ARCA sostiene que los daños causados por inundaciones se deben más a la ausencia  de ordenación del territorio, que a la mal llamada “falta de limpieza en los ríos

Afirmar que las inundaciones  son un asunto de “limpieza de ríos”, no es más que una fácil y recurrente estrategia  de disimulo para evitar enfrentarse al problema esencial: la falta de ordenación del territorio de Cantabria, que limite e impida  determinadas actuaciones en las vegas inundables de los ayuntamientos de la región.  Como venimos diciendo desde hace muchos años, seguir sin ordenar el territorio es, entre otras cosas, favorecer futuras catástrofes en las próximas crecidas. Como bien dice Jorge Marquínez, que presidió la Confederación Hidrográfica del Cantábrico durante ocho años y coordinador de la Comisión Nacional de Inundaciones entre 2005 y 2012, “Lo de que los ríos están sucios es un mantra falso que resulta contraproducente. Si cometiéramos la barbaridad de limpiar toda la ribera de un río agravaríamos el riesgo de que este episodio inundara a localidades de sus riberas. En el mundo científico es conocido que si quitas la vegetación de ribera conviertes al río en un canal, por lo que el agua baja con más fuerza en menos tiempo”.

Durante siglos los habitantes de la región siempre respetaron las vegas de inundación de los ríos y se beneficiaron de las inundaciones periódicas para situar en ellas las mieses más productivas. Por el contrario, en las últimas décadas se viene produciendo una temeraria e irresponsable tendencia a ocupar estos terrenos inundables, mediante la   construcción de viviendas, polígonos,  edificios, instalaciones e infraestructuras, en zonas que se sabe con seguridad que  van a ser inundadas periódicamente por el agua, porque  ha sido y seguirá siendo lo normal en el funcionamiento del río .

Recordamos a nuestros políticos, alcaldes, ingenieros y técnicos, que nuestros ríos SON UN ECOSISTEMA y no una simple infraestructura: y como sucede con el mar, tiene su zona de influencia que reclama periódica e inevitablemente, y no hay obra o proyecto que pueda cambiar esa realidad. Al igual que el mar, nuestros ríos tienen su dominio público, que hay que respetar y recuperar, en lugar de invadir y ocupar, como se ha venido haciendo y consintiendo alegre e ignorantemente. La ocupación de las vegas de inundación es una apuesta por el futuro  desastre.

Puede justificarse el hacer defensas puntuales en las márgenes para evitar daños en el paso de un río por un determinado núcleo urbano, pero resulta injustificable y contraproducente encauzarlo  con escolleras a lo largo de kilómetros, para  convertir al río en un canal. Los bosques de ribera frenan y contienen las crecidas, mantienen la biodiversidad y la capacidad de autodepuración del agua: talar los bosques de ribera y convertir al río en una tubería descubierta, acelera mucho más la velocidad del agua en las crecidas y produce desbordamientos y catástrofes mayores aguas abajo. Por lo que consideramos absolutamente inadmisible el confundir o intentar orientar la pretendida “limpieza de ríos” hacia la eliminación o corte de los bosques de ribera y vegetación arbustiva como viene ocurriendo hasta ahora con la disculpa de retirar obstáculos del cauce.

Estos son los factores de la política de desorden territorial y ausencia de política forestal que aumentan las catástrofes en las inundaciones:

*Ocupar vegas de inundación con construcciones y obras públicas.

*Encauzar los ríos y eliminar los bosques de ribera.

*Tajar, cortar y coser montañas para realizar carreteras sobredimensionadas, que inexorablemente acaban produciendo enormes argayos.

*Desarrollar una desmesurada red de pistas en nuestras montañas: lo que aumenta la erosión, el arrastre de tierras y  agua.

*La eliminación de la superficie de bosque y la masa forestal y arbustiva en nuestras cabeceras de montaña. El  suelo del bosque retiene agua en grandes cantidades (1 metro cuadrado de suelo retiene un metro cúbico de agua), actuando como regulador natural de las crecidas.

Estas son algunas sugerencias  para evitar el aumento de los daños en futuras avenidas:

*Respetar y reconocer a todos los efectos el funcionamiento y régimen de los ríos como un ecosistema completo  autorregulado.

*Evitar la ocupación de los valles de inundación y fomentar la tendencia de retirada de las obras públicas y construcciones, de las inmediaciones de los cauces.

*Aprobar un Plan de Ordenación del Territorio que garantice una adecuada planificación urbanística y territorial, con una visión global que supere los localismos e intereses particulares de los ayuntamientos.

*Abandonar las  muchas veces innecesarias y desmedidas actuaciones de cortes de ladera de montaña, para ampliar el trazado de algunas carreteras, porque son la siembra de futuros argayos.

Comprendemos la afición de algunos responsables políticos regionales a hablar de “obras y proyectos” y de vagas y generalizadas actuaciones de “limpieza”, para evitar los daños de las crecidas fluviales. Pero eso no soluciona el problema, sino que lo agrava para el futuro. Expropiar una llanura de inundación, por ejemplo, es más barato que hacer obras de encauzamiento. El problema de los daños por las inundaciones periódicas de los ríos ES FUNDAMENTALMENTE UN PROBLEMA DE PLANIFICACIÓN TERRITORIAL, no de obras o “limpieza de ríos”.