Cuando en «Aterriza como puedas» los Zucker-Abrahams-Zucker ironizaban con «Rocky 38» y un anciano Stallone no se equivocaban mucho. Eso sí, lo que nadie habría podido imaginar es que con 73 estuviera tan de buen ver y tan musculado como si tuviera treinta años menos.

Pero no ha sido Rocky el personaje que sigue dando caña, sino John Rambo, el otro mito que convirtió a Stallone en una superestrella de Hollywood y que ahora vuelve con toda su furia para imponer orden al otro lado de la frontera de México y Estados Unidos (y a éste).

Es curioso como precisamente en otra etapa norteamericana básicamente republicana -la de Reagan- fue donde este personaje se convertía en mito, y ahora, en otra Norteamérica también republicana -la de Trump- Rambo vuelve con toda la fuerza. Y precisamente, con la frontera (y el muro) como telón de fondo de la última aventura del comando de operaciones especiales condecorado por su participación en Vietnam.

Vale, que sí, que ya sabemos todos lo que vamos a ver, pero digo yo que podrían haber cargado un poquito menos las tintas y que el trazo no fuera tan grueso, porque según la película, resulta que México es poco menos que el infierno y Estados Unidos el paraíso de la libertad (recordemos sin ir más lejos, la primera película de la saga, que aquí se llamó «Acorralado» -«First Blood», o sea, «primera sangre» en español y esta se llama «Last blood» o sea, «última sangre»…- donde no había precisamente mucha libertad para un veterano de guerra que llega a un pueblecito…).

Los malos, unos proxenetas narcos mexicanos -que vuelven a estar interpretados por actores españoles…- parecen sacados de un cómic, en unas verdaderas caricaturas.

Si encima resulta que las señas de identidad del personaje (el pelo largo, la cinta en el pelo, y por supuesto, el arco, el machete -que si aparecen, pero no con la importancia que deberían tener, ya que son definitorios, como el sombrero y el látigo para Indiana Jones…) están desdibujadas, nos encontramos a un abuelete como cualquier otro jubilado del interior rural de Estados Unidos.

Ese personaje que es el «bueno» de la película, es un anciano mártir atormentado por sus recuerdos, capaz de las mayores heroicidades por su experiencia militar. Si encima resulta que es su sobrina a la que han hecho daño, pues ya podemos imaginarnos la que se lía.

Vamos, que a la familia, ni me la nombren, que entonces ya no hay compasión alguna: pero en esta película dirigida con más convencionalismo que interés por Adrian Grunberg -que por cierto, también dirigió «Vacaciones en el inferno», en la que Mel Gibson también metía en cintura a malvados narcos y delincuentes mejicanos…- todo parece estar hecho para llegar a la secuencia final, una especie de mascletá donde Rambo se convierte en una máquina de matar y se carga hasta al apuntador. Terminator a su lado, una nenaza.

El guión sitúa a un Rambo medicado y retirado en un rancho de su familia en Arizona (primera noticia que Rambo tuviera familia, que estuviera en Arizona, y que le gustara domar caballos…) que sigue atormentado por sus recuerdos.

Resulta que su sobrina está a punto de empezar la universidad, pero después de que su madre haya muerto de cáncer y que su padre -un mejicano- las abandonara, decide cruzar la frontera e ir en su busca.

El problema es que se ve envuelta en una red de proxenetas, y tito Rambo va a salvarla, aunque cuando llegue se va a encontrar con verdaderos problemas… Ya que hemos hablado de Mel Gibson, resulta curioso la parábola que plantea esta película, ya que en «Apocalypto» comprobábamos el poco valor que tenían las vidas humanas en el México precolombino… y ahora resulta que casi pasa lo mismo, con castas, esclavos, etc. Abrumador.

A pesar de la condescendencia con que podamos ver todo lo relacionado con el legendario personaje «que comería cosas que harían vomitar a una cabra» -mítica frase del coronel Trautman- todo está realmente traído por alfileres, y hay agujeros de guión realmente grandes.

Tan grandes como para que la espera para esa secuencia final sea un poco tediosa. Eso sí, hay que reconocer que en los momentos en que el boina verde saca la mala leche, se luce, como hacía en la anterior película del personaje, que ya era la cuarta parte de la saga (apodada sencillamente «John Rambo»), llegando incluso a momentos «gore» cuando no de auténtico «slasher», cargando las tintas a lo bestia. Claro que también es lo que se espera, ¿no?

JOHN RAMBO, que se sumó a la moda de los ‘reboots’, siguió siendo fiel al personaje y lo colocó donde siempre: en un lugar apartado donde no desea líos ni broncas, pero donde la guerra y la matanza siempre le terminan encontrando. Los fans de pedigrí salieron del cine aquel año 2008 sonrientes y felices, al comprobar que su Rambo seguía tan en forma como el primer día, a pesar del inexorable paso del tiempo.

¿Y por qué di las gracias en el título? Por seguir ahí en 2019, en la atalaya, vigilante, pendiente. Por no haber caído ni en indignidades humillantes (saga TERMINATOR), ni en venta al mejor postor (saga STAR WARS), o directamente disparates (saga RESIDENT EVIL).

Por saber tener la humildad de los grandes, que a sabiendas de que es un icono de incalculable trascendencia en el cine, e incluso en nuestra sociedad, no se infla, ni reivindica, ni intenta colarnos un pomposo tostón de 3 horas, ni busca desesperadamente a “nuevas audiencias”.

Esta película la ha hecho Sylvester para nosotros, para sus admiradores, para los que flipamos tanto con Rambo que de chicos teníamos que ver todo lo que oliese parecido: COBRA, ENCERRADO, TANGO Y CASH, DEMOLITION MAN, EL ESPECIALISTA, ASESINOS, JUEZ DREDD… ¡Hasta ALTO O MI MADRE DISPARA!

Nosotros hemos sido leales estos 37 años… Y él, también lo ha sido.

RAMBO: LAST BLOOD no es tan sólo una peli bien hecha y por supuesto entretenida. Es casi una declaración. Y es una declaración, principalmente, a dos colectivos:

– A los cineastas:

Cinco directores sin nombre (sin nombre para los ignorantes, claro) con sus cinco respectivas visiones del asunto. Sin cambios drásticos, sin “poesía visual”, sin guión condescendiente o políticamente correcto, sin filtros que suavicen la cosa, sin intento de ser “agradaores” a eso que llaman el gran público. Esto es muy sencillo: Rambo+su visión del mundo y sus valores+enemigos odiosos+muerte y destrucción. ¿Y necesitamos 175 minutos para contar la historia? ¿Tenemos que contratar a la fuerza a Scarlett Johansson y a The Rock?

– A los critiquillos de poca monta:

A ver, que muchos han repetido la gilipollez y hay que pararles los pies. ¿Que esto no es Rambo? ¿Y según vosotros qué cojones es? Ninguna de las cinco pelis es igual, todas se han distinguido por aportar algo diferencial, sin alterar a Johnny. ¡Pues claro que es Rambo! Él sabe lo que está bien y lo que está mal, y sabe quién es bueno y quién es malo (lo dice de hecho, ‘tú no sabes lo cruel que puede ser un hombre, yo sí’.). Y quién merece vivir y quién merece morir salvajemente, porque si algo distingue a Rambo de otros héroes de metralleta, es que él, una vez cruza la línea del ‘tranquilo, tranquilo, tranquilo, tranquilo, tranquilo…….. ¡MOOOORIIIIIIIIIIDDDD!’ no es precisamente sutil o cuidadoso. Más bien es letal y exagerado.

La que para mí es una de las grandes obras maestras del género de Venganzas, MAN ON FIRE, con Denzel Washington (también situada en un México muy violento, por cierto) sí es… cuidadosa.

El personaje de Creasy es metódico y un manitas, por eso su gran intervención en el mundo de los villanos resulta tan perfecta y difícil de superar. Así pues creo yo que Rambo opta por un camino más clásico (en el sentido de más directo al grano) pero vertiendo 14 litros de salsa ultra-picante en la barbacoa, y de ese modo estimular nuestro ya muy cascado paladar.

El resultado es muy similar, no obstante: satisfacción total. De ver cómo los malos –por lo menos en el cine– caen como los gusanos que son, y se van al infierno y dejan de hacer daño.

Y encima nos salen con las mierdas típicas (qué poco originales, de verdad) de racismo, de Trump, de muros, de no sé qué…La progrez como siempre, feliz es al sentirse superior.

No me parece casual que LAST BLOOD se estrenara el mismo día que otra película que es la antítesis de lo que aquélla representa.

Y si ponéis atención en los puntos verdes o rojos de las “críticas profesionales” (profesional se ve que significa que cobran pasta por hablar bien o mal de tal o cual película.

Qué oficio más digno, sí señor)… Tíos, en RAMBO todo puntos rojos menos alguno verde; en la última basura de Amenábar justo lo contrario.

Asombra, y sobre todo da vergüenza, el “lameculismo” del que encima presumimos en España. Repugnante.

En serio, si con sólo ver el trailer ya habíais escrito vuestros sesudos y petulantes comentarios poniendo aleatoriamente en ellos las palabras clave ‘fascismo’, ‘xenofobia’, ‘viejo’ y ‘ridículo’ (tachan a Stallone de ridículo por ser viejo, qué gran respeto) yo os pediría que por favor os abstuviéseis de criticar películas que no os interesan. Idos a la gala de los Goya, allá os entenderán mejor.

RAMBO 5, 90 minutos redondos, con drama, con nostalgia, con miedo al futuro, con odio, con unos buenos villanos… y con una buena venganza.

De las mejores que he visto.

Solamente dos ‘peros’: que la amiga gorda hija de puta salga indemne (no me parece justo); y que esta película no vayan a ponerla en los institutos, y aberraciones como CAMPEONES sí. Eso también me parece injusto y además ilógico.

¿Mi instante preferido? El plano final de John James Rambo sentado en su porche, contemplando (como ya hizo en la anterior parte) la desolación provocada por su ira. La desolación de los cientos (digo cientos porque en la escena final parecen multiplicarse por arte de magia) de hijos de Satanás que pretendían aniquilarle. Pretendían aniquilar a una leyenda.

Fracasaron. Siempre fracasarán.

El caso es que este broche ¿final? (que yo ya no me creo nada…) aprueba por los pelos (y no precisamente por el que no se deja largo Stallone…): creo que hace mucho más la mitología cinematográfica y la complicidad del espectador que la calidad real de la película.

Estoy convencido que el público joven, que ni siquiera había nacido en 1982 (año del estreno de «Acorralado») verán esta película como otra más, sin el más mínimo interés y sin la pátina que podemos darle los cinéfilos que hemos crecido con ese personaje.

Más bueno o más malo, pero que ya forma parte de la carrera de este actor, y por supuesto, de la historia del cine, nos guste o no.

Patxi Álvarez