
José Mari Campo recuerda el nacimiento del coro en Santander durante la década de los 80 y la condición que puso desde el primer día: el dinero de las actuaciones no se repartiría entre sus integrantes
«Un coro no es para ir a ganar dinero. Un coro requiere mucho sacrificio y ahí no se gana dinero; el dinero se gana trabajando».
La frase resume la filosofía con la que José Mari Campo, Mari «Tarzán», afrontó en la década de los 80 una nueva aventura musical: la creación en Santander del Coro Ronda Altamira.
Mari llegaba de una larga experiencia en el Coro Ronda Valle de Camargo. Después de abandonarlo, no tenía intención de volver a dirigir otra formación.
Pero varios cantadores que habían compartido aquella etapa con él pensaban de otra manera.
«Lo hemos dejado todos por ti»
Algunos de aquellos compañeros trabajaban también con Mari y comenzaron a insistirle.
Querían seguir cantando.
«Lo hemos dejado todos por ti, porque queremos seguir, porque nos gusta cantar», recuerda Mari que llegaron a decirle.
Él se resistía.
Había terminado cansado de problemas organizativos y económicos y no quería repetir la experiencia.
Finalmente aceptó reunirse con ellos.
Eran alrededor de ocho o diez hombres.
Antes de comenzar, Mari puso sobre la mesa una condición.
Si iban a formar un nuevo coro, el dinero no sería para nadie.
Ni para los cantadores.
Ni para el director.
Los ingresos obtenidos con las actuaciones permanecerían en el propio coro y servirían para atender sus necesidades, organizar viajes, comidas u otros gastos colectivos.
Todos estuvieron de acuerdo.
Así comenzó el nuevo proyecto.
Un almacén, perros y muchas ganas de cantar
Los primeros pasos estuvieron muy lejos de los escenarios.
Mari recuerda uno de aquellos primeros locales de ensayo situado sobre un establecimiento de Santander. Era un espacio utilizado como almacén y había necesitado una buena limpieza antes de que los cantadores pudieran instalarse allí.
No había grandes medios.
Había un grupo de hombres con ganas de cantar.
Después llegaron otros lugares de ensayo y poco a poco comenzaron a incorporarse nuevos integrantes.
Mari era exigente con las voces.
No entraba cualquiera.
Escuchaba al aspirante y valoraba si su voz podía encajar realmente en el conjunto.
Para él, un coro no consistía en reunir simplemente a personas capaces de cantar. Cada voz tenía que ocupar un lugar y contribuir al sonido colectivo.
¿Por qué Altamira?
Cuando llegó el momento de buscar un nombre se barajaron varias posibilidades.
Una de ellas fue Altamira.
Y Altamira quedó.
Había nacido el Coro Ronda Altamira de Santander.
El grupo comenzó a avanzar con rapidez. Mari recuerda que después de apenas unos meses ya disponían de varias canciones preparadas y el conjunto empezaba a sonar como él quería.
Era el momento de buscar actuaciones.
Una audición que abrió las puertas
Mari recurrió entonces a contactos que conocía de su anterior etapa coral.
Quería que escucharan al nuevo grupo.
Uno de aquellos encuentros terminó siendo decisivo.
Mari recuerda cómo una persona vinculada a la organización de actuaciones acudió a escuchar uno de los ensayos.
La respuesta fue inmediata:
«Me gusta».
El coro todavía tenía muy pocas canciones, pero ya había algo importante: sonaba bien.
A partir de ahí comenzaron a aparecer actuaciones y el proyecto fue creciendo.
El sorprendente regalo de los uniformes
Uno de los recuerdos que Mari conserva con especial cariño pertenece a aquellos primeros tiempos.
El coro necesitaba uniformes, pero no tenía dinero suficiente para afrontar el gasto.
La solución llegó de manera inesperada.
Según relata Mari, don Jaime decidió hacerse cargo de lo necesario para vestir al grupo.
Y no se trató simplemente de unas prendas básicas.
Mari enumera pantalones, zapatos, camisas, fajas y chalecos.
Todo un uniforme nuevo para una veintena de hombres.
«Eso hoy en día no pasa. No lo hace nadie», comenta al recordarlo.
El Coro Ronda Altamira podía comenzar así su trayectoria pública con una imagen propia.
Más de sesenta actuaciones
La actividad creció rápidamente.
Mari recuerda temporadas en las que llegaron a realizar más de sesenta actuaciones, algunas gratuitas y otras remuneradas.
El dinero comenzó a entrar en la caja del coro.
Durante el primer año se atendieron gastos pendientes y se preparó incluso un pequeño detalle navideño para los integrantes.
Prácticamente se volvió a comenzar desde cero.
Pero al año siguiente la situación había cambiado.
Las numerosas actuaciones habían permitido acumular una cantidad importante de dinero.
Y apareció la pregunta que Mari había querido evitar desde el nacimiento del grupo:
¿Qué hacemos con el dinero?
«La condición la puse antes de empezar»
Llegó la reunión de final de año.
Una parte de los integrantes quería repartir el dinero acumulado.
Mari recordó entonces el acuerdo fundacional.
«Es la condición que yo puse antes de empezar el coro. Lo sabéis todos».
La discusión continuó.
Finalmente Mari decidió abandonar momentáneamente la reunión para que los componentes hablaran libremente y tomaran una decisión.
Cuando regresó, se la comunicaron.
Habían decidido repartirlo.
Su respuesta fue inmediata.
«Pues podéis repartirlo. La parte mía también la repartís, porque yo no quiero nada. Y hasta hoy. Se acabó todo».
Mari «Tarzán» dejó el Coro Ronda Altamira.
El coro continuó
Su marcha no significó la desaparición de la formación.
El grupo buscó otros directores y finalmente continuó su trayectoria con Miguel Lamalfa, a quien Mari recuerda como una persona con una sólida preparación musical.
Para él, sin embargo, aquella decisión sí significó algo diferente.
Fue el final de su etapa como director de coros.
Después continuaría haciendo lo que había hecho desde joven y todavía disfruta a sus 91 años:
cantar con los amigos.
En bares, alrededor de una mesa o tomando unos vinos.
Quizá porque, después de toda una vida formando voces, grabando discos y dirigiendo coros, Mari «Tarzán» nunca dejó de entender el canto como lo había aprendido desde el principio.
Algo que se hace, ante todo, por el placer de cantar.
Contexto
Mari «Tarzán» impulsó en Santander durante la década de los 80 el Coro Ronda Altamira después de abandonar su etapa en el Coro Ronda Valle de Camargo.
El nuevo proyecto nació con una condición expresamente acordada por sus integrantes: los ingresos obtenidos por el coro no se repartirían individualmente, sino que permanecerían vinculados a las necesidades y actividades de la propia formación.
Las claves
- El Coro Ronda Altamira nació en Santander en la década de los 80.
- Varios antiguos compañeros convencieron a Mari «Tarzán» para volver a dirigir.
- El proyecto comenzó con aproximadamente ocho o diez cantadores.
- Mari estableció desde el principio que el dinero de las actuaciones no se repartiría entre los integrantes.
- El coro llegó a realizar más de sesenta actuaciones en alguna temporada.
- Una ayuda particular permitió dotar al grupo de uniformes completos cuando todavía no disponía de recursos.
- El desacuerdo sobre el reparto del dinero acumulado provocó finalmente la marcha de Mari.
- Tras su salida, el coro continuó y Miguel Lamalfa asumió posteriormente su dirección.
- Mari abandonó desde entonces la dirección coral, aunque nunca dejó de cantar con sus amigos.
