Visión de Dios…

Visión de Dios…

MÁS SOBRE LA VISIÓN DE DIOS

Reconozco que no es de fácil comprensión aun para los que practican la Fe. Queremos que Dios, actúe con la racionalidad nuestra y castigue, con la severidad que lo haríamos nosotros a lo “mal hecho”, que socorra y ayude cual “mano divina” las hecatombes de la naturaleza o de las atrocidades que se provocan.

Dios no es propiedad de los buenos, ni de los malos. Es padre de TODOS.

La visión de Dios no es una imagen nítida, sino que a menudo se presenta como un mosaico difuso. Para el creyente, esta falta de claridad no es necesariamente una falta de fe, sino una consecuencia lógica de la desproporción ontológica. ¿Cómo podría un recipiente de barro (nuestra mente) contener el océano (la divinidad)?

La confusión surge cuando olvidamos que nuestras herramientas de medición son puramente terrenales.

El error no está en la invisibilidad de Dios, sino en nuestro intento de “formatear” a Dios para que encaje en nuestro disco duro mental.

Tendemos a proyectar en Dios la figura de un “padre humano”, un “juez” o un “administrador”, cargando a la divinidad con los traumas, limitaciones y sesgos de nuestras propias referencias vitales.

Nuestra base de datos está compuesta por experiencias de tiempo, espacio y causalidad. Al intentar procesar a alguien que está “fuera” de esas categorías, el sistema arroja un error de interpretación.

Si intentamos asimilar a Dios a lo conocido, terminamos creando un ídolo a nuestra imagen y semejanza. La verdadera visión de Dios comienza, curiosamente, cuando aceptamos nuestra ceguera intelectual.

“Si lo comprendes, no es Dios”. — dijo San Agustín. Esta frase resume el planteamiento: la visión de Dios debe ser, por definición, inalcanzable para nuestras referencias habituales. Lo que llamamos “confusión” es, en realidad, el respeto a la magnitud de lo que intentamos observar.

JACA, Santander, mayo 2026