La Compañía Trasatlántica de Antonio López transportó desde Santander a tropas y, emigrantes a Santiago de Cuba y La Habana

La Compañía Trasatlántica de Antonio López transportó desde Santander a tropas y, emigrantes a Santiago de Cuba y La Habana

Antonio López López, natural de Comillas, provincia de Santander, hijo de una humilde lavandera, huyendo de la justicia con 14 años se estableció en Santiago de Cuba llegando a amasar una gran fortuna.

Se radicó en Santiago de Cuba y desde 1831 y durante diez años trabaja de «mozo para todo» junto con otro emigrante paisano suyo, Manuel Calvo, ahorrando todo lo posible para poder afrontar un primer negocio: en 1841 los dos amigos fletan un «petache» de harina procedente de Santander hasta La Habana, y luego lo venden en Santiago de Cuba, transformando la inversión en un importante capital.

En las Crónicas de Santiago de Cuba de Emilio Bacardí apunta que Antonio López y López se inscribió en la matrícula de comerciantes de dicha ciudad en marzo de 1844 [Emilio Bacardí Moreau, Crónicas de Santiago de Cuba, Santiago de Cuba 1925, vol. II, pág. 357]. López había alquilado una de las casas de Andrés Brú Puñet, un catalán instalado en Cuba lustros antes, sita en la calle Santo Tomás, 26,en los bajos de un edificio propiedad de un comerciante catalán llamado Andrés Bru Puñet, a quien alquiló el local en marzo de 1844. asociado con su paisano Manuel Calvo para abrir un almacén de ropas y comprar fincas rústicas.

Su escaso capital le forzó a buscar financiación externa tanto para la compra del género como para el desarrollo de su negocio. El asturiano Domingo Antonio Valdés, instalado en la vecina ciudad de Guantánamo, fue quien le facilitó los recursos líquidos necesarios. En total, en noviembre de 1847 la deuda de López con Valdés superaba los 20.000 pesos (o sea, las 100.000 pesetas). Entonces el de Comillas creyó llegado el momento de dar un giro en su camino: aprovechando las buenas relaciones que había tejido con Andrés Brú (el dueño del local) decidió pedirle la mano de una de sus hijas, movido tanto por la dote como por la posibilidad de convencer a su suegro para que financiase sus proyectos

En pocos años, su firma comercial era la más poderosa. En 1852 se dedicó al transporte marítimo al fundar en Santiago de Cuba la Compañía López que inauguró la que sería considerada como la mayor empresa naviera española

En Santiago de Cuba «pudo desarrollar una ingente actividad empresarial, a partir, sobre todo, de la sociedad Antonio López y Hermano. Con la colaboración de su hermano Claudio López y de otros socios, como Patricio Satrústegui, López impulsó nuevas iniciativas desde Santiago de Cuba, abriendo una nueva tienda de ropas en aquella ciudad, comprando hasta cuatro plantaciones de caña diferentes, cafetales, etc. López  mantuvo, por encima de todo, una gran actividad intermediaria en la venta de esclavos. En Cuba se le describía como un sujeto cruel y despiadado, para el cual los negocios consistían en explotar al prójimo, y para el que todos los medios eran lícitos —legales o ilegales—, con tal de conseguir beneficios»

Antonio López recurría a la corrupción de los funcionarios españoles, quiénes facilitaban la documentación necesaria a unos esclavos recién traídos de África. De este modo, los hacían pasar por esclavos criollos (hijos de africanos esclavos nacidos en América), cuya venta en Cuba estaba totalmente legalizada. 

Su primer servicio de importancia se estableció entre Guantánamo y Santiago, según la solicitud presentada en 1850 y obtuvo una concesión por un plazo de diez años. Para el servicio de esta ruta compró en Filadelfia un vapor que bautizó como «General Armero• que fuera el primer vapor de hélice de la marina mercante española.

«Todo parece indicar que ese buque fue utilizado para la introducción ilegal de esclavos en el oriente cubano. No en vano su puesta en marcha coincidió con un aumento del número de esclavos vendidos por Antonio López y Hermano. Así, el importante margen comercial de la trata permitió a la sociedad ampliar sus actividades, adquiriendo en poco más de dos años (entre diciembre de 1850 y enero de 1853) cuatro ingenios y otros tantos cafetales.»»

Alrededor de 1855, con treinta y ocho años de edad, Antonio López había acumulado una fortuna suficiente con la que quiso regresar a España. Su mujer y sus tres primeros hijos, nacidos los tres en Cuba, habían regresado poco antes, a finales de 1852, tras una epidemia de cólera en la región oriental de la Isla

Nuevos vapores

Desde la capital catalana acabó de dar forma a un gran proyecto empresarial: la constitución de una gran empresa naviera dedicada a la explotación de buques de vapor. Apoyado por tres de sus socios cubanos, pudo crear en 1856 la sociedad Antonio López y Compañía, dedicada en primera instancia a la explotación de varios buques de vapor que cubrían la ruta del mediterráneo, entre Marsella y Cádiz, con escalas intermedias. Una firma naviera cuya base se situó entonces en Alicante. A partir de 1861, el puerto de Cádiz sustituyó al de Alicante como el principal puerto para la logística de la firma naviera.

La Compañía de Antonio López continuó su fortalecimiento con la adquisición de nuevos vapores entre los que se encontraban: Ciudad Condal, París, España, Santo Domingo, Puerto Rico, Isla de Cuba, Canarias, Cantabria, Príncipe Alfonso (Comillas), Infanta Isabel (Guipuzcoa), etc.

Sus fuertes conexiones con el gobierno de Madrid le permitieron conseguir la exclusividad del traslado de soldados a Las Antillas y Filipinas y la exclusividad del correo marino en 1862 y los pasajes oficiales de carácter civil.

El periódico El Redactor, de Santiago de Cuba, recoja la entrada de los vapores que trasladaban la correspondencia en la compañía naviera de Antonio López.

«Hoy a las once de la mañana ha entrado el vapor Triunfo, procedente de La Habana y demás puntos de escala. Este vapor ha traído correspondencia de España  que llevó a la capital el vapor correo Antonjo López, cuyas noticias hemos publicado. El vapor Barcelona ha entrado a medio día trayéndonos periódicos de Puerto Rico y Santo Domingo que fueron llevados por el correo Príncipe Alfonso«

Durante la Guerra de Anexión y Restauración de Santo Domingo (1861-1865), se dedicó al traslado de tropas desde Santiago de Cuba a Santo Domingo, así como el traslado de enfermos y heridos hacia esta ciudad.

En el mes de agosto fueron transportados en el vapor San Quintín y procedentes de Montecristo, hacia el puerto de Santiago de Cuba, 250 individuos de tropas y en el vapor Cataluña 488 entre enfermos y heridos de combate

Según muestra la documentación consultada, los barcos en que se trasladaban las tropas y los pasajeros civiles, no reunían las condiciones técnicas para navegar, pero gozaban de la confianza indiscutible de las autoridades españolas. Hay constancia de la imposición de una sola multa, por razón de retraso en la salida o llegada al puerto, a pesar de las reiteradas quejas elevadas a las autoridades por el hacinamiento y  las malas condiciones de las embarcaciones.

Don Enrique Bertón, capitán y piloto del vapor español correo «Alfonso» salió del puerto de la Habana-Nuevita, Puerto de Gibara, Baracoa-Santiago de Cuba con un considerable número de pasajeros

Comparece Don Francisco Ron, capitán piloto del vapor correo español «Barcelona» e informa que hubo afectaciones de la carga por el mal estado del vapor que condujo al aumento del agua en la bodega

Antonio López pasó a residir en Barcelona a casa de los banqueros indianos Vidal y Cuadras y obtuvo la exclusividad en el traslado de tropas a la Isla para incrementar sus capitales, consolidan su posición económica y su influencia política.

Desde 1874 tuvo Antonio López una tarea excepcional que cumplir: ayudar a la conservación de Cuba como provincia española de ultramar, de una Cuba que no sólo sirvió para el enriquecimiento de algunos españoles que se radicaron en la provincia, sino que fue también un paliativo para la miseria campesina peninsular gracias a las constantes migraciones.

A partir del mes de Junio de 1878 y hasta finales del año, se transportaron desde España, en viajes extraordinarios, cerca de 20.000 hombres. El volumen global del transporte de hombres a Cuba con destino a la guerra, va a alcanzar en dichas circunstancias tales dimensiones, que la concesionaría naviera, Antonio López, gracias a sus prerrogativas, necesitó subarrendar determinados embarques a otras compañías, entre ellas, la Olano, Larrinaga y Cía, constituida en importante proporción por capitales británicos.

Antonio López tuvo todo el apoyo en Madrid, Barcelona, La Habana, Cádiz y Santander.

Por el transporte desde España hasta Cuba, la compañía cobraba los siguientes precios incluidos la alimentación:

oficiales:$ 71.42
sargentos:$ 25.71
cabos y soldados:$ 20.00

En 1878 la compañía de Antonio López se transforma en la Trasatlántica Española. Entre 1882- 1889 entraron a la Isla 524.628  inmigrantes procedentes de puertos españoles, trasladados, en su mayoría, en buques de la Trasatlántica.

Al puerto de Santiago de Cuba llegaron con frecuencia los barcos correspondientes a la empresa naviera de los marqueses de Comillas, cargados de tropas o inmigrantes civiles, hacinados y procedentes de las diferentes regiones de España que son los antepasados de la mayoría de los actuales santiagueros con ancestros españoles.

Procedencia regional de los Inmigrantes españoles a la reglón de Santiago de Cuba (1863).

Asturianos72
Aragón42
Andalucía97
Castilla la Nueva145
Castilla la Vieja124
Curazao15
Islas Baleares27
Cataluña478
Islas Canarias101
Extremadura8
Galicia58
Valencia25
Navarra12

La información arroja un 39,2% procedentes de Cataluña asentados en la Antigua Jurisdicción de Cuba señalada como principal zona migratoria, Castilla 22,3 y el 0,08 corresponde a Canarias.

La población catalana que más aporta son las procedentes  de Sitges asentados mayoritariamente en Santiago de Cuba, desde donde llegaría Facundo Bacardí, mientras los de Villanueva y Barcelona, lo hacen a la Habana.

Esta tendencia se mantuvo a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Por sólo citar algunos españoles de Sitges radicados en Santiago de Cuba, podemos mencionar: Don Jaime Montané, representante de la Sociedad Montané y Hermano; Don Salvador Mirabén y Don JuanTorralbas, comerciantes propietarios del cafetal Concordia en Hongo Losongo; Don Manuel Robert y Ballester, Don Ignacio Carbonell, Don Bartolomé Robert, Don Manuel Bover y Torralba, Don Andrés Brugal y Montané, radicados en la región y con inversiones en el comercio, cafetales e ingenios

Fragmento del estudio publicado por Maritza Pérez Dionisio (Universidad de Oriente, Santiago de Cuba) con algunas ampliaciones