Hay films sobrevalorados, inflados, y esta esta cosa producida y dirigida (lo pone en los créditos) por James Franco, avalada por un tsunami de críticas loadoras con premios como la Concha de Oro en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián 2017, y nominaciones a los Globos de Oro y siguiendo en la ola fue nominada a los Oscar por el mejor guion, pero esto no cambia un ápice mi visión de este producto aburrido, sin chispa, sin frescura, sin originalidad, sin nada que me llame la atención, un absurdo tras otro en un guión sin pies ni cabeza, mal estructurada, mal explicado, con más lagunas que Finlandia.

Leyendo la sinopsis a uno le viene a la mente irremediablemente la “Ed Wood” (1994) de Tim Burton, y es que este esperpento se centra (al igual que la genialidad burtoniana) en un director de cine nefasto, Tommy Wiseau, y la preparación de su trash-movie “The Room” en 2003, pero mientras el director del cabello alborotado despliega un amor e imaginación desbordante por el cine, acompañado a su antihéroe de un grupo de desheredados perdedores, donde por ejemplo conseguir unos dólares creaba componendas de cambios de guión y de protagonistas, aquí todo eso se anula al ser un tipo que dispone de todo el dinero que haga falta, aunque no se sabe de dónde lo saca, el guión se lo saca de la nada, sin explicar qué proceso lo llevó a escribirlo, y la relación fascinante y conmovedora que era entre Ed Wood y Bela Lugosi, aquí se prostituye entre lo que vienen a ser Don Quijote-Wiseau y Sancho Panza- Greg Sestero, relación sin gracia, sin garra, entre un tipo insoportable, arrogante e histriónico con otro inocentón. Prometía un millón de veces más de lo que da, es un drama en el que te da igual lo que les pase a los gélidos protagonistas, y una comedia que no te saca más allá de una mueca (siendo generosos). Se queda en una parodia alargada rellena de momentos penosos, momentos inanes, y momentos zafios, adornado por un final pretendidamente climático y queda en bodrio.

Año 2003, el mundo conoció una historia que redefinió el concepto de lo que se conoce como “película de culto”. Tommy Wiseau, un tipo cuyo pasado está cubierto por un gran manto de misterio, dio a conocer su ópera prima intitulada “The Room”, drama mal escrito y actuado, ampliamente considerada como una de las peores películas hechas, cuyo humor involuntario caló muy hondo en los espectadores que la vieron, terminando por colocarla en el más inesperado (y más alto) de los estándares. La realización de la película fue cubierta en un libro, “The Disaster Artist”, escrito por uno de los protagonistas, Greg Sestero, que los guionistas Scott Neustadter y Michael H. Weber han adaptado. En febrero de 2014, la productora de Seth Rogen, Point Gray Pictures, anunció que había adquirido los derechos del libro y película de The Disaster Artist. James Franco iba a dirigir y jugar Wiseau, y su hermano Dave Franco fue elegido como Sestero (primera vez que actúan juntos los hermanos). James Franco declaró que The Disaster Artist era «una combinación de Boogie Nights y The Master». Según Franco, Wiseau inicialmente esperaba que Johnny Depp lo interpretara.

Hay varios cameos de famoso en el metraje: Bryan Cranston , Judd Apatow , ZachBraff , JJ Abrams , David DeCoteau , LizzyCaplan , Kristen Bell , Keegan-Michael Key , Adam Scott, Danny McBride , Dylan Minnette, Kate Upton, Angelyne, Kevin Smith e IkeBarinholtz como sí mismos. Bob Odenkirk y Brett Gelman aparecen como profesores de actuación en Los Ángeles. Otros cameos incluyen Jessie Ennis, Charlyne Yi, Tom Franco, Zoey Deutch , Sugar Lyn Beard , Brian Huskey, Randall Park, Jerrod Carmichael , Christopher Mintz-Plasse, Casey Wilson y Jason Mitchell. Greg Sestero iba a aparecer como un agente de reparto, pero su escena fue cortada, mientras que Tommy Wiseau aparece en una escena de post-créditos como «Henry».

“The room” es una película que no he visto y tras ver este desatino basado en su creación las ganas son nulas, pues Franco, en la primera película que veo de él dirigiendo, me deja con la sensación de que lo suyo no es la realización, y es que para hacer una película sobre una mala película no es necesario hacer una mala película, pues Franco parece no saber esto, pues me queda una cosa insustancial, infantilizada, narcotizada, sobreactuada, sin cariño, sin ternura alguna, sin emoción, sin una escena con sentido, me parece una cinta hecha por porreros, por fumetas, pues es de una languidez supina, componiendo situaciones que van de lo inane a lo fachoso, puede verse como un reverso serio de comedias buddy-movies tipo “Colega, dónde está mi coche? (2000), pero paradójicamente esta última es más entretenida y tiene más jugo que esta de Franco. Pretende ser una nueva visión al Sueño Americano, un canto a las ganas de ser artista, a la ilusión por hacer cine, aunque las musas no te hayan visitado, pero lo que queda es un revoltijo de escenas erráticas, en una evolución grimante, con personajes intrascendentes, de los que no sabremos nada.

 

Uno de los fuertes del film debería ser la relación entre los dos protagonistas, Wiseau (arrogante, petulante, histrión, tiránico, posesivo, celoso, bizarro, insoportable) con Sestero (sugestionable, inocentón, buenazo, aniñado), pero esta se presenta de modo ingenuo, simplista, bordeando lo infantil, y con el avance se convierte en una vampirización homosexual del primero al segundo, pero mostrada de forma esperpéntica, como todo el film: Y es que es difícil (imposible) conectar con un tipo como Wiseau, tipo repelente que no tiene fondo alguno, nada sabemos de su pasado, de dónde saca esa cuenta bancaria sin fin, como llega a escribir “The room”, surgiendo de la nada, el modo de combustible espontáneo en que organiza el rodaje, todo sucede porque sí, no sabemos cuánto le paga a cada uno, simplemente contrata y ya está, un despropósito tras otro, en una arritmia que chirría. Encima hay gente que alaba la interpretación de James Franco, cuando es un infumable, un personaje anti-carismático, sobrepasado en su caricatura, en sus ataques de niñato iracundo. Su hermano Dave está aún peor en un rol de idiota constante con esa sonrisa de emporrado. Resto de secundarios mejor no mencionarlos para no manchar su currículo.

No entiendo cómo ha gustado a tanta gente, James Franco es un tipo que hasta ver este film me caía bien, y esperaba una cinta divertida, emocionante, entrañable homenaje al cine, y nada de esto ha ocurrido, una estupidez de película, me reconforta que haya gente como Carlos Boyero con los que identificarme, así mí alcoholismo es menos notorio (frase de los Simpson).

Patxi Álvarez