Esta conferencia analiza los entresijos y el nacimiento del ballet «El sombrero de tres picos»
‘TREINTA CASTAÑUELAS PARA LONDRES’
RESONANCIAS DE UN ARTISTA OLVIDADO
Al examinar la génesis de “El sombrero de tres picos” de Manuel de Falla, la obra se presenta en un principio como un afortunado punto de encuentro de la modernidad europea: Serguéi Diáguilev como empresario visionario, Pablo Picasso como escenógrafo, Léonide Massine como coreógrafo y, finalmente, el propio De Falla como compositor que tradujo las tradiciones sonoras españolas a una nueva forma internacional. Sin embargo, una mirada más atenta revela que esta historia de éxito encierra un relato paralelo y más reservado.
Impulsor, mediador y figura trágica
En él aparece la figura del bailarín Félix García, quien desempeñó simultáneamente los papeles de impulsor, mediador y figura trágica. En su investigación, Antonio Hernández Moreno destaca que García jugó un papel fundamental «en la preparación del ballet y en su éxito», una afirmación que desplaza el enfoque habitual de la historia de su recepción. Mientras que la música de De Falla se considera hoy una obra canónica —caracterizada por su precisión rítmica y su colorida orquestación— y Picasso influyó decisivamente en la modernidad visual del ballet con sus escenografías, García suele permanecer en la sombra. Y ello a pesar de que su cometido consistió precisamente en transmitir a los bailarines de los Ballets Rusos esa corporalidad española específica sin la cual la obra difícilmente habría alcanzado la autenticidad que cimentó su éxito. La investigación de Antonio Hernández Moreno ha arrojado nueva luz sobre Félix Fernández González (1903–1941), abriendo una perspectiva que trasciende la mera anécdota. García no aparece aquí simplemente como una figura marginal de los Ballets Rusos, sino como una parte integral de su identidad artística.
Moreno lo describe como un «joven y brillante bailarín español» incorporado por Léonide Massine «para transmitir a la compañía el asombroso juego de pies y el ritmo de la danza española». Esta formulación parece, en un principio, funcional, casi técnica. Sin embargo, remite a algo fundamental: García no solo aportó pasos a la compañía, sino una energía cultural específica. Su papel consistía en trasladar el lenguaje español —ritmo, acento, corporalidad— a un conjunto que estaba redefiniendo su identidad. En este contexto, Moreno subraya expresamente su importancia «en la preparación del ballet y en su éxito», refiriéndose a “El sombrero de tres picos”. A partir de los vestigios de archivo, Moreno reconstruye con claridad los rasgos de su trayectoria biográfica. Félix Fernández González, nacido en 1903, es contratado por Diáguilev en 1917 y viaja a Londres con la compañía. Allí, su carrera se concentra en una etapa breve e intensa: ensayos, representaciones y la perspectiva de interpretar un papel protagonista —el del molinero— en la nueva producción. Paralelamente, se teje una red de expectativas, dependencias y —al parecer— promesas contradictorias.
Tras la pista
Un momento especial, casi icónico, de aquella época ha quedado plasmado en un dibujo de Pablo Picasso. La obra, realizada en Londres en 1919, muestra a Lydia Sokolova y a Félix García bailando. Es más que un simple boceto casual: constituye el único testimonio visual fehaciente de García. Con unos pocos trazos, Picasso condensa movimiento, tensión y presencia; un instante fugaz que, al mismo tiempo, adquiere permanencia. El hecho de que García aparezca aquí indica que ocupaba el centro de la atención artística, al menos durante un breve lapso. Precisamente esta conexión con Picasso remite a la huella más amplia que García dejó en la historia del arte. No fue solo partícipe de una producción, sino integrante de una compleja red de influencias: la colaboración con Manuel de Falla, la evolución coreográfica de Massine y la interpretación visual de Picasso conforman un entramado en el que García actuó como fuerza impulsora. Hernández Moreno expresa esta idea con agudeza al señalar que incluso obras ajenas pueden interpretarse como un eco de su presencia.
Catalizador en lugar de estrella
Así es como él interpreta el “Bolero” de Ravel: como un «homenaje póstumo» a García; una tesis que, si bien no puede demostrarse de forma concluyente, abre una perspectiva interesante: la de que las influencias artísticas no siguen una trayectoria lineal, sino que perduran a modo de resonancias. Más allá de tales interpretaciones, es posible identificar huellas concretas. García actuó como vehículo de difusión del flamenco y de formas de danza específicas, como la farruca, cuyo ritmo y arraigo telúrico dejaron su impronta en el lenguaje coreográfico de los Ballets Rusos.
Estos elementos no se adoptaron de forma aislada, sino que fueron transformados e integrados en una nueva modernidad de corte europeo. En este sentido, García no debe entenderse tanto como una estrella individual, sino más bien como un catalizador cuya influencia pervive en las obras de otros artistas. Resulta casi lógico que esta relación se reexamine hoy, coincidiendo con el 150.º aniversario del nacimiento y el 80.º de la muerte de Manuel de Falla. De Falla —nacido en Cádiz el 23 de noviembre de 1876 y fallecido en el exilio en Argentina en 1946— figura entre los compositores más influyentes del siglo XX. Sus obras aúnan la música popular española con influencias impresionistas y un lenguaje formal preciso, a menudo ascético. “El sombrero de tres picos” es un ejemplo paradigmático de esta fusión: la integración de danzas tradicionales, la vitalidad rítmica y la estrecha simbiosis entre música y escena convierten a esta obra en una pieza clave de la modernidad musical. Desde esta óptica, Félix García deja de ser una figura marginal para convertirse en parte integrante de esa red creativa que permitió traducir la música de De Falla en movimiento.
Un bailarín cuyo rastro biográfico destella brevemente, pero que luego desaparece. Enterrado en vida
Mientras se preparaba el estreno en Londres, García fue detenido e internado posteriormente en un centro psiquiátrico. Las razones siguen sin estar claras hasta el día de hoy. Los testimonios de la época señalan que su comportamiento se había vuelto «extraño»; otras interpretaciones atribuyen la situación a expectativas frustradas o a tensiones estructurales dentro de la compañía. García pasó más de dos décadas en el hospital psiquiátrico Long Grove, donde falleció en 1941. Moreno describe este destino como un «entierro en vida», una desaparición de la historia que, sin embargo, coexistía con una presencia artística perdurable. Precisamente en esta ambivalencia reside la verdadera importancia de García. Por un lado, una obra arraigada en el repertorio actual y vinculada a nombres como Falla y Picasso; por otro, un bailarín cuyo rastro biográfico brilla brevemente para luego desvanecerse, y cuya contribución solo ahora comienza a ser reconocida de nuevo.
Antonio Hernández Moreno
El autor Antonio Hernández Moreno nació en Águilas (España). Músico de formación, trabaja actualmente en la culminación de su investigación más extensa y ambiciosa: la relación de los Ballets Rusos de Diáguilev con España y el papel del bailarín Félix García en la creación de “El sombrero de tres picos”. Antonio Hernández Moreno ha facilitado a la revista KLASSIK un extenso artículo sobre Félix García —extraído de su libro “Treinta castañuelas para Londres”—, el cual reproducimos aquí en una versión revisada.
Antonio HERNÁNDEZ MORENO nace en Águilas (Murcia). Hijo de maestro y nieto de músico, ha dedicado toda su vida a la enseñanza y a la música. Cursó estudios de flauta travesera en el Conservatorio de Murcia y de Magisterio y Pedagogía en la Universidad de Murcia. En 1984 fundó el grupo RAGTIME CONCERT BAND, que como director, flautista y arreglista ofreció numerosos conciertos dentro y fuera de la geografía regional y nacional, participando en varias ediciones del Festival Internacional de Jazz en la Calle (Murcia), en la I Muestra Nacional de Jóvenes Intérpretes de Jazz (Palma de Mallorca en 1986) y en la Biennale de Música y Teatro (celebrada en Módena, Italia en 1987). Sus arreglos de música española para piano del compositor americano Louis Gottschalk le valieron también una beca de la Comisión del V Centenario del Descubrimiento de América.
La entrada Biblioteca Central de Cantabria: Conferencia por el 150 aniversario del nacimiento del compositor Manuel de Falla, sábado 7, 11.30 h. se publicó primero en CANTABRIA DIRECTA.
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Author: CD
