
José Mari Campo reconstruye los primeros pasos del cuarteto, los ensayos en el Centro Gallego de Santander y la dificultad de cantar un repertorio construido a cuatro voces
La historia de Los de Puertochico pertenece a una época en la que Santander y Cantabria conservaban una intensa tradición de grupos vocales. Cuartetos, coros y reuniones improvisadas en bares mantenían vivo un repertorio que se aprendía fundamentalmente escuchando y cantando.
José Mari Campo, Mari «Tarzán», fue uno de sus protagonistas.
En una entrevista con EL PORTALUCO, recuerda cómo llegó al grupo en los años setenta, cuando ya acumulaba experiencia coral y comenzaba a desarrollar una habilidad que marcaría toda su trayectoria: construir y mantener diferentes voces prácticamente de oído.
«Les faltaba un bajo»
Mari sitúa el origen de aquella formación alrededor de dos hombres que ya cantaban juntos: José Luis y Braulio, que además tocaban la guitarra y habían interpretado repertorio mexicano y sudamericano.
El proyecto fue tomando forma alrededor del Centro Gallego de Santander y de Emilio Otero, una figura fundamental en los recuerdos de Mari.
Faltaba completar las voces.
«Les faltaba un bajo. Yo estaba cantando con el Coro de Camargo y me dijeron que si quería ir a cantar con ellos», recuerda.
Mari aceptó, aunque hace una precisión característica de alguien que conoce perfectamente sus propias posibilidades vocales:
«Yo no soy bajo».
Podía alcanzar las notas graves necesarias, explica, aunque no consideraba que tuviera la voz de un bajo propiamente dicho.
Así comenzó su etapa con Los de Puertochico.
Ensayos en el Centro Gallego
El lugar de trabajo del cuarteto fue el Centro Gallego de Santander.
Allí ensayaban junto a Emilio Otero un repertorio cuya dificultad iba mucho más allá de cantar simplemente una melodía.
«Esas canciones que cantábamos eran todas a cuatro voces. Todas», explica Mari.
Y recuerda además que algunas incorporaban contratiempos y estructuras que exigían que cada integrante mantuviera con precisión su propia línea mientras escuchaba simultáneamente las demás.
Para Mari, cantar a cuatro voces «no es fácil».
Él llevaba ya tiempo trabajando de oído. Era capaz de escuchar una melodía, imaginar otras voces y encontrar los lugares en los que cada una debía entrar.
Aquella capacidad acabaría siendo una de sus principales señas de identidad como director coral.
Emilio Otero, una figura fundamental
En los recuerdos de Mari aparece repetidamente Emilio Otero, ligado al Centro Gallego y responsable musical de aquel proyecto.
Cuando se le pregunta qué significó para ellos, Mari responde con una frase sencilla que resume también su propia manera de entender la música:
«De todo el mundo se puede aprender. Yo intenté aprender de todos».
Otero aportó canciones y conocimientos a una formación que se enfrentaba a un repertorio vocal complejo en una época en la que aprender una nueva pieza no tenía ninguna de las facilidades actuales.
No había un teléfono en el bolsillo para escuchar una voz una y otra vez ni archivos digitales que pudieran enviarse instantáneamente de un integrante a otro.
Había que escuchar, memorizar y ensayar.
De los ensayos a Columbia
La aventura llegó hasta un lugar reservado entonces para muy pocas formaciones: el estudio de grabación.
En 1975, Los de Puertochico grabaron para Columbia.
Mari «Tarzán» recuerda haber realizado dos grabaciones discográficas para la compañía a lo largo de su trayectoria: una con Los de Puertochico y otra con el Coro Ronda Valle de Camargo.
Aquellos discos dejaron testimonio de una época especialmente rica en formaciones vocales.
Durante la conversación aparecen otros grupos que formaban parte de aquel paisaje musical y se recuerda una tradición extendida por buena parte del norte de España: conjuntos capaces de interpretar canciones armonizadas a varias voces, desde repertorio local hasta músicas procedentes de América.
Cuando Santander cantaba en los bares
Los de Puertochico tampoco pueden entenderse sin el ambiente musical que rodeaba a sus integrantes.
Mari recuerda una ciudad en la que cantar no estaba reservado al escenario.
«En todos los bares», responde cuando se le pregunta dónde se cantaba en el Santander de aquellos años.
Los amigos podían reunirse, comer, beber unos vinos y terminar formando espontáneamente varias voces.
Mari recuerda haber cantado con compañeros capaces de encontrar una primera, una segunda o una voz intermedia casi de manera natural.
Era una escuela musical sin aulas.
La misma en la que él se había formado.
Una tradición vocal que se fue perdiendo
Durante la entrevista, Mari y Antonio Mora recuerdan también aquella denominada «canción del norte», vinculada a grupos vocales que proliferaron durante décadas en Cantabria, País Vasco, Navarra y otros territorios.
Formaciones de varias voces interpretaban canciones populares, montañesas, mexicanas, colombianas y otros repertorios que viajaban de unos lugares a otros.
Mari recuerda haber cantado algunas de aquellas canciones y cómo podían adaptarse a tres o cuatro voces.
Los de Puertochico fueron parte de ese mundo.
Una formación nacida de cantadores que habían aprendido fundamentalmente escuchando a otros, ensayando juntos y buscando el lugar exacto de cada voz.
Cincuenta años después de aquella grabación para Columbia, Mari «Tarzán» conserva todavía la memoria de los ensayos en el Centro Gallego y de aquellas cuatro voces que tenían que sonar como una sola.
Contexto
Durante las décadas centrales del siglo XX proliferaron en Cantabria numerosos coros, cuartetos y agrupaciones vocales. El aprendizaje oral y el canto colectivo en bares, romerías y reuniones sociales fueron fundamentales para la transmisión de un repertorio que combinaba canción tradicional cántabra con influencias llegadas de otros lugares.
Los de Puertochico formaron parte de ese ambiente musical y llegaron a dejar constancia discográfica de su trabajo con una grabación para Columbia en 1975.
Las claves
- Mari «Tarzán» llegó a Los de Puertochico cuando la formación necesitaba completar sus voces.
- José Luis y Braulio estaban entre los impulsores iniciales que recuerda Mari.
- Los ensayos se realizaban en el Centro Gallego de Santander.
- Emilio Otero desempeñó un papel fundamental en el trabajo musical del grupo.
- El repertorio de Los de Puertochico estaba construido a cuatro voces.
- Mari trabajaba fundamentalmente de oído, una capacidad que después aplicaría durante años como director coral.
- En 1975, Los de Puertochico grabaron para Columbia.
- Mari grabó otro disco para la misma compañía con el Coro Ronda Valle de Camargo.
- La formación surgió en una época en la que cantar en bares y reuniones era todavía una práctica habitual.
