
Por Antonio Mora
Nos han hecho creer que el mundo se divide.
En culturas.
En religiones.
En colores.
En fronteras.
Nos han acostumbrado a hablar de “ellos” y “nosotros” como si fueran realidades distintas.
Pero no lo son.
Solo hay un “nosotros”.
Cada vez que vemos una tragedia y cambiamos de canal…
Cada vez que leemos una noticia y pensamos “eso no va conmigo”…
Cada vez que etiquetamos a una persona antes de conocerla…
Estamos construyendo un mundo más frío.
Más distante.
Más injusto.
No es un problema político.
No es un problema cultural.
Es un problema humano.
Hemos olvidado algo básico:
el dolor no tiene nacionalidad.
La solución no es compleja.
Pero sí exige valentía.
Educar a nuestros hijos en la empatía.
Contar las historias con humanidad.
Dejar de ver amenazas donde solo hay personas.
Porque cuando miras a alguien y ves un enemigo, has perdido.
Pero cuando miras y reconoces a otro ser humano, has ganado.
No hay “ellos”.
Nunca lo hubo.
Solo hay personas.
Y una sola raza:
la humana.
