La escuela. Entrevista a Javirroyo #comic

Más allá de la evasión y obtener un gratificante momento de lectura, el cómic se vuelve en ocasiones necesario para crear puentes entre culturas. Para conocer mejor al otro y aprender de él y, ¿por qué no?, para enseñar también. En “La escuela”, Javirroyo nos acerca a la realidad de una pequeña escuela de Senegal, una realidad que el propio cómic está ayudando a crear. Hablamos con Javirroyo para conocer el proyecto. Agradecemos al autor las imágenes que permiten acercarnos a la realidad de la escuela.

Pregunta: ¿Qué es y cómo nace “La escuela”?

Respuesta: Es un proyecto que comenzó con un amigo arquitecto que fue a hacer con otra amiga una obra al sur de Senegal, en un pueblo que se llama Thionck Essyl. La parte del sur tiene un río, manglares… un clima tropical en el que la gente tiene para vivir, no pasan hambre. Cuando mi amigo arquitecto conoció la zona preguntó cómo podría ayudar, se reunió con los movimientos de la comunidad y descubrió que solo tenían un instituto para 20.000 habitantes, con 80 alumnos por aula, más o menos y allí empezó el proyecto de la escuela.

Yo conocía a otro amigo que le estaba ayudando a sacar dinero y un día, cenando con él nos contó la historia y me enrolló. Le pregunté cómo podía ayudar y vi que lo que en realidad sé hacer son talleres con chavales. Nunca había estado en África , pero le propuse ir allí y hacer con los chavales talleres y contar la historia de la escuela.

 

P.: En el libro vemos cómo nace el proyecto de la escuela y cómo se va formando una red en la que os vais sumando a la iniciativa diferentes sensibilidades.

R.: Es así. Lo que a mí me motivaba mucho era hacer los talleres y recabar datos para conocer de cerca a la gente. Es bonito porque lo haces desde una experiencia real, pero no habla solo de la construcción de la escuela. Lo que tampoco queríamos es que fuese un libro solidario sin más. En el libro se habla mucho de la visión que tenemos de África y la que ellos tienen de los europeos. Para mí es un regalo. Como turistas es fácil que hayamos ido alguna vez a Marruecos , pero conocer desde dentro la vida de un pueblecito de Senegal es una oportunidad.

P.: ¿Ha cambiado tu estancia en el país alguno de los tópicos que podías tener sobre África?. ¿Qué te ha aportado este viaje?.

R.: Hay una cosa de la que no nos damos cuenta. En Barcelona hay muchos manteros o gente que busca chatarra entre la basura y los tenemos invisibilizados a pesar de que nadie es racista. Yo de África no tenía más tópico que pensar que iba a ver pobreza. Lo que descubrí allí es cómo la gente vive con otro concepto del tiempo. Las cosas suceden tranquilamente. Si tienes un problema te lo van a resolver, pero sin prisa. Tienen una alegría que no se ve aquí. Es un lugar en el que se vive de un modo sencillo. Tienen un buen clima, con peces en el río, con mangos en los árboles y con la seguridad de que tienes la comida asegurada. Como comunidad se ocupan de que nadie pase hambre.

Allí no hay productos de consumo, porque no hay dinero. No hay agua corriente ni electricidad. Solo hay un generador o algunas placas solares que ponen para cargar un poco el móvil. Por otra parte es curioso porque todos tienen móvil e internet. Todos tienen facebook e instagram y ven cómo vivimos aquí y tienen una visión muy distorsionada de la que es Europa.

Es curioso porque no te imaginas cómo es hasta que estás allí, pero a los pocos días te da la sensación de que has estado allí toda la vida. Todo es como muy de pueblo, muy normal y eso es bonito.

P.: Sin dogmatizar intentas mostrar cómo nuestra visión paternalista hace que a veces se pierdan las raíces. Una de las historias más duras del libro es la de Ibou y su hija y cómo la pierde para darle la oportunidad de darle una vida mejor.

R.: Eso tiene que ver con la visión que tienen de Europa. Hay que tener en cuenta esa visión que tienen ellos allí. Allí ir a la universidad es muy complicado. Igual llega el 1% de la población porque supone unos gastos que las familias no se pueden asumir. También hay que tener en cuenta que allí no se tienen niños como aquí. Las familias pueden tener 8 o 10 niños, mientras que aquí tienes uno y es el centro del universo. La historia que cuento en el libro es una historia real aunque haya cambiado los nombres. Yo tenía la versión de Ibou, el padre, que deja que su hija se vaya para darle una oportunidad y luego se da cuenta de que no volverá y eso es un drama. El tema es que, una vez que la hija vive con todas las comodidades, es complicado que vuelva a África. Yo intento no dogmatizar e intento ponerme en la piel del padre que se queda en África y en el de la chica que marcha a estudiar a Europa. Si me pongo en la situación de esa chica, que hoy tiene 18 años, entiendo que le cueste volver a Senegal y renunciar a esas comodidades que para ella ahora son básicas. Si a ella le gusta el baloncesto, por ejemplo, allí no lo va a poder jugar y todo así. Y por otro lado entiendo que el padre le echa de menos.Es su hija.

P.: En el libro hablas de la importancia de la familia y del legado. Ibou pasa de pescador a guía turístico y hace una casa a cada uno de sus hijos sabiendo que la de su hija no se va a llenar.

R.: Claro, pero eso es muy de pueblo también. Aquí el que puede intenta dejar algo a sus hijos. Es muy humano. Allí es muy común que el padre intente conseguir una tierra en la que sus hijos puedan formar una familia y tener una casa. Él está dolido ,pero sabe que no va a volver y ya está.

P.: Hablabas de la educación y de la imagen que transmite Europa. Una de las historias más terribles es la de Ousmane. Todas las expectativas de su familia están puestas en que pueda estudiar e intenta dar el salto al primer mundo en un cayuco. En el libro recreas las sensaciones de quiénes realizan ese viaje.

R.: Sí, nosotros lo vemos aquí desde las noticias, pero hay que verlo desde su punto de vista. Es muy complicado que puedan estudiar , pero es la gran esperanza para toda la familia aunque tengan que ir a trabajar a Dakar. El caso de Ousmane es el gran desengaño al no encontrar trabajo. Para ellos Europa es El Dorado. Ten en cuenta que nos ven continuamente por las redes sociales, hablan francés y ven los canales continuamente y se hacen una idea errónea de nuestro mundo. Es por eso que deciden probar suerte , pero hacer ese viaje es jugársela mucho porque nadie te asegura que vayas a sobrevivir. Es una locura en realidad.

 

P.: También hay lugar para el amor más allá del choque de culturas como en el caso de Laura y Sadio.

R.: Sí, Laura y Sadio sí que se llaman así. En realidad ha habido varios romances entre voluntarias y gente local. Hay casos en los que han venido aquí con su chico, pero Laura ha decidido quedarse allí. Es el caso opuesto a lo habitual. Para la familia tampoco tiene que ser fácil que su hija se vaya a vivir a un país musulmán con los derechos que tiene la mujer allí. Me parecía muy interesante explicar este choque de culturas porque realmente es lo difícil. Por poner un ejemplo, Sadio nunca había viajado por placer. Viajan como se hacía antes por los pueblos. Vas a otro pueblo porque tienes que llevar una mercancía o a una boda. Cuando Sadio va por primera vez en avión a Cabo Verde de vacaciones no sabe dónde meterse ni que hacer. Es interesante ver lo que sucede cuando se juntan las dos culturas.

 

P.: También hablas de las dificultades de los materiales para construir la escuela.

R.: Es siempre complicado. Hay que tener paciencia para que lleguen las cosas. El tiempo allí es diferente y eso hace que tengas que tener una buena relación con la comunidad porque dependes de ello para conseguir las cosas.

Fíjate, allí hay un movimiento independentista que llevaba mucho tiempo tranquilo, pero que ha vuelto a actuar. El mes pasado degollaron a 15 personas por un conflicto relacionado con los materiales. Muy fuerte. Mucha gente está talando árboles ilegalmente y esta guerrilla está en contra de que se haga. Ellos defienden que se mantengan los bosques que son sagrados para la cultura animista. En la obra siempre se ha tenido mucho cuidado en que la madera que se compra sea de procedencia legal y así se ha hecho, porque por comprar la madera a alguien que no debes, te puedes meter en un conflicto muy grande.

La obra se ha hecho con gente de allí. Se ha intentado recuperar materiales de la zona. Los ladrillos se hacen allí incluso.

Con suerte, este año se abren las primeras aulas. Precisamente acabo de estar de nuevo haciendo unos talleres con Flavita Banana muy divertidos.

 

P.: Con los más pequeños os relacionáis con un lenguaje universal, que es el dibujo.

R.: Sí. Los talleres son una pasada. Allí los profesores tienen un sistema educativo en el que el profesor habla y el alumno toma notas, sin hacer nada práctico. Cuando vas allí y llevas materiales y les pones música para que todo el mundo juegue, los chavales flipan. Al principio están muy cortados hasta que alguno empieza y enseguida arranca todo. Ahí hay mucho potencial , pero no existe luego posibilidad de desarrollar su talento a un nivel profesional más allá de hacer rótulos de carteles, o dedicarte al arte directamente.

La experiencia de los talleres es muy bonita y queremos hacer con voluntarios talleres todos los meses, que es algo a lo que vamos a destinar una de las aulas. Intentaremos que salgan 8 o 9 talleres.

 

P.: Compartes la experiencia con Mariscal.

R.: A Chavi le conozco desde hace años. De hecho, él estuvo hace años de viaje en África con Barceló, pero el continente ha cambiado mucho desde entonces. Hoy en día hay muchas zonas en conflicto y tienes que saber bien por donde moverte.

Cuando le conté el proyecto le emocionó la idea y pensamos que estaría bien que hiciese dibujos y que donase los fondos para el proyecto. Ha funcionado muy bien. Con los dibujos habremos conseguido 25.000 euros, más o menos igual que con el libro, y con eso ya casi tenemos para terminar de construir la escuela.

La experiencia con él allí ha sido muy buena. Es muy generoso. La anécdota con él, es que se olvidó la  toalla y tuvimos que compartirla durante toda la estancia. Fue muy divertido.

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P.: A pesar de buscar esa ayuda el libro no es el típico producto destinado a recabar fondos.

R.: Es que no tendría sentido. Una vez acabado no los suelo leer, pero con el cómic he podido ir hilvanando historias y seguir aprendiendo. También uso paletas distintas si hablo de Barcelona que de África. De todos los libros aprendo y aunque no siempre estoy contento al 100% una vez hecho el trabajo, creo que ha quedado bien.

Mi problema es que a veces no sé medir el esfuerzo. Es un proyecto de un zaragozano terco a la bilbaina. Lo que iba a ser una ayuda a un amigo se ha convertido en cuatro viajes a África más nueve meses de elaboración del libro. Pero es que el proyecto me enganchó mucho y seguir remando con unos compañeros de viaje increíbles es un regalo también para mí.

P.: Colaboras con foundawtion.

R.: Es una fundación que gestiona la construcción. Daw es el nombre del estudio. El dinero que entra se va directamente a la escuela. Ahora estoy trabajando con un proyecto educativo dentro de la Fundación para hacer workshops en Thionck Essyl.

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P.: ¿Cómo ha sido la experiencia con el crowfunding?

R.: Es muy buena. Habremos hecho 2000 y quedarán 500. La gente ha respondido muy bien y me gusta ver que hemos llegado a un público que no es el habitual de cómics. Desde Verkami se han enrollado mucho y nos han ayudado mucho dándonos mucha visibilidad e incluso consiguiendo entrevistas en radio.

Me parece muy buena opción Verkami para proyectos personales de autores que quizás no tengan una salida comercial muy clara.

P.: ¿Cómo se puede conseguir el libro?

R.: Solo lo tenemos en la web de la fundación en esta página: https://foundawtion.tictail.com

También están todos los prints de Mariscal.

P.: ¿Proyectos?

R.: Vuelvo a hacer un libro relacionado con la gastronomía. Es un encargo de Camper para hacer un libro de cocktails con Ramón Úbeda, todo un experto en el tema.

No es un libro publicitario ni mucho menos. Tenemos la historia de los grandes cocktails, la receta y su relación con las coctelerías de Barcelona. Yo creo que para octubre lo tendremos.

Infame&Co

Fotografías: Noemí de la Peña

Fotografías aéreas: Andrés Altamirano