En 2002 nació La Cárcel de papel, EL blog de referencia para todos los lectores del país, un punto de encuentro para debatir, polemizar y poner en común las distintas formas de entender el cómic y la vida. 15 años después del nacimiento del blog la editorial Confluencias ha publicado un tomo con una selección del propio creador de La Cárcel, Álvaro Pons, de los grandes momentos de la web. Un repaso fundamental por la historia reciente del medio contada por uno de sus protagonistas. Con Álvaro Pons conocemos mejor el libro.

Pregunta: ¿Qué es La Cárcel de papel: Diario de un lector de tebeos?

Es un intento de recopilar lo más interesante de casi quince años de un blog, La Cárcel de Papel. O, si lo quieres ver de otra forma, una paradójica traición a un medio que nació digital con nombre de papel y que, finalmente, vuelve al papel.

P.: ¿Cómo nace la obra?

La verdad es que llevaba ya varios años planteándome hacer un recopilatorio del blog. Me lo habían dicho muchas veces y, al final, me había convencido a mí mismo de que era una buena idea. Pero el tamaño y volumen de la tarea chocaba con mi pereza por un lado y con la falta de tiempo por otra. Al final, la insistencia de la Editorial Confluencias me dio los ánimos necesarios para ponerme a la tarea.

P.: ¿Cómo ha sido el reencuentro con el blog para preparar el libro?

Ha sido una especie de mezcla antinatura entre nostalgia y horror. Nostalgia, lógica, porque de alguna manera vuelves a vivir todos esos momentos e historias. Horror por ver cosas que ahora cambiaría y por ser consciente por primera vez del volumen que llegó a alcanzar el blog…

P.: Seleccionar el material que formase parte de la obra y cuál no ha debido ser especialmente doloroso.

Cuando hice el primer volcado de La Cárcel, el documento de Word resultante tenía la friolera de 6000 páginas. Doloroso no sé si es el adjetivo, ante ese volumen de páginas, porque el primer pensamiento que se me viene a la mente es el de “mejor dejarlo, esto es imposible”. Pero el problema fue de trabajo, de echarle horas para ir haciendo selecciones sucesivas hasta quedarme con lo más interesante. Duele el primero, luego ya va rápido.

P.: A pesar de la longitud de la obra la lectura resulta muy amena. ¿Ha sido muy difícil dar una voz narrativa a lo que hasta la fecha habían sido textos sueltos?

No era mi intención darle una voz narrativa, de hecho, no ha habido más edición de los textos que la simple corrección ortotipográfica y quitar referencias de actualidad o enlaces. La idea era mantener estrictamente el estilo e intención del momento. Piensa que todo son textos a vuelapluma, hechos en el momento, y quería seguir manteniendo ese espíritu, para lo bueno y para lo malo. A partir de ahí, el problema era darle una estructura que mantuviese la coherencia y el interés. Y, tras varias ideas, pensamos que lo mejor era darle esa estructura temática, que le da cierta cohesión a los textos aislados.

P.: El prólogo de la obra lo realiza uno de los políticos que más han defendido el cómic en nuestro país, Luis Alberto de Cuenca, aunque no dudas en incluir un pequeño tirón de oreja en uno de los artículos elegidos.

Es evidente que una cosa son los gustos y otra lo que puedes hacer en un cargo. Luis Alberto es, sin duda, uno de los mayores amantes del cómic que conozco. Su conocimiento y pasión por el cómic es inacabable, como se puede ver en sus poesías, contagiadas siempre de su amor por la cultura popular. Pero en el cargo, por desgracia, y me consta, no pudo hacer todo lo que hubiera querido. El tirón de orejas, a raíz de unas declaraciones suyas, es más contra la clase política que olvidó el cómic que hacia él.

P.: En un segundo prólogo vemos tu evolución como lector, algo que marcará el camino del blog.

Es lógico que en quince años haya evolucionado como lector. Aunque, quizás, mucho menos que en los tres lustros anteriores. Cuando veo el cambio de mis gustos de los 20 a los 35, es muchísimo mayor que de los 35 a los 50 que abarca el libro. Pero es indudable y creo, necesario, que haya habido un cambio, una progresión. Que espero haya sido evolución y no involución, no hay nada que me asuste más que quedarme anclado en los gustos del pasado. En cualquier caso, si ha habido evolución es gracias a la interacción con los lectores a través de los comentarios. He aprendido muchísimo en esos quince años gracias a ellos.

P.: Divides el libro en siete bloques. En el primero vemos la evolución del medio en paralelo a la de tu propia página.

Este primer bloque es precisamente eso, una especie de gran cajón de sastre donde voy dejando todas mis ideas sobre el medio. Y cómo han cambiado: la interacción con los lectores que te comentaba antes, los cambios en el medio… Son dos evoluciones paralelas, como dices, porque el medio ha cambiado muchísimo en estos quince años.

P.: En el libro vemos el nacimiento de pequeñas editoriales y la apuesta, primero tímida, después cada vez más arraigada de la novela gráfica.

Sí, se puede ver la transición entre el modelo del cómic de los años 80 y 90, basado fundamentalmente en la revista y una estructura editorial centrada en el cómic (editoriales que solo publican cómics que serán distribuidos por distribuidoras de cómics y vendidos en librerías especializadas a lectores que solo leen cómic) a otro mucho más abierto y diverso, donde el cómic se introduce como uno más en la estructura editorial del libro. Y ahí vemos como el cómic entra de forma natural a través de la novela gráfica, más como formato si hablamos de parte comercial, pero interesando a todas las editoriales a través de los contenidos más de cómic de autor que desarrolla una parte de la novela gráfica. El hecho de que el cómic comience a aparecer en pequeñas editoriales es solo una muestra de cómo se introduce en un mercado del libro que vive entre el los grupos editoriales gigantescos y una profusión inimaginable de microeditoriales.

P.: Junto al asentamiento de la novela gráfica vemos la apuesta de las instituciones por el medio con los Premios nacionales con Carme Chacón al frente y el importante respaldo que supuso para el tebeo.

El Premio Nacional ha sido crítico para el avance de ese concepto que definíamos como “la normalización”. Es verdad que no ha sido la única razón, pero fue el punto de inflexión necesario, la gota que ya colmó el vaso. El medio perdió toda la consideración que logró de golpe en la burbuja de los 80 y durante dos décadas fue recobrándola a base de trabajo de todos: autores, editores, libreros, lectores, críticos… Todos fueron poniendo su granito de arena para ir construyendo una dignificación del medio que fuera irreversible. En cierta medida, se fue creando una montaña en la que el Premio Nacional fue la bandera que la coronaba. Y ahí, hay que recordar la defensa que hizo Carme Chacón, por desgracia recientemente fallecida.

P.: Otros temas que tocabas entonces se muestran hoy de plena actualidad como la figura del crítico en nuestro mercado.

Hay muchos temas que se tocaron en la web. El papel del crítico siempre me pareció fundamental, en tanto la explosión de blogs sobre cómics, en un momento donde, recordemos, no había redes sociales y la implantación de internet entre la sociedad era muy baja, daba lugar a situaciones paradójicas. Se hablaba de cómics más que nunca, pero… ¿llegaba a la gente? ¿Salía del ombliguismo de internet? Y, por supuesto, se abría el melón de la definición de crítico. ¿Cualquiera podía hablar de tebeos? Hoy, con las redes sociales, este debate es caduco y son otras y muy interesantes las consideraciones a hacer, pero en su momento fue interesante.

P.: También el papel cada vez más relevante de la mujer en el medio tiene su espacio.

Otro de los temas que, afortunadamente, se va normalizando. Por desgracia, el cómic ha sido un medio dominado por el lector masculino. Como otros muchos, es cierto, pero quizás un punto por encima. Y eso ha generado conscientemente o no, por inercia o intencionadamente, muchas derivas machistas en el medio. Eso es, a mi entender, indiscutible: no había casi autoras, y si las había estaban ocultas en estudios o equipos donde su labor se diluía; no había casi lectoras, solo bastaba entrar en una librería especializada para comprobarlo. Pero siempre hubo autoras y lectoras que lucharon por cambiar esa situación, y hoy se ven los frutos. Con una incorporación normalizada de la mujer a la creación y la lectura, que está dando frutos con una generación de autoras fascinante que, en algunos casos, sí está aportando un factor diferenciador. No caigamos en el error de decir que aportan una sensibilidad aparte, pero es evidente que, por ejemplo, en los superhéroes, un género donde el dominio masculino ha sido total, las autoras han introducido una mirada fresca que rompía las constantes anquilosadas por la endogamia del género.

P.: Comentas como uno de los picos de audiencia del blog vendrán con la imagen del rey que sirvió de inspiración a Magneto. Casi es más curioso ver cómo ha cambiado la imagen del rey desde que escribieses ese texto.

Jajajaja… Sí, es curioso cómo los grandes picos de audiencia del blog han tenido que ver más con tonterías o con ocurrencias que con tebeos. El caso del Magneto Borbón fue evidente, pero tardó mucho en que se cayese la careta de la monarquía, y ahí, los que más ayudaron, fueron sin duda los autores de El Jueves.

P.: Cierras el capítulo con un doble final. Por un lado la despedida del blog que hicieses el 27 de diciembre de 2012 junto a un artículo de 2016 sobre el OubaPo.

Sí, fue una despedida en falso, evidentemente, más inspirada por el hartazgo y el estrés de un año muy duro a muchos niveles. Se acumuló el trabajo, la exposición pública… era una olla a presión que tenía que estallar por algún lado. Pero la realidad es que nunca he podido dejar los tebeos, ni el blog, siempre he vuelto a él de una forma u otra. El artículo sobre el OuBaPo me parecía una buena forma de acabar, porque resume bien lo que pienso sobre el cómic, sobre ese eterno OuBaPo en el que vive. Es un medio que vive siempre la constricción del formato, de la reproductibilidad, está en sus genes luchar continuamente contra las limitaciones que le impone la tecnología.

P.: En el segundo bloque del libro explicas 100 razones, que son 200, por las que leer tebeos.

Me puse muy Perec. Fue un reto que corrió por internet y que me encantó hacer. Pero no pude quedarme en 100. Tuve que hacer 100 más.

P.: ¿Incluirías hoy 100 razones más?

Sin dudarlo. Y 200 más. ‘Y seguramente mil más!

P.: En el tercer bloque del libro, un mercado de tebeo, vemos cómo ha ido cambiando la situación del mercado en este tiempo.

Sí, es un tema que siempre me ha interesado y que se ve claramente en la web que ha sido un eje de opinión constante. Creo que es un capítulo muy interesante, porque se ve claramente cómo ha cambiado el mercado en nuestro país. Un cambio que, lógicamente, ha influenciado también a los autores y lectores. Por eso, puntualmente en este caso, consideré la necesidad de incluir un epílogo, un texto que pusiera en contexto toda esa evolución.

P.: Vives en primera persona la compra de los derechos de Marvel de Panini en España, convirtiéndote en informador de la evolución de las relaciones con Planeta de Agostini.

Fue una locura. Recibí el “chivatazo” de forma anónima, a día de hoy no sé quién fue el que me mandó ese mail, pero lo primero que hice fue comprobar si era cierto, porque el mail daba muchos datos poco habituales. Primero en Planeta, donde me negaron la información, y luego en Panini, donde no solo la confirmaron, sino que además la ampliaron. Eso fue decisivo pero, aun así, teniendo la confirmación absoluta por parte de Panini, me parecía tan gordo que el primer post lo presenté como un “rumor fundado”. A partir de ahí, la locura se desató…

 P.: En este bloque, como en todo el libro, hay un gran interés por entender el manga y cómo va a cambiar su instauración en nuestro país la realidad de las librerías.

Sí, porque me parece fundamental el papel del manga en la industria. Lo fue en los 90, con el fenómeno Dragon Ball, y el los 2000, con Naruto, pero también abriendo el mercado del cómic a las lectoras y a una generación de jóvenes lectores que no se acercaba a otros géneros y formas del cómic. Era fundamental entender el impacto del manga en la industria, que creo siempre ha sido mucho mayor del que creemos. Por desgracia, la ausencia de cifras de venta hace difícil saberlo con seguridad.

 P.: Otro punto de interés es la evolución del cómic en el punto de venta, desde el kiosco de generaciones anteriores hasta la llegada a las grandes superficies.

Sí, muchos nos desgañitamos reclamando la necesidad de recuperar el kiosco, cuando el problema era que los kioscos estaban desapareciendo. Es verdad que ahí me equivoqué inicialmente, y mucho, pero creo que se puede ver a lo largo del libro cómo fui consciente del error y de, precisamente, abrir el cómic a la librería generalista y gran superficie. Es una de esos muchos conceptos donde escribir todos los días te ayuda a cambiar y ser consciente de tus errores.

P.: Siempre has fijado tu atención en la situación del mercado francés y americano para intentar sacar conclusiones que permitiesen imaginar la deriva que estos factores mostrasen en nuestro tebeo.

Son dos mercados muy diferentes, pero de los que se pueden sacar conclusiones. El francés es la utopía absoluta para el lector de cómic, a mi entender, con un respeto total hacia el medio y una generalización impensable aquí, donde se sigue casi clónicamente al mercado americano. Es muy curioso cómo el único momento que se siguió el modelo francés, en la década de los 80 con las revistas, fracasó, para entrar claramente en los 90 en un reflejo del modelo americano, desde la propia importación de series y editoriales a la estructura, con un circuito de librerías especializadas y una gran distribuidora. Hoy, quizás, estamos viendo una rápida evolución hacia un modelo propio donde todo convive, ya veremos.

P.: En todo momento has mostrado preocupación por saturar un mercado que no está preparado para soportar tanta oferta.

Es que es una locura. Piensa que este año, el informe del Gremio de Editores dice que se han publicado casi 90.000 novedades, de las cuales, 3.500 han sido de cómics. Diez novedades diarias, 300 mensuales. No llegamos al caso francés, con casi 6000, pero sería interesante ver los efectos que se están dando allí, con una saturación del mercado que afecta directamente a los autores. Porque al final, para el lector es maravilloso, tiene una oferta impensable, increíble. Piensa que en el Anuario de la Historieta que publicó Glènat en 1994, se contabilizaban solo 500 novedades de cómic y ahora hemos multiplicado por siete. Como lector, genial, claro, nunca hemos tenido tal oferta. Pero para el autor se da una curiosa dualidad: tiene más oportunidades que nunca de publicar, pero menos de ganar con su obra. Es verdad que es una situación común a toda la cultura, vivimos una época donde dar a conocer tus creaciones es relativamente fácil, pero vivir de ellas está al alcance de muy pocos. Aunque, quizás, esto siempre ha sido así: si miramos al pasado, el número de creadores que han podido vivir de su obra, desde escritores a pintores, siempre ha sido muy pequeño. Ahora, por lo menos, hay más opciones de darte a conocer, pero es más difícil dentro de la oferta salvaje.

P.: El siguiente bloque, cinecittà enviñetada, estará dedicado a las adaptaciones al cine de algunos grandes nombres del tebeo.

No estaba previsto, no era consciente de que había escrito tanto sobre este tema, pero al ir repasando las entradas, pensé que había material suficiente, e interesante, para hacer un capítulo entero.

P.: En el capítulo vemos versiones y perversiones que van desde Mortadelo y Tintín a Watchmen y Adele.

Piensa que recorro la época del boom de las adaptaciones, que son los primeros años en que comenzaban a tener éxito y cómo se convierte casi en un género en sí mismo. Y dedico espacio a las más famosas, tanto patrias como internacionales.

P.: Dedicas espacio a grandes clásicos convertidos en grandes fiascos como Spirit.

¡Ay! Es que Spirit me dolió mucho y era un texto que entroncaba con mi relación de amor odio hacia Frank Miller…

P.: El siguiente bloque del libro, Personajes en busca de autor, está dedicado a los grandes nombres del medio, autores esenciales del mundo de las viñetas.

En el blog hice muchas entradas para recordar y reivindicar autores, personajes y obras, que no se estaban editando o que me gustaban mucho. Y eso favorecía reunirlos en un capítulo. Que, creo, sigue siendo en muchos casos necesario. Aunque en otros no: ¡por fin se editó en España Philemon!

P.: ¿Ha sido muy complicado seleccionar los nombres que tenían que estar presentes y sobre todo los que iban a quedar fuera del libro?

Sí, los hubiera puesto todos. Pero cuando llevas ya un tiempo haciendo selección, haces callo, y la selección es fácil, tomas un criterio más o menos coherente y lo aplicas sin piedad.

P.: Entre los autores vemos una nutrida representación de los grandes maestros del medio en sus diferentes mercados: de Tintín a Tezuka, de Eisner a Corben.

Que son pasiones mías. Ya no es solo que sean importantes para sus mercados o para la historia del medio, es que a mí me apasionan. El caso de Corben, por ejemplo, un autor que me fascinó cuando tenía 13 o 14 años y que es parte necesaria de mi formación lectora, pero que veinte años después, solo era conocido por sus incursiones de encargo en los superhéroes, muy alejadas de sus grandes obras. O Tezuka, uno de esos autores que desconocí durante décadas y que me impactó al descubrirlo. Como casi todo el manga, todo sea dicho…

P.: Dedicas una especial atención a nuestros grandes nombres como Calatayud, a veces olvidados por su trabajo alejado de los cauces comerciales.

Calatayud, Micharmut, Del Barrio… Han sido autores fundamentales para la evolución del lenguaje del cómic que no han sido suficientemente reivindicados y respetados, a mi entender. Afortunadamente, Paco Camarasa sí se dio cuenta y los publicó en Ponent, intentando que permanecieran ahí siempre. Por desgracia, Paco ya no está entre nosotros y alguien debería seguir su labor.

P.: En el siguiente bloque del libro centras tu atención a las lecturas de cómic americanos, especialmente del superhéroe.

Es el gran género del cómic. Y, por su importancia, es necesario hablar siempre de ellos.

P.: Hay que mencionar tu relación amor-odio con el género.

De ahí el título: Un gafapasta en Metrópolis. Yo reconozco que llego tarde al género. Yo debería haber entrado en los superhéroes con 12 o 13 años, pero a esa edad ya había leído de niño los superhéroes de la DC que publicaba Novaro y los héroes de la tira de prensa americana, Flash Gordon, Mandrake, Phantom, Prince Valiant y los británicos de Fleetway. Cuando Vértice comienza a publicar aquí superhéroes Marvel, no me seducen, me gustaban los “otros”,  y casi a la par doy el salto a lecturas más “adultas” como las revistas de Garbo primero, Vampus, Eerie, Vampirella, Spirit, y después las de Toutain, Creepy y 1984. Y, de ahí, a todas las revistas de los 80. Me formo como lector “afrancesado” y cuando desaparecen las revistas, en los 90, tengo que pasarme al género de superhéroes casi por necesidad, por seguir manteniendo mi dosis de tebeos. Y me acerco al género ya con casi 25 años, sin deudas nostálgicas, sin esa mirada más cariñosa que te da la afición infantil y ya comenzado a formarme como “crítico” en fanzines. Mi aproximación es muy diferente, porque no comparo dentro del género, sino de forma global: si tengo que comparar una serie de superhéroes no es con los orígenes del personaje, es con Corto Maltés, Valentina o Micharmut. Y eso cambia mucho la perspectiva, pero no impide encontrar grandes obras en el género.

P.: Una constante que se refleja en el libro es el choque entre lectores de superhéroes frente al cómic gafapasta.

Un choque absurdo y ridículo, que no tiene ningún sentido. Pero nos encanta etiquetar. Parece que un lector de superhéroes solo puede leer superhéroes y que un gafapasta no se puede acercar ni atado a un superhéroe. Pero no debería ser así: sería muy bueno, para el género y para todos, romper la endogamia. Es la única forma de crecer como lector.

P.: En el último bloque vemos unas recomendaciones de algunos de los mejores tebeos publicados en estos años.

Sí, no tenía claro si colocar reseñas, piensa que el blog hay casi mil reseñas, casi da para otros volúmenes, pero al final decidí ponerlas con ese criterio, lo mejor de esos años.

P.: En el listado no podían faltar nombres como Chris Ware, Paco Roca o Robert Crumb.

Porque han dado algunas de las mejores obras de estos quince años, ¡sin duda!

P.: Volvemos a lo injusto de las listas. La necesidad física de descartar obras preferidas por gran parte de los lectores.

Toda lista es, por definición, injusta. Pero son divertidas y, me atrevería a decir, útiles. Sobre todo, en un mercado con 3500 novedades, donde la selección es imperativa. Las listas son, en ese sentido, una guía, pero tenemos que ser conscientes de que no son cánones, solo recomendaciones que dependen mucho de la conexión entre el lector y el crítico. Es verdad que es una de esas histerias culturales a las que nos ha acostumbrado el siglo XX, como decía Don DeLillo, pero me gusta pensar en esa forma de evasión que destacaba Umberto Eco.

P.: De la recuperación del Ladrón de pesadillas al Duelo de caracoles de Peré Joan o Sonia Pulido. De las calles de arena al Arte de volar, el cómic nacional ha visto grandes obras en esta época.

Sin duda, hemos tenido un momento espléndido para el cómic nacional. La eclosión de un autor fundamental, como Paco Roca, pero también la recuperación de los grandes como Altarriba, Micharmut, Sento, Prado o Torres y, por supuesto, la aparición de la generación más prolífica e interesante de nuestra historia. Seguir la evolución de autores y autoras como Ana Galvañ, José Jajaja, Antonio Hitos, Felipe Almendros, Martín López Lam, Begoña García-Alén, Conxita Herrero…, es fascinante. Su capacidad de romper barreras, de enfrentarse con descaro a la página en blanco sin bagajes ni deudas estilísticas, está aportando una frescura al cómic maravillosa.

P.: Termina el libro con una recomendación: Chapuzas de amor.

Fue una de las últimas reseñas largas y, creo , una obra maestra que es una excelente conclusión para estos años de reseñas.

P.: Resulta extraño ver La Cárcel de papel sin los comentarios de los lectores.

Madre mía, cientos de miles de comentarios… Necesitaría una edición como la Espasa para recopilarlos. Piensa que hubo muchas entradas con cientos de comentarios, ¡algunas con casi 500! Fue una verdadera locura, un dolor de cabeza en muchos casos, pero el balance es muy positivo. La cárcel fue lo que fue gracias a sus lectores. Y esos comentarios me ayudaron muchísimo, aprendí muchísimo con ellos. Me llegué a plantear poner una entrada con comentarios, pero también es un problema de derechos, ya que no todos los que comentaban querrían salir, y buscar la autorización de los comentaristas, muchos anónimos o con pseudónimo, era imposible.

P.: ¿Es el libro un adiós a la Cárcel o queda pendiente volver a abrir los cajones para realizar nuevas aproximaciones a su historia?

Al contrario, ¡me ha dado más ganas que nunca de volver a entrar en esa cárcel! El problema es de tiempo, de obligaciones familiares, laborales, pero ten por seguro que la web seguirá.

P.: Confluencias es una editorial que ha apostado por el cómic en momentos muy puntuales con libros tan exquisitos como las entrevistas a Hugo Pratt o el libro sobre Herge de Benoit Peeters. ¿Cómo ha sido la relación con la editorial?

Extraordinaria, tanto con Javier Fornieles, cuya insistencia ha sido el empujón necesario para hacer el libro, como con todo su equipo, destacando especialmente la labor de Maria del Mar Domínguez, correctora con paciencia infinita que ha hecho un trabajo fantástico y a la que le debo que el libro sea legible. Es una editorial que mima mucho sus libros y ayuda mucho al autor, y que está prestando una atención especial al cómic, tanto desde el aspecto teórico que has comentado como desde el de publicación de cómics, que acaba de comenzar con Sfar.

P.: ¿Proyectos?

Demasiados. Seguir con el proyecto que realizo en el IVAM, con nuevas exposiciones, nuevas iniciativas… Nuevas exposiciones para el año que viene, un libro nuevo… ¡No me puedo quejar!

Links de interés:

La cárcel de papel