
El alcalde y ganadero advierte de los continuos ataques al ganado y asegura que ovejas y cabras prácticamente han desaparecido del municipio
El alcalde de Lamasón, Marcos Agüeros, considera imprescindible mantener un control efectivo de la población de lobos para hacer compatible la conservación de la especie con la ganadería extensiva que tradicionalmente ha sustentado a los pueblos de la zona occidental de Cantabria.
Agüeros conoce el problema desde una doble perspectiva. Habla como alcalde de un municipio eminentemente ganadero, pero también desde su propia experiencia, ya que mantiene yeguas en los montes de Lamasón.
«Todas las semanas vemos otra vez daños de lobos», asegura al describir una situación que considera especialmente preocupante para quienes todavía mantienen explotaciones.
Su planteamiento, recalca, no pasa por la desaparición del lobo.
«Nadie habla de extinguirlo, pero hay que controlarlo», sostiene.
Ovejas y cabras, prácticamente desaparecidas
Las consecuencias de la presencia del lobo van más allá de los animales que mueren en los ataques.
Agüeros recuerda que antiguamente había en Lamasón numerosas ovejas y cabras y que formaban parte de la economía doméstica de las familias.
Sus propios padres y tíos, explica, tenían ovejas y elaboraban queso para el consumo familiar, una actividad habitual entonces en el municipio.
Hoy aquella imagen prácticamente ha desaparecido.
Según el alcalde, mantener ovejas y cabras en régimen extensivo se ha convertido en una actividad difícilmente viable debido a los ataques.
La pérdida no afecta únicamente al número de animales. Con ellos desaparecen también actividades tradicionales vinculadas a la leche, la elaboración doméstica de quesos y una forma de aprovechamiento del territorio transmitida durante generaciones.
El problema de los potros
Los ataques afectan igualmente al ganado equino.
Agüeros relata desde su experiencia las dificultades que supone mantener yeguas durante meses en las zonas altas de la montaña.
Los animales permanecen en el monte y los ganaderos no pueden comprobar diariamente su estado. Durante los meses de buen tiempo tienen además que atender otras labores fundamentales, especialmente la recogida de hierba que permitirá alimentar al ganado durante el invierno.
Esto provoca una dificultad añadida cuando se produce un ataque.
Para que un ganadero pueda recibir una indemnización por un animal muerto por el lobo es necesario localizarlo y que los daños puedan ser certificados. Pero en un territorio de montaña puede transcurrir una semana o más entre las visitas a determinados lugares.
Cuando finalmente se encuentra al animal, puede resultar mucho más difícil acreditar lo sucedido.
«Si lo encuentras recién matado, viene el guarda, lo certifica y cobras una indemnización», explica Agüeros, quien señala que el problema surge cuando el ganado se encuentra en zonas altas y los propietarios tardan varios días en regresar.
«El lobo tiene que comer»
El alcalde de Lamasón insiste en que el debate no puede plantearse como una elección entre ganadería o conservación del lobo.
«El lobo tiene que comer, como todos los animales», reconoce.
Sin embargo, considera necesario mantener un equilibrio que evite una concentración excesiva de ejemplares en determinadas zonas y permita continuar desarrollando la ganadería.
Agüeros recuerda que durante generaciones ganaderos y lobos coexistieron en estas montañas, aunque entonces existían mecanismos para actuar cuando los ataques se multiplicaban.
A su juicio, el problema se agravó durante los años en los que las posibilidades de intervención sobre la especie fueron muy limitadas y aumentó su población.
Por eso defiende recuperar un sistema de control allí donde los daños sean reiterados.
Ganadería extensiva que también cuida el monte
La preocupación del alcalde no es únicamente económica.
El ganado que permanece durante meses en la montaña cumple además una función en el mantenimiento del territorio.
Vacas, caballos y otros animales consumen vegetación y contribuyen de forma natural a mantener determinadas zonas de monte, algo que también tiene importancia frente al riesgo de incendios.
En Lamasón, las vacas pueden subir a las zonas altas durante la primavera y permanecer allí hasta noviembre. Con la llegada del invierno regresan a las explotaciones y necesitan alimentación almacenada durante los meses anteriores.
Este sistema tradicional exige mucho trabajo y una presencia constante de los ganaderos.
Agüeros considera que quienes mantienen esta actividad necesitan mayor apoyo para que las nuevas generaciones puedan continuar viviendo de ella.
Una forma de vida en juego
La ganadería continúa siendo uno de los principales pilares económicos de Lamasón y una de las pocas actividades capaces de fijar población durante todo el año.
Por ello, el alcalde vincula directamente la supervivencia del sector con el futuro demográfico del municipio.
En un territorio que ya sufre envejecimiento y despoblación, cada explotación que desaparece supone también reducir las posibilidades de que una familia joven permanezca en el valle.
El reto, según plantea Agüeros, consiste en encontrar un equilibrio entre la protección de la fauna salvaje y la supervivencia de quienes llevan generaciones criando ganado en las montañas.
CONTEXTO
Lamasón mantiene una economía estrechamente vinculada a la ganadería extensiva. Sus características geográficas obligan a trabajar con pequeñas fincas, terrenos en pendiente y zonas de montaña donde el ganado permanece durante varios meses del año.
Marcos Agüeros, además de alcalde, conoce directamente esta realidad como propietario de ganado equino y relata las dificultades que encuentran los ganaderos cuando los ataques se producen en lugares alejados y de difícil acceso.
LAS CLAVES
- Control, no desaparición. Agüeros defiende controlar la población de lobos en las zonas donde se producen daños, no extinguir la especie.
- Ataques frecuentes. El alcalde asegura que los daños sobre el ganado continúan produciéndose con regularidad.
- Ovejas y cabras. Animales que tradicionalmente tuvieron una presencia importante en Lamasón prácticamente han desaparecido, según el alcalde.
- Potros y ganado equino. Los ataques afectan también a las yeguas y sus crías que permanecen durante meses en el monte.
- Indemnizaciones. Para los ganaderos resulta fundamental localizar a tiempo los animales atacados para que los daños puedan ser certificados.
- Ganadería extensiva. Los animales aprovechan los pastos de montaña y contribuyen al mantenimiento natural del monte.
- Despoblación. Mantener explotaciones ganaderas viables es también una herramienta para conservar población joven en Lamasón.
- El equilibrio. Agüeros reclama compatibilizar la conservación del lobo con el derecho de los ganaderos a mantener una actividad que forma parte de la historia y la economía del municipio.
