
MÁS ALLÁ DEL XIAO

El Xiao en la cultura china es un concepto fundamental que se refiere a la piedad filial, el respeto, la obediencia y la lealtad hacia padres y antepasados. Es considerado uno de los valores más importantes en la sociedad china. El Xiao, es visto como la base de la moralidad y la armonía social. Ofrecer sacrificios a los antepasados, cuidar a los padres y respetar a los mayores.
Un artículo de EL PAIS de la pedagoga Ana M. Longo[1], que analiza si cuidar a los padres es una obligación moral más allá del afecto, especialmente cuando los vínculos son débiles. Nos lleva a reflexionar sobre sus puntos básicos y la milenaria filosofía china del Taoísmo y su cultura XIAO. Longo, plantea que el cuidado no puede basarse solo en el amor, sino también en principios como la justicia, la solidaridad o el respeto a la dignidad humana. Principios y valores tan validos y humanos, como mínimo, poco frecuentes.
Esta es una comparación entre la cultura del Xiao (孝) del Taoísmo (contextualizada principalmente en el pensamiento chino clásico, ya que el Taoísmo como escuela filosófica interactúa con este concepto) y el dilema ético planteado por Ana Longo sobre el cuidado parental.
Mientras que Ana Longo parte de la fragilidad del vínculo para cuestionar si el cuidado es una obligación moral autónoma, la visión tradicional del Xiao parte del supuesto opuesto: la solidez del vínculo como base incuestionable del orden social.
En la tradición china, el Xiao no es un simple “gustar” de los padres. Es un principio ético total. Como indica el académico Wang Zeying, el Xiao es un sistema orgánico compuesto por principio cósmico “el Tao de Xiao”, la cualidad interna “la Virtud de Xiao”, la psique moral “Voluntad de Xiao” y la práctica o “la Acción de Xiao”.
Para esta visión, la obligación existe a pesar del afecto o la falta de él. Es un deber ontológico: cuidar a los padres es cuidar el origen de uno mismo y del universo. En su artículo Longo al decir “cuando el vínculo es frágil, lo que parecía evidente se convierte en un dilema ético”, sugiere que el afecto es el pegamento moral.
Si el padre fue ausente o dañino, el “Cielo” del Xiao se vuelve opresivo. Para Longo, la moral no puede ser un mandato cósmico vacío; debe estar anclada en la reciprocidad y la experiencia emocional real.
Es crucial entender que el Xiao trascendió lo familiar. Históricamente, sirvió para consolidar el estado burocrático imperial: un “hijo filial” se convertía en un “súbdito leal”. Era una tecnología social para mantener el orden. Incluso en el Taoísmo religioso, aunque con matices, se promovían prácticas como rezar por la longevidad de los padres, reforzando el deber.
Longo representa la crisis de la modernidad tardía. Vivimos en sociedades donde el contrato social y la psicología han erosionado los mandatos incuestionables. La pregunta “¿Debo cuidar a quien no me cuidó?” es radicalmente moderna. No existía en el vocabulario del Xiao clásico, porque el concepto de “infancia traumática” como excusa para incumplir un deber no estaba contemplado.
Es importante matizar que el Taoísmo filosófico (Laozi, Zhuangzi) es más crítico con el formalismo confuciano del Xiao.
Mientras el Confucianismo dice “hay que llorar en el funeral, aunque no tengas ganas” (ritual sobre sentimiento), el Taoísmo valora más la espontaneidad y lo natural.
Podríamos argumentar que el Taoísmo tendería a estar de acuerdo con Ana Longo en que el cuidado hipócrita o forzado es peor que reconocer la falta de vínculo. Sin embargo, el Taoísmo tampoco abogaría por un contrato social basado en el “derecho a no cuidar”, sino más bien en seguir la naturaleza del corazón (que, para ellos, idealmente, siente compasión de forma innata).
En la cultura del Xiao diría que la obligación moral es anterior al afecto. Es una cuestión de cosmología y orden social. Ana Longo sugiere que la obligación es posterior al afecto; sin una base emocional, es solo una carga impuesta.
El Xiao advertiría que basar el cuidado parental solo en el “afecto” es peligrosamente frágil. ¿Qué pasa cuando el afecto se acaba por una pelea trivial? La sociedad necesita un piso ético mínimo que sostenga a los vulnerables (padres ancianos) incluso cuando no son “queribles”.
Longo señala el talón de Aquiles del Xiao: la asunción de la armonía. Al presuponer que el vínculo es sagrado, la tradición del Xiao ha justificado durante siglos el abuso filial (exigiendo obediencia ciega) y el abuso parental (padres tiránicos que exigen respeto solo por su edad). Longo devuelve la agencia al individuo: el cuidado es valioso porque elegimos darlo, no porque nos sea impuesto.
Mientras la cultura del Xiao erige el cuidado en un deber universal y trascendental (válido, aunque duela o no guste), el artículo de Ana Longo lo replantea como un dilema subjetivo y emocional (válido, solo si el vínculo lo sostiene). La primera busca la estabilidad social a través del deber; la segunda busca la autenticidad psicológica a través de la reflexión moral.
Quedan muchas aristas por analizar/reflexionar, como: ¿Qué pasa en ambas visiones si el padre fue maltratador? El Xiao clásico diría «aun así, es tu padre«. El Taoísmo filosófico podría ser más ambiguo (dejar fluir, pero no forzar). Ana Longo probablemente diría que ahí la obligación moral se rompe.
JACA, Santander, mayo 2026
Referencias:
[1] https://elpais.com/ideas/2026-04-04/cuidar-de-nuestros-padres-es-una-obligacion-moral-mas-alla-del-afecto.html

