victor javier

Madrid está hecha unos zorros. Mierda por todas partes, polución asesina, atascos infernales, pobres pidiendo en cada esquina y sin hogar viviendo en cada cajero… Ahora, encima, Carmena se pone a quitar símbolos franquistas. No ha tenido bastante con el circo de la Cabalgata de Reyes, ese disgusto de la década para gente de bien como Cayetana Álvarez de Toledo. La capital, sin derecha que la gobierne como Dios manda, ha caído en la desidia y la anarquía. 

La gestión municipal es un desastre. Los chinos ponen a la venta el edificio de Plaza de España porque no les dejan tirarlo – que qué más dará que sea un inmueble protegido-. La ampliación del estadio del Real Madrid no avanza – que qué más dará que en el truque de terrenos para propiciarla gane Florentino y pierda la ciudad-. La operación Chamartín parece que no será -que qué más da que estuviera sobredimensionada urbanísticamente y descompensara toda la zona-. A la alcaldesa le viene grande Madrid.

El equipo de gobierno, para más desgracia, es un nido de comunistas que se desplaza en autobús y en metro. Hablan de cultura popular -de pueblo, no de partido, que esos son los otros-, que además acercan a los barrios; de trasparencia, de ahorro. Dan voz a los vecinos para decidir las prioridades de gasto, y han abierto vías de sugerencias para mejorar la convivencia social y física. Como si ampliar los márgenes de la democracia y hacerla de verdad participativa sumara algo a la idea de ciudadanía. El modelo asambleario y plural de Carmena ha roto la estructura social piramidal de siempre, y eso es imperdonable. Pretender colocar Serrano y Velázquez al nivel de Usera o Villaverde Alto es una falta de respeto. Un retroceso en el justo status quo tan del gusto -y tan mimado- de gestores anteriores.

Claro que dónde va a parar una jueza jubilada -con historial de lucha democrática- con una marquesa consorte y con la consorte de un presidente del gobierno. Madrid con estos conservadores era otra cosa. Más ordenada, más lucida, con un lustre más de mutón, abrigo de visón y Loden. A la capital, con los podemitas, como que le falta el glamour de la derecha hecha y derecha, aunque de Botella y de Aguirre ya no se acuerde casi nadie. Ay, la democracia y el voto ciudadano, que malos resultan siempre para que la finca siga siendo de su dueño inmemorial…

(Advertencia. Habrá quien necesite leer este artículo dos veces para entender su sesgo. No pasa nada. Yo soy así de complicado)