¿Quien son los infieles? ¿Los infieles de ayer son los fieles de hoy? Si la prensa hubiera existido en el siglo XII y XIII este titular habría abierto muchos dias las portadas. En el siglo XII nació lo que hoy sería considerado por la comunidad internacional como grupo terrorista al amparo de la iglesia católica, tras realizar una difícil reconversión hacia la justificación de la violencia en la llamada guerra santa que aseguraba el paraíso a los caídos ¿les suena? la iglesia creó esta banda armada.

Quiero contribuir con este artículo a dar luz a los estúpidos que en estos días están opinando en redes sociales y medios de comunicación. Advierto que al hablar de estúpidos no es mi intención insultar a nadie, tan solo utilizo una palabra del español que se define como “que muestra torpeza o falta de entendimiento para comprender las cosas” Voy a intentar por tanto explicar detenidamente las cosas para que los que tengan dificultad puedan comprender las cosas.

La orden del Temple, grupo terrorista católico, surgió a principios del siglo XII en Jerusalén, a partir de un grupo de caballeros que se declararon donados o servidores del Santo Sepulcro y se dieron como misión defender los Santos Lugares frente a los musulmanes.

Dotada de una regla monástica y tutelada directamente por la Santa Sede, la Orden tenía un doble carácter, religioso y militar, rasgo que puede chocar a nuestra mentalidad del S. XXI, pero que resultaba ampliamente aceptado en el contexto de la Edad Media y del periodo de las Cruzadas.

Pese a ello, no fue fácil, en el momento del nacimiento de la nueva orden, realizar la fusión entre el caballero y el religioso. La Iglesia cristiana, que en sus orígenes era esencialmente pacifista, tuvo que modificar su ideología sobre la guerra hasta llegar a una concepción nueva, cuyo modelo fue el Temple.

En sus primeros tiempos, el cristianismo se oponía a las acciones bélicas. No obstante, ya en las obras de san Agustín (S. V) y san Ildefonso (S. VII) se empieza a presentar una justificación de la guerra. El camino en esta evolución empezó con la elaboración del concepto de la guerra justa, es decir, «guerra legal» o «guerra lícita».

En una época en que el patrimonio de la Iglesia (siempre la pasta mandó en la Iglesiaa) se encontraba amenazado por la anarquía feudal, la violencia era justificable si servía a la defensa de las posesiones del Papa (el Patrimonio de San Pedro) y en general de los bienes eclesiásticos.

La Iglesia intentaba así encauzar la violencia de la aristocracia guerrera que amenazaba a los débiles e indefensos. Una primera manifestación de esta tendencia fueron los concilios de Paz y Tregua de Dios, que se hicieron frecuentes desde el S. XI y que prohibían la puesta en marcha de acciones armadas en determinados periodos del año.

El último eslabón en la adopción de una nueva mentalidad guerrera en la Cristiandad lo constituyó el concepto de guerra santa.

La guerra resultó sacralizada por dos motivos: la bondad de la causa y la demonización del enemigo. Estos dos motivos se aunaron en las cruzadas, que tenían como fin la recuperación de los Santos Lugares, lo que a su vez entrañaba la lucha contra los infieles, los enemigos de la fe (les suena). En aquellas guerrar los Templarios no hacian prisioneros, a los infieles vencidos se les colocaba en hilera, de rodillas y se les decapitaba con espada. ¿Les suena?

De este modo, el combate contra los paganos adquirió carácter penitencial porque perdonaba los pecados, al mismo tiempo que abría las puertas del paraíso a los que morían en la batalla (les suena).

La guerra santa de los cristianos confluyó de este modo con el concepto islámico de yihad (que se define, en sentido estricto, como la lucha para el verdadero triunfo de la religión sobre la impiedad).

La diferencia reside en que en la doctrina de Mahoma, como en el Antiguo Testamento, la guerra estaba prohibida desde sus orígenes, ya que política y religión iban unidas. En cambio, en el cristianismo la sociedad civil era laica y autónoma respecto al clero; por este motivo, la Iglesia tuvo que seguir una sofisticada evolución doctrinal hasta llegar a sacralizar la guerra.

Con el triunfo del ideal de la guerra santa, los santos cristianos –que antes eran mártires, religiosos y anacoretas– se convirtieron en santos guerreros, participando en batallas o ayudando a los ejércitos.

Baste recordar la leyenda de la intervención milagrosa del apóstol Santiago en la batalla de Clavijo (supuestamente librada en el S. IX entre Ramiro I de Asturias y Abderramán II), o la del caballero con armas blancas que los sarracenos dijeron haber visto en la conquista cristiana de Mallorca en 1229, que se identifica con san Jorge.

De esta manera, los términos milites Dei y milites Christi, «soldados de Dios» y «soldados de Cristo», que hasta entonces se referían a los cristianos que libraban un combate espiritual con las armas de la oración, pasaron a designar a los guerreros que combatían con la espada a los infieles.

La aparición de la orden del Temple abrió a los cristianos una nueva vía de santidad a través de la guerra contra el enemigo, tanto en el plano espiritual como en el corporal. Hugo de Payens, el primer maestre de la orden, afirmaba que la culpa y el pecado residían en la intención y no en el acto en sí: de este modo, quien mataba a un enemigo pecaba si lo hacía con odio; en cambio, era inocente si lo hacía con ánimo puro.

Les recomiendo que lean el texto íntegro de donde he recogido este fracmento AQUÍ

Como puede observarse la relatividad de las situaciones las define el siglo. Y aunque la Iglesia Católica practicara el terrorismo, evidentemente no todos los católicos eran terroristas.

En tiempos mas reciente, durante cuarenta años, la Iglesia Católica en el Pais Vasco amparaba, santificaba, defendía y ocultaba a los terroristas que crearon ETA, desde posiciones católicas tradicionalistas vascas. Y aunque estos terroristas con mas de 1.000 asesinatos a sus espaldas fueran, en su mayoría, vascos, no todos los vascos eran terroristas.

Y ahora el terrorismo que nos amenaza es el de los terroristas impulsados por el DAESH o autodenominado Estado Islámico.

El terrorismo de inspiración islamista se ampara en la doctrina Takfir wal hira un movimiento sectario ultraradical islamista de orientación Sunni que surgió en Egipto en 1959 y ha inspirado a la organización Al Qaida para justificar la violencia desde su propia visión de la ley de Alá.

Los takfirís o terroristas, son elementos que pueden beber, fumar, comer cerdo y no cumplir las leyes de Alá para insertarse en las sociedades no musulmanas y asi poder desarrollar su acción terrorista. Incluso son aconsejados a no autoinmolarse para poder hacer el máximo de acciones de guerra.

Pero aunque estos takfiris se autodenominan musulmanes, no todos los mussulmanes son takfiris (terroristas)

Así las cosas es bueno recordar como la Iglésia Católica fue la que difundió la guerra santa que conducía al paraíso, a través de sus Caballeros Templarios a los que ahora imitan los takfiris.

Hasta la fecha 3 de cada 4 asesinados por estos takfiris, en el mundo, son musulmanes. Termino con el deseo de que los estúpidos hayan “comprendido las cosas” y, por tanto, hayan abandonado su estupidez.

No todos los X son Y aunque todos los Y sean, o digan ser, X