Como bien se sabe a los seguidores del Club Atlético de Madrid se les llama, tradicionalmente, colchoneros y más recientemente indios.

La razón de ser conocidos como colchoneros se remonta a los inicios del club en 1903 ya que en España, las fundas de los colchones solían ser, mayoritariamente, de un tejido áspero a rayas, blancas y azules o rojas y blancas, y de ahí la denominación del equipo y por extensión a sus seguidores.

La denominación de «indios» es bastante mas reciente.

En la época dorada de la década de los 60 y 70 donde el club madrileño consiguió muchos títulos, muchos fichajes llegados al conjunto rojiblanco procedentes de Sudamérica: Cardona, Ovejero, Benegas, Ayala, Cacho Heredia, Panadero Díaz, etc. Todos ellos llevaban el pelo largo y eran morenos de piel, hecho que provocó que los seguidores rivales llamaran despectivamente ‘indios’ a los jugadores colchoneros.

Con el paso de los años, el insulto pasó a ser un sobrenombre aceptado por la afición rojiblanca.

La mascota del equipo se bautizó con el nombre de ‘Indi’, y no es extraño ver, antes en el Calderón y ahora en el Metropolitano, a algunos aficionados con plumas en la cabeza y el rostro pintado como los nativos norteamericanos.

Otra de las teorías habla de que los seguidores del Atlético son ‘indios’ porque al igual que los indígenas de los wésterns americanos: vivian junto al río (el Manzanares, donde se localizaba el Estadio Vicente Calderón, y ‘odian’ al hombre blanco (el Real Madrid).

El Madrid ayudó al Atlético a no descender cediendo a Grosso

Este «odio» al Real Madrid no se da entre los autodenominados «colchoneros» ya que nunca olvidarán como en la temporada 1963-64 el equipo merengón le cedió, a mitad de liga, en la jornada decimosexta, al delantero centro Grosso, que con sus goles y asistencias consiguió sacar al equipo colchonero de los últimos lugres de la tabla, que le conducía a segunda división.

El inicio de los sesenta fue una época de oro para el Atlético: ganó la Copa en 1960 y 1961, en sendas finales en el Bernabéu ante el Madrid de Di Stéfano, Puskas y Gento. Ganó la Recopa (UEFA) en 1962, fue finalista de la de 1963. En la Liga, siempre por arriba. Pero la temporada 1963-64 empezó mal. El club había emprendido la construcción de un nuevo estadio a orillas del rio Manzanares y en lo deportivo llega a ser colista tras las jornadas séptima, novena, décima y undécima. La Liga era de treinta jornadas.

Tras la cesión durante la segunda vuelta de la Liga, curiosamente Grosso, se reintegró al equipo merengue y jugó contra los colchoneros en la Copa con el 9 de Di Stefano que se acababa de retirar.

Entonces la Copa se jugaba tras la liga que acababa en abril. Para la Copa, el gerente del Madrid lo explica con una imagen muy gráfica. “Yo presto mi coche para llevar un enfermo al hospital, no para ir a dar un paseo”. Se trataba, en suma, de ayudar al Atlético a eludir el descenso. Y se aclara que no jugará contra el Madrid.

Y esa responsabilidad cae sobre los hombros de Ramón Moreno Grosso. Sus palabras son prudentes. “¿Es usted el salvador del Atlético?”. “¿Yo? Yo no soy nadie. Estoy empezando y tengo mucho que aprender”.

La victoria ante el Madrid de Crosso en Copa

Recordemos que aún en los años 60 el fútbol era un deporte y las normas eran muy distintas a las actuales, Santiago Bernabeu y Vicente Calderon eran dos caballeros que practicaban el juego limpio como auténticos caballeros.

Tras ayudar a que el atlético quede clasificado en séptimo lugar de la tabla liguera y volver a la disciplina del equipo merengón, en los cuartos de la Copa se enfrentan los dos equipos madrileños.

La ida, en el Bernabéu, la juega el Madrid con diez suplentes, porque faltan tres días para la final de Copa de Europa contra el Inter. Es el día del debut de Grosso.

Los suplentes van ganando 2-0 cuando el Bernabéu empieza con la rechifla del “¡Olé! ¡Olé!” (es la primera vez que escuché, creo que nació ahí) y el Atlético saca su señal de identidad, la garra, se encorajina y empata.

Para la vuelta, en el Metropolitano, Di Stéfano no es convocado. La derrota en la final ante el Inter habrá sido su último partido en el Madrid. Su mítico nueve lo carga Grosso, que regresa al Metropolitano vestido de blanco.

Nuevo empate y el sorteo fija el mismo escenario para un tercer partido. Ganará el Atlético, pero Grosso marcará ese día su primer gol como madridista. En cinco meses, pasa de jugar en el filial merengue de tercera a llevar el nueve de Di Stéfano. Y en el camino se ha hecho una leyenda de salvador del Atlético.

Evidentemente esas buenas relaciones entre colchoneros y merengues no impedían la «rivalidad elegante» y las «puyas castizas» entre sus aficiones, pero nunca el «odio» que se instaló en la afición mas joven colchonera tras soportar 14 años del siglo XXI, sin conseguir vencer a su rival blanco.

Los colchoneros no son antimadridistas

Esta humillación que duró hasta la final de Copa de 2013 donde el Atlético de Madrid de Simeone se impuso al Real Madrid de Mouriño, creó un sentimiento antimadridista entre los «índios» no compartido por los «colchoneros viejos» acostumbrados a ver ganar a su equipo a su rival capitalino.