“Siempre he buscado en mis obras un posicionamiento social”. Entrevista a Miguelanxo Prado.

Miguelanxo Prado es uno de nuestros autores más reconocidos internacionalmente, un artista inquieto que se embarca en aventuras imposibles para contar sus historias de un modo personal sin importar el medio que utilice para ello. Repasamos con el autor de obras maestras como “Trazo de Tiza”, “De Profundis” o “Ardalen” su obra en el cómic y la animación.

 Pregunta: Comienzas a publicar en la época de las revistas de Toutain. De pequeño no fuiste un gran lector pero eso no impide que te conviertas enseguida en uno de nuestros grandes autores.

Respuesta: Maticemos. La diferencia que establecía siempre con mis compañeros según los fui conociendo es que se sentían identificados con personajes que les gustaban desde pequeños y se proyectaban dibujándolos, personajes como Superman, Asterix, Tintín o El Guerrero del Antifaz. Yo leía cómics como cualquier chaval normal y no seguía ningún personaje en concreto. Sí que coleccioné una revista que se llamaba “Gaceta Junior” que intercambiaba con un compañero que coleccionaba “Trinca”. Mi relación era normal. Mi epifanía llega cuando estoy haciendo primero de arquitectura. Ya había hecho entonces alguna exposición y participaba en la revista universitaria, unas veces dibujando y otras escribiendo. Un compañero de curso unas navidades me dijo que no entendía cómo, gustándome tanto la escritura y la pintura, no disfrutaba con el cómic y me dejó unas cuantas revistas para leer esas vacaciones. Aquel lote estaba lleno de “Totems”, “1984”, “Boomerangs”… las revistas que se publicaban en aquel momento. Cuando leí todo aquello aluciné, me encontré con Moebius, Bilal, Muñoz y Sampayo, Toppi, Battaglia… todo lo que se había estado publicando en Europa en esos 40 años y de los que tenía una imagen muy lejana. Por ejemplo, yo no sabía quién era Corto Maltés y todo ello supuso un bofetón. Con esas revistas entendí lo que decía el compañero de la unión de texto e imágenes y me convertí en un apasionado. Tanto que me costó muchísimo devolverle esas revistas. Me costó un año y medio ponerme al día de ese tipo de cómic. La figura de Corto me hace recordar la versión de “La isla del tesoro” que leí de Hugo Pratt en la revista “Gaceta Junior” y poco a poco fui aprendiendo la gramática del medio. Con Muñoz y Sampayo y Christin y Bilal aprendí los mecanismos que permiten crear esa magia de la secuenciación y lo que separaba al cómic de otros lenguajes. En cuanto a imagen me deslumbró Moebius, de hecho “The Long tomorrow”, esa historia que realiza junto a Dan O´Bannon y que está en el germen de “Blade Runner” me marcó como un fogonazo y me demostró la cantidad de historias que se pueden llegar a contar.

P.: Una vez metido el veneno del cómic en el cuerpo comienzas a publicar. Primero en fanzines como “Xofre” y cuando decides dedicarte al medio te diriges a Toutain.

R.: Realicé mi primera historia en “Xofre”, un fanzine de un solo número. Realicé la historia sin un guión previo y después hice en vacío dos historias más: una que se titulaba “Mar de tinieblas”, un homenaje a Lovecraft intentando captar su ambientación y otra de ambiente decimonónico en la línea de “Los pazos de Ulloa” hablando de los señores feudales que existían en Galicia hasta prácticamente el siglo XIX. Con esas historias me fui a Barcelona a buscar editores. La mayoría lo miraron sin demostrar ningún interés y a Toutain sí que le interesó, de hecho compró las dos historias para publicarlas aunque la del señor feudal no le encajaba en ninguna revista y de hecho es mi única historia inédita. “Mar de tinieblas” se editó en el Creepy y será mi primera historia publicada. Es un comienzo lento porque tuve que hacer la mili cuando dejé la carrera de arquitectura y no pude dedicarle el tiempo necesario. Con Toutain hice tres o cuatro historias independientes que él iba publicando en las revistas más adecuadas en cada caso y después me ofreció que le presentase un proyecto de serie. Le llevé dos o tres propuestas y la que más le gustó fue “Fragmentos de la enciclopedia délfica”. Como era novato y él no estaba dispuesto a arriesgarse a que la serie se quedase tirada,  me puso la condición de que las historias fuesen autoconclusivas, lo que me llevó a replantear el libro. Ese será ya mi primer contacto con este mundo.

P.: Utilizabas la ciencia ficción porque era el soporte en el que podías publicar entonces.

R.: Claro, no había más. Las revistas que Toutain tenía entonces eran “1984” y “Creepy”. Solo podías escoger entre la ciencia ficción o el terror y no me veía haciendo una historia larga de terror.

Al poco tiempo Toutain empezó a sacar la revista “Comix Internacional”, un cajón desastre en el que publicaba todo tipo de historias y cuando acabé la “Enciclopedia” le planteé seguir en esta revista, pero Toutain no estaba por la labor. Primero porque la revista era prácticamente a color y no estaba dispuesto a dejarme hacerlas así y además la “Enciclopedia” gustó tanto a crítica y a público que Toutain quería otra historia de ciencia ficción. La revista “1984” cambiaba de nombre y pasaba a llamarse “Zona 84” y quería conservar a los autores que habían funcionado bien en su última etapa y entonces hice “Stratos”.

P.: A pesar de haber hecho hasta el momento historias cortas en la “Enciclopedia” asumes el reto de contar la historia de una sociedad a lo largo de 10.000 años, una obra terriblemente ambiciosa.

R.: Son cosas que solo se le pueden ocurrir a una persona de 20 años. No era ni siquiera ambición, era simple desconocimiento. No sabía dónde me estaba metiendo. Sin más miedo en el cuerpo me lancé a contar la evolución humana en 10.000 años. Después, cuando me lo he vuelto a plantear, me asombra la temeridad que tenía, pero es uno de esos azares con los que te puedes dar un trompazo morrocotudo o puede salir bien, como fue el caso. El libro funcionó y de hecho aún se sigue editando así que imagínate.

Cuando yo llegué a la historieta con 20 o 21 años no tenía ninguna experiencia con el medio, pero los 3 años que pasaron desde que entré en la universidad hasta que empiezo a publicar son años en los que no solo leo las historietas, sino que también las estudio. Estudié a Muñoz y Sampayo, la narrativa de Pratt, cómo Toppi sin usar las viñetas es capaz de crear sensación de secuencialidad… Además ya tenía un bagaje asociado a la imagen y la escritura porque desde muy pequeño he estado metido en ese ambiente gracias a mi padre que era un gran amante de la pintura y de la literatura, así que el ojo lo tuve educado desde el primer momento. Siempre he sido un lector compulsivo, de modo que las reglas narrativas las conocía aunque fuese de un modo más intuitivo que reglado. Sabía como trocear una historia, cómo colocar los elementos para interesar al lector, de modo que, a pesar de ser para mí un lenguaje nuevo tenía ya determinadas herramientas para manejarlo. Ahora me doy cuenta de que las restricciones que Toutain me imponía me obligaban a buscar recursos que, de no haber existido, me podían haber llevado a un mayor conformismo o me podía haber dejado llevar a una mayor espectacularidad gráfica. Eso es algo que tuve claro desde el primer momento. Yo hago cómics para contar mis historias, no necesito el cómic para dibujar.

Con “Stratos” fui un poco a la contra. Me doy a conocer con la “Enciclopedia”, un trabajo con un dibujo clásico que gusta a los editores, con unos grises bien definidos que gustan al lector y en cambio con “Stratos” aposté por algo mucho más grotesco y deformado. Dejé los grises y paso a un blanco y negro mucho más sucio y allí empiezo a entender cómo quiero funcionar. Cada historia me pide un modo de plasmarlo diferente y aunque la “Enciclopedia” había funcionado bien ni me planteo seguir con la misma línea.

P.: Lo primero que llama la atención de “Stratos” es lo bien que aguanta el paso del tiempo y nos deja ver como el hombre persiste en sus errores.

R.: Por desgracia. Me hubiese encantado que “Stratos” se hubiese quedado como una distopía más de finales de los años 80. Me entristece que se haya cumplido tanto lo que me imaginaba en aquel momento. Yo podía haber planteado muchas otras soluciones a las realidades que mostraba la sociedad en aquel momento pero el azar ha querido que se acerque por los derroteros que mostraba.

P.: ¿Cómo era la relación con Toutain en aquel momento?.

R.: La relación se había deteriorado mucho. Siempre he dicho que Toutain fue quien primero apostó por mí y lo hizo ilusionado y sin fisuras. Si repasamos, en aquella época descubre a Das Pastoras, De Felipe, algo más tarde pasará Pascual Ferry por las revistas de Toutain…

Toutain creo que tenía olfato pero tenía también una fidelidad marcada por un tipo de historieta que seguía siendo válida pero que tenía que empezar a compartir espacio con lo que se llamó cómic de autor, una etiqueta muy poco concreta pero que inauguraba una forma de ver la historieta con unas ambiciones distintas, con intención de contar historias personales que podían haberse realizado bien en cine o en novela o a través de la música. Los años 60 y 70 se abrió esa línea y nosotros llegamos a rebufo de toda esa ruptura mucho tiempo después y eso es algo que Toutain no acabó de gestionar bien. Él se quedó feliz con la “Enciclopedia délfica”. Su único problema conmigo era que yo soy demasiado reflexivo. Él pensaba que debía haber más acción, que los personajes en mis historias hablaban demasiado y siempre me aconsejaba que hubiese más peleas y tiros pero con la total convicción de que aquella obra era buena y le gustaba. Cuando llegó “Stratos” le supuso una gran decepción. Para él todo era demasiado feo. Cuando acabé “Stratos” estaba incómodo porque el dibujo no le gustaba nada. Él venía de un modo de entender el dibujo más clásica con las ideas muy claras de lo que era dibujar mal y dibujar bien y le decepcionó porque pensaba que yo sería heredero de los clásicos de la editorial.

Acabé “Stratos” y le planteé pasarme a “Comix Internacional”. Él se sentía en el fondo culpable de haberme obligado a hacer esa segunda historia de ciencia ficción y lo vio como una oportunidad de hacerme volver al redil y es entonces cuando hice “Crónicas incongruentes”

P.: En “Crónicas incongruentes” ya abandonas la excusa argumental para centrarte en lo que te interesa, que es realizar una crítica social en la que el individuo se enfrenta a la sociedad con la que convive, algo que estará muy presente a lo largo de tu obra.

R.: Efectivamente, de alguna manera ya estaba presente en “Stratos” y en muchas historias de la “Enciclopedia” pero en la “Crónicas” ya me liberé del género y me planteé esas 7 historias que tienen, a excepción de una, un toque humorístico en el que vemos el conflicto entre el individuo y la sociedad. Además me permitió hacer color y llegamos al proceso final del divorcio entre nosotros. A partir de la “Enciclopedia délfica” le llevaba a Toutain proyectos cerrados con 8 páginas realizadas para publicar el mes siguiente otras 8. Con “Crónicas” le llevé las páginas terminadas y listas para publicar y él se encontró con la serie y la estética ya desarrollada. Me dijo que si en “Stratos” la estética ya era fea, en “Crónicas” me había olvidado directamente cómo se dibuja: Los personajes no tenían los ojos bien alineados, los edificios se caían… todo lo que para mí era esencial para contar la historia, como fragmentos que no acaban de encajar en su sitio, él no lo acababa de ver y le parecía horroroso. Me dijo que como tenía todo diagramado en la revista para cubrir con esas páginas durante siete números, lo iba a publicar pero allí se acababa la historia, nunca la publicaría en libro y se plantearía mi continuidad en la revista. Las historias se fueron publicando, a la gente le gustaron y se vendieron a los Humanoides Asociados en Francia para publicar en el “Metal Hurlant”. Él se quedó aún más sorprendido y le reforzó en su idea de que los franceses tienen mal gusto. El caso es que me planteó hacer un nuevo proyecto pero bien dibujado y es cuando le planteé que era mejor que siguiésemos caminos separados. Siempre le agradeceré haberme dado la oportunidad pero nuestros planteamientos cada vez eran más diferentes. Fue un divorcio no voy a decir que amistoso. A él le sentó mal pero no había solución. De hecho “Crónicas incongruentes” será el primer álbum que publique Norma.

P.: Norma también editará “Manuel Montano” que nace de tu necesidad de trabajar en compañía, algo que no habías practicado mucho hasta la fecha.

R.: Mucho no, nada. De hecho el proyecto de Montano salió de una serie de preguntas que me hizo un periodista. Él me decía que hasta la fecha solo había trabajado en mis historia propias y me preguntaba a ver si no era una incapacidad para narrar en imágenes las historias de otras personas. La verdad es que me dejó el gusanillo dentro y le daba vueltas a ver si sería capaz de contar la historia de otro pero hice un poco trampas. El lugar de dirigirme a un guionista del medio que estuviese ya curtido pensé en un personaje ya construido, Montano, que escuchaba en el programa de radio 3 durante los años universitarios y mientras hacía el resto de mis trabajos. Montano formaba parte, sin saberlo, de mi propio imaginario. En el programa solían hacer unas secciones cortitas, las microguindas con las voces de Carlos Marat y Fernando Luna y de otros grandes autores de los que lamento no acordarme ahora. Me resultaban sorprendentes las historias porque era un detective privado con casos muy absurdos pero con un toque poético siempre. Estábamos en la movida y las noches de Montano planteaban otro tipo de nocturnidad frente a la modernidad imperante.

La trampa que hice fue llamar a la emisora cuando acabó el programa sobre las 2 de la mañana. Los oyentes habituales sabíamos diferenciar a la perfección cuándo un programa era en directo o era grabado, de modo que cuando llamé me cogió Nano Luna. Hablé con él y le planteé hacer una versión de Montano en historieta. Le gusta la idea y empezamos a conocernos. Nos entendemos muy bien y tenemos un sentido del humor muy complementario. Entre los dos nos movemos bien con la ironía y enseguida empezó a funcionar la química entre nosotros. Él no me escribía guiones, sino que me mandaba la historia como si fuese un serial radiofónico y yo la convertía en guión de cómic. Yo la secuenciaba y se la enseñaba (que siempre le parecía todo bien) y después ya iba para adelante. Desde entonces tengo una gran amistad con él y su familia y a nivel profesional fue un paseo. Además, yo ya había empezado a publicar la serie en Francia y cuando se acabó de publicar en A Suivre y lo recopiló Casterman recibió el Premio de Angoulême que la escogió como mejor obra extranjera. Supuso el espaldarazo para el personaje y para mí como autor.

P.: A pesar de todo decides volver a tus proyectos personales y realizas para El Jueves “Quotidania Delirante”, más cercano a tu trabajo en “Crónicas Incongruentes” en las que es mucho más acuciada la crítica a nuestra sociedad.

R.: Después de cómo funcionó Montano, que ganó varios premios y funcionó muy bien, tanto Norma como Casterman querían convertir el personaje en serie pero yo ya había experimentado lo que pretendía, que era ver si era capaz de dibujar el texto de otro. A pesar de la amistad con Nano, lo que me divertí haciéndolo y lo bien que funcionó, llegué a la conclusión de que yo hago historieta para contar mis historias y decido volver a contar mis cosas.

En ese momento me llegó a través de Gin la propuesta de “El Jueves” de hacer algo para ellos. Mi primera respuesta fue decirle sorprendido que yo no hago humor. Gin me preguntó que era pues “Crónicas” y le dije que quizás ironía. Gin, que era un tipo pragmático, me dijo que si quería hacer ironía que ya le valía. En ese momento “El Jueves” estaba abriéndose a nuevas propuestas más gráficas como las de Tha y Bigart, que se acercaban más al cómic que al humor gráfico y encajaba mejor mi propuesta.

Empecé a publicar las historias de “Quotidania” y me lo pasé genial. Me permitía hacer muchas pruebas y  cambiar el dibujo, el color, hacer unas veces un dibujo más caricaturizado, otras más anguloso… Tenía un plazo de entrega muy corto de modo que se convirtió en una válvula de escape que me permitía ahorrarme el psiquiatra dando salida a mis demonios. A la gente le gustó y cuando se recopila en álbum me vuelven a dar un premio en el salón de Barcelona, así que los de “El Jueves” también quedaron encantados y es el comienzo de una relación que si se ha cortado es por una cuestión de tiempos, no de desacuerdos. Lo he intentado volver a hacer hace unos meses pero esa regularidad no he conseguido tenerla de nuevo y lo echo de menos. Era muy divertido tener un encontronazo en el supermercado y llegar a casa y convertirlo en historia.

TRAZO DE TIZA

P.: Hay un salto en tu siguiente obra. “Trazo de tiza” es un trabajo de lenta cocción en el que abandonas el humor y te centras en los personajes, sus psiques y las situaciones que viven.

R.: “Trazo de tiza” es un punto de inflexión total. Supuso un punto y aparte con respecto a mi obra anterior y es fruto más del azar que de la planificación. Me acuerdo que por aquel entonces llevaba mucho tiempo realizando historietas y descubrí que existe algo que se llama el año sabático. Es un año en el que puedes dedicarte a un trabajo de investigación pero sin ir a la universidad o lo que sea, pudiendo irte a desarrollarlo a la Conchinchina o donde quieras. Yo quería un año sabático pero el problema es que a mí no me empleaba nadie. Los editores me pagaban los libros, no eran mis patrones, tuve que discutirlo con mi patrón que era yo mismo y llegué a la conclusión que estaría bien hacer una obra en un año sabático.

Como hemos ido comentando hasta ahora, siempre he buscado en todas mis obras primero un posicionamiento social, ideológico creo, sin ser partidista. Siempre he creído que el lugar que ocupaba era privilegiado, como el de cualquier escritor o periodista. Si puedo llegar a mucha gente que no tiene capacidad de hacerlo, tengo un privilegio social. La sociedad da a ciertos individuos la capacidad de generar opinión, análisis… y siempre he pensado que, como pago a ese privilegio, yo tenía que pagar un canon, devolver algo a esa sociedad. Por eso, ese componente social cada vez se iba aumentando. Ya en “Quotidania” se hacía un análisis social aunque fuese esperpéntico de los conflictos cotidianos.

Cuando me planteé el año sabático lo hago sin pensar en el editor ni en el lector ni en nadie. En base al tipo de literatura que más me gusta y el tipo de historias que prefiero hice “Trazo de tiza” jugando con la estructura narrativa de un modo que no era frecuente en ese momento. Ni en cómic ni en cine porque tienen que pasar años para ver películas como “Crash” o “Babel”, que rompen la cronología de la narración para ir creando una sensación de misterio o intriga.

Me planteo la historia con muchas referencias al realismo mágico. El concepto inicial es una conversación entre Bioy Casares y Borges en la que se plantean escribir una narración en la que mientan o no cuenten toda la verdad al lector pero en la que éste, si es un lector suficientemente atento, complete la historia. En este caso estaba convencido de que iba a revivir las experiencias con Toutain y que los editores iban quejarse. De hecho, la primera impresión fue de desconcierto cuando les hablé de un nuevo cambio de dibujo, muy pictórico y difícil de reproducir que exigía al editor una mayor implicación. Como Mattotti, empecé a trabajar en color directo, algo que no se podía reproducir en color azul. Era una historia de tres personajes en una isla en la que, además, no había una gran acción. Fue un poco incómodo para los editores. Cuando la misma noche que me dan en Angoulême el premio por Montano le conté la idea al editor de Casterman se le cayó el alma al suelo pero para sorpresa de todos, yo incluido, empezó a ser publicado en países en los que no hay tradición de cómic. Comienza a recibir premios en casi todos los países en los que se edita y supone para mí un cambio radical con el medio. La actitud de los editores cambió y aunque son conscientes de que no les voy a dar un Best-Seller que les haga ricos para el resto de sus vidas confían en que mis historias funcionen, tienen un público fiel y se mueven en un registro que les interesa y consigo una especie de pasaporte. Mi vida profesional se vuelve mucho más sencilla, ya no tengo que andar convenciendo de cada proyecto sino que desde “Trazo de tiza” me dejan hacer .

P.: En “Trazo de tiza” hay, además del cambio de dibujo, de estructura y demás un cambio significativo en tu obra: pasamos de la ciudad al campo.

R.: Sí, fue de un modo inconsciente. Hay un abandono del medio urbano excepto quizás en “Tangencias”. El medio rural o el entorno menos naturalizado se vuelve protagonista. No sabría decirte por qué. Por un lado, supongo que en mis inicios seguía pesando en mí esa formación de arquitectura. Durante cuatro años había estado metido en ese entorno e incluso en la “Enciclopedia” juego a desarrollar proyectos urbanísticos en el futuro y pensar cómo podían ser las colonias en un entorno lunar o cómo serían las casas en el año 3.000.

Siempre he sentido una fascinación por la naturaleza. Me pasé toda mi infancia y parte de la adolescencia dibujando todo tipo de animales e intentando comprender cómo funciona un ente vivo, sea un insecto, un pez o un ave. En COU no hice biología porque un profesor me cogió por el hombro y me dijo: “Prado, tu no quieres ser biólogo. A ti te gustaría ser naturalista decimonónico y andar descubriendo especies pero eso ya no existe. El último fue Gerard Durrell o Felix Rodriguez de la Fuente”. Afortunadamente me convenció, pero la pasión por la naturaleza seguía allí y al final acabé encontrando la manera de relacionarlo. Las historias son humanas pero el entorno natural tiene una mayor presencia e influencia en lo que quiero contar.

P.: Hablabas de “Tangencias”. Las historias que componen el álbum se van publicando en distintos especiales de las revistas de Cimoc y dan la sensación de ser historias de decadencia y despedidas. Hablabas antes de la movida y no sé hasta qué punto es una sonrisa ácida y un poco triste de una época que se acaba.

R.: “Tangencias” es un libro triste, ninguna historia se salva. La primera historia está creada de cero para un especial de Norma de erotismo y glamour reflejando ese estereotipo de la movida que ya estaba muriéndose: los artistas, la estética… con un tono más melancólico.

Cuando se planteó el siguiente número especial se me ocurrió que podía ser muy cómodo ir compaginando esas historias con el libro que estuviese haciendo en ese momento y escribí las lineas básicas. Por edad  empecé a encontrar que un montón de parejas a mi alrededor comenzaban a romper. Surgió el concepto del yupi, el prototipo del triunfador, y todos esos mantras que llegan hasta hoy mismo de construirse a uno mismo. Las experiencias de la gente que tenía alrededor me hacían ver que aquella ecuación no resolvía. Se llegaba a situaciones de ruptura porque las ambiciones personales de uno o de la otra no coincidían o chocaban entre sí y se sustituyó el modelo de nuestros padres que ya no valía pero la experiencia rutinaria de la vida hacía aguas y producía muchas situaciones de infelicidad. En esa época conocí muchas historias tristes así, gente queriéndose aún con proyectos distintos. Músicos o artistas que necesitaban ir de la ceca a la meca y que pensaban que tenían que aceptarles tal como eran. Historias cortitas en las que condensaba esta sensación de desamor o tristeza que dan lugar a “Tangencias”.

P.: “Tangencias” es la despedida de una época y en paralelo a tu trabajo en el mundo del cómic comienzas a trabajar en tu Galicia natal en diferentes tipos de formatos. Te acercas al universo de los niños y empieza a tener mucha presencia en tu historia el personaje de Xabarín.

R.: Eso sí que fue azar. Una gente que acababa de desembarcar en la televisión quería hacer cosas nuevas. El movimiento era paralelo a lo que estaba sucediendo en otras autonómicas como Etb y Tv3 y la idea era hacer un club infantil. Como fuimos los últimos en llegar vimos lo que hacían en las otras televisiones y tuvimos claro que teníamos que proponer un modelo diferenciado porque nuestra sociedad es también distinta. En ese momento, aún hoy en día, el peso rural era inmenso y buscamos una propuesta que armonizase lo rural y lo urbano. Mirando alrededor nos dimos cuenta de que el movimiento del pop o del rock que se estaba generando alrededor tenía un fuerte componente rural y que hacían bandera de ello de modo que vimos clara esa fórmula. El personaje de Xabarín  surgió con la intención de mostrar esa ambivalencia.

Fue la primera vez que me dirigía a un público infantil que no tenía conocimiento de mis libros y funcionó todo de maravilla en conjunto. La actividad musical del Club es importante, el Club alcanzó los 100.000 socios en muy poco tiempo y se convirtió en un fenómeno. Se empezaron a hacer numerosas actuaciones paralelas a la televisión y de hecho hay una generación Xabarín con la que tengo un vínculo muy especial.

Es una experiencia irrepetible en la que el resultado excede con mucho lo que habías pensado.

ANIMACIÓN

P.: Hablas de dibujos animados. Parece que todo te va alejando del cómic y acercándote a la animación. Además de Xabarín se te presenta la oportunidad de realizar los personajes de la producción que quiere animar “Men in Black” en Estados Unidos.

R.: No es que dejase de hacer historieta. Yo sigo haciendo cosas pero cobra más visibilidad lo otro y los cuatro años que trabajé en “Men in Black” sí que es cierto que no hago historieta por la cantidad de trabajo que suponía la producción, pero es un paréntesis relativamente pequeño.

Fue otro azar. Una noche sonó el teléfono y me preguntaron si me interesaba participar en una serie de dibujos animados. Viví pocos meses antes lo más similar a aquel compañero que me dejó las revistas y me abrió los ojos al mundo del cómic. Mi hijo mayor era entonces un bebe y pasamos una de esas noches en las que te ves a las 3 de la mañana intentando dormir al niño en brazos en la sala de la casa con la televisión encendida con volumen bajito. Haciendo el zapping limitado que podías hacer en ese momento me encontré una película ya empezada en la que había dos niñas subidas a un árbol y unos gatos gigantescos, todo muy surrealista. Me quedé enganchado y embobado. Descubrí que la animación no era solo Disney o Warner sino que se podían contar otras historias. Al día siguiente llamé a un amigo para preguntarle que había estado viendo y me dijo que era un inculto, había visto “Mi vecino Totoro”. Cuando meses después me propusieron participar en una producción de animación dije que sí y trabajé inicialmente sin saber que lo estaba haciendo para “Men in Black”. Me enteré de ello cuando fui para Los Ángeles para iniciar la producción de la serie. Firmé convencido de que trabajaría 2 temporadas en la serie pero en la letra pequeña había incluida una cláusula por la que, si está tenía éxito y los productores estaban contentos, el equipo continuaría la serie dos temporadas más. Trabajé 4 temporadas. Las dos primeras estuvieron bien y tuvieron éxito pero en las siguientes apenas dejaban hacer cambios en los personajes o guiones, todo tenía una estructura determinada y fue menos divertido pero tenía un compromiso adquirido.

P.: Acostumbrado a trabajar solo, ¿cómo te integras dentro de un equipo tan complejo?.

R.: De aquella manera. Creo que soy una persona que me integro bien con la gente pero a nivel creativo me cuesta más. Tuve suerte porque en mi aportación, que era el diseño de personajes y la línea estética, no tuve a nadie por encima más que al productor ejecutivo, Richard Raynis, y me dio total libertad así que no hubo problemas pero yo hubiese hecho a veces las cosas de otro modo.

Fue una buena experiencia y diría que una cura de humildad, porque cuando acabé la primera temporada  me volví a Europa cuando estábamos haciendo el capítulo quinto o sexto. Las primeras animaciones no las llegué a ver y trabajé un poco a ciegas. Internet no estaba aún preparado para compartir animaciones, de hecho entonces era más fiable el fax que el correo electrónico para enviar imágenes. Las primeras animaciones que vi fue cuando me enviaron los VHS al comenzar la serie y me llevé un berrinche porque no tenía nada que ver con mi dibujo y me puse a escribirle a todo el mundo. Hasta al propietario de la compañía para decir que para que contrataban a un autor europeo si no se iba a ajustar el resultado a la línea que se había trabajado. Nadie me contestó, probablemente pensarían que era el berrinche de la estrellita de turno que pensaba que todo era una mierda menos lo suyo. Se empezó a emitir la serie y recibí dos llamadas: una de Guillermo del Toro que me llamó para decirme que acababa de ver la serie y creyó que “los pinches gringos estaban plagiando al Prado”. Guillermo del Toro, un gran aficionado al cómic enseguida había reconocido el estilo. La segunda llamada fue de un amigo de infancia que estaba de viaje en Nueva York y al ver la serie pensó que eran mis dibujos. Fue una bofetada pero me hizo darme cuenta que la gente no veía tanta diferencia entre mi trabajo y lo que hizo el equipo y me ayudó a darme cuenta de que una cosa son los proyectos individuales en la que eres el hombre orquesta y tú te lo guisas y tú te lo comes y otra muy distinto el trabajo en equipo en este tipo de producciones.

 

P.: Probablemente esta experiencia te marcase tanto para hacer tú solo una película. Una vez concluyes tu compromiso te enfrascas en una odisea como fue “De Profundis”.

R.: Aquello fue una locura. Por un lado durante la producción de “Men in black” la tecnología en 3D se estaba empezando a desarrollar. Aún no es lo que llegará a ser pero en “Men in Black” ya tuvimos elementos de 3D y ya empieza a verse una tecnología que promete otras cosas. Cuando acabamos con la serie me propusieron hacer la serie de animación de “Starship Troopers” pero no acabamos de verlo claro. Tras algunas pruebas terminaron haciéndola en 3D pero yo no formaba parte del proyecto. El salto en la época fue importante, “Tarzan” incorpora una tecnología muy ambiciosa para mostrar al personaje surfeando entre las copas de los árboles y me planteé que en dibujos animados las aportaciones en animación eran cada vez más limitadas. Era el momento en el que se estrenó “Shrek”. Al verlo pensé que no se podía animar mejor pero la impresión que tenía es que la ecuación se había ido vaciando de dibujo. El dibujo era una aportación pragmática para vehicular aquello.

Me planteé hacer una película con las mismas premisas que usaría en un cómic, escribir una historia, mi historia, sin pensar si se iba a emitir, ni si tiene que ganar tanto dinero para que compense toda la producción ni nada parecido. Quería hacer una película de autor, no un cortometraje sino un largometraje que yo escribiese,  dibujase, pintase, animase, montase… yo hiciese todo y la única ayuda fuese para cuestiones más mecánicas en las que no hubiese aportaciones creativas. Lo que no podía plantearme es hacer que la voz estuviese sincronizada por no disponer de la tecnología adecuada de modo que me planteé que fuese una película muda. La película daba la vuelta a la ecuación priorizando la imagen sobre la animación. Iba a ser pintura animada en el que se viese el trazo del dibujo, las texturas. Al proyecto lo llamé “De profundis”, le propusé a Nani García que se hiciese cargo de la música porque es algo a lo que no puedo llegar e intentamos moverlo para ver que posibilidades de desarrollo tenía.

Las reacciones fueron de escepticismo incluso a nivel institucional hasta que una mujer que empezaba a desarrollar proyectos para Continental vio el proyecto y decidió llevarlo adelante sabiendo que era una obra experimental que no iba dirigido al gran público. Le gustó el proyecto y convenció a la productora y nos lo financiaron de modo que acabamos consiguiendo el sostén financiero para poder llevarlo a cabo. Contamos con el apoyo de la Orquesta Sinfónica de Galicia que asumió el reto de orquestar la película, una pieza difícil de 80 minutos.

Conseguimos desarrollar el proyecto en un periodo de 6 años, los dos últimos con una implicación que va más allá de lo lógico y sano con jornadas de trabajo de 14 y 16 horas al día para poder llegar a tiempo. Llegamos en un momento en el que aún no se había dado el salto a lo digital en las salas con lo que teníamos que salir al mercado con celuloide con lo que implica de perdida de calidad y perdimos tanto en sonido como en imagen pero no había otra opción. Cuando acabó su vida comercial Alta Films nos reconoce que no ha sido un fracaso, que no ha perdido dinero y ha funcionado razonablemente bien para lo que era. Después estuvo una vida muy larga en festivales como el de San Sebastián y estuvo seleccionada a los Goya donde fue finalista.

Con las dificultades técnicas que teníamos en aquel momento conseguí hacer lo que quería. Si tuviese las herramientas que hay hoy en día la animación hubiese sido otra cosa pero en conjunto el resultado fue sumamente satisfactorio. En cuanto al cómputo personal, no me salían los números. Acabé absolutamente machacado, tardé una año en recuperarme. Perdí peso, capacidad de concentración… aquello fue demencial. Había podido hacer lo que quería y como no había funcionado mal, la productora y Alta Films me plantearon desarrollar otro proyecto, pero no podía ser ya. La experiencia fue muy importante para mí, pero era irrepetible.

P.: Hablabas antes de Guillermo del Toro y de cómo no has dejado de producir cómics. Han surgido colaboraciones especiales como la que realizas con Laura Esquivel con Del Toro de intermediario.

R.: Un día me llamó Guillermo del Toro. Guillermo había estrenado “Cronos” y supongo que debía estar a punto de hacer la segunda. A él le gustan mucho los cómics y a mí me gusta mucho su trabajo, había visto Cronos y enseguida congeniamos. Cuando me llamó me dijo que tenía una amiga y le gustaría que colaborase con ella en su siguiente novela. Me dij que la autora es Laura Esquivel, escritora de “Como agua para chocolate”. Yo había visto la película y leído el libro y enseguida le dije que sí. Me puse en contacto con Laura y le conté mis dudas. Yo quería contar mis propias historias y éste era un trabajo largo pero me supo convencer. Me dijo que fuese a México para que viese los espacios en los que se mueve la historia. Cuando llegué me fueron a buscar al avión, nos fuimos a comer y me contaron la historia. Si Laura es buena escritora tiene además esa magia de los contadores de historia y me pareció fascinante la obra. Es una historia de amor que se vive a través de las diferentes reencarnaciones de los personajes y nunca acaba bien hasta el final. Es una historia que comienza en la conquista española de México y que acaba en el año 3.000 con naves espaciales y todo. Fue una gran experiencia. La relación con Laura fue excepcional y conocí un México fascinante, un México que no estaba tan masificado como los últimos años y fue magnífica la estancia en el país. La historia fue traducida a prácticamente todas las las lenguas del mundo y tuvo una difusión inmensa “La ley del amor”. Como con Nano en Montano ella no intervino más que para contarme lo que sucedía en esas páginas y de hecho no había ni guión, eran imágenes que tenían los personajes, regresiones a vidas anteriores. Son 7 capítulos de 8 páginas que se iban intercalando en la novela. Lo que yo contaba en imágenes no se contaba en el texto con lo cual era una complementariedad muy interesante y fue uno de eso proyectos únicos que no se vuelven a repetir.

P.: Otra colaboración especial sería con Neil Gaiman para “Sandman” en el tomo “Noches Eternas” en la que diferentes autores de todo el mundo amplían el universo del famoso personaje.

R.: Había coincidido con Neil en varios salones. No recuerdo si fue en Barcelona o en Angoulême a la hora de la cena, cuando ya estás relajado tras las firmas, cuando se fraguan las colaboraciones más inesperadas. Hablando de su trabajo y de los que me gustaba su trabajo con McKean, especialmente lo más oscuro, me comentó que teníamos que hacer algo juntos pero allí quedó el asunto. Un día me llegó un mail de Gaiman en el que me decía que tiene un proyecto en el que podíamos trabajar juntos. Me contó que era un libro fundacional en el que quiere que se explique un poco todo lo que los lectores estuvieron conociendo y mostrase a todos los personajes en sus orígenes. Me contó que mi historia sería la central, la historia de Morfeo en la que no solo salga él sino todos los hermanos y se vea la relación que mantiene con ellos antes de que empiece la serie y se explique porque está siempre solo y entendamos mejor su relación con Muerte y Deseo. Me pregunté por qué no. Era una historia media de 18 páginas que le planteé alargar hasta 20. A mí me permitía salir de mis universos y afrontar un tipo de fantasía más pura y dura que yo no me plantearía nunca. La experiencia fue muy buena. Gaiman es de una profesionalidad absoluta y me preguntó cómo quería el guión, si el guión inglés con las descripciones en una columna a la izquierda o simplemente los diálogos y la descripción de lo que sucede que es el que finalmente me envía. Nos entendimos desde el primer momento. A él le gustaron los planteamientos visuales que yo hice e incluso me pidió que no respetase los personajes más allá de elementos muy concretos como sus peinados. En concreto los pelos de Muerte y de Morfeo están muy definidos y tienen que seguir la línea de la serie pero le dimos un aspecto más adolescente a Muerte. A petición de Gaiman dibujamos a Morfeo sin que sea todo negro y él mismo me sugiere el mechón blanco en el pelo y algo más en la ropa pero más allá de eso me deja libertad para actuar. Cuando acabamos todo el mundo estaba contento, DC estaba encantada, Gaiman está contento y yo también de modo que desde DC nos proponen hacer algo juntos pero el proyecto que Gaiman tiene en la cabeza era más complicado. Era un proyecto de muchísimas páginas, no de un solo tomo sino de varios y eso a mí me suponía no hacer nada propio en 6 o 7 años y eso era demasiado.

ARDALEN

P.: Después de “De Profundis” vuelves al cómic realizando tu obra más ambiciosa y la de mayor extensión, “Ardalen”, una historia en la que la ambientación tiene una importancia fundamental y que guarda una relación muy estrecha con “De Profundis” aunque retomas la crítica que caracterizaba a tu obra anterior de modo que supone un compendio de todo lo que has ido desgranando a lo largo de toda tu obra.

R.: Sí, de hecho creo que es la primera vez que me desaparecen las dudas y creo que es mi obra más completa y con la que me siento más satisfecho. Agradeciendo todo lo que le debo a “Trazo de tiza” creo que era lo que podía hacer en aquel momento y era una demostración de fuerza como cuándo las gacelas se ponen a saltar delante de las leonas para demostrar que están en forma. “Ardalen” me parece mi obra más madura, más redonda, más plena, un trabajo en el que no creo que sea un trabajo vehicular para expresar otras intenciones críticas. Me interesa más la emoción de los personajes con sus contradicciones, sus partes oscuras y oluminosas. Me parece que es además en la que mejor uso hago de los elementos del medio, tanto a nivel de imagen como de escritura.

Como en “Trazo de tiza” me planteé hacer una historia en la que introducir todo lo que me interesa. Me interesa el lenguaje y me interesan los relatos y quería ver hasta que punto podía incorporar otras vías alternativas dentro de la historieta sin romper el código que tiene el cómic. En el cine no puedes meter de repente una sentencia judicial o un documento de una herencia o un informe médico completo por muy interesante que sea porque no hay una forma de integrarlo de un modo natural. En el cómic vi que funcionaba y como era una historia que tuvo un proceso largo pude ir comprobando las reacciones de gente cercana a las que no solo no le molestaba sino que lo veían bien. Desde esas entrevistas, informes o sentencias podían entender mejor la historia y cobraban valor determinados datos.

Eso en cuanto al lenguaje. En cuanto al color, el uso del color está más desarrollado invadiendo incluso los márgenes de la página. Tiene además una función narrativa que no es simplemente visual. Todo va encajando para conseguir la satisfacción plena. En el caso de “Ardalen” no hay ninguna sombra, he hecho la historia que quería en el número de páginas que necesitaba, contándola del modo que quería y el resultado final a nivel editorial me gusta mucho también. No podía pedir más.

P.: Otra peculiaridad es que frente a la serialización de toda tu obra anterior, “Ardalen” sale directamente como libro.

R.: Ahí se produce un cambio editorial. Las revistas desaparecen y ese modelo serializado en el que incluso salió “Trazo de tiza” no tenía sentido. De hecho de “Ardalen” no se publicó nada hasta que estába directamente acabado. Es un cambio total.

P.: “Ardalen” habla sobre todo de la memoria propia y de la ajena y de como nos apropiamos de la vida de los otros.

R.: Sí, son temas que me interesan y que creo que interesan a las personas que me leen. Nunca he creído en las fórmulas maximalistas. No creo que el cine sea UNA forma de hacer cine. No creo que el cine sea Ford, ni Kubrick, ni Copola… creo que el cine es un compendio de todas las personas que se acercan a él y me parece que en el cómic pasa lo mismo. En el cómic hay espacio para historias de humor blanco, de aventura clásico, de superhéroes más estándar y más personales, de manga más masivo y más de autor. Me encanta Taniguchi, me encanta John Romita, me encanta todo lo que cumple una función determinada porque lo que me cubre uno no puede llegar a hacerlo el otro. Puedo tener un gusto más cercano a determinados modelos pero eso no quiere decir que considere que eso es lo canónico.

Con “Ardalen” quería aprovechar esas puertas que se habían ido abriendo en el lenguaje del cómic para entrar en el terreno de lo emocional sin entrar en todos esos elementos centrales que casi siempre había. Si pensamos en obras que ponemos como ejemplo de muy adultas y que han supuesto los pilares fundamentales de esa concepción seria del cómic como “Maus” o “Persepolis”, detrás tienen grandes acontecimientos. A mí me interesaba más entrar en la intimidad del sentimiento. El sentimiento que no tiene grandeza pero que todos tenemos, esas pequeñas miserias, esos pequeños amores y obsesiones que pueden ser de interés para determinado público. Habrá gente a la que no le interese lo más mínimo pero por una incompatibilidad como en el caso de la sangre. A mí en estos momentos me está interesando muchísimo la capacidad del cómic para comunicar con públicos muy distintos y con gente a la que le preocupen temas diferentes. “Ardalen” es una historia que trata sobre los recuerdos, sobre la memoria y para poder entenderla tienes que sentir ese nexo con tu propia historia. Me he llevado sorpresas inmensas. En la Feria del libro de Madrid le firme el libro a un chaval que podía tener 18 años y cuando me decía como le había emocionado “Ardalen” y verbalizaba una reflexión sobre su propia infancia vi como estaba en el registro adecuado más allá de su edad. En el tiempo que lleva en las librerías no me deja de dar alegrías porque creo que es el que ha marcado el nexo más sólido con los lectores.

“Ardalen” es una propuesta que nos refleja como un espejo destinada a lectores a los que les interesa saber porque sienten de una determinada manera, que les interesan los sentimientos que no sean grandilocuentes. Me preocupé por eliminar de la historia todo componente épico. Incluso en la historia de Fidel con su amigo, que fue en realidad amigo de otro, Toñito, intenté borrar todas las trazas heroicas porque no quería llevar al lector a los grandes momentos. Quería construir una historia basada en lo pequeño.

P.: Después de “Ardalen” sacas un nuevo libro, “Presas fáciles” con un espacio de tiempo bastante más corto al que estamos acostumbrados entre tus libros. Es un trabajo de rabiosa actualidad.

R.: Es un cambio pendular. Después de “Ardalen” pasé a usar el lenguaje que conozco mejor para reflexionar sobre acontecimientos que me preocupan e involucrar a las personas que me leen. En el libro hablo de las preferentes pero el tema central es la dejación del Estado, cuando ese aparato del que nos hemos dotado para que la sociedad funcione con los menores rasgos de violencia hacia sus componentes empieza a fallar y deja a los ciudadanos indefensos frente a la depredación de los que son los predadores naturales. Sí creo que la banca es la culpable directa, pero no es el perro el responsable, sino el dueño que le lleva sin bozal o que no lo tenía amarrado cuando todos sabemos cuáles son sus instintos naturales y deberían estar controlados. Es lo que quería contar y renuncio a todo lo que estaba en “Ardalen”. Renuncio a los sentimientos, al color, a la espectacularidad de algunas imágenes y me centro en la historia que quiero contar para atrapar al lector y hacer que no se distraiga hasta que saque sus propias conclusiones. Yo le planteo determinadas contradicciones morales y dejo que el lector saque sus propias conclusiones, más allá de que se alineen con las mías o no.

P.: En paralelo a tu obra como autor ejerces de maestro de ceremonias con tu vinculación a “Viñetas desde O Atlántico”, uno de los festivales más importantes del estado.

R.: La circunstancia mágica es que en Coruña había un alcalde, Paco Vázquez, que es coleccionista y amante del cómic, de los poquísimos políticos que lo reconocen e incluso presumen de ello. Yo lo conocí mientras estaba firmando un año en Barcelona. Se me acercó y me preguntó: “¿Me conoces?, soy tu alcalde”. A lo largo del tiempo vamos coincidiendo y él me va planteando que podíamos hacer algo en la ciudad alrededor del cómic. Tenía muy clara la hegemonía de Barcelona y planteé ir al lado opuesto, concentrar el interés en la obra más allá de que sea novedad o no, del género que trate, que venda o no.

Los tres primeros años mi pelea fue definir el modelo, un modelo que no es el modelo del cómic independiente, ni el de la novedad, es un modelo que se basa en el autor. Lo que interesa es conocer la obra en una exposición bien montada, en unos espacios adecuados en los que el mes anterior podía estar Picasso o el último artista conceptual pero se monta con el mismo respeto y sin establecer diferencias entre ambos. El mismo equipo que ha montado la de Picasso tiene que montar la del autor de cómic novel y cada año vamos a intentar mostrar una panorámica lo más completa posible del mundo del cómic. Desde las cosas más estandar e incluso mercantiles a las que se sitúan en los márgenes. Creo que eso lo hemos cubierto desde la primera edición. Puede que unas propuestas despierten más interés que otras, pero lo que intentamos es mostrar todo lo que se puede llegar a hacer con el medio.

Desde el comienzo nos hemos planteado que hubiese como mínimo una autora en cada edición hasta ver que el año pasado la presencia femenina era mayor que la masculina. Hay ciertos elementos que intentamos siempre primar, que haya miradas que funcionen más en los márgenes y puedan sorprender a quienes nos visitan pero nuestra idea principal es dar la idea más abierta posible de lo que se puede contar a través del cómic.

P.: ¿Proyectos?

R.: Aún tengo que quitarme la manera de dibujar del “Presas” para poder empezar el nuevo proyecto con un registro totalmente diferente. Cuando acabé “Ardalen” les dije a mis editores que tenía ganas de hacer una historia de aventuras y un policíaco. El policíaco que tenía en mente era mucho más estandar y sin la implicación tan descaradamente social que ha acabado teniendo “Presas fáciles” pero me pareció que tenía que hacerlo así y que podía funcionar como una trama policial. Lo otro que quería hacer es una aventura fantástica, que es lo que quiero hacer ahora, y sí que es mucho más ligera. No renuncio a hacer una reflexión sobre el bien y el mal, los conceptos morales que a veces manejamos pero con personajes que surgen de lo fantástico. Hay demonios, hadas, brujas y de la interactuación con el mundo real es de donde surgen esos dilemas entre esas dos fuerzas pero dentro de un esquema de aventura y recuperando un cierto tono de humor en ciertas partes.

Eso en cuanto a cómic porque en animación participaré en una historia que no es mía pero en la que me gustaría colaborar. Me parece una historia preciosa que, si todo va bien, comenzará en 2017, pero es un proyecto que aún está en fase de concretarse, así que probablemente saldrá mi próximo álbum antes de empezar con él, si es que se llega a desarrollar.

Links de interés:

Web del autor: http://miguelanxoprado.com

Blog del autor: http://miguelanxoprado.com/wordpress/