The Mandalorian: El espíritu de George Lucas, sigue con vida.

The Mandalorian es, para muchos de los fervientes fans de la saga Star Wars –entre los cuales me incluyo–, el renacer de sus odiseas espaciales favoritas.

La tercera y última trilogía dejó a muchos de los verdaderos interesados en el mundo Star Wars un sabor agridulce en la boca, una flecha a la nostalgia empapada en una desconsideración total por parte de Disney.

Sin entrar en detalles sobre las ponzoñas de películas recientes, opino que todo aquel que realmente disfruta del universo creado por George Lucas y tiene un mínimo conocimiento de la historia no canónica del mismo sabe la torpeza con la que Disney manejó el proyecto, y al mismo tiempo disfruta –con resignación o no– de cualquier anuncio en relación a Star Wars.

En este terreno de incertidumbre se cuela sin mucha expectación general The Mandalorian (Disney+ aún no se ha posicionado en nuestro medio, lo que ha provocado descargas masivas de la serie en internet), deslumbrando de regia manera a todos los que dudábamos del camino que había empezado a tomar su saga de siempre.

El título presenta un wéstern llevado de forma exquisita en el contexto de blásters, detonadores térmicos y droides asesinos; comportándose como una serie de 8 capítulos en su temporada de estreno muy fiel a la obra de George Lucas: una fotografía exquisita de páramos extraterrestres, recreaciones mediante una combinación muy característica (y ciertamente magnífica en el género) de marionetas artesanales con el más puro CGI del género de acción y la idiosincrásica mística tan difícil de crear del universo Star Wars.

Sin duda es una proposición más seria e inteligente de la mano del sorprendente Jon Favreau, en el que, sin saber mucho de su reconocido fanatismo por la saga, uno puede sentir indudablemente la verdadera esencia de la Guerra de las Galaxias.

Ha sabido usar el recurso inexplorado de la fantástica historia mandaloriana para captar la atención con el espejismo de dos clásicos como Jango y Boba Fett, así como al ya famosísimo y viral «Baby Yoda» –una explosiva combinación de ternura y misterio– que sabe jugar con la vena sensible de nuestra nostalgia de manera impecable.

El reparto goza de figuras como Pedro Pascal (‘Juego de Tronos’, ‘Narcos’) Emily Swallow (‘El mentalista’), presencias inesperadas como Giancarlo Esposito (‘Breaking Bad’) o tan agradables como Nick Nolte (‘Warrior’), y una Gina Carano bastante notable, entre otros.

La estética muchas veces oculta la categorización actoral pero no por ello la serie presenta deficiencias: Jon Favreau ha sabido crear unos personajes profundos y coherentes capaces de conectar con en el espectador.

La trama es interesante, la velocidad es la adecuada para el género y las escenas de acción son bastante eficientes y con los recursos suficientes para crear un trabajo cuidado y pulido; al mismo tiempo que se ha sabido nutrir del inmenso potencial de la obra maestra de George Lucas, ya que no se echan de menos Skywalkers ni personajes clásicos: se ha creado un cosmos propio y con el carácter necesario para brillar junto a las historias de siempre.

Desde el punto de vista de un gran fan de la antigua saga Skywalker (episodios I-VI), es una serie sublime en toda su expresión y con el amor necesario para que un proyecto así funcione.

Habiendo terminado muy recientemente el último capítulo, destaco la relación padre-hijo entre Din Jarren –el protagonista Pedro Pascal tal y como se revela al final– y El Niño de especie desconocida con afinidad por la Fuerza: es el ejemplo perfecto de como exprimir el concepto de la compasión y de la responsabilidad para crear un sentimiento en el espectador de una calidad tremenda; al igual de enorme es la figura de IG-11, que hace humano al protagonista al revelar su rostro y enseñarle el verdadero sacrificio, heredado del gran personaje que es Kuiil – granjero alienígena que con su divertido ‘he hablado’ inicia la transformación del protagonista.

La actuación de Gina Carano convence gratamente y Carl Weathers es bastante correcto, así como la mera presencia del personaje de Emily Swallow, del que se espera que goce más protagonismo junto a Pedro Pascal. Sin duda, cada capítulo es una odisea individual del género propio que supone Star Wars y la trama avanza deliciosamente hasta la conclusión magistral del capítulo octavo y último: una auténtica maravilla para un fan de la saga. Jon Favreau podría ser el sucesor y continuador de la gran obra de George Lucas. Esperando con ganas otoño de 2020.

Patxi Álvarez