«Hemos dejado de discutir ideas para empezar a clasificar personas»
No sé si nuestros políticos quieren provocar otra Guerra Civil. Quiero pensar que no. Pero sí creo que algunos están jugando peligrosamente con algo que debería preocuparnos a todos: la división de la sociedad en dos bandos enfrentados. Porque ya no parece suficiente con discrepar. Si no estás de acuerdo con la izquierda, eres un facha. Si no estás de acuerdo con la derecha, eres un rojo. Si cuestionas una decisión de un gobierno, eres un enemigo. Si cuestionas una decisión de la oposición, eres un vendido.
¿De verdad hemos llegado hasta aquí?
Una persona puede estar de acuerdo con una política de izquierdas y discrepar de otra. Puede votar a la derecha y no compartir determinadas decisiones de ese mismo partido. Puede defender unas medidas de un gobierno y criticar otras. Y, sobre todo, puede simplemente no estar de acuerdo contigo. Sin etiquetas. Sin insultos. Sin necesidad de colocarle inmediatamente en una trinchera ideológica. Ese es precisamente uno de los grandes peligros de la política actual: hemos dejado de discutir ideas para empezar a clasificar personas. Ya no importa tanto qué dices. Importa quién creemos que eres.
Y cuando alguien piensa diferente, automáticamente buscamos una etiqueta que nos permita dejar de escucharle. “Rojo” / “Facha” / “Progre” / “Ultraderecha” / “Comunista” / “Woke” / “Fascista”.
Palabras que deberían utilizarse con rigor histórico y político se han convertido muchas veces en simples armas arrojadizas. Y mientras nosotros nos peleamos por las etiquetas, los problemas siguen ahí.
La vivienda sigue siendo un problema / La sanidad tiene problemas / La educación tiene problemas / La despoblación existe / El empleo precario existe / La inmigración plantea retos que deben poder debatirse sin convertir automáticamente cualquier opinión en racismo / La emergencia climática existe y también puede discutirse cómo afrontarla / La cuestión territorial existe. Y podemos hablar de todo ello sin convertir al que tenemos enfrente en nuestro enemigo. Eso es democracia.
No pensar igual.
La democracia no consiste en que todos votemos lo mismo. Ni siquiera consiste en que todos nos gustemos Consiste en aceptar que alguien puede pensar completamente diferente a nosotros y seguir teniendo exactamente los mismos derechos. El problema comienza cuando dejamos de decir:
“No estoy de acuerdo contigo”.
Y empezamos a decir: “Tú eres el problema”. Ahí cambia todo. Porque cuando el adversario político deja de ser un ciudadano que piensa diferente y se convierte en un enemigo al que hay que destruir políticamente, cualquier barbaridad empieza a parecer justificable. Y la historia de España debería habernos enseñado precisamente eso. La Guerra Civil no comenzó de repente el 18 de julio de 1936. Antes hubo años de enfrentamiento, radicalización, violencia, miedo, propaganda y una sociedad cada vez más incapaz de reconocerse a sí misma. Hoy no estamos en 1936. España es una democracia consolidada y existen diferencias enormes con aquella España. Pero eso no significa que debamos ignorar las señales que deterioran la convivencia. La polarización no es inevitable. Se alimenta. Y algunos políticos la alimentan porque les resulta rentable. Porque un ciudadano enfadado es más fácil de movilizar. Porque el miedo consigue votos. Porque presentar cada elección como una batalla definitiva entre el bien y el mal funciona. Pero España no necesita dos bandos. Necesita ciudadanos. Ciudadanos que puedan ser de izquierdas y criticar a la izquierda. De derechas y criticar a la derecha. De centro y criticar al centro. O simplemente no sentirse representados por ninguna etiqueta. Porque quizá tengamos que recuperar una frase que parece demasiado sencilla para estos tiempos: “No estoy de acuerdo contigo, pero respeto que pienses diferente”.
No somos rojos o fachas antes que personas. No somos nuestras etiquetas políticas. No somos enemigos por votar diferente. Somos ciudadanos que compartimos un país. Y si seguimos convirtiendo cada discrepancia en una batalla ideológica, llegará un momento en que ya no sabremos discutir sin enfrentarnos. Y ese sí sería el verdadero fracaso. No necesitamos otra Guerra Civil. Necesitamos aprender, de una vez, que pensar diferente no significa odiar al otro. Significa, simplemente, pensar diferente.
Autor: Richard Zubelzu (director de cine).
La entrada «Nos están enseñando a odiarnos otra vez» se publicó primero en CANTABRIA DIRECTA.
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Author: CD
