Gabriel Hernández Walta es un autor que triunfa merecidamente en el mercado americano con una apuesta muy personal que encaja a la perfección en las nuevas corrientes del cómic de superhéroes. Sus primeros trabajos con El Torres ya mostraban el gran potencial de nuestro autor pero su trabajo en Magneto y especialmente en La Visión han acabado por ubicarle como uno de los autores imprescindibles a seguir muy de cerca. Con él repasamos su trayectoria y procesos y conocemos las tripas de sus historias gracias a su generosidad y paciencia.

Pregunta: ¿Cuáles fueron los cómics que hicieron que te quisieses dedicar a hacerlos?.

He querido ser dibujante de tebeos desde que tengo uso de razón, así que no recuerdo que hubiera un cómic en concreto que me despertara la vocación. Como la mayoría de los dibujantes de mi generación, empecé leyendo Mortadelo Y Filemón, Super López, Astérix, Don Miky…

En cuanto a tebeos de superhéroes, recuerdo que el Daredevil de Frank Miller y “X-Men: Dios ama, el hombre mata” me impresionaron especialmente cuando tenía unos 10 años. Más adelante, ya adolescente, me obsesioné con tebeos como Elektra:Assassin y, por supuesto, Watchmen.

 P.: Tras estudiar Bellas Artes comienzas a trabajar de ilustrador. Tras ganar el Premio Injuve tu pasión por el cómic acaba de decidir tu camino.

En realidad, fue mi pasión por el cómic lo que hizo que quisiera estudiar Bellas Artes. Lo que ocurrió es que, mientras hacía la carrera, descubrí que también la pintura me apasionaba. Al terminar los estudios, encontré más facilidades para hacer exposiciones y trabajar para editoriales infantiles que para dibujar tebeos. Más tarde, cuando recibí el premio del Injuve, me animé a intentar suerte en los cómics.

 P.: Pronto comienzas a publicar en diversas series de Estados Unidos de IDW. ¿Cómo vives los comienzos?

Al principio no recibía propuestas de cómic continuamente y los compatibilizaba con exposiciones y trabajos de ilustración, así que fue un proceso bastante gradual. Poco a poco, fui recibiendo más encargos de cómic y, al final, no me quedó tiempo para seguir pintando o hacer ilustraciones.

 

P.: Destaca tu trabajo en “El ladrón de Días”, en el que es el propio Clive Barker el que selecciona tu trabajo.

«El Ladrón de Días» sigue siendo uno de los trabajos de cómic que más he disfrutado, tanto por el tipo de historia como por el tipo de dibujo que tuve que emplear. Y sí, le enseñaron a Clive Barker unas cuantas ilustraciones mías y decidió que yo era el más adecuado para hacer la adaptación.

El hecho de que me eligiera me hizo especial ilusión, teniendo en cuenta que él mismo había ilustrado ese relato y, por tanto, ya tenía una idea bastante clara de cómo se imaginaba a los personajes.

En realidad, nos dió mucha libertad y no estuvo continuamente encima de nosotros, sino que dejó que hiciéramos nuestra propia versión.

 P.: Pronto demuestras tu gran capacidad para recrear ambientes de pesadilla, algo que te lleva a publicar diversas historias de terror.

Nunca he sido un gran aficionado al género de terror pero sí que me atraen las historias con una atmósfera extraña. De hecho, dos de mis escritores favoritos son Ray Bradbury y Julio Cortázar. Muchas de las ilustraciones que preparé para mi portafolio de ilustrador estaban basadas en relatos de estos escritores, así que supongo que algo de ésto influyó en el tipo de tebeos que más me «pega».

 P.: El Torres tendrá una especial relevancia en tu trayectoria. ¿Cómo comienza vuestra historia en común?

Una amiga común llevaba varios años diciéndome que debía conocer a «un amigo de Málaga que es guionista y trabaja para editoriales de Estados Unidos» así que, después de que me dieran el premio del Injuve, me presenté en la oficina de Juan (El Torres) con un montón de ilustraciones. Él se las enseñó a los editores de IDW y de Avatar Press y empecé a hacer pruebas para ambas editoriales.

A los seis meses de aquello recibí el primer encargo y desde entonces, con más o menos regularidad, no he dejado de trabajar para el mercado estadounidense.

 P.: Será “»El Velo»” vuestro primer trabajo largo conjunto. ¿Cómo fue la experiencia?

«El Velo» ha sido, probablemente, el cómic con el que más he aprendido. Por un lado, pude disfrutar de la experiencia de trabajar directamente con un guionista, pudiendo intervenir en cada parte del proceso. Por otro lado, pude probar todos los recursos de narración y de dibujo que se me iban ocurriendo, con total libertad.

Y, por último, descubrí lo difícil que es sacar adelante un proyecto cuando trabajas por tu cuenta.

 P.: El Torres domina las claves de la cultura popular moderna, sabiendo extraer las claves de la literatura, el cine y las series actuales y trasladarlos al mundo de las viñetas. En vuestro trabajo en común se aprecia que disfrutáis ambos con los mismos referentes.

En realidad, no creo que tengamos los mismos referentes. Es obvio que coincidimos en algunos, como Alan Moore, pero Juan tiene mucho más bagaje que yo en cuanto a ficción de género. De hecho, creo que gran parte de la sintonía que tenemos se debe, precisamente, a que ambos aportamos cosas diferentes a los tebeos que hacemos juntos. Creo que nos complementamos muy bien.

 

P.: En «El Velo» destaca tu capacidad para mantener la tensión interior de la historia sin caer en la expresión explícita de lo macabro, algo que pareces evitar específicamente.

Con el dibujo sucede lo mismo que con los efectos especiales digitales.

El hecho de que puedas dibujar, prácticamente, todo lo que se te pase por la cabeza no quiere decir que, en algún momento, no sea más conveniente sugerir que mostrar claramente.

Como dibujante de tebeos puedes dibujar un monstruo con 15 cabezas, 32 tentáculos y que mida 7 metros pero, a lo mejor, lo que la historia necesita es que dejes una parte de la viñeta en sombra y que sea el lector el que imagine lo que se esconde en esas sombras.

Si algo teníamos claro desde el principio era que queríamos evocar la sensación de ver algo inquietante por el rabillo del ojo, más que mostrar a la protagonista luchando con una criatura del inframundo con todo lujo de detalles.

 P.: En «El Velo» la recreación de la vida cotidiana de Maine se convierte en la protagonista, convirtiéndose el pueblo en un personaje más de la obra.

En todos los tebeos que he dibujado le he dado mucha importancia a la ambientación.

Creo que, aunque sea a un nivel casi subconsciente, el lector se siente más identificado con un personaje si la acción se desarrolla en un escenario verosímil. En este sentido, nos hizo especial ilusión que algunos lectores dieran por supuesto que tanto Juan como yo habíamos vivido en algún momento en Maine, tanto por los paisajes como por la forma de hablar de los personajes.

 P.: En “El Bosque de los suicidas” repites experiencia con El Torres, en esta ocasión para dar vida a una historia japonesa de fantasmas. ¿Cómo fue la inmersión en la cultura japonesa?

Está claro que este tebeo está muy condicionado por el hecho de que la acción transcurra en Japón y que Aokigahara sea un sitio real, así que tuvimos que documentarnos bastante, tanto al inicio como durante el propio proceso de realización del cómic. Hoy en día, internet se ha convertido en la principal fuente de referencias para cualquier escritor o dibujante. Además, Juan consultó varios aspectos de la vida nipona con una amiga japonesa que, por cierto, no quería ni oir hablar del bosque…

 P.: En ambos casos se trata de historias cerradas y autoconclusivas que se agrupan en tomos unitarios en las que participas desde el comienzo de la elaboración.

La verdad es que siempre me han gustado más las historias con un final definido que las sagas interminables con continuas idas y venidas.

Me gusta saber hacia dónde se dirige la narración cuando empiezo a dibujar, para así poder dar la importancia que se merece a todos los elementos.

 P.: Tanto en «El Velo» como en “El Bosque de los suicidas” realizas un arduo trabajo previo de documentación y de inmersión en los escenarios de la historia. ¿Cómo es la preproducción de las dos obras?

He aprendido con el tiempo que me resulta conveniente retrasar la fase de documentación hasta el momento en el que tengo todos los bocetos de las páginas bien definidos. De esa manera, adapto las referencias que tengo que buscar a lo que la historia necesita y no al contrario.

En “»El Velo»” y en “El Bosque de los Suicidas” puse una especial atención en que detalles tan anodinos como los semáforos o los coches aparcados en la calle se correspondieran con los que puedes normalmente encontrarte en las localizaciones reales. Para ello, consulté un montón de páginas de internet en las que hubiera fotos de ambientes cotidianos o vídeos realizados in situ y así poder pillarle “el aire” a cada ambiente.

 P.: En ambos casos destaca el uso del color, un color directo realizado con acuarelas que ayuda a transmitir una textura especial a la obra.

Una de las fases previas que más disfruto antes de empezar un proyecto nuevo es probar qué tipo de técnica se ajusta mejor a la historia.

El tipo de herramienta e, incluso, el tipo de papel que usas puede hacer que lo que cuentes varíe completamente. Ésa es una gran ventaja con la que contamos los dibujantes en comparación, por ejemplo, con los directores de cine. Cuando haces una película manipulas la iluminación, las lentes de las cámaras, puedes echar mano de la postproducción digital…pero la subjetividad y la inmediatez del dibujo son unas herramientas muy valiosas a la hora de transmitir una determinada sensación en el lector.

 P.: ¿Cómo es el trabajo con El Torres?

Básicamente, nuestro trabajo en común se basa en un diálogo constante, tanto en el planteamiento de la historia como en cada una de las fases del propio tebeo.

Normalmente, Juan me dice algo así como: “¡Se me ha ocurrido una idea buenísima para otro tebeo! Primera escena: vemos a una señora en una casa que…” Entonces empezamos una especie de tormenta de ideas que se concreta en el guión completo para el “primer capítulo”, que Juan me suele mandar unos meses después de la primera conversación.

Empiezo a hacer bocetos sobre ese guión, echando mano del teléfono para discutir ciertos cambios o, sencillamente, para hablar sobre lo que tal o cuál personaje va a hacer en los siguientes “capítulos”.

Tras acabar los bocetos, se los mando a Juan y, en esta ocasión, será él el que me llame por teléfono para cambiar algunas escenas o alguna viñeta en concreto.

Mis bocetos no suelen estar muy detallados pero sí que me preocupo de que tengan la suficiente claridad como para que se puedan “leer”, así que el resultado final después de hacer los dibujos definitivos se parece bastante a esos bocetos en cuanto a narrativa y composición se refiere.

Finalmente, Juan añade los diálogos, nos ponemos de acuerdo sobre la portada y se lo mandamos al editor para que se haga una idea de por dónde va la historia.

 P.: ¿ En algún momento volveréis a cruzar vuestros caminos?.

Hace ya un par de años decidimos poner en marcha la secuela de «El Velo», pero mi ritmo de trabajo actual para Marvel no me deja demasiado tiempo libre.

De hecho, insistí en que en mi contrato de exclusividad se contemplara por escrito la posibilidad de poder trabajar con Juan en ese proyecto, por si podía aprovechar los huecos entre encargos.

 P.: Casi desde el comienzo se ha hablado mucho de realizar versiones cinematográficas de ambas obras. Finalmente saldrá una película con el mismo nombre del que no tenéis noticias a pesar de las coincidencias evidentes. ¿Cómo vivís la situación?

La verdad es que nadie se ha puesto nunca en contacto con nosotros para preguntarnos acerca de la posibilidad de hacer una adaptación.

En cuanto al par de películas que comparten título o temática con nuestros tebeos, parece que no hay suficientes similitudes como para que se puedan considerar plagios o adaptaciones «libres».

 

P.: En paralelo comienzas a trabajar en Marvel. ¿cómo vives la experiencia?

El hecho de trabajar para Marvel se me hizo un poco raro en principio…nunca creí que terminaría dibujando superhéroes. Lo que sí puedo decir es que cuando recibí el primer guión y me puse a dibujar lo único en lo que pensé fue en contar esa historia lo mejor posible. Al final, no tiene tanta importancia que estés haciendo tu propio cómic o uno en el que sale Lobezno peleándose con Dientes de Sable, lo realmente importante es que te sientas a gusto haciendo ese trabajo y que, de alguna manera, lo hagas «tuyo».

De hecho, los editores de Marvel buscan cada vez más a autores que tengan su propia visión de los personajes, buscando sorprender a los fans de toda la vida y, también, conseguir acceder a nuevos lectores.

 P.: El cómic americano parece regirse por un férreo calendario de publicaciones. ¿Cómo te adaptas a las fechas de entrega?

Básicamente, la adaptación consiste en no hacer nada más que dibujar durante todo el día… El cómic americano impone un ritmo de trabajo muy fuerte y eres tú mismo el que, poco a poco, debe intentar poner ciertos límites y conseguir compatibilizar el oficio con una vida más o menos normal.

 P.: Destaca en tu trabajo la serie Magneto. ¿Cómo ha sido tu experiencia?

Disfruté mucho la posibilidad de empezar en la serie desde cero. Esto me permitió establecer el tono de la narración y, de alguna manera, hacer la serie más «personal» que el resto de mis trabajos anteriores para la Marvel.

Cuando haces números de relleno o llegas a una serie ya empezada debes compatibilizar tu propia forma de hacer las cosas con lo que el dibujante anterior haya establecido previamente, mientras que cuando eres tú el que diseña los personajes y el ambiente es más fácil sentirse involucrado en lo que estás haciendo.

 P.: ¿Cómo es el trabajo con Cullen Bunn?

Como la mayoría de guionistas con los que he trabajado, Cullen me dejó mucha libertad para interpretar como quisiera los guiones que me mandaba. Conforme avanzaba la serie nos íbamos compenetrando cada vez más y se notaba que escribía pensando en mi forma de narrar y de dibujar, por lo que todo el proceso era de lo más natural y fluído. En una ocasión, antes de mandarme el guión definitivo, Cullen me mandó un resumen de la trama para el número que me tocaba dibujar, así que fui preparando bocetos de las localizaciones y de algunos personajes secundarios. Cuando, finalmente, recibí el guión ví que había incorporado muchas de las sugerencias que había anotado en los bocetos.

 

P.: En la serie destaca el trabajo de caracterización del protagonista. Tu referencia será el Michael Fassbender de “Primera generación”, sobre todo a la hora de crear un personaje carismático con una fuerte presencia en cada aparición.

Creo que la clave fue dosificar las escenas en las que se muestran los poderes de Magneto. Si haces hincapié en que el personaje se mueve en un ambiente verosímil y que la mayor parte del tiempo es una persona normal cuando muestra sus poderes el efecto en el lector es más sorprendente. De alguna manera, si se baja el «ecualizador» de la acción y los momentos espectaculares consigues, por un lado, más espacio para la sutilidad y para la interacción de los personajes y, por otro lado, se consigue que esos elementos extraños, como que una persona sea capaz de volar o de mover objetos metálicos con la mente, sean más llamativos.

 

P.: Compaginas el dibujo de la serie con otro autor español, Javier Fernández.

Trabajar con Javi fue una ventaja añadida al afrontar este encargo. Además de que me encanta su estilo de dibujo y su forma de narrar, contamos con la ventaja de que su estudio está a cinco minutos de distancia de mi casa.

Si tenía alguna duda de, por ejemplo, cómo íbamos a dibujar un personaje no tenía más que acercarme a su lugar de trabajo y discutirlo sobre el terreno con él.

Además, nos escribíamos correos electrónicos y mensajes en el facebook constantemente, por lo que siempre estábamos al día de lo que hacíamos cada uno por nuestro lado.

 P.: ¿Os causaron mucho trastorno los planes editoriales a la hora de intentar realizar una obra autónoma?

No sé exactamente si los planes iniciales para la serie contemplaban hacer una historia autoconclusiva. Sí es cierto que un par de cross-overs en los que se incluyó a Magneto hicieron que se perdiera parte de la fuerza de la propuesta inicial, aunque creo que conseguimos mantener el tono de la serie a pesar de estos vaivenes editoriales.

 P.: En el cómic americano es usual que el dibujo se divida entre dibujante y entintador. En tu caso es habitual que realices el trabajo completo.

Mis primeros trabajos para Marvel los hice con color directo usando la misma técnica con la que hice «El Velo» y “El Bosque de los Suicidas”. Lo que ocurre es que, de alguna forma, esa técnica condicionaba demasiado el tipo de historia que podía dibujar. En algún momento necesité más claridad en mi dibujo así que empecé a usar otro papel, más apropiado para un entintado más preciso, y dejé de ocuparme del color. Aún así, sigo usando las acuarelas para añadir grises a mis páginas después del entintado, por lo que conservan parte de ese acabado «pictórico» después del coloreado digital.

 

P: ¿Cómo trabajas una vez recibes el guión?. ¿Nos puedes contar cómo te organizas desde que lo recibes hasta que acabe el proceso?

Lo primero que hago es leerme el guión dos o tres veces. Retraso lo más que puedo el momento en que cojo un rotulador y empiezo a hacer bocetos. He comprobado que hacer el esfuerzo de pensar en la historia en su conjunto e intentar visualizarla me resulta muy beneficioso cuando, finalmente, me pongo a dibujar.

Tras leer el texto varias veces e ir dándole vueltas durante unos días, empiezo a hacer pequeños bocetos de las páginas, haciendo todas las versiones necesarias hasta que me convence la narración.

Después de eso busco todas las referencias que necesito y, finalmente, me pongo a dibujar las páginas definitivas.

 

P.: El color ha sido otra de las grandes bazas de tu trabajo. Con Jordie Bellaire consigues transmitir una atmósfera similar a tu trabajo individual. ¿Cómo es el trabajo en común?

Trabajar con Jordie es un veradero lujo. Además de ser muy respetuosa con mi dibujo siempre consigue aportar algo de su cosecha que hace que el resultado final sea mucho más potente, tanto a nivel cromático como narrativo.

 

P.: Con La Visión vemos un nuevo salto hacia adelante en tu trayectoria. ¿Cómo te planteas la nueva serie?

Al ser una historia con un enfoque más de ciencia ficción, aunque ambientada en un entorno cotidiano, me planteé usar un estilo de dibujo más «limpio» que el que usé en Magneto.

Además, estaba claro que la especial apariencia de los protagonistas y su entorno serían determinantes en el aspecto general del tebeo. De hecho, consulté varias páginas de agentes inmobiliarios de la zona de Washington, que es donde transcurre la acción, buscando la casa «ideal» para la familia sintezoide.

En cuanto a la narración buscamos un enfoque bastante ordenado, con un ritmo constante que reflejara la vida «típica» que trataban de llevar «Los Visión». De esta forma, cuando ocurriera algo violento o fuera de lo normal, el impacto sería mayor.

 P.: De nuevo cambias tu estilo para adaptarte a las exigencias de la historia.

Es que una de las facetas más divertidas de hacer tebeos es asumir nuevos retos cada vez que empiezas un proyecto. Está claro que, aunque hay aspectos que se mantienen constantes en todo lo que haces, en cada nuevo trabajo debes ir añadiendo recursos, tanto narrativos como de dibujo, y no quedarte estancado.

 P.: De nuevo vemos una ambientación opresiva ubicada en un pequeño nucleo residencial en el que la aparente normalidad oculta las pequeñas miserias de los vecinos que allí conviven.

Está claro que, cuanto más «normal» es el entorno en que se desarrolla la acción más chocante resulta cualquier elemento extraño. En ese sentido, hay una gran tradición de relatos de ficción que pretenden enseñar el «lado oscuro» del Sueño Americano, realtando el contraste entre las apariencias y los verdaderos conflictos de las familias «típicas».

 P.: Sorprende la interpretación de La visión, un personaje en el que siempre ha existido un conflicto entre la parte humana y la maquina que Tom King lleva hasta el extremo.

Uno de los mayores méritos de Tom al afrontar esta serie ha sido conseguir ofrecer un enfoque nuevo de La Visión sin olvidar la continuidad. En algunas entrevistas decía que pretendía hacer con el personaje lo que se hizo en Vertigo con La Cosa del Pantano o Animal Man en los años 80, es decir, darle un tratamiento diferente usando aspectos poco habituales pero con gran potencial.

En el caso de La Visión, está claro que su deseo de ser «humano» está presente desde su primera aparición, aunque nunca había llegado tan lejos en su intento de emular una vida corriente.

 P.: A través de la aceptación por parte de la comunidad a los extraños articuláis un mensaje que no cae en moralejas para adentrarse enseguida en una trama de suspense que nos hace dudar de todo lo que conocíamos hasta la fecha de su protagonista.

La propuesta inicial era hacer un relato de ciencia-ficción en la Tierra, sin elementos cósmicos, así que Tom planteó la serie con la premisa de «familia de androides en vecindario normal», teniendo muy claro que no quería que se convirtiera en una especie de sitcom. Además, pretendíamos que los lectores se «engancharan» a un relato en el que no iba a haber grandes escenas de acción. Por todo ello, las relaciones entre los personajes protagonistas y la trama de suspense se convirtieron en la parte más importante de la historia.

 

P.: En el caso de La Visión hablamos de un arco cerrado de 12 números en el que llevas el peso gráfico de la historia.

Sí, a excepción de el número 7, dibujado por Michael Walsh, he dibujado todos los números de la serie. Creo que, siempre que se pueda, conviene mantener el mismo equipo a lo largo de, por lo menos, un arco argumental completo y dar cohesión a la historia.

 

P.: En el cómic americano parece haber cada vez más espacio para historias periféricas que se alejen del esquema clásico de los superhéroes.

Está claro que las editoriales tienen que buscar nuevos lectores y para alguien que nunca se ha leído un tebeo de Marvel o DC es más atractivo un tomo con una historia autoconclusiva que no le exija grandes conocimientos previos de la continuidad del personaje que una colección mensual sin un principio ni un final.

 P.: ¿Cómo vives el final de la historia?

Me sentía muy cómodo dibujándola pero no me imaginaba pasarme muchos años como dibujante regular, me gusta que se pueda leer de un tirón. Creo que saber desde el principio que la historia va a tener un final ayuda a que el conjunto sea más compacto y coherente. El hecho de que el narrador adelante en la página 5 del primer número acontecimientos que terminarán ocurriendo en la página 15 del número 9 hace que el lector perciba el relato como un todo, no como una sucesión de tramas con interminables «continuará».

 P.: En tus primeras historias realizabas la historia completa, incluido el guión. ¿Te tienta volver a contar tus propias historias?

Por supuesto que me tienta…tengo un montón de ideas para hacer tebeos míos. Algunas de esas ideas las tengo apuntadas como una sola frase, mientras que otras las tengo abocetadas e, incluso, con diálogos. Estoy esperando al momento oportuno para lanzarme definitivamente.

 P.: ¿Proyectos?

Después de La Visión Marvel me ha propuesto encargarme del dibujo de «Occupy Avengers». Los primeros cuatro números de esa serie los va a dibujar el gran Carlos Pacheco y yo me subiré al tren en el nº5. El principal protagonista de la serie será Ojo de Halcón, que recorrerá la “América profunda” intentando ayudar a gente corriente mientras va reclutando a otros superhéroes que, como él, no tienen grandes superpoderes. Además, si el tiempo me lo permite, tengo pendiente ponerme con el dibujo de la segunda parte de «El Velo».