Megalodón: Mas cerca de Sharknado que de Tiburón

No es una gran película, pero al césar lo que es del césar: no te engaña. Si no te gusta esta clase de cine bobo, no vayas a verla. Ahora bien, si decides ir a la sala de cine, no puedes tener la intención de ver la próxima “Tiburón”. Amigo mío, si así es como has ido, me temo que la culpa es tuya. Según yo lo veo, uno debe ir dispuesto a recibir lo que se le ha prometido (y no más): en este caso, un rato ameno, y ya está.Los blockbusters veraniegos les pasa lo mismo que a las canciones del verano, nos machacan con ellas y se les permite su dudosa calidad. Aquí ocurre algo parecido, no creo que pretenda engañar la película a nadie ya viendo el trailer puedes asumir lo que vas a ver, pero el resultado es que una película de 130 millones de presupuesto parezca una serie B pura y dura.

Los días estivales, etapa de penurias para el cinéfilo. Pese a sus gélidas temperaturas, las salas se vacían. Como se vacía también la cartelera de propuestas que merezcan la pena. Y los multicines se convierten en caldos de cultivo para superproducciones americanas bobas para pequeños y mayores. El nuevo estreno de Warner Bros, protagonizada por Jason Statham, es un producto hecho a medida para captar un amplio número de espectadores a ese y a este lado del Atlántico: Megalodón, dirigida por Jon Turteltaub. Este tipo de películas no son santo de mi devoción, y jamás las vería pagando, pero había que aprovechar la oportunidad que estamos en fiestas en Bilbao(ademas los miércoles hay entradas mas baratas…). El cine de tiburones es un clásico del verano que siempre divierte en mayor o menor medida, por lo que desde mi generosidad decidi darle una oportunidad al nuevo filme de Jon Turteltaub. Era la ocasión de abandonar el cinismo y divertirnos sin juzgar. Y ese aspecto es innegable que el filme, netamente honesto, es exactamente lo que aparenta ser. Quizás una de las mejores películas de tiburones de los últimos tiempos (a excepción de Infierno azul). Es entretenida, intensa y relativamente divertida. También boba y poco inspirada, con suficiente cantidad de paja para incomodarnos muchos minutos. Desarrollamos.

En la estación científica Maha One, un científico chino y sus empleados descubren que el fondo marino de las Marianas es una capa gaseosa que esconde un ecosistema primitivo por descubrir aún más profundo. De este infierno abisal emergerá el Megalodón, el tiburón más grande que jamás ha existido y que se consideraba extinto. Para derrotar a este monstruo necesitarán la ayuda del experto en inmersiones interpretado por Statham, quién ya ha lidiado con él en numerosas ocasiones, siendo de los pocos en salir con vida. Audiovisual de refresco y aperitivo, que que no tiene reparos al apostar sin rubor por el espectáculo y la tensión. Cine no tan logrado en efectos, ni interesante en su realización, pero a nivel de producción vistoso. El Megalodón y su manera de representarlo en pantalla son imponentes. La película transmite mal cuerpo cada vez que aparece, y las dimensiones de sus ataques no tienen reparo en espectacularidad. En lo que a acción se refiere, el filme cuenta con tres grandes set-pieces tan exageradas y pasadas de rosca que harán las delicias de cualquiera. Mucho tiburón en pantalla, buen sentido del ritmo, y suficiente espacio de lucimiento para Statham. La película es consciente de lo que se espera de ella, y lo ofrece apostando por la exageración, tan burda como entrañable. A nivel técnico, cumple el expediente. Statham funciona como estrella heroica central con carisma, y la pequeña niña china se erige como el personaje más simpático de la película. La película ofrece un pasatiempo sencillo y frenético, sin duda más intenso de lo que un servidor anticipaba.

Sin embargo, la subtrama romántica y sus intentos de aportar emotividad blanda a la relación del equipo naufragan. Es un filme tonto, que pese a todo aún debería tomarse menos en serio a sí mismo, pues trufa entre las escenas de acción tediosas escenas de explicación científica y cháchara heroica de Hacendado. Los personajes carecen de cualquier interés, y sus diferentes romances e interacciones carecen de credibilidad o química alguna. La falta de talento de todo el reparto queda evidenciada al verse en la tesitura de defender unos diálogos dignos de colegial. Y estas circunstancias no serían tan dolorosas sino fuera porque tras ella evidencia un perezoso y mecánico intento de reiterar incontables clichés del blockbuster de hoy, lastrando la película en un aura de familiaridad debido a su falta de creatividad y de diferenciación de otros tantas superproducciones del último lustro. El elemento más reconocible de esta lacra es el constante y forzado humor, anegando el metraje de chistes fuera de tempo y mostrando, salvo contadas excepciones, nula gracia. Así como las nacionalidades de los integrantes del reparto no persiguen sino un marketing oportunista y responder a las vigentes fluctuaciones del capital. Una falta de alma y de esfuerzo que, pese a los fastos y las grandes dimensiones, no dejan de ocultar una película que se ve falsa, hecha en un chino.

Megalodón es absurda, poco inspirada y olvidable, pero bastante solvente como pasatiempo palomitero de altos decibelios.