Volvió llorando de entre los verdes maíces, la negra tierra con olor a humedad y su alma blanca.

Volvió llorando de entre los verdes maíces,  la negra tierra con olor a humedad y su alma blanca.

Volvió llorando de entre los verdes maíces, la negra tierra con olor a humedad y su alma blanca.


Volvió llorando de entre los verdes maíces,  la negra tierra con olor a humedad y su alma blanca.

Nadie había salido a buscarla, nadie, porque o no era importante para los demás, tampoco debía de serlo para los suyos.

Entre aquellas hojas afiladas que cortaban al roce, mazorcas envueltas en su traje verde , ajustado como las mallas de una bailarina, dejaban ver su pelo alborotado rubio y blanco que caía sobre su estilizado cuerpo.

No tardaría mucho en aparecer el dragón sin alas que con su boca abierta las engulliría, rompiendo cañas y dándonos los granos dorados.

Ella grande y pobre entre sus hermanas, ella cenicienta de nariz respingonilla y tez morena como la Señora de Guadalupe, a la que se encomendada,  fue siempre cenicienta que dio lo mejor de su vida y hasta su sangre por los otros, ella que sufrió no tener madre sino madrastra, intentaba un día como hoy celebrar una fiesta y hasta parecía que vistiera sus mejores galas, los robles las encinas y los alcornoques mostraban sus verdes bellotas que presagiaba un otoño de montanera buena.

Mientras tanto, pérdida y desconsolada veía como en aquello que fuera para espectáculos de los eméritos de la legión, cantaban proezas que nunca realizaron, luces, bambalinas y fuegos de artificio, música y discursos.

Ella mi amada niña vieja, seguía con sus mujeres y hombres, perdidas en medio de un maizal, en la Vega del Guadiana, río que hasta se pierde entre plantas foráneas o en las del Alagón que corre triste buscando el Tajo.

Se me ocurre en este triste día de fiesta, donde cada año hay menos que celebrar terminar con las palabras de Jesús Delgado Valhondo. » que hermosa estaba la iglesia, catedral de cosas vanas, misa de pontifical y uniforme de gala, y una mujer humor negro, se le cae hasta la baba».

Que nuestros nietos o biznietos sean capaces de devolvernos el orgullo de ser tierra y no colonia explotada y vilipendiada por los que la explotan.

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Author: Redacción