tebeo, comicKenny Ruiz pertenece a una generación que ha crecido con numerosas influencias pero que pronto se decanta por el manga. En su trabajo vemos acción, pasión y una continua evolución buscando un tebeo popular que enganche a los más jóvenes. Apasionado, intenso, carismático… con ustedes Kenny Ruiz.

Pregunta: ¿Qué tebeos te hicieron desear ser autor?


Respuesta: Sobre todo Alita, Ángel de combate. Había leído antes otros tebeos, sobre todo Dragon Ball y X-Men, que a mi hermano mayor le encantaba y por eso comprábamos un montón en la época de Cris Claremont. A mí me gustaba más el manga. Era muy adicto al anime, sobre todo a Caballeros del zodiaco que era mi serie fetiche de pequeño pero no fue hasta Alita que me di cuenta de todo lo que me gustaban los tebeos. Entonces me tocó la fibra y vi que no solo me entretenía sino que podía ayudar a entenderme a mí mismo, me marcó mucho esa serie.

De esa época recuerdo grandes series como el Xenon de Masaomi Kanzaki o el Gunsmith Cats. También Akira, que vino un poco después y Dragon Ball que estaba ahí siempre.

P.: Empiezas a colaborar en el fanzines como el Proyecto Cómic, junto a Javier Recio y Gustavo López Recio. Estamos hablando de los años 90. ¿Cómo recuerdas esa época?

R.: Tengo un recuerdo genial. Tenía como referencia a mi hermano mayor, que hace grafitis y que sacaba un fanzine. En Granada entonces no había mucho movimiento pero con sus fotocopias había hecho que la gente se interesara y se informara del mundo del grafiti. Como no conocía mucho seguí el mismo proceso que mi hermano. Fui a la tienda de cómic con un cartelito con un dibujo de Masamune Shirow, mi referente de entonces, y un mensaje con mi teléfono para la gente que quisiera hacer tebeos.

Llamó gente que no conocía de nada y empezaron a surgir un montón de ideas y decidimos hacer un fanzine, un proyecto que duró varias generaciones. Mi referente era Oscar j. Vargas, que era y sigue siendo el que mejor dibuja de todos y nos hizo de maestro a todos. Algunos iban dejándolo y llegaban otros como Gustavo y Javi, que eran compañeros de artes y oficios.

Conseguimos que nos dejasen además una sala y se convirtió en un punto de encuentro social. Recuerdo que era una época muy divertida. Nos criticábamos, aprendíamos y todo era muy estimulante y me permitió conocer a algunos de mis mejores amigos.

P.: Es una época de transición tras la caída de las revistas. De tu Granada natal pasas a estudiar en la Joso en Barcelona.

R.: Bueno, en realidad no estaba tan mal.

Había salido Camaleón, estaba publicando Mateo Guerrero, Ramón F. Bachs, Germán García, Nuría Peris… gente que me flipaba y que estaba haciendo lo que a mí me gustaba, una mezcla de tebeo americano y manga. También estaba Laberinto. Era una época industrialmente difícil pero creo que siempre lo son en el cómic español, exceptuando la época de la revista.

Había autores interesantes, yo veía posible hacer cosas. Igual era un poco necio y no entendía como iban la industria pero siempre pensé que se podían lanzar proyectos.

Gracias al fanzine la gente de Veleta nos invitó a ir al Salón del Cómic de Barcelona y allí vimos el stand de la Escuela Joso, que para mí fue como ver la luz, era un sitio en el que se aprendía cómo hacer tebeos. No sabía que existía eso. Conocí algunos profesores y alumnos y decidí ir.

Yo no tenía pasta familiar pero cuando mis padres vieron que iba en serio me ayudaron lo que pudieron. Me busqué un currillo de camarero y me fui apañando. Fue una época durilla porque cambias de ciudad, dejas a los amigos y andas justo de pasta pero también conocí gente nueva y se me activaron las neuronas de un modo totalmente nuevo. Volvía a casa con 100.000 ideas nuevas que quería hacer cada día. Creo que nunca he trabajado tanto. Además conocí a grandes profesores y amigos.

P.: Autores como Beroy, una unión de generaciones importante.

R.: Yo estuve primero y la mitad de segundo del curso de Art Graphic. Después me salió trabajo y lo tuve que dejar.

En primero tuve a Jose María Polls de profesor de guión y me enseñó todas las herramientas que utilizo hoy en día. Beroy era el profesor de proyectos.Gracias a él, comencé a conocer el mercado francés y el trabajo de Beroy me gustó muchísimo.

Aunque era de una tendencia que no tenia nada que ver conmigo, en el debate entre sus propuestas se fue formando mi estilo.

A Joan Fuster le conocí en esa época también, él defendía el tebeo americano a muerte y yo el manga. Discutía mucho con Beroy y le sacaba de quicio, él aún se acuerda cuando le veo.

P.: Tus primeros trabajos son alimenticios. Alternas dibujos para las franquicias de Disney con relatos eróticos en Wet Comix. A la vez comienzas a cumplir sueños como colaborar en “Las Crónicas de Mesene”.

R.: Ese fue un momento a atesorar. A mí me gustaba mucho la serie. Yo no conocía a Mateo Guerrero en persona, autor de la serie, pero sí conocía a Jorge Ivan, editor de Dude del momento. Cada año le daba la brasa para publicar mi trabajo pero siempre me veía verde y me largaba. Gracias al álbum que hice con Wet Comix, erótico a color, me llamó él y me dijo que tenía una serie: “Crónicas de Mesene. Periplo” que iba a ser una serie de 6 números. Reyes la había abandonado y faltaban 3 números por hacer así que había pensado en mí. Acepté y me puse en contacto con Roke González.

El problema fue que justo entonces me llamaron de Paquet para hacer “El Cazador de Rayos” y no veía tiempo de compaginarlo de modo que le pedí a Joan Fuster que me ayudara, en aquel entonces teníamos estilos parecidos. El proceso lo hicimos juntos y fue muy bien en todos los aspectos. Quedó bien para nuestro nivel de la época, así que genial.

P.: ¿Crees que es un material que puede volver a tener actualidad?

R.: A mi me encantaría que hubiese una segunda vida o una recopilación. Realmente nosotros éramos la cuarta generación de autores que trabajamoss en Mesene.

 Es bueno que haya una serie en el que la gente joven pueda ir a foguearse. Es un concepto que siempre intento que Jorge Ivan recuperé. Es una serie que pinchó en la periodicidad pero seguro que si vuelve, encontrará su público porque tiene mucho carisma.

P.: Hablas de cómo estabas preparando “El Cazador de sueños” que será tu salto definitivo. Pasas de foguearte en Wet Comix a dirigirte al mercado francés. Será una trilogía en la que ejerzas de autor completo.

R.: Ese proyecto lo preparé cuando estaba estudiando con Beroy. Me encantaba ese guión porque aglutinaba todas las cosas que me obsesionaban en esos momentos de mi vida. Ademas estéticamente me permitía dibujar las cosas que me gustaban.

Yo no conocía cómo funcionaba el cómic europeo. En ese momento estaban saliendo autores que me gustaban mucho como el Guarnido y Canales con Blacksad y sobre todo Gipsy de Marini. Esa serie me acabó de convencer de que podía hacer un cómic europeo que me gustase. Hasta entonces veía el BD muy clásico, con un estilo de dibujo muy recargado y rígido. Después me di cuenta que para nada era así, que había un montón de oferta. Justo en ese momento se estaba abriendo mucho.

En Europa estaba la figura del autor total, que en América no estaba tan presente y Japón entonces estaba muy lejos. Si no podía hacer yo el proyecto completo no me merecía la pena, porque dibujar me mola pero lo que más me gusta es contar historias.

En esa época funcionaban muy bien las trilogías en Francia, por eso me lo planteé así y una vez me enamoré de la historia tuve claro que tenía que salir como la tenía prevista. 

Tuve la suerte de conocer a Pierre Paquet. Su editorial ahora es potente pero entonces estaba empezando y dando oportunidad a autores como mi admirado Ricard Efa, que aquí no tiene mucho publicado pero en Francia lleva un monton de fantásticos álbumes. Él me sirvió de enlace con la editorial. Me ayudó para que Pierre confiase en dar una trilogía a un chaval de 20 años sin nada publicado. Era un riesgo acojonante pero creo que a Pierre le convenció que, aunque quizás no tuviese toda la calidad que se le pudiese pedir a un autor, si veía la determinación.

P.: A pesar de tu juventud haces un producto muy compacto. Narrativamente desarrollas tramas paralelas con mucha fluidez así como el uso del dibujo y el color.

R.: Muchas gracias pero yo no lo sentía así. Para mí cada página era un mundo. Solo había hecho 46 páginas a color hasta entonces y me parecía todo dificilísimo, sin embargo creía mucho en la historia. De hecho aún creo en ella.  Yo pienso que aunque esté mal dibujada, si una historia es buena cala a fondo.

Estaba convencido de que esa es la historia que necesitaba contar. Me alegra ver que a toro pasado la gente como tú vea un producto compacto que para mí era un campo de pruebas, un trabajo en constante evolución.

La serie tuvo sus altibajos pero para mí fue increíble hacerla, con un editor que me apoyaba además. Fuimos mucho de gira y me mantuvo muy activo. Conocí a un montón de autores geniales en cada viaje y eso me hacía subir el listón a mí mismo.

P.: En medio del Cazador realizas “Barcelona”, un relato costumbrista que no tiene nada que ver con lo que hiciste antes ni con lo que harías después.

R.: Es verdad. El Cazador 1 funcionó muy bien. Lo estrenamos en París, que fue como un sueño. Yo estaba con un subidón de alegría inmenso y el guión del segundo libro era el más duro de la serie. El protagonista lo pasaba realmente mal pero yo me veía totalmente al contrario, estaba felíz, enamorado, todo me estaba saliendo genial y no me veía capaz de sumergirme en una historia triste.

Un día hablando con mi novia de entonces, Ana, veíamos la cantidad de colegas que estaban viviendo una situación similar a la nuestra: trasladarse a Barcelona buscando un sueño y encontrarse una realidad, una ciudad difícil. Una tarde se me ocurrió hacer este tebeo y, como tú dices, nunca había pensado hacer una historia costumbrista pero había tanta gente a mi alrededor que estaba pasando esa experiencia del «desplazado» que creí que estaría bien compartir mi punto de vista.

Esperaba que la gente que estuviese pasando esa etapa y leyese ese tebeo encontrase comprensión… un soporte.

Se lo comenté a Pierre. Como en principio no lo pintaba ni entintaba yo no iba a tardar mucho. Pensaba que me iba a mandar a tomar por culo, pero le gustó la idea. Le pareció bien la niña en la portada con el mapa detrás y de hecho aún me dice que tengo que hacer la segunda parte.

Lo hice en muy poco tiempo. Lo que son las cosas. Rompí con mi novia, se me jodió el trabajo y estaba con una depresión de caballo así que ya tenía el ánimo para seguir con El Cazador.

Eso se notaba en el papel, lo que estas viviendo en el momento. Fue un tramo difícil y todo se tradujo al papel… bueno, “Barcelona” funcionó muy bien y tuvo muy buenas críticas, me dio impulso, aprendí mucho.

P.: Tú siempre has optado por la literatura de género a pesar de que la crítica le vuelve mucho más la espalda frente al costumbrismo.

R.: El costumbrismo me parece que funciona mejor porque el lector no tiene nada que entender del contexto. No necesita metáforas. A mí me resulta muy fácil hacer costumbrismo como autor y como lector.

Creo que las historias buenas de género hablan también del día a día pero a través de un código más exaltado o enigmático. A mí, como artista, ese punto enigmático me motiva mucho más. Siempre que he querido contar algo personal lo he podido hacer traduciéndolo a género.

Dos Espadas está lleno de cosas que me han pasado a mí y nunca me han retado a un duelo a muerte. Todo es una metáfora, que a mí me parece que puede llegar aún a mas gente porque puedes interpretarla con tu propia experiencia .

Creo que es un desafío mayor tanto para el autor como para el lector conectar con una historia de género, pero no le hago ascos en absoluto a la historias cotidianas, leo muchas, aunque me resulta mas aburrido hacerlas.

P.: En paralelo al Cazador de Rayos comienzas a colaborar en cabeceras nacionales, en proyectos de amigos o colectivos. Colaboras en Historias de Faerie y junto a algunos habituales de Dolmen realizas Bull Dawn City.

R.: En el caso de Historias de Faerie, soy fan de Los Reyes Elfos y de Victor Santos en general. Trabajar con él fue un honor. No podía hacerme más ilusión que me lo hubiese ofrecido ningún otro autor del mundo y la pena es que sólo hicimos una historia. Me encantaría hacer cien.

En el caso de Bull Dawn City, nos hicimos muy amigos una serie de autores que íbamos coincidiendo en Avilés. Nuestros estilos no podían ser más dispares pero nos llevábamos bien y compartimos gustos por el género, el western, el humor negro y lo hicimos con ganas de pasarlo bien, de reírnos de nosotros mismos y del mundillo.

Nos planteamos cómo seríamos si saliésemos en una peli de Leone. Al principio nos lo planteamos como una broma, empezamos a hacerlo como un fanzine, fue muy divertido. Recomiendo a la gente que haga tebeos con amigos. No esperábamos cobrar nada ni vender ni uno, pero al final sí que hicimos. Cuando te lo pasas muy bien haciendo algo la gente lo percibe. Los lectores que se acercaron a la serie se vieron involucrados en la broma.

De vez en cuando está bien hacer cosas para reirse de uno mismo, y quitarse importancia. 

Creo que hubo historias muy buenas y para ser una broma hicimos 4 números. Lo dejamos porque nos cansamos. Estuvo muy bien.

P.: Has continuado desarrollando El Cazador durante 4 años. ¿Cómo fue acabar un proyecto con el que llevabas conviviendo tanto tiempo?

R.: Al contrario de lo que pudiera parecer… con una tristeza enorme. Tenía una especie de depresión postparto. Los echas de menos. Después de estar tanto tiempo con ellos en la cabeza de repente te encuentras con el salón vacío. Esta guay porque lo puedes volver a llenar con otros proyectos pero en esos momentos me sentía un poco solo. Por otra parte sentí una gran satisfacción por cumplir un reto que me había propuesto y además del modo que quería. Me reafirmaba en mi pensamiento de que se puede hacer lo que se quiera si no se pone ninguna excusa.

Me sentía muy triste y a la vez muy fuerte, con ganas de empezar algo. Para colmo, un editor de Soleil me buscó para proponerme un proyecto medio manga, medio europeo, así que fue una época muy emocionante.

P.: ¿Qué balance haces del mercado francés después de esa primera experiencia?

R.: Esa fue una buena época. Yo estaba un poco en tierra de nadie. Para los europeos era muy manga y para la gente de manga era un proyecto muy corto. No acababan de ubicarme. Recuerdo que en las críticas de El cazador unos decían que poco a poco esperaban que fuese perdiendo las influencias del manga mientras que otros esperaban que siguiese esa línea. En esos momentos no sabía lo que la gente esperaba de mí pero tampoco me lo cuestionaba porque las cosas parecían ir muy bien.

Era un buen momento para el cómic francoBelga, con muchos autores nuevos y colecciones y yo estaba en el centro del huracán, yendo de festivales y codeándome con grandes autores. Fue un momento genial.

P.: Pasas de alumno a profesor. ¿Cómo es el salto?

R.: Muy bien. Ya ves que me encanta hablar, me gustan los tebeos y me encanta la gente.

Me gusta estar con chavales jóvenes y ver las ganas que tienen. Como había sido alumno hace poco tiempo tenía claro que tipo de profesor me gustaría ser.

En el fondo siempre he tenido alma de docente, desde los fanzines en los que me autoproclamaba profesor de todo el mundo aunque no tuviese ni puta idea de nada… Un enterado, vaya.

Me gusta debatir, me gusta aprender del proceso y me gusta que en mis clases todo el mundo estuviera currando y sacando lo mejor unos de otros.

No soy Beroy, no tengo su sabiduría, pero sí intento transmitir mi energía y que se generen proyectos.

Procuro no «dar clases» sino facilito las cosas, hacer que haya un buen entorno para aprender.

Intento compaginar las clases con proyectos profesionales, si no me aburriría. Intento llevarlo a cabo mientras los chavales desarrollan sus propios proyectos.

Empatizo enseguida con los chavales y me implico en sus proyectos, es muy enriquecedor para mí, despierta la imaginación… Solo espero que a ellos también les sirva de algo.

Además es un dinero que entra fijo, que como autónomo viene genial. Para mí es el trabajo paralelo perfecto.

Hay gente que odia la docencia aunque se le de bien, a mí me encanta, y no se cómo se me da.

P.: ¿Hay más salidas desde que empezaste? Cada vez hay más autores españoles en el mercado americano, francés y japonés.

R.: Por una parte se ha globalizado mucho más y se puede llegar a muchos más lados.

Cuando yo empecé aún estaba la tilde de que eres un maldito español. Yo viví ese prejuicio en Francia. Ahora eso no pasa porque hay autores en todos los mercados que defienden nuestro nombre. Ahora es más fácil llegar a cualquier parte con un solo click pero por otra parte hay una crisis impresionante y hay una oferta lúdica inmensa en la que el tebeo cada vez tiene menos espacio.

Hay cada vez más posibilidades y menos mercado. Cada generación tiene sus conflictos. Cuando estaba en la Joso los profesores nos decían que nos olvidásemos de vivir del cómic, sobre todo en Francia, pero autores de mi generación como Roger Ibáñez, Pedro J. Colombo o yo lo conseguimos. Cada generación tiene sus retos.

P.: Llama la atención que después de El cazador de rayos, una obra de autor completa, pases a La Isla misteriosa, el misterio del Capitán Nemo, una adaptación libre y actualizada de las aventuras de Julio Verne con guión ajeno. ¿Cómo lo catalogas?

R.: No lo tengo muy claro.

En realidad fue primero “Dos Espadas”. Después de El Cazador firmé para hacer 6 álbumes europeos de la serie con Soleil. Estaba muy contento. Me mudé a Madrid cuando firmé y echaron al editor. El nuevo editor odiaba el manga. Me echó a mí y a muchos más. El primer tomo salió de milagro y empezó el año de la caída del mercado francobelga. Me pegué un estacazo de cuidado. Tenía un guión para 6 álbums y cuando se canceló Dos Espadas no tenía un plan B. No tenía trabajo ni clientes de ilustración. Empecé a llamar puertas desesperadamente. En ese momento apareció Morvan , que en ese momento era editor de la colección Ex Libris, especializada en adaptaciones de novelas clásicas. Le pregunté y me comentó que había un guionista joven que tenía ese trabajo y me pareció genial porque desde niño me encantaba Julio Verne y además con una estética steam punk… Pero el proyecto no fue como esperaba.

 Morvan es un guionista muy abierto con muchas influencias, incluido el manga, muy multicultural pero la editora que llevaba mi proyecto era ultraclásica y el guionista, Mathieu Gabella, también. En su primera conversación Mathieu me dijo que odiaba Dragon Ball y le encantaba Tintín, justo al revés que yo. Tuvimos que encontrar un punto de encuentro. Es un gran guionista con una gran técnica que me ayudó mucho. Me explicó con mucha paciencia todo lo que tenía que mejorar.

Mazi, que había trabajado conmigo en El Cazador y Dos Espadas se vino como colorista y empezamos una trilogía que fue un reto porque al principio la editora quería una adaptación muy literal y a mitad de la serie nos empezaron a dar más vía libre. Yo creo que empecé a cogerle gusto cuando estábamos a mitad del segundo álbum.

Para mí esa serie fue mi intento de hacer el autor europeo que los editores querían. Lo había intentado a mi modo con Dos Espadas y fue un desastre. La Isla no salió mal pero no estoy tan contento como con otras series. No la siento tan mía o no tuve la madurez necesaria para hacerlo mío, supongo.

P.: Dos Espadas nace en el mercado francés y pasa al pequeño mercado español. Desde los fanzines no habías trabajado para este mercado.

R.: Desde Crónicas de Messene si. Todo fue culpa de las Kôsen que tenían la visión de hacer manga en España. Yo al principio no lo veía mucho.

Nos hicimos muy amigos y yo estaba llorando por las esquinas porque me habían cancelado Dos Espadas, cuando estoy triste me pongo muy pesado. Estaba haciendo Nemo y quejándome de los personajes.

En una de estas, Aurora García (de estudio Kôsen) me dijo que iba a meter Dos Espadas entre sus proyectos y si salía me comprometía a hacerlo en manga. Yo le dije que sí convencido de que no iba a salir. Coincidieron con Hernán Migoya y Felix Sabate, que están medio locos y eran los editores de Glenat en ese momento y empezamos a hacerlo.

 Las críticas en mi entorno eran feroces, porque me «rebajaba» a hacer manga en España, pero me lo he pasado como cuando era chico con esta serie. Estaba haciendo los tebeos exactamente como quería. Sin límite de páginas, con mis propios personajes. Me estaba quitando la espina que tenía con Dos Espadas y me estaba vengando.

 Lo fui combinando. De pasta iba bien. Estaba haciendo el Capitán Nemo con Delcourt y aunque con Dos Espadas no ganaba tenía una libertad artística plena. Lo mejor es que toda la primera hornada del Gaijin fue muy bien. Son unos tebeos del copón. De repente me sentía parte de algo importante. Por fin había en España una generación de autores que hacían manga. Me sentía como Jesús Merino o Rafa Fonteríz cuando hicieron superhéroes en España, Por fin lo hacíamos y quería estar allí.

P.: Es una edición en un tamaño pequeño frente al tomo francés. ¿Cómo fue el cambio de formato?

R.: Para mí genial.

Me costó sobre todo el primer tomo y se nota. Fue difícil encontrar el ritmo de la página en pequeñito pero para mí los tebeos tienen que ser baratos. Yo quería hacer tebeos para chavales. Toda mi obra estaba enfocada para gente de treinta años para arriba. Cuando iba a firmar a salones franceses o belgas siempre venía gente muy mayor. Yo encantado pero quería hacer tebeos para el «Kenny del pasado». Tenía el reflejo de mi hermano pequeño que entonces tenía 13 o 14 años y flipaba con Naruto. Con los tebeos que yo hacía no le pasaba y yo quería que los chavales flipasen con mis personajes. Cuando eres adolescente no tienen 15 euros para gastarse en un manga, o si los tienen no lo hacen, porque tienes otras prioridades.

No me pareció un sacrificio, me parecía lo más lógico. Quería un tebeo barato que los chavales puedan llevar en el bolsillo, que se puedan dejar entre ellos. Para mí los tebeos no son un producto de lujo, son de consumo.

comic, tebeoP.: En el segundo tomo comienza el declive de la editorial y el proyecto, a falta de un tomo, queda en el limbo. ¿Cómo vives este momento?

R.: Eso fue una pesadilla. Pensaba que Dos Espadas estaba maldito. Era una mierda porque mira la ilusión que te contaba antes. Gaijin era una colección rentable. Es verdad que nadie se forraba pero todos los títulos vendían por encima de los precios de coste y era para ser optimista, pero cuando llegaron las noticias de los problemas de Glenat todo se torció.

Primero llegó la congelación de pagos, después no nos respondían los mails. Si alguien nos hubiese dicho «cerramos y ya está», hubiera sido mejor… pero estuvimos 6 o 7 meses que no supimos absolutamente nada. Yo no sabía si tenía que parar o seguir o que.

Por suerte en medio me surgió Malefic pero Dos Espadas estaba en un limbo en el que no sabíamos nada. Luego todo salió bien.

Hay algo que Mazi escribió en los extras del tomo 4 y es que «la serie sucedió mientras se hizo» y es verdad. Es una historia de perseverancia. En el momento más oscuro ser audaz, creer en el proyecto y presentarlo a otros editores. Oscar Valiente y Anabel Espada que llevan lo del manga en Norma, nos lo pusieron muy fácil. Les molestaba coger una serie ya iniciada. La gente de Glenat puso muchas facilidades para hacer el traspaso de derechos y desde Norma nos plantearon hacer un tomo más. Al final salió bien pero fue un momento duro.

P.: La única línea por la que apuestan es Dos Espadas.

R.: Al principio Oscar y Anabel me propusieron sacar un recopilatorio que incluyese el tercer tomo pero yo quería que fuese una serie. Quería sacar 4 tomos y que si funcionase pudiésemos sacar 10 más. Me propusieron sacar una novela gráfica de las que están tan de moda ahora pero yo no creo en ese formato para Cira. Me gusta que cada tomo sea una unidad pero también que siga hacia adelante. A Oscar y Anabel les encanta el manga y conseguí contagiarles la pasión por la serie, se implicaron y la llevaron más allá de lo que esperaba. Pase dos semanas que quería tirarme por la ventana porque necesitaba acabar la serie de un modo digno, por mí y por la gente que la había seguido… Pero oye, una vez mas, salió bien.

P.: Formas equipos de trabajo con dos o tres asistentes.

R.: Empecé con Rubén Candel con Malefic para Norma. Lo hicimos en tiempo record. Rubén había sido alumno mío. Al principio le pedí que me echase una mano y viendo que se le daba muy bien le propuse que pusiera todos los grises. Es una labor titánica que para una sola persona es inmensa. Son 185 páginas por tomo. Siempre que sea viable voy a aceptar la propuesta de trabajar en equipo.

Además somos colegas e hicimos muy buen equipo, había muy buen ambiente y me encontré un gran aliado. Cuando salió la propuesta del tomo 3 se lo propuse directamente. Luego vino Fernando López, que también fue alumno, compañero de Rubén. Se solía pasar por casa y al ver que andábamos agobiados se unió al proyecto.

Les pago un porcentaje de lo que gano, que es una mierda pero jugamos a la play, hablamos… Procuramos que no sea una tortura. Intentamos concentrar el trabajo. Si un tomo son 6 o 7 meses intento concentrar el trabajo de los asistentes en un par de meses a muerte sacando páginas como si no hubiese un mañana. El hecho de tener asistentes me permite asumir retos que solo quizás no podría aceptar.

P.: En Dos Espadas vas soltando todas las influencias que has ido soltando a lo largo de tu trayectoria. ¿Es tu obra más madura a pesar de ese ánimo festivo que desprende?

R.: Yo creo que sí. Hacer drama es lo más fácil que hay. Buscar emocionar al lector haciéndole daño es muy fácil. Emocionarle sin hacer pornografía emocional es lo difícil. Emocionar a la gente a la vez que entretienes me parece lo más complicado. Quería evitar el tono dramático que tiene El cazador de rayos pero sin dejar de contar cosas trascendentes para mí. En Dos Espadas está una historia de superación, de asumirse uno tal cual es, con sus propios errores. Es algo que me pasa a mí y me imagino que al resto de la gente también. El reto estaba en mantener una historia dinámica de aventuras pero con ese contenido de fondo. El público dirá si lo he conseguido o no pero estoy muy contento de haberlo intentado.

P.: La narración en el manga es muy diferente a la del álbum francés. ¿Cómo te encuentras con estas herramientas?

R.: Muy feliz. Me divierto muchísimo con este tipo de narración. Me encanta la acción, el dinamismo, poder coreografiar cada momento, hacer elipsis, gastar páginas en acelerar y parar el tiempo. Me encanta además el código del manga, las líneas cinéticas, la escala de grises, me gusta más que el color. El color está muy sometido a las modas. El color de hace 10 años nos hace daño a la vista pero el dibujo a blanco y negro aguanta mucho mejor. Me encanta trabajar en blanco y negro y cuanto más estudio, más disfruto de los códigos del manga.

P.: ¿Crees que Dos Espadas puede encontrar su espacio fuera del mercado español?

R.: Creo que sí y deseo que sí, pero ahora tengo menos fuelle que hace 15 años. Entonces me hubiese ido a Estados Unidos a vender el proyecto pero ahora tengo más preocupaciones y creo que es trabajo de la editorial.

Confío en que encuentren la manera de conseguirlo. Creo que Occidente está fascinado por este mundo del manga y que está muy interesado en trabajar con esas influencias. Más tarde o más temprano la gente dejará de tener prejuicios pero hay que convencer ofreciendo obras importantes, no solo hay que decirlo. A fuerza de obras de calidad se irá abriendo ese hueco y Dos Espadas es mi granito de arena para demostrar que se puede hacer una historia de superación tipo manga pero con las influencias europeas.

Yo lo he hecho lo mejor que he podido, espero que mis editores encuentren la oportunidad apropiada. La experiencia es hasta ahora positiva pero el público es una bestia incontrolable que nadie puede prever por dónde ira.

P.: Hablabas de que te gustaría que Dos Espadas fuese una serie abierta. ¿Cómo es la vida después de este primer ciclo?

R.: Muy triste. Me pasa como con El Cazador de Rayos. Me estoy conteniendo porque tengo muchas ideas. Aunque se han cerrado muchos arcos he dejado muchos abiertos para poder desarrollar pero ahora ando muy liado realizando storyboards y animación, un campo nuevo que me está suponiendo un montón de retos. Estoy muy motivado con ello y sin embargo con el cómic creo que ya he hecho con Dos Espadas lo que realmente quería. Imagino que se me pasará en dos o tres meses.

comic, dos espadas, tebeoP.: ¿Tu futuro en el mundo del cómic pasa por seguir con Dos Espadas?

R.: Pasa con seguir con la serie o encontrar otra idea que me apasione. Ahora mismo no tengo ninguna.

Varias cosas me rondan pero no tengo claro si hacerlas en cómic o intentar hacerla en animación. Es verdad que hacer el tomo tres y cuatro han sido una paliza importante a nivel físico. Llevo más de 15 años sin parar de hacer cómic y me estoy obligando a hacer un parón y ver que es lo siguiente que quiero hacer. He llegado hasta aquí por pura inercia, por la energía centrífuga y me gustaría ver hacia donde quiero dirigir realmente la nave. Ahora mismo no tengo planes a corto plazo pero alguna cosa saldrá que me explote. Joan Fuster suele decir que yo no escribo guiones, que los vomito. Cuando algo se me atragante lo tendré que sacar.

P.: ¿Has pensado alguna vez que Dos Espadas pudiese cobrar vida?

R.: Lo sueño de vez en cuando, pero la realidad del mundo audiovisual es muy complicada. Es un gueto muy cerrado donde es muy complicado romper con las historias autoconclusivas. Mucha gente me anima a ello viendo la historia pero lo veo complicado, son muchos escalones a saltar y habría que hacer muchos sacrificios. Me gustaría pero no me obsesiona.

P.: ¿Cómo te ves en el futuro?

R.: Estoy un poco desorientado. Tengo muchas puertas abiertas y no sé por donde voy a tirar. Voy a intentar seguir en la animación para aprender más del aspecto visual y tratar con gente diferente, pero estoy en un desierto caminando hacia el horizonte sin saber muy bien la dirección

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