Las revistas como escuela de vida. Entrevista a Julio A. Gracia Lana

En un momento en el que el cómic ha considerado un respeto como forma de expresión, quizás sea necesario preguntarnos por el camino que le ha llevado hasta este momento. Para responder estas preguntas –y crear otras nuevas– nace el libro. Un maravilloso testimonio de la historia de los cómics entre 1985 y 2005 contado por sus protagonistas. Julio A. Gracia Lana continúa investigando las posibilidades del medio y ampliando su corpus teórico con un libro esencial en el que la entrevista se convierte en el hilo conductor de la obra. Con el autor hablamos del libro y sus consecuencias.

¿Qué es “Las revistas como escuela de vida”?

Un libro cuyo objetivo es profundizar en la desaparición progresiva de las revistas de cómic adulto de los años ochenta en adelante. Lo hace abordando una multitud de prismas, desde los proporcionados por las autoras y autores, hasta autoeditores, técnicos editoriales, editores o libreros. El título del libro lo definen unas palabras de Max. El autor habla de la revista como una verdadera “escuela de vida”, que permitía a los creativos evolucionar artísticamente o tener un rédito económico mensual que, en bastantes ocasiones, les permitía vivir de ello.

¿Cómo nace la obra?

Parte de mi tesis doctoral, que desarrollé durante más de cuatro años en la Universidad de Zaragoza. He reunido varias de las entrevistas que realicé para la investigación, buscando un equilibrio en cuanto a contenido en base a los perfiles seleccionados para el libro. Lo cierto es que realizar las entrevistas ha sido un trabajo gratificante y de mucho aprendizaje.

En el libro vemos la evolución del mercado del cómic a nivel estatal desde el fin del franquismo hasta los tiempos modernos.

Como sabes, el libro abarca veinte años, desde 1985 hasta el 2005, pero tienes razón en que los entrevistados van más allá y, por razones de “contextualización”, hablan de temas que tienen lugar desde los años sesenta hasta más allá de la década de los dos mil. El trabajo para agencias, las conexiones con otros medios en los años noventa o la novela gráfica se deslizan durante el desarrollo de las conversaciones.

Abres el libro con la voluntad de un autor de crear su propia revista, Rambla. Hablamos de Josep María Beà, un autor que ha conocido desde su tierna infancia la realidad de nuestro cómic.

Beà es uno de los grandes autores de la historia del cómic en España. Efectivamente, conoce muy bien nuestra industria. Leía cómics cuando era pequeño, comenzó muy pronto a trabajar en Selecciones Ilustradas, sus dibujos se publicaron en multitud de publicaciones y, además, fue uno de los historietistas que pusieron en marcha la iniciativa autogestionada Rambla. En la revista se publicaron grandes obras, pero finalmente se vio abocada al cierre. Nunca ha dejado de crear: ha producido esculturas o se ha acercado a la literatura. En los últimos años, se están reeditando algunas de las mejores obras que realizó para el boom del cómic adulto.

La figura de Toutain sobrevuela el libro.

Desde luego. Se trata de una personalidad clave para comprender la historieta en España. Como agente y, más adelante, como editor, mantuvo un control inmenso sobre la industria. Toutain Editor fue, junto a Nueva Frontera, pionera en la publicación de magacines de cómic adulto en nuestro país. Toutain nunca se rindió y, en un momento en el que muchas cabeceras habían cerrado, hizo un último intento de publicar una revista gracias al apoyo de Ediciones Zinco. Un nuevo Comix Internacional que, significativamente, se presentaba con la siguiente afirmación en su portada: “el cómic, condenado a muerte”.

Con Laura vemos una generación de autoras que, aunque se están revindicando actualmente, han tenido un complejo camino.

Autoras como Laura tuvieron que luchar muy duro para publicar y visibilizar su producción. Cumplieron un papel indispensable para hacer que el sistema del cómic evolucionara. Han sido un modelo a seguir para muchas historietistas posteriores, que continuaron con las conquistas que ellas habían iniciado. No era fácil ser autora durante el boom del cómic adulto, pero ellas lograron un hueco y, en los últimos años, se ha ido reconociendo la importante labor que llevaron a cabo.

 Sorprende la figura de Marika Vila, no solo como autora sino como partícipe de un contexto editorial que pocas veces se visibiliza.

Exacto. Desde mi punto de vista, el trabajo editorial resulta siempre menos visible que el autoral. Y ambos son básicos para que la obra llegue a las manos de los lectores. Marika estuvo, al igual que Beà, vinculada a Rambla y actuó además como técnico editorial para Planeta DeAgostini (trabajando, entre otras series, en Dragon Ball). No es un trabajo que se conozca tanto y, sin embargo, entronca con el boom del manga y los cambios del mercado en los años noventa.

 La personalidad de Antonio Martín completa la visión de una edición para el gran público de la que, a veces, se obvian los entresijos.

Totalmente. Lo que hay detrás de la escena más visible de las viñetas, muchas veces no nos llega. La entrevista a Antonio Martín resulta especialmente atractiva, porque hablamos no solo de un editor de gran importancia sino, además, de un teórico que conoce muy bien el medio. Traza una panorámica histórica muy amplia en la que no es ajeno al detalle, a mostrar los entresijos de la edición. La publicación de manga, las negociaciones con otras empresas o el funcionamiento de los equipos que dirigía son cuestiones que nos llevan más allá de lo aparente y nos muestran cómo era el trabajo editorial durante los años ochenta y noventa.

 El Víbora, comix para supervivientes, pasa de editar material underground a convertirse en el superviviente de una época.

No se puede entender el cómic en España sin una plataforma como El Víbora. Allí empezaron a ser conocidos dibujantes como Nazario, Max o Gallardo y Mediavilla. Elevó a la categoría de mito a personajes como Anarcoma, Gustavo o Makoki y fue un reflejo de los avances sociales en España durante varias décadas. Y, como dices, se constituyó como la gran superviviente de las revistas del boom. Se transformó, cambió los contenidos y vio pasar a varias generaciones de autores. Permaneció durante veinticinco años, desde 1979 hasta 2004 pero, finalmente, La Cúpula se vio obligada a bajar la persiana. Gracias a ella, muchos autores pudieron dar a conocer su obra en los años noventa. Miguel Ángel Martín, por ejemplo, publicó gran parte de sus historias en El Víbora.

 Nazario y Emilio recuerdan dos etapas muy diferenciadas de la revista.

Nazario se encuentra vinculado a la primera etapa de la revista, a sus albores underground y a los años ochenta. Emilio Bernárdez ha vivido todo el recorrido de la publicación, pero me parecía especialmente interesante que, de forma complementaria, profundizara en los últimos años de El Víbora. Es un periodo menos conocido de la revista, pero muy relevante. El magacín demostró que se podía seguir sobreviviendo en el quiosco y sirvió como medio de publicación a muchos autores, como el ya comentado Miguel Ángel Martín o, por ejemplo, Alvarez Rabo.

Paco Roca rememora sus comienzos en la revista.

Y en Kiss Comix. He buscado también acercarme a la parte de su producción más desconocida y, al mismo tiempo, más vinculada al boom. Al Paco Roca anterior a Los surcos del azar o Arrugas, que se formó tanto en guion como en dibujo en las últimas revistas de quiosco. Realizó portadas e historias para estos magacines, muchas de ellas junto al escritor de ciencia ficción Juan Miguel Aguilera. Road Cartoons, una reinterpretación de Alicia en el País de las Maravillas, constituye un buen ejemplo.

 Con el fin de las revistas, analizas la nueva situación a través de Juan Carlos Gómez y Álex Samaranch, pioneros de la edición independiente con Camaleón.

Los comic-books que editó Camaleón Ediciones llenaron un hueco vital para dar a conocer a autores de mucha calidad, en un momento en el que apenas quedaban ya revistas. Juan Carlos Gómez y Álex Samaranch son en la actualidad dos de las almas de Estudio Fénix. Iniciativas como Camaleón aportaron mucho al medio y permitieron su evolución.

 La aparición de las librerías especializadas está representada por Bruto Pomeroy.

Las revistas estaban pensadas, principalmente, para una distribución de quiosco. Con su progresiva desaparición se consolidó el formato álbum y se abrieron paso los espacios que mejor podían cobijarlo: las tiendas especializadas. En el libro me aproximo a tres de las más antiguas en activo en la actualidad en España: Continuarà en Barcelona, Futurama en Valencia y, por supuesto, Madrid Cómics en Madrid a través de la figura de Bruto Pomeroy. Las tres llegaron a tener iniciativas de colaboración conjunta y se convirtieron en verdaderos centros culturales para las viñetas.

 Max y Pere Joan nos hablan de una generación de autores que decide autoeditarse al ver cómo desaparecía el mundo de las revistas.

Resulta muy significativo que dos figuras importantes, profesionales del medio, decidan acudir al Salón Internacional del Cómic de Barcelona con una autoedición. Como comenta Max, este hecho apareció reflejado en muchas crónicas del Salón y resultó significativo del nuevo panorama que se estaba configurando con la progresiva desaparición de las revistas periódicas. El fanzine, Nosotros Somos Los Muertos, se acabó transformando en una revista en la que publicaron numerosos autores de vanguardia nacionales e internacionales.

Montesol contextualiza el cómic dentro del resto del mundo artístico ofreciendo una visión más transversal.

Con la desaparición de las revistas, muchos autores comenzaron a trabajar en otros medios expresivos. La pintura fue uno de ellos, al que saltaron Nazario o Montesol. Este último trabajó al principio para una iniciativa conocida como Supermercado del Arte (promovida por el marchante Jean-Pierre Guillemot) y, poco a poco, fue dando a conocer su trabajo en diferentes galerías. Su entrevista resulta muy interesante porque ofrece una visión histórica muy amplia partiendo de su propia biografía. Explora cambios sociales o artísticos de una manera detallada.

En el libro hay también una reivindicación de la labor de un editor tan controvertido como Joan Navarro.

Tan controvertido como capital para entender el cómic reciente en España. Joan Navarro dirigió en los años ochenta publicaciones tan emblemáticas como Cairo y se convirtió en los noventa en uno de los grandes editores de manga en nuestro país. Conoce muy bien el universo de las viñetas y la producción de cómic de factura hispana. En la conversación que mantuvimos, desliza además las diferentes causas que, para él, llevaron a la caída de las revistas o la manera en la que se estructuró el nuevo mercado, configurado en torno al libro y la idea de novela gráfica.

 Cierras el libro con la entrevista a Fernando Tarancón, que muestra la llegada de la novela gráfica.

Astiberri fue una de las editoriales que más claramente apostó por el formato libro, lo que supuso la consolidación de un mercado distinto al que tomaba como centro a las revistas. Antes que la editorial bilbaína, varias compañías independientes abrieron camino, como Sins Entido, dirigida por Jesús Moreno.

Los autores y autoras muestran un panorama cambiante al que algunos de ellos se han sabido adaptar.

Supieron renovarse y sacar mucho provecho de las herramientas que les había proporcionado su trabajo como historietistas. Entre otras muchas competencias, la capacidad para narrar, para contar de manera ordenada una historia, o su habilidad con el dibujo, pudieron reutilizarse en otras manifestaciones artísticas. En cierta manera, una parte del cómic impregnó su trabajo en pintura, cine, ilustración, diseño o literatura.

 ¿Ha cambiado tu percepción del medio la escritura del libro?

Por supuesto, muchísimo. La investigación es siempre un aprendizaje constante. Conforme más he indagado en la época, más he comprendido por qué nuestro mercado actual tiene una configuración concreta o por qué algunos creativos se encuentran ahora alejados del medio. Pero ninguna investigación es definitiva, confío en que muchos más autores se acerquen a esta época y me ayuden a completar el prisma y a modificar la forma en la que la entendemos. La historia se reescribe continuamente.

 La entrevista es un medio poco empleado para servir de hilo conductor de una historia. En tu caso, propones que el lector saque sus propias conclusiones de lo sucedido a través de un documental en el que los entrevistas van ofreciendo una visión de conjunto al leerse de manera continuada.

Tenía un especial interés en que todas las entrevistas mantuvieran lazos e interconexiones que hicieran del libro una obra coherente y comprensible por sí misma. Algunos entrevistados dejan en el aire cuestiones que luego responden otros. Hay preguntas comunes que ofrecen respuestas muy dispares en función del interlocutor. La entrevista nos ofrece una fuente de primer orden para comprender una época. El texto se plantea como un políptico, en el que las distintas tablas aportan algo nuevo al lector y constituyen al mismo tiempo un conjunto inseparable. El hecho de que, por primera vez, se reúnan autoras, editores o libreros, nos permite tener una visión de conjunto de toda una época.

 Junto a varios compañeros organizas el Congreso Internacional de Estudios Interdisciplinares sobre Cómic de la Universidad de Zaragoza, cuyos trabajos se recogen en el libro Nuevas visiones sobre el cómic. Un enfoque interdisciplinar (que coordinaste junto a Ana Asión) ¿Tendrá continuidad el proyecto?

En 2019 realizamos una segunda edición de la que también surgirá un libro con todas las aportaciones de los conferenciantes y ponentes. Tendremos, entre otros, textos firmados por Enrique Bordes y Marika Vila. Nuestro objetivo es que el proyecto tenga una continuidad bianual y que sirva para consolidar la entrada de los estudios sobre cómic en el mundo académico. Hacernos todavía más internacionales, trabar fuertes lazos con otros congresos y proyectos, tanto en España como en el resto de Europa, y continuar siendo una herramienta útil para conocer las últimas investigaciones que se están llevando a cabo sobre el medio son nuestros principales desafíos.

 En paralelo eres promotor de la nueva vida de una cabecera mítica del estudio del medio, Neuróptica. ¿Cómo nace la iniciativa?

El Congreso Internacional de Estudios Interdisciplinares sobre Cómic partió de la idea de recuperar el espíritu de las Jornadas Culturales del Cómic que se organizaron en Zaragoza por parte del colectivo Bustrófedon (que incluía a autores como Antonio Altarriba). En este contexto surgió también la revista Neuróptica. Estudios sobre el cómic. Recuperarla era el siguiente paso lógico. Su director y promotor fue Antonio Altarriba, al que estoy muy agradecido por habernos cedido la cabecera y por haber confiado en el proyecto. Neuróptica busca constituirse como una revista anual, con comités y contenidos internacionales e indexada en bases de datos científicas. El primer número se publicará en breve y constituye un homenaje a la revista original. El monográfico del segundo se encontrará centrado en las relaciones entre cómic y cine, de una manera amplia.

 Grafikalismos, la universidad de Zaragoza… da la sensación de que el corpus crítico del cómic recae cada vez más en las universidades.

Tienes toda la razón. Las universidades no han incluido durante muchos años al cómic en sus programas de estudio y propuestas didácticas. Gracias a pioneros como el propio Antonio Altarriba o como Juan Antonio Ramírez, poco a poco el panorama fue cambiando. En la actualidad, existen cada vez más asignaturas y proyectos docentes que incluyen a las viñetas. Sin embargo, queda todavía mucho por hacer. Tenemos que conseguir que las iniciativas ya existentes se mantengan y que surjan otras nuevas que llenen necesidades y que se adapten a una realidad social cada vez más cambiante.

 Figuras como Gerardo Vilches, Pepo Pérez, Álvaro Pons o Antonio Altarriba llevan tiempo trabajando porque haya un reconocimiento en este mundo al cómic.

Todos ellos llevan a cabo una labor sensacional, con proyectos e investigaciones de mucho impacto para el medio. La creación de una red entre los que tratamos de abrir brecha en el mundo académico es algo a lograr en los próximos años. Para ello tienen mucha importancia proyectos como la Plataforma Académica sobre el Cómic en Español (PACE), https://pace.hypotheses.org/ Está coordinada desde el Centre de Recherches sur les Littératures et la Sociopoétique (CELIS, Université Clermont Auvergne) y la Asociación Cultural Tebeosfera, responsable del proyecto de catalogación y de la revista Tebeosfera. La red reúne a investigadores que están trabajando sobre cómic en español y, a través de ellas, se comparten convocatorias o propuestas de interés. Tenemos que consolidar y avanzar en esta línea.

 ¿Cómo está siendo la respuesta al libro?

Muy positiva. El formato entrevista está gustando y compruebo que, muchos lectores, agradecen las conexiones trazadas entre las diferentes trayectorias. Estos enlaces les permiten hacerse una idea más amplia de una época que, en muchos casos, vivieron como lectoras y lectores.

¿Proyectos?

En cuanto a otros proyectos, el principal es la publicación del cuerpo de mi tesis doctoral, con forma de ensayo. En él analizo de forma más pormenorizada las causas que llevaron a la desaparición de las revistas y la trayectoria de autores como Nazario (del cómic a la pintura), Miguelanxo Prado (de las viñetas al audiovisual) o Max (desde la historieta hasta la ilustración). Es, desde luego, una época apasionante.

Infame&Co