‘Una Historia de Venganza’ es el equívoco título en castellano de este film que, protagonizado por el veterano héroe de acción Arnold Schwarzenegger, puede hacer creer al espectador que va a asistir a un thriller donde el exculturista austriaco se dedique a dar mamporrazos y pegando tiros toda la película. Nada más lejos de la realidad. ‘Una Historia de Venganza’ es un melodrama austero que explora las secuelas psicológicas que tras un accidente de avión quedan en uno de los familiares de las víctimas y en el propio causante indirecto del accidente. Sí, hay tiempo para la venganza, pero precisamente lo que se pretende es desmitificarla y despojarla de su valor curativo.

No estoy muy seguro de lo que falla en esta cinta para que parezca digna de una de esas típicas sesiones de sobremesa de fin de semana en televisión. Pero de las de relleno, de esas con nombres tan previsibles y poco laboriosos como: Venganza mortal, Suicidio inminente, Decisión crucial o cuales quiera dos palabras inquietantes que queráis unir para hacer vuestra propia película pro siesta dominguera. Es más, si eliminamos al archiconocido Arnold Schwarzeneger como protagonista del reparto, esta película se convertiría directamente en una de ellas, sin necesidad de pasar por ninguna cartelera de ningún cine del planeta.
Puede que la clave radique en que la dirección es francamente mala, a mi inexperto parecer. Una narración soporífera, previsible (no por ser inspirada en hechos reales debe ser previsible) y falta de estructura dramática teniendo un tema tan duro e introspectivo como el que plantean a priori. El haber optado por la visión de la trama desde las dos caras de la moneda, podría haberle resultado muy óptimo para no sumir al espectador en una desesperación constante por tener algo más de tensión y por no parecer descafeinada cada escena y giro argumental.

El director, Elliot Lester (sin ninguna película a sus espaldas que puede dotarlo de cierto prestigio), tenía en sus manos una posible buena historia para cambiar el rumbo de su filmografía. Un hecho duro, trágico y caótico que nace de un accidente aéreo y que podía haber resuelto de una forma mucho más potente. Hemos visto un sinfín de películas que tratan este tema. Unas centradas más en la parte personal de alguna de las partes implicadas en el siniestro, otras que focalizan su atención en la investigación del suceso, otras que nos muestran diversas visiones del suceso desde el prisma de varios personajes y otras como esta que pretenden ser más introspectivas, más psíquicas o intimistas. En el caso que nos ocupa con Aftermath (casi prefiero ese título a la traducción al español) deja ver un telón de fondo llamado venganza. Lo que sí aprecio es un sutil paralelismo en esas dos caras de la moneda. Queriendo o sin querer el montaje refleja la perspectiva de dos familias rotas por la muerte, pero desde dos planos bien distintos. Una familia sufriendo esa muerte como una realidad y otra portándola como carga de conciencia.

En fin, sea como fuere, en el global del metraje; tanto en la música, como en la fotografía, el reparto, el guión o la ambientación, todo parece ser bastante mediocre. Eso sí, se agradece mucho que mitos del cine de acción y de la mala interpretación como Arnold hayan hecho el esfuerzo en los últimos años de su carrera por convertirse en algo más que unos tipos duros de los años 80 y 90. Ya vimos a Arnold sorprendernos con Maggie y ahora se mete en un nuevo papel melodramático inspirado en hechos reales. Podía haber llenado de más matices su personaje, pero sin tener una excesiva carga de diálogo ni necesitar demasiados alardes interpretativos, consigue ser el mayor reclamo del espectador en una película que se queda muy lejos de darle una buena nota a toda su ya dilatada carrera como actor. Aún así, a él, lo apruebo. No así a la película, a la cual no puedo más que ofrecerle mi pésame…. Y lo hago porque casi me engañó, haciéndome pensar que iba a ser una de esas películas de las que nadie habla mucho y que resultan ser una maravilla de autor.

Pátxi Ávarez