Sicario: El día del soldado: Pinches Pendejos. No creo que fuese una secuela que necesitara, pero desde luego es una de las más sorprendentes que he presenciado en los últimos tiempos. Más en estos tiempos actuales de refritos y contar otra vez más lo mismo. Si por algo aplaudo a esta secuela es precisamente por ser diferente y desafiar las expectativas (sobre todo en su tercer acto). Puede que no sea algo extraordinario, ni que tampoco sea exactamente ese soplo de frescura diabólica que la primera ‘Sicario’ fue. Pero esta película es una expansión/complemento perfecto y prácticamente a la misma altura que aquella a mi parecer.

Mucho he oído que si la falta Emily Blunt la pesa mucho. Que si el estilo de Villeneuve no es comparable al de este Sollima. Que si la banda sonora ya no será lo mismo debido al triste fallecimiento del gran Jóhann Jóhanssonn… Pues bien, habiéndola visto: Blunt es una actriz enorme, pero en ningún momento la he echado en falta en esta historia (pues esta ‘El día del soldado’ es precisamente eso: otra historia y tampoco es que haya hueco para ella). El nuevo director respeta el lenguaje y la elegancia visual de la anterior, pero le imprime su propia personalidad y estilo -lo cual es de agradecer, demuestra que no es un director de encargo-. En todo momento estas tan maravillado como en suspense, admirando el paisaje y la composición visual así como mirando para los lados a ver de donde proviene la amenaza (la emboscada en el desierto es un ejemplo perfecto de ello). Y la banda sonora respeta el código de la original: no ser música al uso, sino representar una amenaza durmiente pero presente que va en aumento hasta acelerar nuestras pulsaciones al límite.

Del Toro y Brolin (este último en su año más pletórico hasta la fecha, demostrándolo con gusto) llevan la película sin problemas. Mención aparte la gran sorpresa de la película: Isabela Moner. Sus personajes mantienen su linea y evolucionan con la trama mostrando a los espectadores lo que se esconde bajo su coraza (al tiempo que solidifica dicha coraza por culpa de las peligrosas decisiones tomadas en la cinta). El pulso narrativo es constante hasta en los momentos más lentos y dichos momentos lentos no son utilizados para nada en vano sino para penetrar aún mas en la cabeza de Del Toro y su hipnótico Alejandro -así como para desarrollar cierta historia secundaria de un incipiente sicario llevado por malas manos cuya adhesión a la trama principal hará saltar chispas-.

El guión tal vez no sea tan hiperrealista como el de la anterior, tal vez sepas en los dos primeros tercios por dónde van a ir los tiros buena parte de las veces y tal vez pueda tomarse ciertas licencias en virtud de la intensidad del momento (así como también pueda recordar esquemáticamente a películas como ‘Logan’ o no tanto como ‘Peligro Inminente’ con la manipulación gubernamental para ganar las guerras, aunque esta es mucho mejor y mas intensa que aquella). Aunque en ningún momento roza lo fantasma o lo absurdo (prueba de ello es el valiente tercer acto y ese brutal epílogo que nos deja al borde del asiento).

Hay otra subtrama sobre un chico mexicano, Miguel Hernández (correcto Elijah Rodríguez), que abandona la escuela para dedicarse a ser “coyote” (los que guían a emigrantes ilegales a cruzar la frontera Mx-USA), de cómo el gusto por el dinero fácil hace los más jóvenes entren en la delincuencia, son productos maleables están formando personalidades y pueden ser moldeados por gente amoral, en este caso su primo Héctor (David Castañeda), chavales sin referentes seducidos por el Mal. Esto es tratado de modo liviano y sin capacidad alguna de incisión, no llegan ni a pellizcos de monja lo que nos motiva; Hay otra sub-historia cuando aparece un sordomudo mexicano, Ángel (Bruno Bichir, actor mexicano de origen libanés hermano de Damian Bichir), este personaje rechina que solo está hay como percha para intentar humanizar a Alejandro.

Hay escenas muy bien montadas en la acción, queriendo evocar a la pretérita, sobre todo en el tramo del convoy USA con la niña que se adentra en México, centelleantes los tiroteos, con esa visión durante un tiempo desde la visión asustada de la niña dentro del Humvee, luego fuera la excelente coreografía en que se mueven los soldados. Este tramo se siente diáfanamente influido por el de la primera parte, pero desgraciadamente siendo entretenido y vibrante por momentos, no llega a tener momentos álgidos que recordar placenteramente, excitantes mientras los ves, pero de corta caducidad mental, adolecen de la imaginación y frescura de la del 2015…

… Como tampoco tiene un clímax satisfactorio, más bien parece un coitus interruptus preparado como cebo para la ya anunciada tercera parte (Todo por la Plata).

Benicio Del Toro demuestra un carisma y carácter arrollador, su mirada te atraviesa, sus silencios te rasgan, pero en esta entrega el misterio y el aura cuasi-mística que envolvía su rol ha quedado estropeada por el afán comercial. Tampoco es que su química con la niña sea llamativa, más fría que un iceberg; Josh Brolin vuelve a derrochar carácter nihilista, pose de duro, de badass pétreo, excelente en la escena en la sala de monitores de imágenes de drones, como domina el lugar dando órdenes concentrado, con zooms, rebobinados, seguimientos, maravilloso, lástima que al final s ele endulce de un modo torticero; Isabela Moner de muestra tener tablas en la actuación, pero su rol queda inane por lo poco que se ahonda en él; Catherine Keener como Cynthia Foards, la jefa de Matt, está en un papel en que sus enormes capacidades dramáticas quedan rasuradas al cero.

Con nuestra atención contenida desde su explosivo y aterrador inicio hasta su rabioso e impredecible final, pasando por el tema ‘The Beast’ presente para la ocasión y poniendo la piel de gallina una vez más, ‘Sicario: El día del soldado’ no es sólo una continuación con aires de independencia y madurez que expande muy bien el mundo presentado en la original, sino que es una película que durante su protección se toma la molestia de demostrar que aún se puede atraer a gente al cine no dando más de lo mismo, así como también hacer una secuela con cimientos inesperados y potentes. Ojalá tenga éxito, ahora sí que quiero esa trilogía sí o s(la habrá)í. Esa conversación sobre «el futuro» se merece una conclusión a la altura.

Patxi Álvarez