30 Mayo, 2017

“La mirada crítica es la que permite mejorar las cosas”. Entrevista a Antonio Altarriba y Keko

Antonio Altarriba y Keko unieron sus caminos para dar vida a un particular asesino en serie, profesor de Universidad que mataba por amor al arte. Un thriller filosófico, como ellos mismo lo definen, que se convertirá pronto en trilogía para poder analizar con incisiva contundencia la sociedad en la que vivimos. A la espera de los nuevos  capítulos de la serie, nuestros dos autores vuelven a colaborar en un proyecto muy particular, “El perdón y la furia”, un descenso a los abismos con el pintor Ribera de fondo. Hablamos con los protagonistas sobre su trabajo en común.

 Pregunta: ¿Quién inició la colaboración?

Antonio: Fui yo el que le llamé. Cuando tenía el proyecto de “Yo, asesino”. Venía de hacer “El arte de volar”, que me había marcado mucho y quería hacer algo muy distinto, muy especial, algo muy negro. Cuando tuve claros los ambientes enseguida vi que era una historia que solo Keko podía dibujar.

P.: ¿Cómo recibes esa llamada, Keko? Creo que prácticamente solo has trabajado con Ramón de España como guionista.

K.: Y con Felipe Hernández Cava, con el que acababa de terminar una colaboración que hacíamos en una revista que se llamaba Exit. Para mí la llamada fue una gran sorpresa. Antonio y yo nos conocíamos de habernos saludado cortesmente en alguno de esos saraos. Me extrañó que me llamase, pero cuando me explicó la historia me convenció. Antonio tiene una forma de trabajar bastante rara que deja mucho misterio. Explica un poco lo que va a suceder, pero no te la da entera desde el principio. Me fui sumergiendo poco a poco y entonces entendí por qué me había llamado.

A.: No solo me interesaba por su forma de dibujar. Me pareció que temáticamente estaba en su onda y en su capacidad de crear ambientes. Sí que es cierto que voy dosificando la información entre otras cosas, porque creo que el dibujante tiene que sorprenderse también. Recuerdo que Keko me decía “Antonio, a mí me puedes contar el final” (Risas)

K.: A veces administra la información de un modo hasta irritante. Hay un punto de la historia en la que debo saber más para planificar la historia.

A.: El guionista tiene un único lector, que es el dibujante y por eso me ensaño con él. Me gusta que el dibujante esté un poco colgado de la historia. En cualquier caso fue bien.

P.: Hablabas antes, Antonio, que la aportación de Keko no se limita a un buen dibujo, a un blanco y negro genial, sino que sabe captar las turbulencias de la parte oscura del ser humano y sus dobleces.

A.: Sí, desde las historias que publicaba en sus comienzos en “Madriz” o “4 Botas” o “La Protectora” vemos su pasión por las historias llenas de misterio. Aunque ya lo había leído había cuadros, imágenes concretas que le proponía hacer en “Yo, asesino” que ya había hecho en “4 Botas”.

Al inicio del guión hemos descubierto más afinidades, y de hecho discutimos muy poco.

P.: Eres un dibujante de culto, Keko, que has trabajado tramas llenas de elipsis en las que eludes lo explícito. ¿Cómo te encuentras ante una trama tan cerrada en la que Antonio se maneja tan bien? ¿Cómo unís vuestros universos?

K.: Tienes razón en que vengo de hacer lo mío a mi bola, sacando libros sin grandes tiras. Tú le llamas autor de culto, pero se podría decir mejor que soy poco conocido o que vendo muy poco. A veces lo que llamamos autor de culto enmascara una enorme cantidad de miseria que, en mi caso, era cierta. Cuando me llama Antonio llevaba un año sin publicar y sin que el teléfono sonara.

Trabajar con un guionista tan meticuloso como Antonio puede resultarle curioso a quien conozca mi trabajo. Yo habitualmente no trabajo con un guión y voy haciendo la historia sobre la marcha. Para mí supuso afrontar un desafío, íbamos a hacer un álbum para Francia. Al principio estaba aterrorizado porque no sabía si esto iba a funcionar. La forma de trabajar no tenía nada que ver con lo que estoy acostumbrado aunque la temática, el tono, resultaban muy atractivos para mí. Salió de una forma muy natural y lo hicimos sin darnos cuenta. Esto me demostró lo que pensaba hace tiempo, que esto es un oficio y que no estamos aquí para contar tus ‘neuras’  para que tres personas las lean, que había sido hasta entonces mi trabajo.

P.: En tu caso, Antonio, has trabajado con dibujantes con perfiles muy distintos. ¿Cómo te encuentras trabajando con Keko?

R.: Me encuentro muy bien y de hecho es ahora con el que tengo un proyecto de colaboración con un horizonte amplio, al menos a medio plazo. Me encuentro muy a gusto con esta temática de “Yo, asesino” que continúa en paralelo en “El perdón y la furia”. Tenemos un proyecto de tres libros. Estamos con el segundo que se llamará “Yo, loco” y habrá un tercero que se llamará “Yo, mentiroso”. El esquema narrativo se mantendrá: un protagonista, no siempre el mismo, en una situación conflictiva en un mundo con mucha tensión, muy negro, que a la vez que actúa, reflexiona. Hay ese monólogo interior que ya marcaba mucho la historia de “Yo, asesino”. En el primer libro reflexiono sobre la maldad del ser humano. En “Yo, loco” sobre la psiquiatrización de la sociedad por parte de las farmacéuticas y en “Yo, mentiroso” sobre la manipulación mediática en las sociedades contemporáneas. Para nosotros es importante que la historia te atrape desde el principio como los thrillers, pero que tenga también ese mordiente crítico de denuncia social. Nos permitirá dar al conjunto, además de personajes que se pasean de un libro a otro, dar mucha cohesión a la trilogía a pesar de ser tres historias distintas. Es como si el mundo y la atmósfera que se perciben tuviesen un componente común.

P.: Hablas, Antonio, de crítica y en este primer libro te centras en un tema que conoces bien: la docencia en el País Vasco y en las luchas de poder que se dan en este mundo.

A.: Es algo que nos falta en este país. Hay una autocomplacencia gremial que nos hace pensar que tenemos la mejor policía del mundo, la mejor sanidad, la mejor educación… un discurso propagandístico que está lejos de ser cierta. La mirada crítica, que ahora está tan devaluada, es la que permite mejorar las cosas y faltan, no solo en el cómic, también en la literatura, relatos ambientados en el mundo universitario. Los ingleses tienen muchas novelas que se centran en estos ambientes y se burlan de los aires pedantes que puedan tener los intelectuales de pro, las puñaladas y demás. A mí me parece que da mucho juego y permite, detrás de una aparente corrección en la que todo tiene que estar bien escrito y documentado, reyertas, odios, conspiraciones y rivalidades y eso es un material narrativo de primer orden. Aquí además sumamos a la confrontación ideológica en los tiempos de ETA, que me extraña que no haya dado lugar a un montón más de historias.

P.: ¿Se tiene miedo a contar historias?

A.: No lo creo. Viendo la acogida que está teniendo el libro en los ambientes universitarios creo que prefieren no darse por aludidos. Hace un tiempo me pedían para “Campusa”, revista que se reparte gratuitamente entre el profesorado y personal no docente de la UPV, que escribiese sobre “El perdón y la furia” y yo me fui hacía “Yo, el asesino”. A mí no me parece normal que en un momento en el que el Gobierno Vasco ha creado una dirección general de conciliación, de encuentro social, en la Universidad, que ha sido un lugar de una gran confrontación en la que mucha gente se ha tenido que ir, entre otros un Rector, Manuel Montero, como consecuencias de amenazas, simulación de bombas…, no ha habido ningún solo movimiento que se haya preocupado de repensar cuál ha sido su planteamiento en todo esto. No es cuestión de miedo sino de un impulso de honestidad al mirarse cada uno en el espejo.

P.: No solo hablas de educación y política sino que guardas espacio para el arte, las performances o la religión.

A.: Es un repaso a la sociedad de un personaje que es muy radical en sus planteamientos. No digo que no comparta muchos de ellos. En su caso, que practica el arte del asesinato, que no puede ser más radical, todo este tipo de performance o intervenciones que incluyen al propio sujeto le parece que están muy por debajo. Es una puesta en cuestión de algunos planteamientos del arte contemporáneo.

Por otra parte, la influencia de la religión es muy grande. Ahora estoy desorientado porque el Papa Francisco ha eliminado el infierno, dice que es solo una metáfora, pero llevamos siglos educándonos en una cultura del dolor, del sufrimiento. Ese imaginario representado por un hombre retorcido de dolor en una cruz, ha marcado lo que somos y hay que señalarlo. Ahora nos puede parecer que por cualquier pecadillo tonto tenemos la condena eterna mientras estamos en contra de la pena de muerte. ¿Somos más misericordiosos que Dios? Hay allí una serie de contradicciones que conviene ir mostrando.

P.: Estamos hablando constantemente del protagonista, Enrique Rodríguez Ramírez , con un gran parecido contigo, Antonio, que hace difícil separar la realidad de la ficción.

K.: El culpable soy yo me temo. Esto nos ha dado mucho juego. A veces te preguntas si hubiera funcionado igual la historia si no se pareciese el protagonista a Antonio. Él venía de contar la historia de su padre, “El arte de volar” y que el libro se llamase “Yo, asesino”, en el que el protagonista tuviese su cara, daba la sensación de continuar su biografía. Una biografía muy peculiar porque tiene muchos puntos de contacto con su vida auténtica pero convertirlo en asesino le podía parecer una cosa un poco delicada. Cuando hice los bocetos era casi una broma provocándole. Al ver el personaje todo parecía indicar que él era el protagonista y le pareció bien.

A.: Cuando Keko me mandó esa propuesta de personaje aún se parecía más a mí. Posteriormente me cambió un poco la nariz, que es más rapaz. Entonces me di cuenta de hasta qué punto el perfil del personaje respondía a mí  mismo. Incluso el trabajo de documentación del interior de la Universidad eran fotografías del entorno de mi despacho que le proporcioné a Keko. Ese personaje, tanto por la ubicación de sus peripecias como sus gustos o vida personal, se parecía mucho a mí. No sé qué habría pasado si el protagonista hubiese tenido otra cara, porque en ese juego entre lo real y lo ficticio que atraviesa todo el libro, funciona bien en cualquier caso más allá de que algunos me miren con una cierta precaución, a ver si les voy a degollar.

P.: En “Yo, asesino” y “El perdón y la furia” destaca la creación de una atmósfera concreta. Vemos lugares comunes como Vitoria a los que, Keko, les aportas un tinte tenebroso.

K.: Casi fue lo más difícil para mí. En mis historias nunca me he basado en escenarios reales, sino que he creado mis propias ubicaciones, lugares estilizados que funcionan en base a ir haciendo collage, texturas… en unas épocas muy indeterminadas. En este caso tenía que documentarme y hacer muy reales y distinguibles los lugares por los que los protagonistas de ambas historias se mueven, pero pensando que ese escenario tiene que mostrar su universo interior. Siempre hablo de atmósferas porque para mí son importantísimas. En el fondo son una proyección que nos permiten ver lo que le está sucediendo a los personajes. No se trata solo de hacer escenarios sombríos o muy amenazantes. Por ejemplo, tenemos el mundo de la Universidad, con esa luz fría, casi clínica, que apenas deja lugar a sombras como en las películas de Stanley Kubrick. Ese ambiente tan cristalino contrasta con esas tensiones internas y esas puñaladas que se ven dentro.

En “El perdón y la furia” ha tenido menos presencia el espacio exterior. Nos movemos, casi,  en un escenario único, el torreón, en el que está encerrado el protagonista. Aunque sabemos que está ambientado en Salamanca apenas tiene peso la ciudad.

P.: Un nexo entre los dos libros es el arte. En “Yo, asesino” tenemos un profesor de Universidad que dedica toda su vida a estudiar la relación entre el dolor y el arte. Todo el libro está muy documentado para conocer las motivaciones profundas que motivan al  protagonista.

A.: Ese es el hilo argumental de “Yo, asesino” que lleva a “El perdón y la furia”. Dentro de los encadenamientos mágicos de realidad y ficción que se dan en el libro. Esa investigación del dolor y el arte de Rodríguez Ramírez llega al Museo del Prado y hay gente que decide allí que lo que habíamos inventado en el libro podía ser caldo de cultivo para un tebeo y nos ofrecieron al pintor de nuestra cultura más relacionado con el dolor como es Ribera. No es algo que tuviésemos planeado ,pero teniendo en cuenta la naturaleza del encargo era evidente que teníamos que continuar explorando la relación entre el arte y el sufrimiento. Teníamos total libertad para tratarlo y hemos intentado hacer algo que conectase con nuestro propio mundo creativo y que nos permitiese acercarnos a las motivaciones de Ribera y mostrar sus maravillosos cuadros a través de las viñetas.

P.: ¿Cómo ha sido el proceso de documentación? Da la sensación que en “El perdón y la furia” te documentas bien sobre la vida del pintor para poderla poner en segundo plano y contar tu propia historia.

A.: Sí, la documentación que tuvimos que hacer se centró en la vida de Ribera y un paseo por su obra. Todos conocemos a Ribera pero nunca nos hemos detenido en él. Su vida y obra, el Nápoles de la primera mitad del XVII, nos proporcionaba una materia narrativa muy jugosa. Me gusta bastante este tipo de relatos que parten de una historia real para mezclarlo con lo ficticio y lo legendario. Se habla mucho del carácter de Ribera e incluso de los efectos que producía su obra a quien lo contemplaba y fui por allí. Este es un libro que reposa sobre el dibujo de Keko, más complejo a la hora de concebir las imágenes. Era importante que el modo de componer las imágenes y el trazo de Ribera estuviesen allí y eso es mérito del dibujante.

P.: “Yo, asesino” es un trabajo de guionista ,pero en “El perdón y la furia” el peso recae en el dibujo y tienes que trabajar junto a Ribera o contra él.

K.: Contra Ribera nunca. Yo he ido de la mano de Ribera. Como dice Antonio, había visto de pasada su obra. Siempre me he movido más en el fango de la cultura pop, pero tienes que perder el respeto a Ribera. Se trata de hacerlo tuyo. No he tenido vergüenza a enfrentarme a ello y tienes que estar preparado a recibir los estacazos que recibas que afortunadamente no están siendo muchos. En Ribera he encontrado un aliado, su mundo personal, su modo de retratarlo, salvando las enormes diferencias de tiempo y maestría que nos distancia me he encontrado cómodo. Más allá de su querencia por los temas religiosos he encontrado un nexo en el modo que refleja el alma oscura del hombre, cómo a través del dolor podemos llegar a realizarnos. Las historias que cuentan sus cuadros son totalmente contemporáneas, el rebelde, el que se atreve a desafiar la autoridad… son cosas que siguen vigentes porque son eternas.

Lo que ha costado más ha sido integrar su estilo con el mío. Aquí he decidido diferenciarlos y pegar sus cuadros tal como el los concibió separándolos de lo mío. Me he sentido cómodo sintiendo una voz que me decía, adelante, lo estás haciendo bien. No he tenido que recrearme en lo terrible porque ya estaba en los cuadros.

P.: En la historia tenemos a Osvaldo González Sanmartín, el protagonista, que se encierra en un torreón para adentrarse en la locura a través de la pintura de Ribera. “Yo, asesino” es un thriller filosófico mientras que en “El perdón y la furia” el conflicto es más interior. En el libro parece que te mueves en terrenos más cercanos a tu universo creativo, Keko, pudiendo jugar con las texturas, los collages…

K.: Es una historia que hemos hecho de un modo muy fluido, incluso en el proceso de dibujarla, que hemos hecho en un plazo de tiempo muy corto. Es cierto que se parece más a lo que yo he hecho siempre, con muy pocos personajes, dos o tres y muy pocos escenarios. Me noto más cómodo a la hora de reflejar lo que expresan los personajes. Me he recreado en lo anatómico. En homenaje a Ribera el protagonista está prácticamente todo el libro desnudo. Todo se basa en el protagonista y he sentido que todo fluía de un modo mucho más cómodo para mí. En “Yo, asesino” tenía que trabajar con un montón de documentación, de lugares y aquí hemos vuelto a un señor encerrado en un espacio y en su propia cabeza.

P.: ¿Cómo ha sido para ti el proceso, Antonio, de entrar en el mundo de un hombre y su obsesión?

A.: Esa es una de las virtualidades que ofrece el mundo científico universitario y que tampoco se desarrolla. He conocido gente que se obsesiona con una investigación o un doctorando haciendo, incluso, que pierdan de vista la realidad. Esa especie de misticismo que respiran los personajes de Ribera, de un modo laico, se pueden encontrar hoy en algunos casos, en este mundo universitario obsesionado por la investigación. En este universo se dan debates con posiciones muy encarnizadas sobre todo en el campo de arte y la literatura, en el que no hay una base específica sino las propias posturas ideológicas y la forma de entender la vida y el arte que las sustenten. Me pareció que en el poco espacio y tiempo del que disponíamos no podía tener un desarrollo similar al de “Yo, asesino” y en lugar de centrarnos en el aspecto que tiene más social es una bajada a los infiernos de un personaje que, a través de Ribera, se reafirma en sus propios planteamientos y en su posición contra la Universidad. El contacto con Ribera parece reafirmarle en su teorías,  inspiradas en las de Giordano Bruno. No me ha sido muy ajeno entrar en la obsesión por la investigación. Me recordaba a mi propio trabajo de tesis, que basé en los tebeos y que me llevó 6 o 7 años. Al final soñaba bocadillos y viñetas.

 P.: En los dos libros está muy presente el color rojo. Hay una segunda tinta de este color que no solo tiene un componente estético sino que realza algunos momentos narrativos.

A.: El editor francés nos decía que la historia estaba quedando demasiado negra , pero en lugar de usar de un modo común el bitono intentamos que tuviese una dimensión más amplia y en lugar de quedarnos con destacar la sangre cuando apareciese intentamos subrayar los elementos que quedaban contaminados por esa presencia malévola que está infectando todo el relato. Una vez adoptado vamos a usar en esta trilogía esos elementos. Cada tomo de esta trilogía estará combinado con un bitono distinto que no te adelantamos todavía.

P.: En “Yo, asesino” una manzana nos remite a la menstruación y unas flores rojas muestran el deterioro de la relación de Enrique Rodríguez con su alumna.

Hay una serie de elementos que se contraponen. La manzana funciona de manera ambivalente. Por un lado recoge la situación de Cristina, la mujer de Enrique, que se encuentra en una edad en la que se identifica más con la madrastra que con Blancanieves. Una mujer frustrada porque está perdiendo la belleza y trata como ilustradora el tema. Por otra parte la manzana representa el deseo, como esa manzana que aparece en la casa de Edurne, la amante del protagonista. Del mismo modo que la manzana, las rosas y su progresiva pérdida de color nos muestran ese ciclo breve que es la estancia de Enrique en casa de Edurne en ese experimento de convivencia que saldrá mal. Más allá del impacto visual tiene una función narrativa e incluso simbólica fuerte el rojo.

P.: En tu caso, Keko, estás muy familiarizado con el rojo, que ya usaras en “4 Botas”.

K.: A mí me gusta mucho el bitono. Al principio lo había usado con moderación y en “4 Botas” me desenfrené. Me recuerda a aquellos tebeos de mi infancia en el que se ponía un color para dar una alegría a aquellos tebeos en la época en la que el color era carísimo.

El rojo es un elemento narrativo que cuando se mete en ese mundo de blanco y negro siempre destaca lo que quieres transmitir, como un trazo de tiza. Aparte de que sea muy bonito y quedé muy bien con el blanco y negro, es un elemento narrativo de primer orden que nos permite poner un foco con el que podemos decir al lector que se fije porque estamos contándole algo.

En “4 Botas” lo empleé sobre todo de forma estética pero aquí tiene una especial importancia.

P.: En “El perdón y la furia” será clave. Decía Lord Byron que Ribera pintaba con la sangre de los mártires y será una de las claves de la historia que queréis contar.

A.: Efectivamente. Así como en “Yo, asesino” la sangre era un elemento importante, en los cuadros de Ribera es también esencial. En sus cuadros vemos heridas abiertas con especial crueldad. En el cómic representamos mucho el cuadro en el que vemos a Ticio con el costado abierto devorado por un águila. El tema de la sangre ya estaba en sus cuadros pero la explicación de Lord Byron, que habla de la seducción de sus cuadros por estar pintado por la sangre de los mártires, la hemos querido llevar al relato de un modo literal. En el Nápoles de la época descubrimos, incluso, que había un mercado de sangre, supuestamente de santos, que contribuiría a la salvación eterna. Es entonces cuando se licúa la sangre de San Genaro, a la que se atribuye propiedades mágicas y que sirve para hacer ciertos presagios. Por eso está muy presente en el libro, también de rojo, aunque la apuesta de Keko es más importante porque integra los cuadros de Ribera a color, de modo que ha tenido que jugar con la paleta cromática de Ribera completa.

K.: Parece más difícil dicho así de lo que ha sido realmente. Lo más complicado ha sido integrar los cuadros, no solo por el color, también por el estilo. A pesar de tener una fuerte presencia de negros, hay un tratamiento de los volúmenes, de la anatomía, que poco tiene que ver con lo que hago yo.

Tal como hicimos en “Yo, asesino” lo que hice es procurar que el cuadro luciese. En “Yo, asesino” le quitamos el color y lo dejamos en gris. Había muchos cuadros de diferentes autores y buscamos darles una unidad pero en “El perdón y la furia”, tratándose de un único pintor decidimos dejarlos tal cual estaban y el propio estilo de Ribera le daría unidad al libro.

He puesto los cuadros intentando que el lector los viera, los conociera y que formaran parte de la historia sin darles un tratamiento especial.

P.: ¿Cómo ha sido la elección de los cuadros?. ¿Habéis tenido algún condicionante por parte del Museo?.

A.: Sí. Ellos tenían un especial interés por el tema de Las Furias, que ya tienen una historia de partida que contar. Fueron una serie de cuadros que le encargaron a Ribera en 1632 y que representa los 4 grandes supliciados de la cultura clásica, Ticio, Ixión, Sísifo y Tántalo de los que solo se conservan dos.

Para mí son dos de los cuadros más bellos de los que tiene el Museo. En los otros cuadros de Ribera sus protagonistas están entre el tormento y el éxtasis. Resulta muy chocante que recibiendo tan grandes castigos su cara esté reflejando tal placer pero parece que a través del suplicio se están redimiendo y se están acercando a Dios. Sin embargo aquí no. El cuerpo se está retorciendo y la cara representa el sufrimiento que están  viviendo. Casi puedes oír sus gritos.

El motivo de Las Furias se repite en los siglos XVI y XVII y vemos a 4 hombres que tuvieron el atrevimiento de rebelarse contra los dioses y como consecuencia sufren penas horribles y repetidas. El mensaje está muy claro: si te rebelas contra quien está por encima de ti, el castigo será despiadado. Viendo cómo los encargos venían de gente poderosa suponía una clara advertencia. Ribera, como el resto de pintores o científicos de la época, estaba sometido a las tiranías más o menos despóticas de la iglesia, de los soberanos con los que tuvo algunos roces. Esta circunstancia nos permitía mandar un mensaje político que Las Furias en su origen ya contienen.

P.: La religión vuelve a cobrar protagonismo. Dos páginas de “Yo, asesino” contienen el germen de lo que será “El perdón y la furia”. En estas páginas ya vemos el tema que estará presente en el libro: la representación del sufrimiento en la religión católica frente a los mitos paganos.

A.: En “Yo, asesino” estaba ya y los del Prado nos lo pusieron muy fácil , porque este tema estaba muy presente en la obra de Ribera. Uno de los grandes debates sobre su obra es si es un pintor religioso o no, si es macabro o no. Si la temática del cuadro torturado que atraviesa un porcentaje muy alto de su obra es una muestra de que es un pintor místico o es más un ejercicio técnico para hacer estudios anatómicos complejos, muy del gusto de la época barroca en la que todo lo complejo se valora.

Todo fue miel sobre hojuelas porque ya teníamos puesta la harina para hacer ese pan y con ”El perdón y la furia” pudimos desarrollar más el tema y darle un enfoque más preciso.

P.: “El perdón y la furia” parece que asienta el compromiso del Museo tras “El tríptico de los Encantados” de Max. Da la sensación que les interesa explorar la relación con el cómic poniendo el foco en que los autores más destacados del medio hagáis vuestra propia interpretación personal de los mismos.

A.: Esto es lo que nos han transmitido desde el Museo. Tienen la voluntad de que no sean actos puntuales, sino que hablan de la colección de cómics del Museo del Prado. Si te fijas, hay un tamaño y un número de páginas más o menos establecido.

Como dices, su idea no es que contemos la vida y obra de los pintores, para eso ya tienen sus propios libros, sino que hagamos un libro nuestro ,pero en que Ribera esté presente. Creo que es un buen planteamiento para que se pueda establecer un verdadero diálogo entre el cómic y la pintura. Desconfío mucho de esas buenas voluntades que se acercan al cómic de manera instrumental con intenciones pedagógicas. Eso de que el cómic tenga una función intermediadora para hacer sencillos lenguajes más complejos nunca me ha gustado y en el Museo nos ha planteado un diálogo de iguales con nuestros propios mundos y planteamientos. En “Yo, asesino” ya estaba marcada la relación con Ribera y creo que es importante el trabajo para ver el reconocimiento institucional que está viviendo el cómic los últimos años.

K.: Incluso se podría ver de otro modo. Mucha gente que no lee cómics se podrá dar cuenta de que es un medio adulto que habla de tú a tú a los cuadros del Museo. Puede servir para acercarse al medio como un arte maduro que puede contar una historia con Ribera de fondo.

P.: Vuestra unión ha hecho que podáis avanzar ambos. En tu caso, Antonio, imagino que te habrá servido para huir de la sombra de “El arte de volar” y en tu caso, Keko, a pesar de tener una obra adulta muy interesante, no habías conseguido trascender al gran público. No sé hasta qué punto os reconcilia a los dos con el medio.

K.: En mi caso ya lo contaba antes. Yo vengo de tiradas pequeñas con un buen trato por los compañeros y la crítica, pero echando en falta poder vivir de lo que te gusta. Desde que Antonio me propuso esto ha supuesto un gran paso adelante, poder tener la tranquilidad de, una vez acabado un libro, tener planteado hacer otros dos. Eso me da una estabilidad a la hora de afrontar nuevos trabajos.

A.: A los guionistas se nos conoce menos y me daba miedo quedar marcado como Antonio Altarriba, el de “El arte de volar”. Quería partir en otra dirección totalmente distinta y conectar con otro mundo que es más mio. “El arte de volar” y “El ala rota” son los mundo de mi padre y de mi madre en los que introduzco mis perspectivas , pero no es mi historia. Aquí sí estoy con mi imaginario, mi simbología. Soy más el de “Yo, asesino” que el de “El arte de volar”. No solo porque físicamente nos parezcamos, sino porque son sus desafíos, sus reflexiones mucho más cercanos a mí.

P.: En tu caso, Keko, esta segunda juventud quizás acerque al público a tus grandes obras.

K.: Es verdad. Puedo decir que tengo nuevos lectores que no conocen lo que hacía antes. Lo que me gusta es que los lectores de siempre ven una continuidad de mi trabajo de antes con lo que estoy haciendo con Antonio. Nadie ha cuestionado que haya hecho un viraje para profesionalizarme en el que haya perdido mi esencia y eso me llena de orgullo. Cuando hemos estado en las firmas y se ponen mis tebeos antiguos algunos sí se los llevan, pero de lo que estoy más orgulloso es de esa continuidad y esa coherencia que te comentaba.

P.: El público francés ha recibido la propuesta con entusiasmo y habéis recibido incluso el premio de la crítica. ¿Cómo vivís este momento de los premios?

A.: Yo creo que el libro está funcionando también aquí. Salió en 2014 y se sigue vendiendo pero en el extranjero ha tenido muy buena acogida. Además del Premio de la Crítica, que fue para nosotros importante, recibió en el ‘Comic On’ de Oporto el premio al mejor álbum extranjero. También en Alemania nos dieron un premio y está traducido a seis idiomas y creo que aún le queda camino. “El perdón y la furia” y los nuevos libros creo que le darán un mayor recorrido.

P.: Lo que vemos, Antonio, es que prolongas tus colaboraciones durante años y años.

A.: Ya sabes cómo son los dibujantes, una especie rara, pero les acabo cogiendo cariño. (Risas)

Con todos los autores con los que he colaborado he establecido relaciones que nunca son puntuales. En el caso de Laura trabajé con dos álbums de temática erótica. No descarto volver a trabajar con Kim. Desde un terreno de complicidad e incluso afecto la creatividad funciona bien. Como guionista no tengo más remedio que trabajar con los dibujantes, pero nunca me ha costado. Siempre llego a puntos de intercambio que afectan a mi trabajo. Cuando recibo las páginas de Keko me surgen nuevas ideas para otras escenas. Me gusta el trabajo con gente con la que conozco y tengo una buena conexión porque es algo que se transmite a la historia.

K.: Hemos decidido colaborar por iniciativa propia, no un matrimonio sugerido por el editor. Habrá que preguntar a Antonio si está contento con sus elecciones , pero nuestro modo de trabajar es muy distinto al usual en Francia, en el que trabajas en series más allá de tus intereses. Hay una complicidad muy importante entre nosotros.

P.: Hablabas de 2014. ¿Cuándo nace la serie?

A.: A comienzos de 2013. Nos conocíamos de vista y de intercambiar algunas palabras. Ahora hablamos por teléfono casi todos los días. Es una comunicación constante.

K.: Y todos esos salones que habremos visitado juntos por esos mundos de Dios. Es toda una relación.

P.: En Francia se cuida especialmente la promoción.

A.: Sí. En Angulema estuvimos comentando con mi editor francés la utilidad de estos bolos. No es solo los 40 o 50 libros que firmes en el momento. Es el efecto bola de nieve que se genera y el boca oreja. En Francia la BD es muy valorada y hemos ido a salones y librerías, hemos ido a bibliotecas e incluso a institutos para explicarles cómo se hace un cómic. En Francia hay mucho interés por el medio desde muchas perspectivas y yo soy un hombre fácil.

K.: A mí me cuesta más. A mí me ha cogido mayor y tengo unas rutinas establecidas. Si me hubiese pillado con 20 años lo hubiese vivido de otro modo pero sobre todo al principio estaba refunfuñando mucho. No voy a decir que es duro, porque más duro es dibujar, pero me costó bastante al principio.

P.: ¿Para cuándo “Yo, loco”?

A.: Teníamos un calendario establecido que se ha visto afectado por “El perdón y la furia”. Keko ya tenía 8 o 10 páginas dibujadas incluso. Aún no tenemos nada fijado pero creo que para trabajar a gusto, que es lo que preferimos, podríamos tenerlo acabado para primavera del próximo año pera salir en otoño del 2018. Creo que serían plazos razonables aunque en “El perdón y la furia” Keko se ha desvelado como un dibujante furioso que puede llegar a hacer incluso… 10 páginas al mes.

No sabemos. Intentamos negociar con las editoriales para tener unos márgenes que nos eviten agobios. La extensión será similar al “Yo, asesino”, 120, 130 páginas así que un año largo tenemos por delante.

P.: ¿Cómo afrontas este nuevo guión, Keko?

K.: El libro del Prado nos ha descolocado un poco pero tengo muchas ganas de afrontarlo. Después de “Yo, asesino” es una gran responsabilidad pero hay buenos mimbres.

P.: ¿Proyectos?

K.: Con Antonio tengo contrato para dos libros más. Luego Dios dirá. Te llegan pequeños encargos, pero yo de tebeos hasta que acabe con ello, nada.

A.: Ha sido medio año el que nos ha llevado “El perdón y la furia”. No es fácil que salgas de una historia a mitad de camino y vuelvas a entrar , pero eso ha hecho que tenga nuevas ideas con respecto a la idea original que tenía pero las bases narrativas son las mismas.

Ahora mismo no tengo nada más ni quiero mucho más. Lo que me piden son algunos artículos o prólogos, pero en cómic me centro en “Yo, loco” y según voy escribiendo están saliendo nuevas ideas para “Yo, mentiroso”, pero de eso no quiero ni hablar. Si Keko tiene fácil para primavera , yo tengo al menos hasta el verano trabajo. Si en el primero me volví asesino, en este me tengo que volver loco.

Links de interés:

Entrevista a Keko por su trayectoria

Entrevista a Antonio Altarriba por su trayectoria

Entrevista a Antonio Altarriba por “El arte de volar” y “El ala rota”

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    La Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo ha acordado la suspensión cautelar del acuerdo del Consejo de Ministros de 17 de febrero de 2017 que exigía a Cantabria el pago de 6,4 millones de euros por incumplimiento del derecho de la UE en relación a subvenciones recibidas por pastos.
  • La Guardia Civil localiza en Puente Viesgo animales disecados y vivos sin la perceptiva autorización 29 Mayo, 2017
    Efectivos del Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil de Torrelavega han presentado una denuncia contra una explotación de Puente Viesgo por la tenencia de especies cinegéticas y no cinegéticas, tanto disecadas como vivas, sin acreditar legalmente.
  • La Junta de Personal Docente pide una solución para los interinos 29 Mayo, 2017
    La Junta de Personal Docente de Cantabria ha entregado hoy un documento, firmado por todos los sindicatos que la componen y dirigido al delegado del Gobierno en la comunidad, Samuel Ruiz, en el que solicitan una solución para el profesorado interino, un tercio del total en la región, tras la inclusión en los Presupuestos Generales […]
  • Bridgestone prevé una inversión de 34 millones en Puente San Miguel 29 Mayo, 2017
    El Plan Estratégico de Bridgestone Hipania (BH) para el periodo 2018-2022 prevé una inversión de 73 millones de euros en su planta de Basauri (Vizcaya), 112 para la de Burgos, y 34 millones para la de Puente San Miguel.
  • Las ventas del comercio minorista suben un 1,1% en abril 29 Mayo, 2017
    Las ventas del comercio al por menor han subido un 1,1% en abril Cantabria, el cuarto mayor repunte por comunidades y frente a una media nacional que ha caído al -1%, según los datos facilitados este lunes por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
  • Aprobada con más de un 90% de apoyos la lista consensuada de delegados del PSOE cántabro al Congreso Federal 28 Mayo, 2017
    El PSOE de Cantabria ha aprobado este domingo en su 'congresillo', con más del 90% de apoyos de los asistentes, la lista de consenso con sus 16 delegados para el Congreso Federal, que está encabezada por la secretaria general del partido, Eva Díaz Tezanos, y el líder de los socialistas santanderinos, Pedro Casares, este último […]