Zombieland: Mata y remata: Zombies y tontadas. Yo no tenía unas expectativas muy altas antes de ver esta película, porque ya el tráiler me pareció muy flojo. Sin embargo, estaba decidido a verla, porque su predecesora me encantó; probablemente la he visto como mínimo 3-4 veces y me sigue haciendo gracia.

Así que allá que fui directo, sabiendo que era casi imposible que esta secuela tuviera esa frescura gamberra con la que irrumpió Bienvenidos a Zombieland allá por 2009. Error.

Y es que lo último que me esperaba de una comedia medianamente ambiciosa en pleno 2019 es que la mitad de su humor se componga de CHISTES DE RUBIAS TONTAS. Porque es literalmente eso.

Ya sabía que había un personaje pensado para ese estereotipo del cine, pero no creí que fueran a soltar más de dos o tres chistes. Me equivoqué, porque más o menos el 40% de los momentos «graciosos» se basan en «jijiji, la rubia es tontita». Es un concepto casposo y misógino, y me hace sentir que el director me toma por estúpido contándome chistes más viejos que la tos como si fueran el no va más.

La trama es prácticamente inexistente, de hecho el tráiler viene a funcionar como sinopsis. No voy a hacer spoiler aquí, pero vamos, ya os digo de antemano que tampoco importaría mucho, porque el argumento es casi irrelevante, este film es una sucesión de gags de poca monta y una violencia bastante menos divertida que en la primera cinta.

Sí, hay algunos momentos memorables que casi traen recuerdos de la chispa que tenía Bienvenidos a Zombieland, pero son muy esporádicos, y el resto son simples clichés predecibles.

Los personajes también han decaído sensiblemente en esta entrega. Los protagonistas que ya conocíamos han perdido casi toda su profundidad, y los nuevos personajes no aportan absolutamente nada (más adelante desarrollaré estor, porque hay un aspecto de la película especialmente sangrante en ese sentido).

Y no tengo nada en contra de Woody Harrelson, de verdad, creo que es un actor estupendo; lo que no puede ser es que su personaje casi sea el protagonista, porque fue concebido inicialmente como alivio cómico. ¿Cuántas veces ha funcionado lo de convertir al personaje secundario graciosillo en el centro de la secuela? Yo diría que nunca.

En resumidas cuentas, es una película innecesaria, aunque parecía claro que iba a ser así. Me alegro de que el elenco original se haya vuelto a reunir para rendir tributo a una primera película que, al fin y al cabo, no es la más conocida o taquillera de sus carreras, pero que tenía un encanto muy singular; sin embargo, Zombieland: Mata y Remata sencillamente no funciona.

Te vas a reír un puñado de veces, pero no te va a sorprender nada cuando vayas a verla, y los personajes te van a desesperar, unos por su involución y otros porque son exasperantes desde el primer minuto.

… Como supongo que siempre hay con cualquier película. Una es dejarse llevar y disfrutar del entretenimiento puro y duro; otra es esperar que la película logre un equilibrio entre esto y un guion decente. Y digo decente porque tampoco podemos pedirle a Zombieland: Mata y remata algo más de lo que el guion de una película de zombies puede ofrecer. Pero no por ello tiene que dejar de ser decente, prueba de ello es la primera película.

1. ¿Dónde están los zombies?
No, pero en serio, ¿no era una película de zombies?
Con el tiempo he aprendido a odiar The Walking Dead, y por fin he tenido suficientes fuerzas para dejarla sin acercarme siquiera a la décima temporada. Pero, muy a mi pesar, algo bueno de esta serie es que tenía sentido que en ciertos momentos el factor humano pesara mucho más que los zombies (el hombre es un lobo para el hombre y todo eso)… ¿Pero aquí? Si la única comunidad que se nos presenta es una formada por hippies… ¿Por qué han obviado tanto a los zombies en favor de relaciones amorosas que nos dan igual? ¿Falta de presupuesto, quizá? Lo dudo, probablemente tenga más que ver con el guion, y así llegamos al punto número…

2. Una parodia dentro de una parodia.
El éxito de la primera Zombieland radicó en que, aun tratándose de una comedia de acción y terror que bien podía ser una parodia del género zombie, se tomaba en serio a sí misma. Salvando las distancias, llegaba a tener cierto punto de reflexión por parte del protagonista, y empatizabas con todos y cada uno de los personajes. ¿Por qué? Porque estaban tratados con cierto respeto aun desde un punto de vista cómico y desenfadado.

En Zombieland: Mata y remata todos son parodias de sí mismos. La película parece decidida a burlarse de sí misma una y otra vez, y al principio funciona (saca algunas risas en los primeros minutos), pero solo porque es interesante encontrarte con estos personajes tantos años después de la primera cinta.

Una vez pasa la emoción inicial, todos los chascarrillos (facilones y sumamente poco inspirados, por cierto) dejan de hacerte reír y empiezas a ver la verdad: esta segunda parte de Zombieland era innecesaria. Y pensaréis, ¡oh, vaya, qué sorpresa! Pero es que hay continuaciones innecesarias, como El Camino o Toy Story 4, que no molestan, o que incluso ponen el broche de oro a su predecesora; este no es el caso.

Zombieland: Mata y remata es el ejemplo perfecto de todo lo malo del cine actual, por lo menos para los que entendemos el cine como algo más que entretenimiento vacío y olvidadizo.

Yo no pagué por verla en el cine, y tampoco he contribuido de ninguna manera para verla ahora.

Patxi Álvarez