado en la revista. Creo que tiene que tener las pinceladas de cada uno y eso con las traducciones es inviable. Yo quería que Victor participase y por eso le escribí una historia de género negro y gamberra.

Cuando trabajo como guionista veo lo que sienten cuando crean una historia y les viene devuelta mayor que la pensaron.

P.: En las antípodas del estilo de Victor Santos, tu siguiente álbum será guionizando “Kortsarioen Ostatua”, con Guillermo González.

R.: El sistema de trabajo es totalmente distinto porque Guillermo tiene una narrativa más similar de la misma, influida por el tebeo francobelga y le mando un guión mucho más cerrado aunque luego lo pueda variar. Como viene del mundo de la animación es muy obediente y voy a algo muy concreto. El estilo de Victor está muy influido por el cómic americano y desarrolla una composición de página muy personal, así que le pasé los diálogos y lo que pasa y ya está. Soy incapaz de pensar como lo hace Victor y lo importante es que tuviese su sello.

Trabajar con Guillermo ha sido estupendo. Es como jugar al baloncesto con Michael Jordan, es un auténtico animal.  “Kortsarioen Ostatua” es el aprendizaje de Guillermo del mundo digital. Hasta entonces lo hacía todo a mano pero con la serie ha empezado un proceso muy bonito que permite que hoy haga con el ordenador lo que antes hacía con medios analógicos.

P.: Cambias la ciencia ficción por los piratas pero tus intereses siguen estando muy presentes.

R.: En su primera concepción “Kortsarioen Ostatua” era una historia de 7 páginas para Patxi Pelaez. Siempre ando detrás de Patxi para que haga cómic y le pregunté que quería hacer. Él me dijo que una de piratas en la línea de fantasia de piratas del Caribe. Cuando empecé a pensar en como hacerlo me empecé a documentar. Comencé a leer historias reales que me parecieron acojonantes y le dije a Patxi que quería hacer algo con ello. En “Kortsarioen Ostatua” hay anécdotas reales que junto formando una ficción. Es un cómic terrible sin ningún tipo de humor, no siquiera negro. Ese mundo que tenemos idealizado de los corsarios es una actividad capitalista, explotadora a la enésima potencia. Los barcos eran sociedades con distintos socios capitalistas. A la corona se le daba una parte y los marineros cobraban una miseria. Muchas veces se metían a corsarios por no tener más opciones, como en el caso de los Agotes. Es cierto que la recompensa no estaba mal si conseguían una buena pieza pero el trabajo y las condiciones eran tremendas. Los barcos iban sobretripulados porque necesitabas duplicar la tripulación para poder llevar a puerto el barco asaltado. Las condiciones eran miserables.

P.: Tu siguiente proyecto supone un salto muy grande en tu trayectoria. Hablamos de “Los 12 nacimientos de Miguel Mármol”.

R.: Sí, llevo mil años con ello, pero lo acabará para octubre del año que viene más o menos. Es algo aparte de Xabiroi. Es algo que tenía que hacer para mí.

Leyendo a Eduardo Galeano me encontré con un texto que se llamaba Crónica del nacer incesante. Era un texto que hablaba de Miguel Marmol. Miguel Mármol es uno de los fundadores del Partido Comunista Salvadoreño, alla por los años 30. Era un militante inquebrantable al que nunca conseguían matar, de hecho creo que aún sigue vivo. En ese texto hablaba de un personaje casi mítico. Después me compré “Memoría del fuego”, en el que conocemos las muertes de Miguelito. Te va contando la muerte de Miguel a los 18, a los 23 años… Lo fusilan 7 veces, le dan de machetazos y sigue vivo. Es un personaje del que me enamoré inmediatamente. No es un personaje tan conocido, quizás por su origen más humilde pero es el superhéroe perfecto, protegiendo a los inocentes… y además inmortal. Es una historia que me tocaba contar a mí en cómic.

El planteamiento de Galeano era contar en cada capítulo la muerte-nacimiento de Miguelito en cada ocasión. En mis manos cayó después el libro de Roque Dalton, un libro testimonial que me acaba de decidir a hacer el libro.

Me encontré un blog en la época en la que se vio la historia de los mineros que quedaron atrapados en Chile. En el blog había un artículo sobre los mineros y La Polla Records. Me pareció muy interesante el blog y le escribí sobre mi proyecto. A las 3 horas me escribió Santiago Consalvi, el mítico locutor de Radio Venceremos en la guerra del Salvador. Santiago Consalvi es hoy el director del Museo de la palabra y la imagen del Salvador y se interesa mucho por la historia. Me implico personalmente y voy al Salvador y es un proyecto que me ha dado muchísimo. En El Salvador estuve conociendo a muchos guerrilleros. Allí conocí a Chillo, a un guerrillero del EZLM que entré en la guerrilla siendo un niño. Mataron a 7 miembros de su familia y ha escrito un libro… Gente que hizo frente al ejercito regular salvadoreño y a la administración de Reagan.

Me ha movido mucho conocer a toda esa gente y la historia del país. Cuando ves las similitudes que tiene con la historia de tu propio país es cuando acabas de engancharte. Hay una ley de 1860 en la que se dice que las tierras comunales de los indígenas pueden ser compradas por material extranjero. Es algo que sucede también en Bizkaia en 1825 cuando las minas eran también comunales y la entrada de empresas inglesas cambian todo, cambia la estructura social, se pierde el poder de las comunidades. Es algo que les ha pasado a ellos y nos ha pasado a nosotros. La persecución de la cultura autóctona es la misma con años de diferencia. Es mi historia.

A nivel personal me ha aportado toneladas de todo. He llorado, he sufrido viendo los testimonios.

La parte de la documentación es brutal. Es cierto que el libro de Galeano y el de Roque Dalton han sido fundamentales. Le pedí permiso a Galeano. Roque Dalton fue fusilado por sus compañeros en los años 70 así que le pedí permiso a la familia. A mí de vez en cuando se me ocurre meter una frase propia y lo paso fatal. Estás usando textos de Roque Dalton y Galeano e impresiona. Igual me he tirado 2 días para escribir un bocadillo. Los diálogos son en salvadoreño además. Es algo que me he impuesto a mi mismo y en lo que me ha ayudado gente de allá y que no va a perjudicar a la lectura.

Ha sido un reto tremendo.

El testimonio de Roque Dalton acaba en los años 50. Miguel se junta con él en Praga en el 66 y le dice que hasta allí puede contar porque hay cosas que ni han prescrito y hay gente de la que no puede hablar. Del año 55, que acaba el libro hasta el 92 hay un gran vacío que voy llenando con artículos hasta que llego al hijo, Miguel Mármol. El hijo trabaja en temas de memoria histórica. Miguel padre convencía a todo el mundo para que colaborase pero intento disuadir a su hijo que no le ha hecho caso. Un día le pregunté al hijo a ver si había notado consecuencias por ser hijo de quien era. Él me contaba que, estando en la guerra en San Salvador tenían que poner una bomba pero era peligroso y a mi me insistían que fuese yo por ser hijo de Miguelito, inmortal. Volvió sano pero suponían que era como su padre.

He conocido un montón de gente y ha habido unas carambolas que me han ayudado. Te enteras después de que uno de los cineastas que más le han filmado de mayor, Manuel Sorto, es de Bayona. Vino en los años 80 y allí se ha quedado. Estuve con él, con gente que le conoció y aunque nunca va a ser un testimonio de primera mano la idea es que se acerque lo más posible.

P.: Comentas como estará en la calle sobre octubre del próximo año.

R.: Sí, lo acabaré en verano. Aquí lo editará Astiberri. Allí lo hará el Museo de la palabra e imagen.

P.: ¿Cómo se compagina el proyecto con tus otros proyectos?

R.: Fatal. Además del tiempo de escribir y dibujar necesitas un tiempo antes y después del que no dispongo. Ahora he tenido que priorizar y me quedo solo con “Xabiroi” y esto. No puedes dedicar media hora al proyecto y seguir. Tienes que ir allí. Hay partes más mecánicas como meter los grises pero cuando dibujas tienes que ir allí, ponerte música de allá. Tienes que buscar el equilibrio entre lo que quieres contar y lo que has ido conociendo. Hay capítulos que darían para libros enteros como el viaje de Miguel a la URSS el año 27 o 28 junto a otro militante, Modesto Ramírez, que he tenido que obviar totalmente. Imaginate, dos trabajadores humildes viajan de forma clandestina a México, a Hamburgo y de allí a Leningrado. Es un viaje maravilloso que no he podido meter. Es una vida tan increíble que ha sido muy difícil el equilibrio entre lo que podía contar y que no.

Links de interés:

http://h28.eus

www.xabiroi.eus