Como viaja el agua. Entrevista a Juan Díaz Canales #comic

Juan Díaz Canales es nuestro guionista más internacional. Reconocido y laureado en todo el mundo por sus trabajos en Blacksad y Corto Maltés, Díaz Canales no se conforma con lo ya conseguido y afronta su reto más complicado y querido a la vez, realizar su primera obra como autor completo. Fruto de ese afán nace Como viaja el agua, un apasionante viaje al Madrid actual con una trama llena de emoción y reflexión sobre la sociedad en la que vivimos. Con humildad pero sin complejos, Díaz Canales demuestra como su dominio de los resortes de la ficción no se limitan solo a la escritura y su dibujo sorprende por su potencia y expresividad y nos hace desear ver los nuevos trabajos de este autor que, a pesar de su impresionante trayectoria, se nos muestra como la gran  revelación del año.

Pregunta: ¿Qué es “Como viaja el agua”?

Respuesta: Es un proyecto largamente anhelado. Como apasionado de los tebeos llevaba mucho tiempo deseando lanzarme a la piscina y hacer un álbum escrito y dibujado por mi mismo. Por eso mismo creo que se puede decir que es mi obra más personal.

P.: ¿Cómo nace la obra?

R.: Nace de esa necesidad de buscar una historia en la que me sintiera lo más cómodo posible. Al principio me lo planteé como un espacio de libertad creativa total y pensé contar una historia que me resultará familiar, que transcurriera en la época actual y en la ciudad en la que vivo que es Madrid. En cuanto al estilo gráfico, he recurrido al blanco y negro que es donde me siento más cómodo y siento que es más apropiado para la historia.

P.: Como en el resto de tu obra el protagonismo recae en los personajes. En este caso será Niceto, un personaje ambiguo que nos conducirá a lo largo de toda la historia.

R.: Así es. Con la trayectoria que voy teniendo he trabajado géneros muy diversos, desde el humor hasta el histórico o el policíaco. Pero sí que es verdad que me gusta darle mucha preponderancia a los personajes. Ellos marcan la diferencia entre las historias y nos hacen evitar caer en los tópicos de género. No creo que sea una historia con un género muy definido, porque pasa del costumbrismo al policíaco con unos toques de fantástico. En cualquier caso, he procurado definir bien los personajes para que sean ellos los que transmitan el mensaje.

P.: Frente a la promesa de la eterna juventud que puebla la mayoría de las ficciones eliges a un personaje de 83 años, algo que no es solo un recurso arbitrario sino que es parte fundamental de la historia.

R.: La historia no es otra cosa que una reflexión sobre la vida y la muerte. Dicho así suena muy genérico pero al usar personajes de generaciones diferentes da pie a matizar mucho. Es evidente que, según la edad que vamos teniendo, afrontamos la vida de un modo diferente. Y como no, también el momento final.

P.: Hablabas de generaciones. A través de tres generaciones reflejas también la historia reciente de nuestro país.

R.: Sí, creo que al ubicar la narración en Madrid, aunque sea extrapolable a cualquier ciudad de España, era obligado tratar la situación que vivimos. La crisis tiene un papel muy relevante, en el sentido de que ha cambiado a peor la forma de vivir de mucha gente. Así mismo ha afectado a la manera de interpretar nuestra historia pasada y el modo de afrontar el futuro.

P.: Cada uno de los personajes muestra una manera diferente de afrontar la vida. Tenemos un viejo republicano, el hijo que representa las ideas religiosas que han marcado a la generación de nuestros padres y un joven idealista que quiere cambiar la sociedad sin cambiar a las personas.

R.: Sí, pero lo que me interesa es matizar todo eso. En definitiva, son personas que han buscado diferentes soluciones para entender la vida pero ninguno de ellos está totalmente convencido de que sean las mejores. La vida les va dando reveses que hace que se tambaleen sus teorías y convicciones.

P.: En toda tu obra has usado los géneros para contar tus historias. En “Como viaja el agua” da la sensación que te acercar a la literatura española más que a esos géneros. Las dudas de los personajes parecen remitirnos a Unamuno y a su libro “San Manuel Bueno Mártir”.

R.: Vas teniendo una edad y si has mantenido la curiosidad vas teniendo cierto bagaje cultural. En cada obra va saliendo todo eso. En referencia a Unamuno, el otro día me comentaban una posible referencia a “Niebla”que me sorprendió. Son libros que has leído y quieras o no, acaban saliendo a la superficie. Lo mismo pasa con las influencias que vienen del cómic. Yo hasta ahora no me lo había planteado de forma objetiva, pero es un tebeo que tiene mucho de Eisner, no solo a nivel literario sino también gráfico.

P.: El Eisner de “Contrato con Dios”.

R.: O de “El Soñador”, o “Viaje al corazón de la tormenta”… Hay bastante de Eisner. y en general hay bastante de los autores del blanco y negro que han relatado historias de corte urbano. Creo que también tiene influencia de Tardi, que utiliza la ciudad de París como un personaje más. También están las historias desencantadas de Alack Sinner de Muñoz y Sampayo, las historias del bar de Joe… Hay mucho de lo que he leído y disfrutado toda la vida y que al final acaba saliendo por algún lado.

P.: Te adentras en las tripas del Madrid más terrenal, lejos de la imagen de capital de postal.

R.: Es el Madrid de barrio. De mi barrio concretamente. Es el Madrid que me ha tocado vivir día a día y que está muy lejos de esa imagen de capital europea, de centro político y de poder económico que muchas veces se proyecta hacia fuera.

P.: Otros autores como Juan Berrio recorren físicamente las calles de Madrid. ¿Ibas paseando por la ciudad buscando localizaciones para tu opera prima?.

R.: No cabe duda. A veces cuando pensamos en referencias biográficas lo hacemos en pequeños acontecimientos que están relacionados con tu día a día. Eso es algo que hace muy bien Juan Berrio: como refleja lo cotidiano y nos transmite la sensación de estar viviéndolo con él.

P.: En “Como viaja el agua” está muy presente la religión y en distintos momentos los personajes se cuestionan que hay más allá. Hay momentos en los que Madrid se hace escenario de esas dudas con lugares como el templo de Debod, un templo egipcio que nos lleva a otra forma de entender la trascendencia humana.

R.: Madrid te da pie a poner en imágenes ideas que son muy recurrentes para todos nosotros. La ciudad está llena de contrastes para empezar. Tenemos la imagen de las navidades que vivimos en las grandes ciudades: esa especie de festival de los sentidos, de alegría forzada que, si es habitualmente chocante, en estos tiempos de crisis lo es aún más. Pongo en la catedral de la Almudena, donde se suele poner un Belen a tamaño real, a una madre inmigrante desamparada con un crío a cuestas. Lo que comentas del Templo de Debod, vas caminando por la calle y de repente te encuentras con un templo egipcio que te sumerge en un desequilibrio emocional, porque está totalmente desubicado. Lo mismo sucede con el subsuelo de las ciudades, las alcantarillas. Ese sistema invisible que discurre por debajo de nosotros sin que nos demos cuenta de que sin él, no podríamos vivir. La ciudad da muchísimo juego dramático.

P.: Como comentas está muy presente en todo el libro lo que se esconde bajo la superficie. Como el agua, hay mucha gente que vive por debajo de nuestra cotidianidad.

R.: Esa es una de las grandes paradojas de las ciudades. Se presentan como los lugares idóneos para la convivencia pero por otra parte se dan esas situaciones como las de la gente mayor que sólo traen problema y complicaciones, que se vuelven invisibles. La ciudad se convierte en el festival del consumo, del bienestar y negamos cosas que nunca acabamos de vencer como la tristeza, el desamparo, la desigualdad… En este caso la metáfora de lo subterráneo funciona muy bien.

P.: Te adentras en esa corte de milagros sumergida con una carga de crítica pero mostrando con gran humanidad a esos “residuos” del sistema que se alían intentando salir adelante.

R.: Sí, es jugar a quitar la máscara. Hay un mundo que no queremos ver pero que existe también. Te vas sirviendo de esos personajes que además, suelen ser los más interesantes a nivel literario.

P.: Hablas de ancianos que no se resignan a la vida que les queda y que buscan emociones fuertes trapicheando con mercancía robada para añadir emoción a sus vidas.

R.: Es el punto de partida de la obra. Quería empezar de un modo más desenfadado, casi cómico, mostrando a unos ancianos que se dedican a trapichear y que están totalmente fuera de lugar. Aparentemente, ni tienen edad ni lo necesitan. Parten de una situación más o menos acomodada pero buscan nuevas emociones durante el tiempo que les queda de vida. Me interesaba no cargar las tintas en la parte más dramática de la vida. Yo creo que la vida puede ser muy dura, pero es raro que lo sea durante las 24 horas del día. Optimista como soy, procuro ver siempre algún motivo para la esperanza.

P.: Como comentas lo que empieza como un juego se convierte en un thriller en el que los ancianos que participan van siendo asesinados.

R.: Es una estructura en la que me muevo bien después de haber cogido experiencia con Blacksad. Me apetecía jugar con el género policíaco. Siempre he pensado que es necesario compatibilizar el mensaje, por muy metafísico que sea, con una estructura que te agarre y te empuje a pasar las páginas continuamente.

P.: En el libro muestras, además, los choques generacionales que se producen entre los personajes protagonistas.

R.: Hubiese sido una pena desaprovechar la ocasión. Me gusta compatibilizar una narración entretenida con diferentes niveles de lectura. Tengo tres generaciones, cuatro contando con la hija que espera uno de los personajes, que me permiten mostrar las complicidades y los conflictos que surgen en las familias.

P.: Es curioso ver como ancianos que ya se consideran estorbos allá donde estén se enfrentan a aspiradoras que no necesitan personas para manejarse.

R.: Eso es así. Las personas mayores son la punta de lanza. Cada vez vamos más a una sociedad tecnificada en la que eres declarado oficialmente viejo o inútil cada vez más pronto. La mano de obra se hace más innecesaria. Es otro de los problemas y paradojas de nuestro tiempo.

P.: En tu obra son muy pocas las incursiones a nuestra época actual. Excepto en “Los Patricios” es muy difícil ver como afrontas nuestro tiempo.

R.: Sobre todo fue una elección motivada por comodidad. Quería sentirme sin ataduras. Muchas veces la documentación, que es tan necesaria para contar historias con un trasfondo histórico fuerte, como en Corto Maltés, te exige mucho esfuerzo para recabar información. Si quieres ser mínimamente fiel, tienes que leer un montón de libros, asegurarte de que muchísimos datos son los correctos. En este caso, quería allanarme el camino. Me apetecía contar algo que sucediese en la época actual. Algo que me permitía poner en tela de juicio todas estas cosas de las que estamos hablando. Si sirve de denuncia o reflexión sobre la sociedad que nos ha tocado vivir, bienvenido sea.

P.: “Como viaja el agua” es tu primer trabajo como autor completo. ¿Cómo afrontas el reto?

R.: Como una experiencia más. Así es como me voy planteando el resto de cosas en la vida. Como apasionado de los tebeos es algo que quería hacer desde hace tiempo. También es cierto que, al no tener un pasado fanzinero tenía algo de miedo. Sin tener ese bagaje, me he enfrentado a un libro de 90 páginas. El riesgo era alto pero ha llegado un momento de madurez profesional y eso me ha dado algo de seguridad para afrontarlo.

P.: ¿Como guionista cómo afrontas la obra?

R.: Si para cada dibujante cada guión ha sido una aventura distinta, con este libro no iba a ser diferente. El método ha sido muy parecido. Me he hecho un guión técnico como hubiese hecho con cualquier otro dibujante. La mayor diferencia ha sido no tener el feedback tan continúo que tengo cuando trabajo con un dibujante. Los cinco dibujantes con los que he trabajado hasta ahora me ofrecen esa ventaja de ser grandísimos profesionales con los que tengo una gran sintonía y te dan grandes ideas para mejorar las historias. En este caso solo he contado con la ayuda de Teresa Valero, que es mi mujer, cuya opinión tengo en grandísima consideración. El resto del trabajo lo he tenido que hacer en solitario con todo lo que conlleva.

P.: ¿Y cómo la afrontas como dibujante?

R.: Con más miedo que vergüenza. He tenido momentos grandes de indecisión, pero al mismo tiempo me sentía armado para afrontar el proyecto. Son muchos años de experiencia como dibujante pues llevo desde los 18 años trabajando en dibujos animados. El problema es que como dibujante de animación nunca he desarrollado un estilo propio sino que, más bien, he dibujado con el estilo de los demás. Eso te da mucha versatilidad pero en un momento dado no sabes bien hacia donde quieres ir. Los primeros pasos han sido muy dubitativos hasta que he dado con un estilo que me ha medio convencido. Lógicamente, me he quedado razonablemente satisfecho pero espero hacer el próximo todavía mejor.

P.: ¿Intimida el haber trabajado con algunos de los mejores dibujantes del mundo a la hora de abordar el trabajo?

R.: Siempre piensas que puede haber que establezca comparaciones pero en general no me preocupa tanto el “¿qué dirán?”. Al haber trabajado en obras que afortunadamente han tenido mucha repercusión ya he oído todo tipo de críticas. Ya he estado muy expuesto. Intento aislarme de eso y no he sentido esa intimidación.

P.: Otra novedad es el formato. Estás habituado a trabajar en el mercado francés con las consignas tan cerradas que marca. En vuestros últimos trabajos en Blacksad intentas hacer más extensas las aventuras, incluso dividiendo en dos los libros. ¿La novela gráfica te permite contar todo lo que tenías en mente?

R.: Claro. Ahora he tenido la posibilidad de elegir un formato que me permite una mayor libertad para elegir el número de páginas necesarias, que en este caso han sido en torno a las cien. También me interesaba encontrar un tono expresionista en blanco y negro. He tenido además la posibilidad de trabajar con Astiberri, que es la editorial que posiblemente maneja mejor este formato en el mercado español y con los que tengo una relación estupenda. He estado encantado. Ha sido como un puzzle en el que todas las piezas encajan bien..

P.: ¿Llevabas mucho tiempo madurando la obra antes de presentarla a la editorial?

R.: Normalmente me cuesta un poco establecer la cronología de fabricación de los álbumes. En este caso es aún más complicado porque es un proyecto que he ido desarrollando entre trabajo y trabajo y es muy difícil saber cuando nace la historia.

P.: ¿Tienes un cajón de historias que te gustaría realizar?

R.: Tengo, como todos los autores, un cajón de historias. Pero lo tengo bastante vacío. Me cuesta bastante enamorarme de una idea y mucho más desarrollarla. La experiencia me dice que una idea es una idea y una historia es otra cosa. Cuando te pones a desarrollarlas te das cuenta que a veces no funcionan tan bien como creías o que no dan para tanto como pensabas. Yo no tengo un granero enorme de ideas para contar. Más bien van saliendo poquitas y con dificultad.

P.: De no haber hecho nunca historias cortas pasas a un proyecto de casi 100 páginas. ¿Cómo le coges el punto al dibujo en la historia con una extensión tan larga?

R.: Llegando hasta la última página y corrigiendo después a partir de la primera (Risas) Creo que es lo que nos pasa a todos. Escogí un estilo de dibujo en el que me sentí más cómodo. Al ser en blanco y negro evité la dificultad del color. Trabajé además todo en digital, en Photoshop, con lo que la posibilidad de cambiar es más sencilla y, no es broma, cuando acabé el libro lo repasé completo. Es algo que me llevo bastante tiempo al ser tantas páginas, pero me parecía necesario para mantener la coherencia gráfica.

P.: Nunca hubiese dicho que es digital. ¿Cómo te llevas con las nuevas tecnologías y cómo haces que el acabado de la tinta sea tan orgánico?

R.: Para mí era fundamental conseguir ese acabado. Si no hubiese conseguido ese entintado que imita el proceder de los clásicos como de Breccia, Pratt y compañía no lo hubiese hecho así. Como ya estoy acostumbrado a trabajar con la tableta gráfica en animación y había visto en distintas ilustraciones que se podía conseguir ese tono de tinta clásica, me lancé a la aventura y no me arrepiento. Siempre hay una pérdida sensorial de no poder trabajar en un original pero tenía que optimizar el poco tiempo que he tenido de trabajo efectivo. Sobre todo los últimos tiempos, con la promoción de Corto Maltés que me ha dejado escaso de recursos temporales.

P.: ¿Cómo consigues llevar a cabo un proyecto tan ambicioso entre trabajos de tanta intensidad como el Corto Maltés que comentabas?

R.: Aprovechando hasta el último momento libre para avanzar en el proyecto. También es verdad que para cuando estaba peor de tiempo con la promoción de Corto Maltés, que nos ha tenido a Rubén y a mí prácticamente cinco meses fuera de casa, el libro estaba muy avanzado. Entre aprovechar los pocos momentos que tenía cuando volvía a Madrid y ver que la meta estaba ya cercana, he podido llegar a la fecha. Pero han sido meses complicados.

P.: Hablas de grandes maestros del blanco y negro. Como estos maestros varías tu dibujo para adecuarlo a los momentos más expresionista de la historia.

R.: Sí, la clave es que tenga un sentido narrativo. Todos nos acordamos de las palabras de Breccia, el gran maestro de la versatilidad, que siempre decía que cambiaba de estilo en función de la historia que iba a contar. Esa es la clave. Si a veces el dibujo es más suelto o trabajo la mancha más que la línea es porque me lo pedía la historia. Para eso el blanco y negro es muy versátil.

P.: Breccia dejaba que las herramientas marcasen también el tono, algo que tu varías en escenas como el de las alcantarillas.

R.: Uno se pregunta que haría Breccia hoy en día con Photoshop o Manga Studio. El ordenador te ofrece muchísimas posibilidades. Es lo bueno y lo malo. Tienes tantas posibilidades que a veces puedes perderte en ellas. Yo he intentado encontrar el equilibrio para que el álbum no tuviera picos.

P.: Como autor eludes uno de los males endémicos de las narraciones de suspense, dirigidas a un final sorpresa. En tu caso ofreces al lector todas las piezas del puzzle y dejas que sea el lector el que las acabe de completar.

R.: Sí, es algo que me preocupa y que intento hacer hacer también en Blacksad. No estoy en contra de estas historias con un clímax dirigido a una sorpresa final, pero no me parece lo fundamental en una narración. Cuando das con una idea buena que deja al lector maravillado y sorprendido es estupendo, pero no es lo fundamental para mí. Prefiero una historia de personajes fuertes que me estén transmitiendo algo.

P.: A pesar del costumbrismo de la obra tienen momentos fantásticos que logran sorprender al lector.

R.: Es un tema recurrente en mis tebeos. Me gusta enfrentar a los personajes a situaciones que no tienen una explicación lógica. Es algo que pasa también en la vida y que hace que nos sigamos maravillando con momentos que no acabamos de entender.

P.: ¿”Como viaja el agua” es una consagración de un sueño o es un comienzo de una nueva carrera?

R.: Yo espero que sea las dos cosas. Me ha producido mucha satisfacción ver el libro publicado y ver que el mensaje ha llegado. Las críticas no pueden ser mejores y me gustaría que fuese el inicio de una carrera paralela a la que llevo como guionista.

P.: ¿Cómo los Rolling Stones vas a a ir alternando los disco s de grupo con los tuyos propios?

R.: (Risas) No está mal la comparación. Y si me permitiera llegar a su edad viviendo como ellos y haciendo lo que me gusta sería perfecto.

P.: Habra lectores que crean que tu nueva carrera pueda retrasar los nuevos álbumes de Blacksad o de Corto Maltés.

R.: No hay riesgo ninguno. Ya estamos trabajando en el siguiente álbum de Corto, algo que da una idea de hasta qué punto es prioritario. En el caso de Blacksad nunca hemos trabajado con una periodicidad tan férrea que no nos permitiera hacer otros proyectos en paralelo, así que creo que no hay riesgo ninguno de que afecte a las otras dos series.

P.: En paralelo a “Como viaja el agua” has colaborado en un libro, “El guión en el cómic”, una serie de entrevistas de Gerardo Vilches que reivindica la figura del guionista de cómic.

R.: Es una iniciativa en la que estuve encantado de colaborar en cuanto me la propuso Gerardo. El oficio de guionista está poco valorado, es prácticamente invisible y en el cómic esta injusticia es incluso más evidente. Por otro lado creo que el libro ayuda a llenar un hueco bibliográfico sobre el tema del guión en el cómic. Quien quiera conocer un poco más la técnica del guión tiene que recurrir a libros de cine porque sobre el tebeo no hay prácticamente nada.

P.: El guión de cómic podía ser leído por profesionales de otros medios para aprender lecciones importantes.

R.: Sin duda. Pero el problema es el que te comentaba. No hay apenas bibliografía y la relación entre cine y cómic sigue siendo muy desigual a nivel de reconocimiento. El cómic tiene mucha menos relevancia y difusión que el cine.

P.: ¿Proyectos?

R.: Lo prioritario ahora mismo es el próximo Corto Maltés. Nuestra intención es que el álbum no se distancie mucho del anterior. Ahora ando inmerso en la labor de documentación para preparar un trasfondo histórico que tiene mucha miga. Es muy absorbente.

P.: ¿Te quedan nuevos retos como autor completo?

R.: Sí, pero cada nuevo proyecto exige una implicación personal muy fuerte. De modo que no me pondré con ello hasta que sea muy inminente, para poder centrarme en el proyecto con los cinco sentidos. Por ejemplo, si ahora estoy con Corto Maltés no pienso en Blacksad, que será lo siguiente que haga. Mientras tanto, voy apuntando ideas, y me sumerjo en la fase de ensoñación previa a contar cualquier historia. Procuro no implicarme más que eso hasta que llega el momento de la verdad.