Inicio con el Coro Ronda Garcilaso y discurso de Dolores Gorostiaga en el 37 Aniversario Estatuto de Autonomía de Cantabria

Publiée par El Portaluco sur Vendredi 1 février 2019

El presidente Revilla, la vicepresidenta y buena parte de los consejeros asisten al acto institucional celebrado en la sede del Parlamento regional

El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, ha asistido esta tarde a la celebración del 37 aniversario del Estatuto de Autonomía, que ha tenido lugar en la sede del Parlamento autonómico.

Una amplia representación política, institucional y social se ha congregado en este acto en el que la presidenta del Parlamento, Dolores Gorostiaga, hecho balance de la actividad legislativa y de las acciones culturales y sociales que la cámara ha desarrollado y acogido en esta legislatura.

Han asistido al acto, celebrado en el patio central del Parlamento, la vicepresidenta del Gobierno y consejera de Universidades e Investigación, Medio Ambiente y Política Social, Eva Díaz Tezanos; el consejero de Presidencia y Justicia, Rafael de la Sierra; de Obras Públicas y Vivienda, José María Mazón; de Economía, Hacienda y Empleo, Juan José Sota; de Educación Cultura y Deporte, Francisco Fernández Mañanes, y de Sanidad, María Luisa Real.

Han estado también presentes el delegado del Gobierno en Cantabria, Pablo Zuloaga; la alcaldesa de Santander, Gema Igual; el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, José Luis López Del Moral; miembros de la mesa del Parlamento, diputados, representantes municipales o autoridades militares tales como el General de División, Antonio Ruiz Olmos, que es comandante militar de Burgos, Soria y Cantabria, entre otras autoridades y ciudadanos en general.

El programa del acto ha comenzado con la actuación del Coro Ronda Garcilaso, que ha interpretado piezas muy célebres del cancionero popular de la Comunidad Autónoma y ha sido el responsable de cerrar el acto con la interpretación del Himno de Cantabria. Además, ha incluido la actuación del cantante Nando Agüeros

La presidenta del Parlamento de Cantabria pronunció el siguiente discurso.

Buenas tardes a todos y todas.

Sr. Presidente

Sr. Delegado del Gobierno en Cantabria

Sre4s. Consejeros del Gobierno de Cantabria

Sres y Señoras Diputadas

Autoridades militares y policiales

Sres y señoras.

 

Gracias por acudir hoy a esta cita.

Representantes políticos, económicos y sociales de Cantabria, nos hemos citado en este Parlamento para celebrar el 37 Aniversario del Estatuto de Autonomía.

Confío en que la recepción musical que nos ha ofrecido el Coro Ronda Garcilaso, que ha cumplido 75 años, haya transmitido el espíritu de celebración festiva que merece este momento.

Destacaré lo obvio:  El Estatuto de Autonomía ha supuesto para esta comunidad el periodo de mayor bienestar de su historia. Y no solo de bienestar económico, sino también de estabilidad política y de derechos democráticos  de los cántabros y cántabras.

Este 37 aniversario es el último que celebraremos en el presente ciclo político, y quizá es un buen momento para regresar a las esencias y, por qué no, también para hacer balance de lo que hemos vivido en esta legislatura a la que le quedan unos pocos meses.

En años anteriores, como presidenta del Parlamento de Cantabria, he defendido en esta y otras citas la necesaria labor explicativa que todos nosotros debemos realizar cuando toca hablar de política.

Y hay que ser claros al reconocer que, por los errores, a veces,  de quienes representamos a los ciudadanos, y una cierta incapacidad del sistema para defender a los más débiles ante la presión globalizadora y desequilibrante de los poderes económicos, hace que la política y los políticos no disfrutemos de muy buena prensa.

El Estatuto, al igual que la Constitución, de donde nace su fuente de legitimidad, no es solo un texto normativo que todos estamos obligados a cumplir, que también. El Estatuto es el paraguas que cubre y del que parten las normas legislativas que ordenan nuestras competencias.

Es decir es el árbol central de nuestra organización política autonómica.

Creo oportuno recordar que el artículo 5 de nuestro Estatuto dice, literalmente, que «corresponde a las instituciones de la Comunidad Autónoma, en el ámbito de sus competencias, promover las condiciones para que la libertad y la igualdad de las personas y de los grupos en que se integran sean reales y efectivas, remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos y ciudadanas en la vida política, económica, cultural y social.

Algunos opinan que esas palabras, y algunas otras escritas negro sobre blanco en nuestra norma autonómica, son papel mojado.

Otros piden que, cada generación desmonte el arduo trabajo de sus progenitores y, despreciando sus sacrificios y su sabiduría, se diseñe una nueva columna vertebral para la organización política, pero esta vez más acorde con los nuevos postulados del diseño o de las redes sociales.

A todos ellos hay que disculparlos porque no vivieron los días del rechinar de dientes y quebrar de huesos. Ni siquiera imaginan lo que fue no poder opinar libremente o no contar con un sistema básico de protección social- aunque sea insuficiente-.

Olvidan y desprecian la esencia, el saber acumulado, el avance de este sistema mucho más civilizado que los sufridos en el resto de la historia de la humanidad.

El Estatuto no solo nos ha facilitado y reconocido una amplia autonomía de gestión. También ha ofrecido un marco estable desde donde construir una Cantabria más justa, más solidaria, más confortable, más libre. Una comunidad con presente y futuro. Esta es la esencia de nuestro Estatuto, que además sigue vigente a pesar de sus 37 años de vida.

¿Esta rotunda afirmación significa que hemos terminado con todos los problemas y vivimos en una Arcadia Feliz y además infinita?

Claro que no, porque la política democrática debe ser una constante búsqueda de herramientas y sistemas que atiendan los problemas más acuciantes de la ciudadanía, después de escuchar a los verdaderos poseedores de la soberanía, es decir, a los propios ciudadanos.

Ya hemos probado y sufrido, y en algunos países aún lo sufren, sistemas donde una sola persona, o un grupo muy reducido, toman las decisiones para el pueblo, pero sin el pueblo. Esta nueva versión del despotismo supuestamente ilustrado reaparece o toma fuerza en recientes formaciones políticas, cuyo destino, al parecer, es defendernos de nuestra propia ignorancia y al tiempo concedernos todos los deseos con una lámpara maravillosa.

Ya nos decía Francisco de Quevedo que «Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir».

Con esta acertada frase retomo mi anunciada intención de presentar hoy y aquí un breve balance, personal, sin duda, pero que espero compartan muchos de los presentes

Ahora hace más de un lustro, amplias capas sociales se revolvieron contra una crisis económica, inédita por su profundidad, que recortó de forma sangrante un estatus de bienestar social considerado inamovible.

El malestar se expresó en la calle y en la desafección hacia la política y los políticos, especialmente contra aquellos que formábamos parte del bipartidismo.

El mantra contra el bipartidismo, sirvió y aún continúa sirviendo como cabeza de turco, olvidando que aquella alternancia entre los dos grandes partidos no era producto de una conspiración del gobierno mundial en la sombra, sino producto de la voluntad popular expresada en las urnas.

De aquel caldo de cultivo surgieron nuevas opciones políticas, que, según se hartaron de decir, venían a limpiar la casa del polvo acumulado desde la transición política.

Y de paso a expulsar del sistema a aquellos representantes de la que llamaban “vieja política”, entre los que me incluyo yo misma, porque, a pesar de haber contribuido al avance, aunque fuera insuficiente, de las condiciones de vida,  éramos un mal ejemplo

A estas alturas, visto lo visto, no sería justo hacer tabla rasa, ni generalizar de forma grosera, pero es cierto que aquellas actitudes, en ocasiones injustas, han quedado muy debilitadas por algunos hechos poco reconfortantes.

Y al final, los paganos somos los ciudadanos y la propia reputación de la política democrática como el mejor sistema conocido para preservar la convivencia pacífica.

Regreso a la piedra clave de nuestra bóveda de convivencia, el Estatuto de Autonomía que hoy celebramos.

Recordemos que en el Capítulo 1 del Título 1, se establece que » El Parlamento de Cantabria representa al pueblo cántabro y es a esta institución a la que corresponde expresar la voluntad política de aquél, ejercer la potestad legislativa, aprobar sus Presupuestos, impulsar y controlar la acción del Gobierno y ejercer las demás competencias que le confiere la Constitución, el presente Estatuto y las demás normas del ordenamiento jurídico». Añade que «el Parlamento de Cantabria es inviolable».

Por tanto es este Parlamento donde nos encontramos la expresión real y la herramienta de aplicación practica de los principios que establece el propio Estatuto.

Digo esto porque, a pesar las críticas, razonables algunas y oportunistas otras, y del comportamiento poco ejemplar de algunos de los que lo componemos, esta Cámara Legislativa ha venido desarrollando en estos 4 años la labor que le confiere el Estatuto.

Cierto es que la iniciativa legislativa suele partir del Gobierno, pero no lo es menos que es en esta sede donde se debate, se ajusta y en ocasiones se transforma cada palabra que propone el Ejecutivo.

Aquí es donde los representantes de la ciudadanía ajustan a la realidad social los proyectos de ley que se presentan. Y esta tarea, cimentada sobre el diálogo y el trabajo permanente no es nada fácil, máxime cuando ningún grupo tiene la mayoría absoluta.

Desde que se inició la presente legislatura, han pasado por ese proceso y se han aprobado un total de 30 leyes, que inciden en la mejora de las condiciones de vida de los cántabros y cántabras.

Por ejemplo, se han creado cuatro nuevos Colegios Profesionales, lo que, según sus propios colegiados, ha clarificado y reforzado la labor de esos colectivos.

La Ley de Espectáculos Públicos, la Ley de Transparencia, la de Régimen Jurídico del Gobierno, o la creación del Organismo Autónomo del Servicio de Emergencias, son normas aprobadas por los diputados y diputadas, en todos los casos, ponen claridad y seguridad jurídica en aspectos que afectan de forma directa a la ciudadanía.

Pero también a colectivos más sensibles, que necesitan una mayor atención, como en el caso de la Ley de acceso al entorno de personas con discapacidad que precisan el acompañamiento de perros de asistencia.

También se han ampliado los canales de participación social en las decisiones de los poderes ejecutivos es la recuperación de los Consejos de la Mujer, o el Consejo de la Juventud, actualmente en discusión en esta Cámara.

Sin olvidar las propias Leyes de Presupuestos anuales, con sus leyes de acompañamiento, que son las que fijan cada año las líneas de acción del Ejecutivo, y que siempre provocan un sano e intenso debate democrático.

Y aún quedan unos meses para incrementar esta lista de normas importantes aprobadas entre estas cuatro paredes.  Y no me resisto a citar alguna que creo muy necesarias, como Ley la relativa al colectivo LGTBI y la que propugna el imprescindible pacto ambiental y, como no, la urgente Ley de Igualdad.

Asi mismo, como todos ustedes saben, porque participan activamente, este patio ha estado abierto a todo tipo de eventos artísticos, musicales o de debate más o menos técnico, lo que convierte a este Parlamento como uno de los puntos importantes de dinamización cultural de Cantabria

La reflexión que pretendo compartir se resume en que, a pesar de la imagen que quizá pueda transmitirse hacia el exterior, el Parlamento de Cantabria, los Diputados y Diputadas, pero también los trabajadores y trabajadoras, hacen su trabajo de manera intensa y eficaz.

Es decir, no debemos permitir que, en la moda de restar toda la credibilidad a las instituciones que tan lejos nos han traído, se haga un balance negativo del papel y la eficiencia de esta Cámara Legislativa.

Para terminar, déjenme que regrese a las esencias.

Todas las civilizaciones marcan sus anclajes de referencia, reales o imaginarios, para construir su futuro. Hasta hace pocas décadas, esos mojones solían transmitir premios, castigos, fuerza o miedo, de forma que las élites preservaran su control absoluto sobre los pueblos.

En España, y para envidia de medio mundo, primero con la Constitución y después con los Estatutos, nos hemos dado unos anclajes basados en el respeto, los derechos humanos, la solidaridad, la libertad de pensamiento y de expresión, y por supuesto de mecanismos democráticos que nos permiten elegir a nuestros representantes y, si no nos gustan, cambiarlos por otros.

Estos últimos años he reclamado como presidenta, en esta misma efeméride, la oportunidad de retocar, digo retocar y no desmontar, aquellos elementos, tanto en la Constitución como en el Estatuto, que se hayan quedado obsoletos ante los nuevos retos.

Parece claro que, por las causas antes indicadas, no ha habido ni la suficiente tranquilidad ni el consenso para siquiera acordar que elementos debemos reforzar.

Por ello, y siempre con la mirada puesta en el futuro inmediato, en el que no hay visos de recuperar esa tranquilidad que requiere la negociación y el consenso, propongo que no olvidemos la esencia. Como lo define la Real Academia de la Lengua:

“Aquello que constituye la naturaleza   de las cosas, lo permanente e invariable de ellas”.

Y a mi juicio, nuestro Estatuto, aun con sus imperfecciones, constituye la naturaleza permanente de nuestro sistema de convivencia democrática en paz.

Si bien las nuevas generaciones tienden a olvidar lo obvio, es decir, la esencia, es labor de todos, en ese transferencia intergeneracional que debemos aprovechar, recordar alto y claro que la convivencia democrática es un bien frágil que debemos defender de las tentaciones que, en ocasiones, dictan los bajos instintos.

Amigos y amigas.

Hoy celebramos el 37 aniversario no de un libro, o de unas palabras, sino de un mensaje que, en esencia, debemos conservar para nuestros hijos.

Por ello, debemos estar razonablemente satisfechos de lo que hemos avanzado, pero también vigilantes ante las amenazas que reaparecen en el horizonte.

Muchas gracias por su atención y por compartir esta idea de convivencia democrática.