
Hacer lo util…

La Dignidad del Talento
- “Emplearse en lo estéril cuando se puede hacer lo útil;
- ocuparse en lo fácil cuando se tienen bríos para intentar lo difícil,
- es despojar de su dignidad al talento. Todo el que deja de hacer lo que es capaz de hacer, peca”[1].
José Martí

El talento, ese don innato o adquirido, no es meramente una habilidad; es una responsabilidad. La afirmación martiana: “Emplearse en lo estéril cuando se puede hacer lo útil; ocuparse en lo fácil cuando se tienen bríos para intentar lo difícil, es despojar de su dignidad al talento. Todo el que deja de hacer lo que es capaz de hacer, peca” resuena como un poderoso llamado a la conciencia y a la acción.
En el vertiginoso ritmo de la vida moderna, es fácil caer en la trampa de lo estéril. Nos dejamos llevar por actividades que, aunque puedan ser entretenidas o momentáneamente satisfactorias, no aportan valor real a nuestras vidas ni a las de los demás. Esta actitud, cuando se convierte en hábito, representa una pérdida significativa. El tiempo y la energía, recursos finitos, se dilapidan en tareas que no contribuyen al crecimiento personal ni al progreso colectivo.
La comodidad del camino fácil es tentadora. Sin embargo, aquellos con verdadero potencial se reconocen por su capacidad y valentía para enfrentar desafíos. Cuando optamos por lo sencillo, renunciamos a la oportunidad de superar nuestras propias limitaciones y de alcanzar metas que, aunque arduas, son gratificantes y significativas. El verdadero desarrollo personal y profesional se encuentra al otro lado de la dificultad, en la conquista de lo aparentemente inalcanzable.
El talento, ya sea en forma de habilidades artísticas, intelectuales, deportivas o de cualquier otro tipo, lleva consigo una cierta dignidad intrínseca. Desperdiciarlo en lo banal y lo fácil es, en esencia, una falta de respeto hacia uno mismo y hacia el potencial inherente que se posee. La dignidad del talento se mantiene viva cuando lo utilizamos para generar impacto, para innovar, para crear y para mejorar el mundo que nos rodea.
El pensamiento nos advierte sobre una forma particular de pecado: la omisión. No se trata de un pecado religioso, sino de una falla ética y moral. Quien no hace lo que es capaz de hacer, quien se conforma con menos de lo que puede alcanzar, comete una falta grave contra su propia naturaleza y contra la sociedad que podría beneficiarse de sus capacidades. Este pecado de la omisión no solo empobrece al individuo, sino que priva al mundo de su potencial contribución.
La vida es una serie de elecciones. Elegir emplearse en lo útil, enfrentar lo difícil y honrar el talento es optar por una vida plena y significativa. Cada uno de nosotros tiene el poder y la responsabilidad de elevarse por encima de la mediocridad, de abrazar la complejidad y de dar lo mejor de sí mismo. De esta manera, no solo mantenemos intacta la dignidad de nuestro talento, sino que también contribuimos al bienestar y al progreso de la humanidad.
JACA, Santander, julio de 2024
Referencias:
[1] José Martí, Obras Completas (OC), tomo 13, pagina. 450.
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Author: jaca

