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Rick Remender empezó a destacar a principios del siglo XXI en Image antes del ‘boom’ actual de la editorial, con obras como ‘Fear Agent’, ‘Strange Girl’ y ‘Sea of Red’. Pasó ocho años frenéticos en Marvel donde sacudió las vidas de muchos de sus mayores iconos como ningún guionista lo había hecho antes. Ahora, asentado como uno de los valores más firmes de la escudería Image, Rick Remender nos habla acerca de su carrera, sus series ‘Ciencia Oscura’, ‘Low’ y ‘Clase Letal’, y de sus nuevos proyectos.  Recuperamos integra la entrevista realizada por Mikel Bao para la revista Zona Cómic. Queremos expresar el agradecimiento a Carlos Pacheco por su ayuda en la realización de esta entrevista.

 Z: Tienes experiencia como artista, dibujante de storyboards, animador, ilustrador… ¿Cómo decidiste dedicarte por completo a escribir?

Parecía imposible abrirse paso en la escritura. Hacia 1995, Don Bluth me contrató para trabajar en 20th Century Fox, como ayudante de animación para Anastasia. Por entonces escribía y dibujaba mis propios cómics, y tenía libretas llenas de ideas y dibujos, pero ese trabajo hizo que me inclinase por el dibujo. Dibujaba todo el día y por la noche seguía llenando libretas con ideas, era como una liberación catártica del diario trabajo de animación, y eso me llevó a idear y crear algunos cómics bastante ridículos con algunos amigos. El primero fue Captain Dingleberry, en 1998. Queríamos divertirnos y hacer cómics inspirados en la locura de Frank Zappa, y eso es lo que hicimos. Eso hizo que me convirtiera en adicto a ello, y durante los siguientes años, mientras por el día animaba, o dirigía animación, o enseñaba, o dibujaba storyboards, o lo que fuera, pasaba mis noches escribiendo y dibujando cómics. Tenía dos o tres trabajos, y buscaba tiempo para crear aquellos cómics.

En 2005, estaba dibujando storyboards para un videojuego de James Bond para Electronic Arts, escribía Fear Agent, Sea of Red, Night Mary y Strange Girl, dibujaba Man With a Screaming Brain, escrito por Bruce Campbell… ¡me estaba matando! ¡Era demasiado! Electronic Arts me ofreció un trabajo a jornada completa. Tuve que decidir entre aceptar ese trabajo, con sus beneficios y su buen sueldo, y quedarme en San Francisco, o bien mudarme a Portland (Oregon), donde vivir era más barato, y concentrarme en tratar de que lo de los cómics funcionara. Elegí la segunda opción, y en los dos años siguientes recibía muchas ofertas para escribir, y además dibujé The Last Christmas, con Brian Posehn y Gerry Duggan. Después de eso, tenía tanto trabajo como guionista que simplemente me puse a escribir a tiempo completo.

 Z: Esa experiencia como artista, ¿te ayuda ahora de alguna forma en tu trabajo como escritor?

Puedo visualizar la manera más interesante, visualmente hablando, de afrontar una página y una historia. Creo que puedo evitar errores como superponer acciones, o poner demasiadas imágenes complejas en una sola página. Sé dónde poner una página completa o doble para darle al dibujante la oportunidad de brillar, crear un impacto y establecer un mundo. En términos de ritmo, mis años como dibujante de storyboards y animador me enseñaron mucho. Conocer el oficio de traducir a imágenes la palabra escrita me permite imaginarme mejor las páginas, y quizá ahorrarle un poco de trabajo a quien dibuja. O no, quién sabe. Señalo posibles planos, siempre dejando claro al artista que se trata de sugerencias que pueden ignorar. Si todo va bien, la historia esté ya visualizada para cuando el artista la recibe, y eso significa que parte de su trabajo está hecho, o al menos está trabajando con alguien que comprende mejor lo que se puede lograr en una página que un escritor sin formación artística.

 Z: ¿Escribes guiones completos, o trabajas al “estilo Marvel”? ¿O quizá depende del dibujante con quien trabajes?

Mis guiones son bastante completos. En alguna ocasión, algunos dibujantes han preferido trabajar al “estilo Marvel”, y probé, pero no me gustó. Hace más difícil mi trabajo, porque cuando llegan las páginas dibujadas tengo que reconsiderar todo y escribir de la nada diálogos que se ajusten a las viñetas. Pero en vez de hacer guiones completos, lo que hago es un guión completo pero con diálogos provisionales. Así, cuando el dibujante convierte el guión en páginas y viñetas, puedo ajustar mejor el diálogo a las expresiones y a la división en viñetas. Siempre escribo los diálogos, pero es casi como un boceto, para incluir los elementos básicos. Me parece que ese método es un buen término medio.

Z: ¿Cómo creas tus historias? ¿Comienzas con el argumento o con los personajes?

Suelo empezar con una idea principal. Por ejemplo, en Ciencia oscura tuve la idea de un grupo de personas que saltan de dimensión en dimensión, y de ese modo yo podría idear escenarios espectaculares y contar historias diferentes con cada salto. Una vez me di cuenta de que era algo que podía ser visualmente interesante y un buen principio para una historia, empecé a desarrollar a los personajes y sus conflictos. De modo que construí la historia y los personajes al mismo tiempo, y pude ponerles en situaciones donde podría revelar elementos de su carácter, y a la vez hacer el cómic visual y divertido. Un tebeo como Ciencia oscura tiene que ser algo como un divertimento de sábado por la mañana, pero contado con una sensibilidad algo más adulta y personajes, espero, más atractivos e interesantes.

 Z: ¿Cómo fue empezar a trabajar en Marvel? ¿Fue un gran cambio respecto a tu trabajo anterior? ¿Cómo lo recuerdas?

No fue un proceso sencillo. Me gusta trabajar con un dibujante, y construir juntos, colaborando en todo y creando algo completamente nuestro, y el placer que me produce esa colaboración es el motivo por el que no puedo dejar de hacer cómics. Y claro, Marvel es algo diferente. Te dan una serie, y tú presentas una propuesta, y entonces te dan notas, y a veces terminas haciendo algo que no es necesariamente lo que querías hacer en un principio. Cuando empecé me resultó difícil hacerme a ello, pero con el tiempo, y gracias a Axel Alonso, que fue quien me llevó a Marvel, aprendí mucho de ese proceso. Fue difícil, pero me vino bien. Axel me obligaba no solo a escribir un argumento general, sino a pasar una semana reforzándolo y dándole vueltas y pensando cada detalle. Cuando funcionaba, el resultado era un trabajo sólido que me hizo crecer como guionista, y del que aprendí mucho.

Pero en última instancia, es un trabajo. Hay jefes, hay personas, te pagan, y te dicen cosas con las que puedes no estar de acuerdo. Por ello, pasados unos años necesitaba hacer un paréntesis y volver a las cosas que realmente hicieron que me metiera en esto de los cómics.

Z: Franken-Castle fue una historia realmente sorprendente, que atrajo mucha atención. ¿Cómo decidiste llevar el pulp a la vida del Castigador?

Tienes que ser fiel a ti mismo y a lo que quieres leer, y reconozco que lo que a mí me gusta encontrar en un tebeo puede no ser lo que un aficionado habitual al Castigador quiere leer. Cuando Tony Moore, Axel, el editor Sebastian Girner y yo estábamos discutiendo la historia, teníamos claro que iba a molestar a algunos lectores. Había habido previamente otro “Castigador sobrenatural”, y no le había gustado a nadie; pero al mismo tiempo, creíamos firmemente que la historia que habíamos ideado y los dibujos de Tony eran interesantes y únicos, y a la vez una metáfora del monstruo dentro de Frank, y que el cómic encontraría a su público si conseguíamos que fuese una obra de calidad. Con dibujantes como Tony, Roland Boschi y Dan Brereton, la parte artística estaba más que cubierta, así que trabajé duro para crear una historia que nos permitiera crear personajes divertidos y nuevos, y además poner a Frank en una situación que fuera divertida, y a la vez fiel al espíritu del personaje… Es uno de los trabajos de los que estoy más orgulloso.

Sobre la gente a la que no les gustó… Hablé con Axel y con Tony, y le di vueltas al asunto, y me pareció que era una buena idea dejar bien claro cuáles eran mis intenciones, y la manera en que escribo, desde el primer momento, y así la gente a la que no le iba a gustar esa historia iba a saber a las claras que seguramente no les iba a gustar nada que escribiera yo, y la gente a la que le gustase sabían también lo que les esperaba. Yo siempre voy a hacer cosas arriesgadas, regadas de diversión al estilo serie B.

Una parte de los aficionados a los superhéroes quieren que los tebeos se tomen en serio, y creo que quieren sentir que están leyendo literatura para adultos, después de toda una vida de ver a la gente despreciar los cómics. Creo que se puede crear una historia emocionante, con sentimiento, con personajes interesantes y solidez en la escritura, y aún conseguir hacerla un poco pulp, un poco irreverente y loca. Se pueden hacer las dos cosas a la vez, pero mucha gente se lo toma tan en serio… Y llevábamos tanto tiempo viendo a Frank Castle, el Castigador, escrito en serio (¡y maravillosamente!) por Garth Ennis, que se me ocurrió que quizá era la hora de probar algo más cercano a lo que Tony Moore y yo habíamos hecho en Fear Agent.

Z: Estoy completamente de acuerdo con lo que has dicho acerca de que algunos lectores y algunos autores se lo toman demasiado en serio.

Eso puede quitarles toda la diversión a los cómics. Lees historias acerca de personas a las que les ha mordido un insecto radiactivo, y están dando saltos por ahí y luchando contra criminales. Es genial hacer que esos personajes sean tridimensionales, que respiren, que tengan vida, pero, si eso significa no hacer nada divertido, ni colorido, ni pulp… entonces, ¿qué estamos haciendo? Cuando te tomas a los superhéroes demasiado en serio, se pierde la diversión, al menos para mí,  y ese no es el tipo de cómic que quiero escribir, o leer, y desde luego no era el tipo de cómic que quería escribir cuando estuve en Marvel.

Z: Cuando leí tus Imposibles X-Force, y después tus historias en Imposibles Vengadores y Capitán América, percibí exactamente eso. Eran divertidos, y cualquier cosa podía ocurrir.

Los tebeos de superhéroes nunca deberían ser aburridos. Siguiendo con el Castigador, se pueden contar muchas historias con él, matando mafiosos, traficantes de drogas, esos rusos locos que siempre tienen malas ideas… Yo no quería escribir una de esas historias. Yo quería hacer algo único, que destacase como un capítulo interesante en la historia del personaje.

Z: Después de ello, vinieron Imposibles X-Force, Vengadores Secretos, Veneno, Capitán América e Imposibles Vengadores, entre otros… ¿Fue difícil manejar tantos títulos, muchos de ellos al mismo tiempo y con amplios repartos de personajes?

Escribes pequeñas “biblias” sobre lo que quieres hacer con cada personaje, dónde están, a dónde quieres llevarles, qué va a cambiar para cada uno… escribes unas ideas generales. Por ejemplo, cuando apareció Imposibles X-Force número 2, yo tenía el esbozo de lo que iba a pasar hasta el número 24, y en Imposibles Vengadores, cuando estaba en el primer arco, ya tenía esbozado hasta el número 17 o 18. Una vez tienes ese argumento general, pasas un par de semanas pensando en la visión de conjunto. Y eso te permite, semana a semana, cuando llega el momento de escribir el guión de cada episodio, concentrarte en los personajes y las imágenes sin tirarte demasiado de los pelos…

Durante ese periodo aprendí a producir grandes cantidades de cómics y, espero, mantener un mismo nivel de calidad, haciendo el trabajo de manera sistemática. Me tomaba una semana o dos para estos grandes argumentos generales, escribirlos, pensar sobre ellos y reescribirlos. Es algo que Axel Alonso me enseñó a hacer, y es una lección importante que sigo aplicando en mi carrera. Cuando tienes ese esbozo, y has pensado todo lo importante, entonces piensas “tengo que escribir un número de esto”, y a veces eres capaz de escribir dos o tres episodios seguidos, y entonces saltas y haces otros dos o tres capítulos de otra serie, y así lo hice. Mientras tengas un sistema, y puedas dividir el trabajo de esa forma, todo funciona… y cuando llegaban las páginas dibujadas pasaba dos o tres días puliendo y escribiendo los diálogos definitivos. Y cada vez que regresaba a una serie desde otra, tenía la mente fresca y no me sentía cansado, y eso me permitió ir de serie en serie y producir más trabajo.

 

Z: Has declarado en otras ocasiones que leías muchos cómics de La Patrulla-X cuando eras más joven. Los lugares, los personajes e ideas que manejaste en Imposibles X-Force, ¿reflejan ese pasado de lector de tebeos de mutantes?

No, porque no estaba escribiendo La Patrulla-X. Nunca me dieron una serie importante. Capitán América fue el único tebeo “grande” de Marvel que me dieron. Imposibles Vengadores fue una serie que yo ideé, para tener algo más jugoso con lo que jugar. Yo escribí Imposibles X-Force, y no era una serie en la que puedas elegir lo que quieres. Pero me gustaba de verdad Apocalipsis. Me acordaba de aquellos primeros episodios de Factor-X en los que apareció, y me parecía un personaje muy interesante, y además llevaba tiempo sin aparecer. Peter Milligan había sido el último en usarlo, como seis o siete años antes. Creo que la gente asociaba el personaje con los noventa, y por ello arrastraba una connotación negativa. Me di cuenta de que podía coger cosas de los noventa, que no tenían por qué gustarme. Crecí en los ochenta, así que los tebeos de superhéroes de los noventa nunca fueron mis favoritos, pero podía coger personajes que sí fueron los favoritos de los noventa, como Veneno, Matanza, X-Force, Apocalipsis, el Castigador… eran como una “caja de juguetes”, cosas que podía estrujar y romper, y se volvió algo muy divertido, hasta el punto en que pude usar conceptos como Onslaught, algo de lo que no era precisamente fan, y ver qué podía hacer con ellos. Fue un desafío de lo más divertido.

En Imposibles X-Force pude usar a Lobezno, Mariposa Mental y Arcángel, tres personajes que se cuentan entre mis favoritos. Me encantaba Fantomex, de la etapa de Grant Morrison, y en cuanto a Masacre, no me gustaba demasiado pero pensé que podía insuflarle algo de humanidad, y resultó ser un alivio cómico perfecto para la serie.

Nunca me asignaron La Patrulla-X, pero tuve la gran suerte de que me encargaran escribir Imposibles X-Force. Estaba en mi rincón, y podía contar una historia a la que nadie prestaba demasiada atención, igual que hice en El Castigador y en Veneno. Podía aplicar una sensibilidad cien por cien mía al tebeo, y contar con Jerome Opeña, con quien había trabajado ya antes, y Esad Ribic dibujaba las portadas… En conjunto, fue toda una bendición trabajar en una serie menor, y no en una de las “grandes” series mutantes.

Z: Has mencionado que tú mismo creaste Imposibles Vengadores. ¿Fue fácil mantener la historia que contabas, la de los Gemelos Apocalipsis, aparte de lo que otros autores hacían en el resto de series de Los Vengadores?

En efecto, y no tenía ningún control sobre ello. Si un editor decía “esta serie debe reflejar tal cosa” y otros lo hubieran querido así, así habría sido. Pero en mis años en Marvel, me di cuenta enseguida de que yo iba a estar en una esquina, haciendo mis cosas, y ellos estuvieron de acuerdo en ello. Cuando se anunció Imposibles Vengadores, me preocupaba un poco que lo vendieran como una serie importante de aquella nueva era, porque estaba convencido de que, por un lado, Brian M. Bendis no iba a tener en cuenta lo que yo estaba haciendo en La Nueva Patrulla-X, y Jonathan Hickman tenía sus propios grandes planes en las otras series de Los Vengadores. Asi que me di cuenta de que las suyas iban a ser las “verdaderas” series de la Patrulla-X y los Vengadores, y yo tenía entre manos una mezcla de ambos equipos.

La Oficina-X no me dejó usar a Tormenta, y tampoco pude incluir a Mariposa Mental y Fantomex, dos personajes de los que estaba enamorado. También hubo otros cambios, y terminé con Kaos y Pícara, dos personajes que me gustan pero que no habrían sido mi primera opción. Iba a ser un desafío contar una historia que interesase a los lectores. Leí lo que Cíclope estaba haciendo, y decidí que Kaos sería el “anti-Cíclope”. Si Cíclope quería que los humanos vivieran juntos y apartados de la humanidad, Kaos representaría la opción contraria, la integración de los mutantes en la sociedad de los superhéroes.

No tenía ningún control sobre el grado de conexión entre las series y sobre lo que otros autores o editores iban a decidir hacer. Así que, al final, se trata de coger lo que te dan y tratar de hacer una buena historia con ello.

Z: La historia con al que arrancaste la serie quedó apartada hasta que llegó Axis. ¿Fue decisión tuya o de Marvel?

Fue simplemente el modo en que se desarrolló la historia. Quería presentar al Cráneo Rojo y hacer algo estilo “terror de serie B”. Robaba el cerebro del cadáver del Profesor Xavier, y tenía su propia banda de supervillanos que odiaban a los mutantes por razones propias. Quería establecer a Cráneo Rojo como un villano viable y amenazador y luego dejarle en espera mientras seguíamos con la historia de los Gemelos Apocalipsis. Las dos historias se relacionan un poco, hay detalles esparcidos aquí y allá a lo largo de los episodios.

Creo que no supe que iba a haber un crossover hasta las alturas del número 16, más o menos. Querían un evento semanal de cinco episodios, y cuando lo presenté quedó claro que necesitábamos más espacio, y el concepto cambió mucho. La idea cambió, el título cambió, el grado de conexión cambió, y de repente estaba escribiendo un evento que no era realmente un evento sino algo que sucedía después del evento… Hubo muchas cosas que iban en detrimento de la historia, mientras la preparábamos, pero me parecía que el aspecto de la Inversión era sencillo y podía servir para desarrollar personajes. Nos divertimos mucho con ello y estoy orgulloso del resultado, pero el calendario, nueve capítulos en tres meses, fue realmente agotador.

Z: Hablemos ahora del Capitán América. ¿Cómo decidiste apartarte de la versión de Ed Brubaker y fijarte en todas aquellas cosas locas que creó Jack Kirby en los setenta?

En realidad fue mi segunda versión. Mi primera idea estaba más cerca de lo que Ed había desarrollado, y era muy política. El Cráneo Verde era, al principio, el villano que iba a desarrollar. Tenía toda la razón acerca del desastre medioambiental en el que nos encontramos, pero sus soluciones eran erróneas, y eso le convertía en un villano interesante. Y además, quería presentar a Steve Rogers disfrazado de soldado y ayudando a las tropas norteamericanas en Afganistán. Me dijeron que la serie no podía tener un carácter político, porque tomar partido a derecha o izquierda iba a cabrear al otro bando. Tenía sentido. El Capitán América es un personaje que encarna valores con los cuales cualquiera puede identificarse, y representa a todo el país.

Como no pude escribir la historia de Cráneo Verde, revisé mis cuadernos de notas y los episodios antiguos de la serie, y releí los episodios de Kirby de los setenta. Jack fue tan valeroso e imaginativo en esos años, y la industria simplemente le tiró toda la mierda encima por ello. En vez de regurgitar lo mismo que le había hecho famoso, siguió forzando los límites y creando cosas nuevas e interesantes en esa etapa de su carrera, en especial en sus episodios del Capi, con la Bomba Loca, Arnim Zola y todo eso. Eso me inspiró a intentar hacer lo mismo, recuperar el espíritu de aquellos años y tratar de convertir a Zola en algo más que “el científico de Cráneo Rojo”.

Recuerdo especialmente aquella doble página en la que leíamos, en grandes letras, “once años después”. No es habitual encontrarte algo así en un tebeo de Marvel…

Esa era la idea. Luego teníamos la gran revelación de que el tiempo se mueve a distinta velocidad en las distintas dimensiones. Así que, cuando el Capi está atrapado en la Dimensión Z, pasan más de diez años para él. Me encantaba la idea de que pasase todo ese tiempo en ese lugar, criase a un hijo, luchase contra las fuerzas de Zola… y entretanto, solo había pasado una hora en nuestro mundo. Es un concepto de ciencia ficción de lo más divertido, y me enamoré de la historia.

Cuando un autor termina su etapa en una serie Marvel, la costumbre es dejar al personaje “limpio”, preparado para ser usado por nuevos autores. Sin embargo, tú dejaste al Capi completamente transformado. Todos esos dramáticos cambios, la reversión de Steve a la edad de un anciano, Sam Wilson tomando el relevo… ¿los tenías en mente desde el principio?

Y tenía más historias, también. Entonces, iba a empezar a escribir Los Vengadores después de Hickman, y a seguir con el Capi, y hacer todo un arco con Hydra que llevaría a alguna solución a la situación de Steve y también a cosas interesantes con Sam. Pero durante aquel año tuve algunos problemas familiares, y eso se unió a que percibía que podía acabar quemado de tanto superhéroe. Lo más acertado era irme y dejar que otros siguieran con la historia.

Estas cosas nunca son perfectas. Si hubiera tenido la capacidad mental y la energía para terminar la historia, habría sido estupendo cerrarla y dejar todo tal como me lo encontré. Pero, al mismo tiempo, trabajé en varias series en las que pasó eso. En Vengadores Secretos, terminé la historia y até los cabos sueltos de Ed Brubaker. En Imposibles X-Force recogí la historia en la que Warren se convertía de nuevo en Arcángel y que anticipaba que se estaba volviendo un poco loco, y escribí la historia del Ángel Oscuro… a veces, recoges un cabo suelto de otro guionista y eso te lleva a algo maravilloso.

¿Hubo algo que quisieras hacer en Marvel, y no pudiste?

Habrá como cien cosas… más de las que podría enumerar. Pero lo único que conseguí que me aprobaran y nunca tuve tiempo de hacer fueron los Vengadores de lo Sobrenatural, algo que terminé haciendo en la historia de Mojo que escribí para un Annual de Imposibles Vengadores. Pero aquel no era el grupo que yo habría elegido necesariamente… sin embargo, fue divertido, y era Mundo Mojo, con lo que pude hacer cosas más camp y divertidas. Mi calendario de trabajo nunca me permitió ponerme a ello, aunque empecé a esbozar el argumento cuando estaba con la serie limitada del Doctor Vudú…

Al final me di cuenta de que no tenía el corazón en ello, con las dificultades que estaba teniendo en mi vida no le habría servido de nada a nadie que yo hubiera escrito Los Vengadores, seguido con el Capi, o saltado a La Patrulla-X. No me interesaba demasiado la interconexión con los Inhumanos, así que era el momento adecuado para tomarme un descanso y reencontrarme conmigo mismo creando mis propios tebeos.

Fear Agent ha sido publicada recientemente en España, en dos tomos de tapa dura. Creo que tiene mucho del espíritu de los cómics de la EC. ¿Fue algo intencionado?

Sí. La influencia de EC estaba allí, naturalmente, desde el principio… Tony Moore incluso persiguió a Jack Davis para que dibujase una portada para la serie. Cuando Tony y yo estábamos creando la historia, en 2004, no había demasiados cómics de ciencia ficción. Paul Pope había hecho cosas interesantes, y estaba Warren Ellis y algunos otros, pero nadie representaba el espíritu de Frazzetta, Al Williamson, o más adelante, Mark Schultz: relatos de aventuras estupendos y divertidos, que tenían personajes e historia, pero sin tomarse nada demasiado en serio. Queríamos cerebros flotando en jarras montadas sobre robots. Queríamos amebas inteligentes con ansias de conquistar el mundo. Queríamos una ciencia ficción muy de los noventa en lo estético, pero que a la vez contase una historia moderna que interesase a la gente.

Mientras la desarrollábamos, e incluso cuando ya estaba publicada, hubo quien nos dijo que nadie quería ciencia ficción, que eso nunca funcionaría, y no era cierto. Solo teníamos que resistir y seguir con la serie. Finalmente, no se demostró que teníamos razón hasta que la serie finalizó. Cuando salieron los dos tomos de tapa dura, entonces fue cuando Fear Agent encontró a su público. Yo estaba teniendo éxito con Tony Moore en Veneno, y con Jerome Opeña en Imposibles X-Force, y fuimos capaces de dirigir a algunos de nuestros fans de Marvel hacia Fear Agent, y el tebeo logró un público mayor.

Y ahora, hablemos de tu trabajo actual. ¿Cuál, en tu opinión, es la clave del éxito de las series actuales de Image, como Saga o Ciencia oscura, por ejemplo?

Hay varias razones. Nos hemos establecido como creadores y hemos construido una audiencia base, y también es importante el hecho de que Image produce cómics como si fueran series de HBO. Sin interrupciones de otras historias, de dictados editoriales, o de una película a punto de estrenarse que haga necesario cambiar la trama… sin interrupciones de influencias externas que no sean las derivadas del propio proceso creativo y de nuestras decisiones, y de lo que somos capaces de hacer. Son cómics puros, y son nuestros. Trabajamos hasta tarde, trabajamos los fines de semana… todo el mundo lo está dando todo en estos cómics.

Además de la calidad, y de que son historias independientes como cualquier serie de televisión, hay otras circunstancias también. Mi generación de autores en Image, los que empezamos a hacer este tipo de cómics en 2004 y 2005, fuimos Matt Fraction, Kieron Gillen, Rick Spears, Jason Latour, B. Clay Moore, Robert Kirkman, Kieron Dwyer, Jonathan Luna, Tony Moore, Jerome Opeña y Jonathan Hickman… me estoy olvidando de muchos, seguro. Hacia 2006 o 2007, todos estábamos creando cómics que, creíamos, eran los que la gente quería leer. Pero no había mercado para ellos, entonces, pero luchamos contracorriente durante unos años, antes de que todos nos fuéramos a trabajar en Marvel, o en cine, o en animación… Estábamos dándoles a estos cómics buena parte de nuestra vida, y no nos reportaban ningún beneficio. Pero Robert Kirkman y Eric Stephenson siguieron adelante. Eric, básicamente, nos eligió a todos, y fue el tipo que me dio carta blanca para hacer cómics, y apoyó a Fraction, a Hickman, a Gillen… y por supuesto, a Kirkman. Fue capaz de atraer a Brian K. Vaughan, en el mismo momento en que The Walking Dead se convertía en un gran éxito televisivo, y Vaughan fue capaz de crear una maravillosa serie junto a Fiona Staples, Saga. Y eso atrajo a más lectores. Y el fenómeno de The Walking Dead siguió creciendo, y atrajo a más gente, y Image se convirtió en algo parecido a un sello discográfico que te gusta. Toda la gente que leía Saga y Los muertos vivientes empezó a buscar otros títulos de Image, justo en el momento en que empezamos a crear más series, en 2012 y 2013. Todos regresamos y tuvimos reuniones con Stephenson, y él tenía esperanzas de que esta vez sí que iba a funcionar la cosa.

Así que todos nos pusimos manos a la obra de nuevo, y tratamos de construir una línea de cómics independientes… Y parece que ha funcionado. Hay una relación directa entre Saga y The Wicked & The Divine, entre Este del Oeste y Ciencia oscura… Todas estas series tan diferentes son producto del trabajo de creadores que trabajan con pasión y de artistas brillantes. Muchos de los mejores dibujantes de la industria están intentando crear tebeos que aguanten el paso del tiempo, y ganar el dinero que los lectores quieren gastar.

En España estas series también están teniendo un gran éxito. ¿Crees que esta nueva ola de cómics ha cambiado para siempre el mercado norteamericano?

El mercado para Image crece de manera estable cada año. Los dibujantes y guionistas que quieran trabajar duro en sus propias creaciones, y que quieran ser fieles a su sensibilidad, y a quienes son, están acercándose en número cada vez mayor a Image. Si tenemos el cuenta el talento que hay en Image, y la fortaleza del trabajo, creo que va a continuar creciendo y mantenerse firme. No creo que Image vaya a sustituir a Marvel y DC, y eso está bien. Tener a Marvel y a DC con buena salud es algo bueno, porque la mayoría de lectores entran en los cómics a través de ellas. Veinteañeros y treintañeros puede que empiecen a leer tebeos con Image, pero los lectores más jóvenes van a empezar con Spiderman o Batman. Me encantaban esos tebeos de chaval, significaron mucho para mí, y deberían estar ahí para la próxima generación de lectores, pero también debe existir este otro lado de la industria, para cuando se cansen un poco de Spiderman o de Batman y quieran leer algo más personal y único. Cuando alguien lee una novela, no quiere necesariamente leer una cadena de novelas interrelacionadas. En la mayoría de los casos, prefieren a un autor que ha escrito una novela más personal y única. Es literatura. Con nuestros cómics, siendo dueños absolutos de ellos, podemos crear nuestras propias visiones.

El crecimiento que hemos tenido, sobre todo en el mercado de los tomos, es increíble. Low, por ejemplo, vende unos 16000 o 17000 ejemplares al mes en formato grapa, ¡pero en tomo, en ocho meses ha vendido unos 58.000 ejemplares! Y eso, solo en los Estados Unidos. Tokyo Ghost ha sido un éxito tremendo, y Sean Murphy, Matt Hollingsworth y yo estamos encantados. Incluso a las alturas del número 5 ó 6, está vendiendo unos 27.000 ejemplares al mes…

Creo que hemos visto una transición. Lectores de más edad, que están buscando algo diferente y personal han empezado a comprar cómics independientes en formato tomo, y además muchos de ellos siguen comprándolos también en grapa. No es una moda, no es algo que vaya a estallar como sucedió a principios de los noventa, porque la gente los compra para leerlos, no para coleccionarlos o esperando que el número uno llegue a valer 50 pavos. La gente los compra más en tomo que en grapa porque quiere leerlos, y eso significa que tenemos muchos fans reales, y nuestro mercado sigue creciendo, y las cifras de venta en digital son estupendas también. Así que creo que el mercado seguirá creciendo…

¿Podemos decir que Image es ahora lo que Vertigo fue en los noventa?

Algo así como “el lugar donde están los buenos tebeos”?

Sin ninguna duda. Pienso que es incluso mejor. Por supuesto me encantaba Vertigo, pero si echas un vistazo a la diversidad de la línea Image ahora mismo… Ed Brubaker, Matt Fraction, Amy Reeder, Brian K. Vaughan, Kirkman, Scott Snyder, Kieron Gillen, Grant Morrison, Mark Millar, Emma Ríos, Greg Rucka… No hemos visto nada parecido antes en los cómics. En Image están ahora los autores que solían ser fijos en Vertigo, y en Marvel y DC, y además nuevos valores, todos juntos. Image los tiene a todos, y nadie más que nosotros controla nuestras creaciones. Ahora mismo tengo tres series en desarrollo como posibles proyectos televisivos, y soy yo quien va a las reuniones, y examino todo con el dibujante, todo 50/50. Es nuestro.

Emma Ríos, en una charla reciente, declaraba que cuando dejó Marvel y empezó a trabajar en Bella Muerte junto a Kelly Sue DeConnick, fue como si se le abriera el cielo.

Por supuesto, y con su talento, y con lo que puede crear, siempre va a ser mejor si puede hacer lo que quiera con Kelly Sue, y crear juntas el cómic que deseen crear, y promocionarlo.

Ya no es un trabajo: es expresión artística. Ya no voy a trabajar. No me asignan tareas que no quiero hacer. No puedo expresar lo estupendo que es eso. Vivimos en un momento en el que alguien decide hacer su cómic, y puede tener una oportunidad en Image y hacerlo funcionar, y sentarse con sus amigos y crear cosas estupendas. Tenemos un editor para las series, en mi caso es Sebastian Girner, con el cual discutimos las ideas, y nos aseguramos de que lo que hacemos es profesional y mantiene un alto nivel de calidad… pero es muy, muy divertido. Incluso si vuelvo a escribir cómics mainstream en el futuro, nunca dejaré de crear mis propias obras.

Si el pulp de la EC fue la gran influencia en Fear Agent, ¿cuáles fueron las principales influencias para Ciencia oscura y Low, dos títulos de ciencia ficción tan diferentes entre sí?

Creo que Low, en tono y en estética, está influido por las historias de Metal Hurlant que leí de chaval, y el tono adulto que predominaba en ellas. Había sexo y desnudos, pero siempre eran parte de la historia, no estaban allí porque sí… Pero no tenía nada más específico en mente cuando creé Low. En el caso de Fear Agent, obviamente estábamos escarbando en cosas como Weird Fantasy y películas de ciencia ficción de los cincuenta. En Low trataba de crear algo único con Greg Tocchini. Greg es un verdadero genio.

 Alguien me comentó, tras leer el primer tomo de Ciencia oscura, que era algo como “Reed Richards con drogas”.

[Risas] En realidad, una de las cosas que me interesaban sobre Reed es que su familia siempre estaba en peligro por las cosas que él hacía. Junté eso con mi temor, ya que por entonces acababa de ser padre (estamos hablando de 2012), a ser un padre negligente. Ese es uno de mis grandes temores. Pero me gustaría haber escrito a Reed como alguien que lo es, y sobre las consecuencias de ello, y los peligros a los que expone a su familia con sus experimentos… con su Ciencia oscura.

 Matteo Scalera nos comentaba en su entrevista que aportó algunas ideas a las historias en Ciencia oscura, pero que la estructura básica de la serie estaba ya establecida antes de llegar él al proyecto. Antes, comentabas que prefieres tener un esbozo claro del argumento general de la historia que cuentas. ¿Cuánto aportan los dibujantes a otras series tuyas como Low o Clase letal? ¿Cómo encajan sus ideas en esa estructura?

La mayor parte de las veces preparo un esbozo y se lo presento al dibujante. Él me envía bocetos, ideas e impresiones visuales, y cambia escenas si cree que puede hacer las cosas más interesantes desde el punto de vista visual. Matteo y yo hablamos por Skype cada quince días, más o menos, le cuento mis planes, aporta ideas… es algo colaborativo. Ciencia oscura estaba pensada antes de que Matteo entrase en el proyecto, pero no existiría ni tendría ese aspecto tan estupendo sin Matteo y su increíble talento. El primer arco estaba pensado antes de la llegada de Matteo, pero a partir de entonces todas las historias de la serie tienen mucho de Matteo.

En estas series, la colaboración es total. Wes Craig y yo hablamos a menudo sobre Clase letal, paso horas hablando por teléfono con Sean Murphy para desarrollar Tokyo Ghost… Greg Tocchini habla portugués, así que no podemos hablar, pero le envío ideas y notas, y él me envía diseños de cosas que yo le comento y de cosas que se le ocurren. Por ejemplo, el Traje de Timonel que aparece en Low proviene de un diseño de Greg. Hablé con Sebastian Girner acerca de ello y el traje acabó convirtiéndose en un elemento realmente importante en la serie. Greg no sabe hacia dónde voy. No conoce el argumento general, y a veces eso le entusiasma mucho…

Como puedes ver, cada proyecto tiene su propio método, pero me encanta que todo el mundo participe lo máximo posible y se divierta al máximo, porque son nuestros cómics.

En otras ocasiones has afirmado que las aventuras y desventuras de Heath Huston en Fear Agent reflejaban tu vida, en cierto sentido: tus estados de ánimo, tus mudanzas… y en la introducción para el primer tomo de Low, afirmabas que Stel, su protagonista, refleja tu visión optimista de la vida. ¿Hay algo de ti en los personajes de Clase letal?

Sí. Aunque por supuesto mucho de lo que ocurre en la serie es ficción, pero otras muchas cosas me ocurrieron de verdad, y son situaciones en las que me vi envuelto. He vivido algo de violencia y locura en mi vida, y eso sucedió cuando estaba en el instituto, así que quería construir una situación violenta y contar historias que reflejasen mi experiencia en el instituto, obviamente, magnificándolo y convirtiéndolo en un instituto de asesinos. En esos años, yo escribía diarios, y los he releído para recordarme a mí mismo lo que pensaba, cómo procesaba las cosas, cómo veía el mundo… y después mezclar todo eso con el reparto de Clase letal, con los elementos más fantasiosos, como enfrentarse a psicópatas o señores de la droga. Es divertido desenterrar esas desventuras mías: relaciones con chicas, amigos que te traicionan… todas esas cosas de instituto. Eso me ayuda, espero, a escribir una serie que parezca auténtica, porque todo eso ocurrió de verdad.

¿Por eso decidiste ambientar Clase letal en los ochenta?

Sí. Marcus empieza en Kings Dominion en 1987, el mismo año en que yo empecé el instituto. Y sigue el mismo camino que siguió mi vida cuando estudiaba en el instituto.

Siguiendo con la comparación con series de HBO que hacías antes, tanto Ciencia oscura como Clase letal parecen cerrar una temporada en sus respectivos terceros tomos recopilatorios. ¿Cuánto tiempo durarán?

Ahora mismo, tengo la historia de Clase letal escrita hasta el capítulo 33, y de Ciencia oscura hasta el 37 o 38. Los finales de esos números podrían ser finales de serie o podríamos seguir adelante. Cuando hablo con los dibujantes, a veces queremos arrancar un nuevo proyecto, y otras veces nos damos cuenta de que nos encantan las series, y queremos seguir adelante con ellas para siempre… La cosa cambia en cada momento, pero al menos, esas series llegarán a esos números.

Ahora hablemos de dos nuevas series de ciencia ficción tuyas, aún ineditas en España. Una es Devolution, que por lo que hemos visto de la historia y el dibujo muestra de nuevo un aire pulp. ¿Crees que una aproximación mas “científica” al tema arruinaría la diversión?

Sí, eso ocurre. Devolution es un sinsentido pulp, una historia que escribí hace diez años, que muestra mi amor por la EC y las películas de acción de los ochenta. Escribí simplemente “El guerrero de la carretera contra Jurassic Park” en un papel, y el título se me ocurrió escuchando a los Devo. Esbocé la historia y la desarrollé, y la presenté a Dynamite, y finalmente ha terminado haciéndose realidad, con Jon Wayshak como dibujante. Son cinco capítulos de diversión chalada, y refleja lo que yo hacía en 2008. Jon Wayshak dibuja estas cosas maravillosamente ridículas (risas) al mejor estilo “serie B”.

Y la otra nueva serie es Tokyo Ghost, que ya hemos mencionado, que explora la relación entre el ser humano y la tecnología en un futuro cercano. Es una tema interesante, en la la actualidad ya se han diagosticado diferentes clases de adicción a la tecnología. ¿Cómo ves el futuro de nuestro mundo, en este sentido?

Creo que vamos a meternos más y más en ello. Tendremos cascos oculares y olvidaremos nuestra vida exterior. Hay gente que se engancha a una videojuego y desaparecen tres meses… Yo lo he hecho. No es saludable. Pero súmale a eso el hecho de que nuestros teléfonos móviles son ya pequeños miniordenadores, con videojuegos, e-mail, redes sociales, cámaras, Twitter, Tumbler… toda esa mierda se pega a la misma parte del cerebro que se excita cuando apostamos. Esperamos satisfacción de estas cosas, y no la obtenemos. Nuestro cerebro desea información y aprendizaje, y estamos leyendo posts de Facebook sobre lo que alguien piensa de algo, o lo que ha comido. Tu cerebro tarda lo mismo en procesar eso que en procesar información “buena”. Estamos echando cubos de basura en nuestro cerebro. Sales a cenar con amigos, y muchos se pasan la mitad del tiempo mirando sus móviles… Es un problema, y está relacionado con nuestra necesidad de gratificación inmediata y nuestra escasa capacidad de concentración. Nos da un chute de endorfinas, pero lo que buscas, en la mayoría de las ocasiones, no está en el teléfono. He estado a punto de morir en las autopistas de Los Ángeles porque la gente teclea en sus teléfonos cuando están al volante. Es un problema social.

Ahora mismo, no tengo Twitter en mi teléfono, ni ninguna otra red social. Solo lo uso para enviar mensajes o jugar un videojuego de zombis cuando tengo que esperar para una reunión o similar, y para el correo electrónico. Y lo uso de manera controlada. Intento mirar el correo solo por la noche, cuando he terminado de trabajar. Tengo 42 años, de modo que la mitad de mi vida ha sido pre-Internet, y veo la diferencia en mi capacidad de concentración. Antes, leía una novela en una semana, ahora eso parece una tarea imposible. Cuando leo, estoy pensando cosas como “¿habrá enviado Wes alguna página?”, “a lo mejor Sean ha enviado la portada…”, “tienes que mirar lo que hay en Twitter”… Todo ello está reajustando nuestro cerebro, de forma que una conversación interesante es algo cada vez menos frecuente, y nuestra capacidad de procesar información compleja está desapareciendo a medida que nos convertimos en criaturas adictas a sonidos y titulares rápidos, en vez de preferir lecturas más profundas e interesantes y tener una mejor comprensión de las cosas.

¿Será Tokyo Ghost una serie limitada?

Sean Murphy y yo tenemos planeados diez números, y podría haber más. Estamos hablando sobre nuestras opciones. Es un mundo tan rico que explorar, y lo estoy disfrutando tanto que no me sorprendería que se alargase más allá de esos diez números.

Antes has hablado de que algunas de tus obras están en proceso de desarrollo para el medio televisivo. ¿Cuál de tus cómics te gustaría más ver convertido en una serie de televisión?

Ahora mismo, la única serie televisiva basada en una obra mía oficialmente anunciada es Night Mary, que está en NBC/Universal. Tengo, como te comentaba antes, otras tres en desarrollo, y hemos tomado la decisión de no anunciar nada al respecto hasta que todo esté bien atado: cadena, reparto, showrunners… Así podemos trabajar en ello sin expectativas creadas.

¿Que cuál preferiría? Bueno, estamos desarrollando dibujos animados, series de imagen real… un buen puñado de mis obras, nuestras obras, y eso me encanta. Hay cosas tanto del pasado como de mi trabajo actual.

SEVEN TO ETERNITY es la nueva serie de Remender, junto a Jerome Opeña, recién presentada y prevista para finales de este año.

Para terminar, ¿qué podemos esperar de ti en el futuro cercano? ¿Cuáles son tus próximos proyectos, además de lo que ya nos has contado?

Soy masoquista. Me encanta crear estas series. No puedo parar de pensar nuevas ideas y me muero de ganas por ponerlas en marcha, y además estoy en la increíble situación de tener unos amigos estupendos, que además son excelentes dibujantes, y que se mueren por dibujarlas. Es un sueño hecho realidad. Es el cielo y el infierno al mismo tiempo. El cielo, porque no hay nada que te separa de lo que quieres hacer, y el público lee estos cómics, y responde a ellos, y eso me hace tan feliz… y es el infierno porque no paran de ocurrírseme nueva ideas. Tengo tantas, y tengo ganas de hacer muchos más… Ahora mismo, con lo que tengo entre manos, estoy ocupado hasta finales de 2017. Asi que espero que la gente siga comprándolos y disfrutando con ellos, y así pueda seguir.

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Mikel Bao publica sobre cómics periódicamente en la revista Zona Cómic. Ha realizado para la editorial Lau Katu el libro Thor sin fronteras y escribe y reseña cómics y demás expresiones culturales en su blog rodeado de papel.