Una historia no olvidada…

Una historia no olvidada…

MAUSER VS WINCHESTER: Una reflexión

No se trata de ningún artículo o escrito armamentístico, ni guerrista, aunque estos instrumentos, el fusil Máuser[1] y el Winchester[2], Remington u otros de la época, se hicieron para ello. Aunque el ingenio de sus inventores y la ingeniería de sus fabricantes buscaban la máxima eficiencia de sus productos. Deseo hacer un análisis de como su uso caracterizo a nuestros soldados cubanos (mambises) y a los soldados de la colonia durante la mal llamada Guerra española-cubano-americana de 1895 a 1898.

Fue leyendo uno de los capítulos de la “Guerra y Genocidio en Cuba: 1895-1898” de John Lawrence Tone (ISBN 978-84-7506-813-8), que me atrajo la revelación que hace el autor, con datos muy bien referenciados de la valoración que ambos contrincantes de la guerra hacen de sus armas de combate, y la reputación que ambos tenían en aquel entonces en el uso de tan mortíferos instrumentos.

No olvidemos los intencionados intereses de denominación que esta, nuestra Guerra de Independencia: la Guerra de Cuba, tuvo a través de los tiempos y las diversas ópticas de su análisis en dependencia de donde y por quienes se realizara. Es común en Estados Unidos encontrarse con referencias a la Guerra hispano-estadounidense como un conflicto que enfrentó al Reino de España y a los Estados Unidos de América en 1898, ignorando a los principales contrincantes y al móvil básico: la Guerra de Independencia cubana contra España y sobre todo minusvalorando el papel de los cubanos en su propia liberación.

Comúnmente en España, se le denomina: la Guerra de Cuba o el desastre del 98 en Cuba: Guerra hispano-cubano-norteamericana. También se le llama incorrectamente Guerra hispano-americana por influencia de la manera en que se le conoce en Estados Unidos, Spanish-American War o en textos más generosos como la Spanish-Cuban-American War.

El Ejército Libertador de Cuba o Ejercito Mambí[3], nunca dispuso de un armamento convencional, ni de la cantidad suficiente para pertrechar a sus soldados. Eran más los hombres dispuestos a la lucha que las armas con que podían contar. Los soldados del Ejército Mambí contaban con muy pocas armas[4], que eran, principalmente, las que arrebataban al enemigo en combates, las que perdían o abandonaban los soldados españoles en operaciones y las obtenidas en asaltos a convoyes, toma de fortines, poblados y ciudades fortificadas; también el armamento que requisaban a los pobladores, con sus propias herramientas de trabajo, y los suministrados que llegaban desde el exterior por medio de las expediciones.

Durante los períodos de lucha por la independencia: Guerra de los Diez Años (1868-1878) y Guerra del 95 (1895-1898), las principales armas de fuego del Ejército Mambí fueron la yegua o escopeta bocuá —como llaman al trabuco en el oriente del país, por presentar el cañón la boca acampanada, el Springfield, el Relámpago, el Winchester calibre 44, la carabina Remington calibre 43, y el Máuser de alcance de 2.400 yardas, principal arma del Ejército Español, de la que llegan a obtener una cierta cantidad tomándoselas al enemigo en el campo de batalla. (https://www.jorgeacapote.com/marti-faro-de-luz/)

Los españoles equipaban a su infantería con Máuser, el mejor rifle del mundo por entonces[5]: un arma elegante que precisaba menos entrenamiento y mantenimiento que los diseños anteriores. El Máuser era un fusil de repetición que disparaba balas revestida de acero niquelado, lo que aumentaba su poder de penetración.  El Máuser era más resistente a la humedad y a la suciedad, y además, al usar pólvora sin humo, no producía densas nubes de otros sistemas más antiguos.

Los soldados mambises tenían reputación de ser buenos tiradores a pesar de lo obsoletas de sus armas, y trataban a sus fusiles con gran cuidado. Los oficiales inspeccionaban las armas cada tres días para asegurarse que estaban listas para el combate. Según Bernabé Boza[6] en su libro Mi Diario, el Mayor General Máximo Gómez, decía: “se pasan horas enteras manoseándolo, montándolo y desmontándolo, apuntando con él a todo lo que se le ocurre y en fin, haciendo todo el día un ejercicio sui generis”. Opinaba incluso que practican demasiado y le preocupaban los accidentes.

Por diferentes motivos, los soldados de la infantería española tenían de hecho, reputación de malos tiradores, aunque no había en el “carácter” español nada que les descalificara como tal.  No estaban, en general, familiarizados con las armas de fuego, como lo estaban los norteamericanos que desde finales del siglo XIX tenían una disposición casi natural para el uso de armas de fuego con la connivencia del Gobierno y la Asociación Nacional del Rifle (NRANational Rifle Association) que Michael Bellesiles, en su libro Arming América[7], califica como una construcción social premeditada.

Los soldados rara vez practicaban el tiro con munición real, no solo por ahorrar proyectiles, sino porque el propio estado español y los oficiales no se fiaban de los reclutas con armas cargadas. Otros ejércitos europeos confiaban en sus reclutas y entrenaban a sus soldados durante ocho horas al día y les permitían practicar con munición real. Los soldados que venían a Cuba, recibían los fusiles cuando llegaban y el entrenamiento consistía principalmente en desfilar con las armas descargadas y ejercicios de instrucción. Incluso cuando marchaban hacia situaciones potencialmente peligrosas les mantenían sus fusiles sin municiones para evitar disparos accidentales. Esto implicaba que aunque los Máuser fueran más sencillos de manejar que los fusiles más antiguos, los soldados a menudo cargaban a tientas, bajo el fuego enemigo, y realizaban sus primeros disparos ya en combate real, errando el tiro.

Otro error era la forma en que los oficiales ordenaban a formar a sus hombres y hacer “descargas cerradas”, propias de un mosquete, más que de un Máuser. Esas descargas tenían poco impacto en los tiradores mambises que se ocultaban en las malezas o en el bosque, o en las quebradas del terreno.

No son desdeñables los detalles con que se “administraban” unos recursos tan vitales para el combate, ni la forma en que se preparaban técnica y psicológicamente a los soldados, sino las medidas que aliviaran los sufrimientos y padecimientos físicos a los que se enfrentaban ocasionados por enfermedades infecto-contagiosas que causaban una gran mortalidad.

España equipaba a sus hombres con zapatos de suela de esparto (alpargatas), quizás muy validos en la meseta castellana, pero impropios en el trópico, donde el agua los calaba y la humedad permanecía provocando infecciones en los pies, y el cáñamo húmedo era el hogar ideal de diferentes parásitos a los que nada gustaba más que taladrar la carne entre los dedos de los pies.  Sus uniformes baratos, se destrozaban en cuestiones de días.

El 30 de mayo de 1898, al final de la contienda con las fuerzas norteamericanas bloqueando a Santiago de Cuba y la Escuadra del Almirante Cervera (https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_naval_de_Santiago_de_Cuba) disgregada en la defensa de la bahía, las carestías eran terribles. La escuadra estaba carente de agua, carbón y raciones para sus dotaciones, lo que empeoraba la ya mala situación de la plaza. El ejército español en la Isla, tenían problemas de todo tipo: necesitaban 1,800 pares de alpargatas para Baracoa; 1,400 para Sagua de Tánamo; 24,000 para el resto de la Isla y 16,000 para Guantánamo. 12,000 trajes de rayadillo para Cuba, 7,000 para Guantánamo, 1,000 para Baracoa y 1,000 para Sagua de Tánamo, con su doble muda interior, camisa, camiseta y calzoncillo.

Muchas fueron las muestras de esfuerzos y heroísmo, tristemente honrosos e inútiles, en esta Guerra de Cuba. Muchos actos de heroísmo, como el de Eloy Gonzalo en Cascorro o el del General Joaquín Vara del Rey, héroe de El Caney, quien heroicamente sacrificó su vida manteniéndose en su puesto de combate frente a un enemigo cien veces superior.

Miles de hombres regresaron a España con secuelas psíquicas y morales por haber sido arrojados sin la suficiente preparación a una lucha en la que tenían que cometer actos de injusticia como maltratar y asesinar a cubanos ignorando su estatus de prisioneros de guerra, acorralar brutalmente y reubicar a los civiles, destruir sus reses y fincas y todo tipo de prácticas típicas de la guerra en su fase más sórdida.

La base de la victoria esta en los hombres, en el móvil y la intensidad con que se entregan a su principal misión, en la motivación ideológica, la causa que les mueve y la disciplina y control que exista sobre su formación de soldados. En la correlación de fuerzas, generalmente se analizan  el poder de fuego, los medios técnicos, etc., pero es decisivo la motivación que los lleva a esgrimir las armas.

JACA – Santander, julio 2024

Referencias:

[1] Máuser es el nombre comúnmente utilizado para denominar a la fábrica alemana de armas Mauser-Werke Oberndorf Waffensysteme GmbH y su línea de fusiles de cerrojo. Fue fundada por los hermanos Wilhelm y Paul Máuser en 1872 en Oberndorf am Neckar, Alemania

[2] Winchester. El Winchester es un fusil de repetición, muy popularizado en las películas del oeste y utilizado en las Guerras de Independencia de Cuba y en menor medida en la guerra de liberación.

[3] Mambí: palabra africanoide, concretamente bantú, construida sobre una raíz: mbi, que tiene numerosas acepciones despectivas: insurrecto, bandido, criminal, revoltoso, infame, malo, etc. Los españoles comenzaron a usarla en Santo Domingo contra los dominicanos que no se sometieron a su gobierno, ha mediados del siglo xix y luego continuó siendo un nombre burlesco, una ofensa, con que designaban a los combatientes del Ejército Libertador de Cuba.

[4]Dice Eleuterio Llofrid y Sagrera, en su Historia de la insurrección y guerra de la isla de Cuba, refiriéndose a los inicios de la Guerra de los Diez Años, que los mambises «contaban con escasísimos medios materiales: además de estar casi desnudos, su armamento no guardaba uniformidad: entre las armas había unos rifles Spencer y Remington. La escuadra de caballería era la única fuerza que estaba bien equipada. Abundaban entre ellos las hachas, barretas y picos, y algún instrumento de herrería y carpintería; situación que es repetitiva en la Guerra de 1895

[5] El fusil Máuser Español – José Fuente y Hernández – Madrid 1894

[6] Bernabé Boza Sánchez, general del Ejército Libertador, nació en Puerto Príncipe, provincia de Camagüey, Cuba, el 4 de febrero de 1858.Fue Jefe de la escolta del Gral. Máximo Gomez y más tarde miembro de su Estado Mayor. Se destacó en varios combates a lo largo de la Guerra del 95′, concluyendo está con el grado de general.

[7] Arming America: The Origins of a National Gun Culture is a discredited 2000 book by Michael A. Bellesiles on American gun culture

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Author: jaca