White Boy Rick: Di no

El di no a las drogas del gobierno de Reagan está algo manoseado en el cine, pero no deja de ser un terreno trágico y dramático en donde poder bucear y sacar algún coral que otro. Más aún si te sumerges en el océano delictivo, sórdido y decadente de Detroit.

De Gran Bretaña a Estados Unidos

Yan Demange (francés de nacimiento pero criado en Gran Bretaña desde los dos años) despertó el entusiasmo de la crítica y el público con su debut en el largometraje hace cuatro años. 71’ (2014) se convirtió en una de las sorpresas de aquel año. Un film sobre el conflicto del Úlster en los años setenta que dejaba en los márgenes la lectura política para construir un eficaz thriller en el que un joven soldado británico quedaba atrapado, durante una sola noche, en las laberínticas calles de Belfast, en medio de una guerra que no entendía.

Cuatro años después de aquel éxito, Demange da el salto al cine norteamericano para dirigir un guion, firmado por los hermanos Logan y Noah Miller, que recoge la historia real de Richard Wershe Jr.. En los años ochenta y con tan solo catorce años se convirtió en informante del FBI en Detroit. A los diecisiete fue condenado a cadena perpetua por tráfico de drogas. Wershe es el preso sin delitos de sangre que más tiempo ha pasado en prisión en Estados Unidos, prisión de la que salió en libertad condicional en 2017.

De Belfast a Detroit

Aun siendo un proyecto ajeno, con un mayor presupuesto (Darren Aronofsky en labores de producción) y un reparto “estelar” (que incluye nombres como Matthew McConaughey, Jennifer Jason Leigh, Bruce Dern o Piper Laurie), White Boy Rick no está tan lejos de algunos elementos formales y temáticos que ya estaban en el debut de Demange. Las imágenes nocturnas de las calles de Detroit (aunque filmadas en Cleveland) tienen similar tonalidad y textura (ocre, fría, húmeda) que las calles de Belfast servidas de manera brillante, una vez más, por Tat Radcliffe. Hay, también, cierta unidad temporal al concentrar la historia en breves periodos a lo largo de cuatro años (desde 1984 hasta 1987) que funcionan a modo de capítulos en los que se divide el relato.

Pero donde la película encuentra mayores conexiones con 71’ es en la figura de su protagonista. Richard Wershe (interpretado por el debutante Richie Merritt) es también un joven adolescente en un mundo que apenas entiende y que acabará arrollándolo. Detroit, como Belfast, se convierte en un espacio desolado, en crisis, casi en guerra, donde el sueño americano no es más que una concatenación de fracasos encarnados en la figura del padre (Matthew McConaughey). El desamparo y la soledad acaban por ahogar a sus personajes. El joven Wershe busca refugio pero encuentra el vacío en el centro de un triángulo formado por la banda de narcotraficantes afroamericanos en la que se siente integrado, por los miembros del FBI para los que trabaja como soplón y por su disfuncional y desestructurada familia, un triángulo de frágiles lealtades en el que nadie parece decir la verdad.

Una película convencional pero…

White Boy Rick (el título hace referencia al apodo del protagonista) no deja de ser una película convencional, mezcla de drama familiar y criminal, sobre el breve ascenso y larga caída de uno de tantos miles de antihéroes que pueblan la intrahistoria norteamericana. El film desprende, en ocasiones, una sensación de déjà vu en algunas de la situaciones planteadas o en el dibujo de una época a la que se han acercado no pocas producciones en los últimos años. No obstante, Demange aporta sus dotes como narrador sólido y austero, dejando tenues, pero acertadas, pinceladas críticas sobre el estado y sus instituciones pero, sobre todo, un retrato triste pero sincero en torno a la familia, último y verdadero hogar emocional para sus jóvenes protagonistas.

Patxi Álvarez