Santander tuvo la última estatua ecuestre de Franco en la península. El 18 de diciembre de 2018 con vítores a la democracia, aplausos y algún «viva Franco», esta estatua de bronce de más de cinco toneladas de peso y doce metros de altura ha dejado de presidir la plaza santanderina tras 44 años

EFE El Ayuntamiento de Santander retiró de su plaza principal la última estatua ecuestre de Francisco Franco que permanecía en un espacio público de la península y cuya retirada ha causado expectación entre cientos de ciudadanos, que durante seis horas han contemplado los trabajos de desmontaje.

El desmontaje de esta escultura, la única con Franco a caballo que estaba en un espacio público en España una vez retiradas sus «gemelas» de Valencia y de los Nuevos Ministerios de Madrid, se desarrolló con normalidad durante toda la mañana.

En ese tiempo, cientos de ciudadanos permanecieron de pie, incluso bajo una persistente lluvia, contemplando cómo se realizaban las labores de retirada, que fueron complejas porque se ignoraba cómo eran los anclajes del bronce a la piedra del pedestal.

La espera de cinco horas transcurrió sin incidentes, excepto cuando un hombre accedió con una bandera de Falange al recinto vallado, al que sólo podían entrar los operarios de la obra, sin que nadie se lo impidiese. Ya en el recinto, el hombre logró subirse al pedestal, mientras los operarios trabajaban, desplegó allí su bandera de Falange e hizo un saludo con el brazo en alto.

La Policía Nacional consiguió que el hombre bajara de la estatua sin que se produjeran más altercados, excepto algunas discusiones entre los presentes, ya que unos consideraban que la efigie de Franco era historia y, por lo tanto, debía permanecer en la plaza y otros opinaban que nadie tiene porqué ver todos los días la imagen de un dictador.

«`Así disfrutan ustedes, con mamonadas como ésta!», aseguraba un hombre mayor defensor de que la estatua siguiera en su lugar, a lo que un joven, a favor de la retirada, le contestaba: «nunca respetaron a nadie y siguen igual».

Eran las 9.30 horas en punto, como había anunciado el Ayuntamiento, cuando cinco operarios subieron al pedestal de piedra sobre el que está la estatua para colocarle unos arneses, ya que ni la empresa encargada de la obra conocía cómo estaba anclada y si había peligro de que se cayera al quitar algo de piedra.

Pero no fue así. Esta estatua de bronce, esculpida por José Capuz, estaba anclada fuertemente a la piedra y llevó más de cuatro horas soltarla con martillos percutores y sopletes.

Los ciudadanos seguían en su sitio, algunos casi sin moverse, otros dándose unos minutos para tomar un café y entrar en calor -porque la lluvia sólo respetaba a ratos- y la mayoría aprovechando la espera para retratar el momento, en sus teléfonos móviles o en sus cámaras domésticas, como así hacían las decenas de medios de comunicación de toda España que se acercaron a Santander.

Tras cinco horas, sobre las 13.40, algunos ciudadanos han roto a aplaudir y a gritar «vivas» a la democracia al ver cómo la grúa que iba a levantar por los arneses la estatua comenzaba a moverse y la imagen de Franco sobre su caballo se separaba del pedestal en el que ha estado desde 1964.

La grúa-camión mantuvo en el aire el monumento durante casi una hora, a la altura del suelo, para que los trabajadores pudieran retirar de las patas del caballo la piedra que aún conservaban.

Así también se permitía que la estatua pudiera asentarse con seguridad en el camión que la ha transportado, bajo un plástico, a un almacén del Ayuntamiento de Santander, donde va a permanecer hasta que se construya el Museo de Historia de Cantabria, la próxima «parada» de esta escultura.

Los dirigentes políticos se expresaron sobre el que casi todos calificaron de «momento histórico» coincidieron en destacar la normalidad con la que se retiró la estatua, que sólo se quitó de esta plaza en los años ochenta para reformarla.

Y una nueva reforma de este emplazamiento es la que ha llevado a todos los partidos de Santander (PP, PRC y PSOE) a ponerse de acuerdo para retirar la estatua de Franco, que deja a la que hay en Melilla como la única imagen del dictador que permanece en un espacio público español.